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Archivo para la categoría ‘Dulces, Postres, Helados’

Ciberempanada

Jueves, 1 de Abril de 2010

En el Facebook han abierto un grupo de fieles a la empanada de La Catedral (y a sus hojaldres en general). Yo ya me he apuntado. Van casi 700 majaras.

Utilizan una foto del periódico LA VOZ, la que se incluyó en una reivindicación a don Pedro Hidalgo en este blog, hace casi un año. Todo lo que hagamos es poco para proteger ese Tesoro Etnológico de la Humanidad Gaditana (TEHG quí puí).

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Tenemos que hablar…

Viernes, 26 de Marzo de 2010

verás, Bego, no es lo que parece. Yo llegué uno de los muchos sábados que trabajo, cabizbajo, adormilado, y estaba allí. Se me ofreció, tan dulce…

Yo no lo había planeado, tu sabes que La Belle es lo primero, pero la tentación fue tanta. Creo que no lo haré más. No sé. Quizás sí. Fue un momento. La vida está hecha de eso, de ratitos…

Tengo que explicártelo. Jamás he probado un croissant mejor. Ni artesano, ni industrial, ni hecho por manos francesas o andalusíes. Qué descubrimiento. La delicia me la presentó mi amiga Lola. Y me dejé llevar. Al primer mordisco supe que tal crujientez era única, que nunca la había conocido. El sabor justo a mantequilla. La textura exacta. Que no, que no he catado nunca uno mejor. La pobre llevó una docena y duraron media hora mientras todos los que probaban lanzaban gemidos guturales irreproducibles.

El artífice de tal prodigio es un onubense que está empezando en esto tan duro de la empresa propia. Se llama Diego Borrero -su empresa es DBoro, un juego de palabras con sus iniciales-. Su obrador está en la calle Camaleón, local 1, La Laguna. En Chipiona. Y su teléfono es el 652354902. Me dice su descubridora que trabaja sobre todo por encargo y le vende a bares, restaurantes. También hace tartas, pastelitos… siempre por encargo. Yo sólo he probado los croissants, pero ya con eso dejaría que se casara con mi hija.

Sigue un proceso artesanal muy lento y laborioso (de más de 24 horas en cada hornada) con un particular fermentado de la masa, que después pone en frío. Las materias primas, dice, son fundamentales. Ni una pizca de colorantes ni conservantes (igual que La Belle y algunos otros artesanos valientes de la provincia), por lo que hay que comerlos pronto, nada de guardarlos. 

Si alguien pasa por allí o quiere probar, o encargar, o llamarlo, o aliarse comercialmente con él, creo que no se arrepentirá. Esa conclusión saqué de la experiencia.

Pero vamos, que ya no lo hago más.

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La SuperAbuela

Domingo, 31 de Enero de 2010

No iba desde su primera semana de vida. Quizás porque estaban en plena fase de inicio y rodaje, me gustó menos de lo que esperaba entonces. Anoche, sábado, volví. Estaba de bote en bote y me gustó el ambiente, pese a la incomodidad del llenazo. Lo que probé, por fin, sabía igual que aquellas delicias que convirtieron a muchos clientes en legiones de fans en El Mesón de las Américas, el pequeño local matriz de los de Fabián. Simplemente, que se sirven en un local más grande. Grande la empanada criolla, y grande el entrecot, digno de ser llamado argentino. Una de las amigas que venía me dijo que suele ir dos o tres veces por semana, que siempre está así de llenísimo, en mesas , en barra, y que las ensaladas triunfan de forma total. La Abuela Elfrides está en la plaza de San Agustín, por si alguien aún no lo ha descubierto. Es muy fácil de encontrar para los que lleguen a la ciudad sin conocerla.

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Chocolate en vez de perejil

Lunes, 11 de Enero de 2010

He tenido ocasión de estar un par de veces, durante las fiestas navideñas, en la nueva tienda Pancracio. Es el despacho totalmente cegador, minimalista y completamente chupiguay con el que Pedro Álvarez afronta la venta directa de los productos que ya fabricaba y, sobre todo, presentaba. Este diseñador gaditano ha conseguido colocar sus obras, siempre alrededor del chocolate, en las mejores estanterías ‘deli’ del planeta, de París a Nueva York. Le avalan premios provinciales, nacionales e internacionales. Ahora abre despacho en su ciudad natal, la de su padre, al que tantas referencias hace. Lo que define como ’showroom’ para dejar claro que no estamos ante un local cualquiera. Con todo lo positivo y negativo que tiene eso. Está en García Escámez nº5, es decir, en la calle situada, en paralelo, entre Ciudad de Santander y la zona de Varela, en el extremo más cercano a García de Sola y el difunto Pabellón Portillo.

