Escrito el 15 Marzo 2010 por Pedro Narvaez en Pedro José Narvaez
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Vaya por delante que no cualquier sede socialista es una “Casa del Pueblo”. Originariamente, esa era la denominación de auténticos centros sociales, una especie de centros socioculturales de iniciativa privada no lucrativa, que pretendían, y conseguían, constituirse en los Casinos de las clases trabajadoras.
Este año pasado se cumplio el centenario de la gran Casa del Pueblo de Madrid, la primera sede de la clase obrera española.
En la misma se impartían cursos de alfabetización de los trabajadores y sus familias, se atendían sus necesidades sociales y se domiciliaban las organizaciones obreras.
Así, con el paso del tiempo, uno de los requisitos que muchos exigíamos a una sede socialista para atribuirle la condición de “Casa del Pueblo” era la de compartir las sedes del Partido, del Sindicato y de las Juventudes.
Otro de los requisitos que los más clásicos en estas cosas exigíamos era que fueran sitios vivos, dinámicos, punto de encuentro de socialistas… es decir: que dispusieran de bar y mesas, para poder discutir mucho como nos gusta hacer a los socialistas, mientras se toma algo jugando a las cartas o al dominó.
Es un modelo que mantienen los compañeros vascos (y eso que ahí sigue siendo complicado hablar de política públicamente), y es excepcional en el resto de España.
Total: que apenas quedan “Casas del Pueblo”, por mucho que algunos quieran usurpar ese título para dárselo a sedes de Agrupaciones del PSOE que han quedado reducidas a meras oficinas electorales, con funcionamiento sólo en campaña electoral. Y cada vez menos, que al menos antes nos llamaban para preparar la cartelería y salir a hacer pegadas.
La mayor parte de mi militancia política socialista la he desarrollado en la Agrupación del PSM-PSOE de Móstoles, y, pese al esfuerzo de militantes ilusionados, por las impresiones que he intercambiado con compañeros de otros lugares he podido comprobar que mi frustración no es excepcional. Probablemente, la mayoría de las sedes de las Agrupaciones socialistas compartan su inanición.
¿La causa?
Para muchísimos dirigentes locales del Partido, de esos que hacen lo que se llama “vida de Agrupación” (¿¿¿“vida”???), el acto de militancia es peligroso.
Es arriesgado a sus intereses particulares que los militantes de base tengan un punto de encuentro en el que debatir sobre la actuación del Partido en sus barrios o ciudades, por lo que mantienen sus Agrupaciones en estado de coma inducido.
Ni eso son Casas del Pueblo, ni son escenarios de desarrollo de las inquietudes políticas de los militantes.
Traigo esto a colación porque desde la direción federal del PSOE se ha propuesto a las estructuras territoriales inferiores la apertura del Partido a formas nuevas de implicación de más ciudadanos al avance de nuestra organización, innovando a nivel mundial con la introducción de la figura del “cibermilitante”.
Y ha sido la prueba de fuego que demuestra que en el PSOE también tenemos conservadores. En unos casos por resistencia al cambio, en otros porque se quedan sin negocio, y algún indeseable porque, sencillamente, no se le ocurrió a él.
José-Luis Prieto

Pedro José Narvaez
por Pedro NarvaezTenemos derechos y deberes, por eso no casaremos hasta conseguir un mundo mejor