Seguro que no deja indiferente a nadie, la propuesta hipnotizará a muchos e irritará a otros, pero me parece recomendable la visita. Yo no me cuento entre los “chocohólicos”, como los llaman en esa casa, pero he probado algunas cosas y admito que son distintas. Especial mención para el panettone (por extraordinariamente jugoso), para el original turrón de chocolante crujiente con toque de limón (muy sutil, al final) y para el célebre chocovodka, demasiado para machotes, según my gusto pero brillante como alianza de sabores. Resulta impecable la presentación de los productos (era la especialidad profesional de Álvarez al principio de todo), la disposición, la inmaculada luminosidad de la pequeña tienda, la transparencia del taller contiguo y la disponibilidad del servicio marcan diferencias que conviene conocer y luego valorar.

Estamos ante un ejemplo de rollo ‘gourmand’, no intentan competir en precios ni en surtido ni en nada que no sea originalidad, creatividad, calidad, distinción, detalle, envoltorio… No sé, ya me diréis. A mí me ha quedado la sensación de que es un sitio al que volver cada vez que sea época de regalos, cada vez que quieras tener un detalle con alguien (goloso). Tienen unos pack de chocolatinas muy logrados, con su lacito, apilados. Una mariconada, vamos. También venden menaje etnochic, algún que otro objeto retro muy apetecible, un magnífico libro sobre La Historia del Chocolate, que Pancracio editó el pasado año y que los expertos han celebrado mucho en España y en Europa…

Los que quieran saber más tienen una ezpléndida página wesbs.

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Nuevo sitio en la Avenida

Martes, 29 de Diciembre de 2009

No está en la Quinta Avenida. Tampoco en la Séptima. Está en la Avenida, porque aquí sólo hay una. Bueno, hay dos, La Avenida y La Avenida Nueva. Pero sin adjetivo, por definición, sólo hay una. Pues eso (no te enrrolles), que está en La Avenida, justo frente al McDonald’s (descanse en paz El Barril) que hace esquina con Ingeniero La Cierva. Antes había sido una de esas cafeterías americanoides franquiciadas, pero tuvo corta vida.

Los hermanos Vélez (Balandro, Avenida 28, Albarizuela en Puerto Real…) han cogido el local. Ayer curioseé y, estéticamente al menos, tiene muy buena pinta. Comparte imagen y grafismo (fondos blancos, letras grandes y caligrafiadas negras) con Avenida 28, aunque tiene detalles balandrescos o abalandrados (las grandes lámparas de lagrimitas de cristal). Aún estaba cerrado (me refiero al lunes 28 de diciembre), pero parecía a puntito, a puntito de abrir con todo ya preparado y limpio, aunque sin género. Los más curiosos, pueden probar este fin de semana, igual ya se ofrecen al público. Me llamó la atención que el local, para lo que estilamos en una ciudad tan claustrofóbica como Cádiz, es bastante grande, espacioso, con techos muy altos, en forma de ‘L’.

Tiene filosofía todo-terreno (desayunos, birras, tapas, vino por copas, almuerzo y cena) que tan de moda (o tan necesaria) parece ahora. Se anuncia como Gastrobar de Vélez. Esa definición de Gastrobar ya la usa, y con mucho éxito, La Belle Cuisine en Sanlúcar, donde igual te tomas una tapa de lo más elaborada que te pides un cubata para disfrutar música en directo por la noche. Este local de los Vélez en Cádiz parece más grande y no creo que tenga, exactamente, esa misma filosofía. Igual sí. Ajolar. Ya veremos.

Tonto el último en ir y en compartir opinión.

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La nueva vida DePablo

Miércoles, 23 de Diciembre de 2009

Le prometí a Begoña que iría y mis clientes son sagrados (cuatro, pero sagrados). Me pasé por DePablo’s (avenida de Andalucía, frente a San Felipe Neri) para comprobar en qué había cambiado ahora que ya está en otras manos. Grosso se lo ha traspasado a la hermana de esta lectora nuestra. La verdad es que no tengo muchos elementos de comparación porque apenas había entrado tres veces antes, y dos fueron para desayunar, pero puedo comentar lo que me parece:

La ruptura con la etapa anterior es invisible. Nombre, carta, decoración… todo es igual. Incluso la presencia de crepes, tan chocante por inusual, sigue ahí.

El servicio, absoluta y afortunadamente femenino, me pareció muy correcto. Amable sin confianzas, preocupados por servir antes a los niños y sin retrasos ni malos gestos.

El sitio es tan estratégico y privilegiado que su función principal, me parece, es dar un servicio correcto y muy variado a un público de paso, poco fiel. Es decir, lo veo como una estación de servicio en versión hostelería. La gente repetirá poco, por ser un sitio de tránsito, pero el volumen de visitante potenciales es enormemente alto (los que viven cerca, los que pasan, los que entran y salen de Cádiz, turistas, padres de alumnos de San Felipe Neri, playeros de ida o vuelta, los que vamos a ver la Cabalgata de Reyes o de Carnaval…). En suma, muchísima gente que irá de tarde en tarde, en vez de un mínimo grupo de fieles que va mucho, como en otros locales.

De ese tipo de locales grandes, con terraza, en cruces de caminos muy frecuentados de grandes avenidas, hay pocos en Cádiz (que es una ciudad mediana que no tiene mucho hueco para eso), pero se agradece que haya algunos bien ubicados, como en las capitales más grandes. Creo que son necesarios.

Con esa premisa, me pareció muy buena opción. La carta de tapas es variada y amplia. Probé unos pimientos rellenos correctos y un arroz negro (mejorable de presentación) también agradable. Aunque parezca una tontería, me encantó cómo trataron a los niños. El plato infantil tenía pocas patatas, se agradece, pero cortadas de forma atractiva, además de un dibujo con la salsa. Lo más importante: pollo, fresco… es decir, se esmeraron en un asunto teóricamente poco lucido y rentable, los niños.

El café es correcto, los panes y, sobre todo, la pastelería tienen un nivel medio altísimo por estar surtidos por La Belle de Cádix. Así las cosas, los desayunos y las meriendas deben tener un sello de garantía.

El tapeo, el almuerzo o la cena, quizás pueden despertar más dudas. Por la experiencia que tuve, es un sitio al que volver para comer algo con cierta prisa, en jornadas de trabajo, o con niños en festivos, de paso, sin que eso sea peyorativo, con corrección y sin pedir lujos excesivos. Creo que ese tipo de lugares eficaces, útiles, equilibrados en calidad-precio, hacen falta, sobre todo en sitios tan frecuentados con el tramo medio de la avenida principal de esta ciudad, que tiene 130.000 habitantes pero recibe la constante visita de otros 400.000 que viven en la Bahía.

La sensación que saqué es que, cuando me convenga entrar, puedo hacerlo con tranquilidad. No es poco, porque es un sitio en el que a varias decenas de miles de criaturas humanas les puede convenir entrar un par de veces al año. Quizás, preferiría una ruptura estética, visual y gastronómica con la etapa anterior, pero eso vale muchos miles de euros, lo admito. Quizás la cocina puede reducir algo su oferta para cuidarla más, pero no me dará ningún recelo volver a entrar la próxima vez que me venga bien.

Y me vendrá.

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Golosos del mundo, venid

Miércoles, 25 de Noviembre de 2009

Las exitosas catas que ha celebrado el restaurante Sopranis durante este año tendrán como culminación, obviamente, un gran postre. El próximo 3 de diciembre se ha convocado la última cita de 2009. Habrá más el año que viene, puesto que han triunfado como Los Chichos.

Esta última fecha estará dedicada al maridaje de dulces y chocolates con vinos dulces y licores para rematar una buena manduca. Estarán pastelerías y maestros como Sobrina de las Trejas (Fermín Mesa presentará una creación llamada Ángel Negro, sólo para los muy chocolateros), Los Tres Martínez, de Barbate, los portuenses de Ibáñez y La Tarifeña. Entre los vinos dulces, el Pedro Ximénez de Viña El Álamo, el Moscatel Viña Tardía o el de César Florido. Tampoco faltará el célebre Chocovodka de Pancracio.

Los golosetes deben dirigirse (cuanto antes, o en contri antes, que las plazas suelen agotarse) al local para inscribirse. Cuesta 20 lerus por perzon y los interesados pueden tomar contacto a través de la dirección sopranis@sopranis.es o a través del teléfono 956884072 de lunes a viernes y de 9 a 14 hours.

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Volvamos a la Plaza

Domingo, 23 de Agosto de 2009

Una de las mejores noticias pequeñitas y locales que puede traer el otoño plomizo de gripes y parados es la reapertura de la Plaza de Abastos, del Mercado Central. Tras dos años de obras (y 23 siglos de retraso en el inicio de la obra), ya es una realidad. Pude visitarla el jueves y, al margen de tecnicismos que se me escapan, me parece que ha quedado linda, atractiva, remozada.

Estará en funcionamiento a finales de septiembre o principios de octubre. De hecho, está lista, hasta agua y electricidad tiene ya, sus farolas, muebles frigoríficos… está a punto y mañana lunes empiezan a limpiar los restos de la obra.

Se me ocurre que su reapertura será una gran excusa para volver a pasear por allí a menudo. No podrá ser a diario, como hacían mis abuelos, pero casi. Aquello es el centro de todo, el ombligo de nuestro pequeño mundo, el principio y el final. Aprovecharé para volver a frecuentar dos sitios que recomiendo:

La Poeme: Es una cafetería, ya veterana, en la cuesta de la antigua calle Londres, ahora Alcalá Galiano, frente al solar de la plaza Guerra Jiménez. Su pastelería me parece exquisita. De corte francés, muy dulce, suave y cuidada, aunque las piezas son algo más grandes que en la tradición repostera gala. Surtido limitado, pero nivel superior para golosos. Los precios son algo más elevados que la media. Preguntar y mirar antes para evitar mosqueos. El café es muy bueno y admiten que el cliente llegue con churros de la calle. Ha sido un local maltratado por el lustro de obras, indigencia descontrolada, montajes provisionales, cambios y suciedad que rodea el entorno. Al final, parece que se ha contagiado un poco de tanta putada alrededor y se ha vuelto un poco caótico. Quizás le sobre desorden, pizarras y oferta turística a saco, pero el café y el croissant siguen siendo de los mejores de la Bay. Ambiente del Cádiz de siempre con acento francés.

El Garbanzo Negro. Hasta hace dos años era uno de mis tres sitios favoritos del casco antiguo. Lugar peculiar, en la esquina de Sacramento y Londres, allá arriba, en el punto más alto del diminuto itsmo gaditano. Tiene dos niveles, mesitas, pequeña barra y un aire cuidado de taberna en maderas claras que resulta delicioso. Los que lo llevaban te daban un trato silente, sonriente y exquisito. Recuerdo que tenían una larga carta de tapas con mucha presencia de guisos clásicos (de ropa vieja a menudo gaditano). De las croquetas a la ensaladilla y el salmorejo, un recetario clásico exquisito que nunca defraudaba. Empezaban a cuidar el vino y tenían un vermú casero exquisito. Hablo en pasado porque hace más de año y medio, creo, que no paso por allí. Le han dado un lavado de cara al establecimiento. Como todo siga la mitad de rico y acogedor que recuerdo, es uno de los lugares más recomendables de la ciudad. Sobre todo para visitantes, teniendo en cuenta que está a 20 metros de la Torre Tavira.

Volveré a los dos sitios, de camino que voy a darme el primer garbeo por la plaza en busca de un buen pescaíto que hacerme el sábado.

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Cenar en Florida por menos de 12 lerus (avión no incluido)

Jueves, 30 de Julio de 2009

El Miami (dicho así, sin el calificativo de bar o restaurante) es un símbolo para varias generaciones de gaditanos. Muchos de los actuales cuarentones tomaron allí muchos cafelitos para camelarse a la piva que finalmente les ignoró (o viceversa, o pive-pive, o piva-piva, o con final feliz), así que está en la memoria colectiva de casi todos. Yo, por ejemplo, hice allí mi primera entrevista de trabajo, en 1417, cuando Drácula buscaba cochero. Me rechazaron porque mi rollizo aspecto no iba con la famélica imagen del noble y, según me dijeron, podría ser “una tentación para él”. Nunca lo entendí bien.

Hace ya tres años, este recinto propiedad de una tradicional familia gaditana de empresarios y hosteleros, renovó su imagen para convertirse en uno de los locales más atractivos y peculiares de Cádiz. Su estructura, cuadrada y acristalada al principio, pero con amplias mesas y los bancos fijados a las paredes, en el resto, recuerda a las cafeterías de las películas americanas de los años 50, al más puro estilo Grease, dinner de la ruta 66 y demás. Amplísima barra. Hasta el precioso luminoso de la entrada tiene ese look retro de los primeros rockeros. Parecería que Elvis va a plantarse a preguntar por la farmacia de guardia más cercana de un momento a otro.

Para desayunar es una delicia muy frecuentada por funcionarios cercanos (panes variados, integrales, muchas cosas que ponerle, café bueno…) y para merendar tiene a la vista un surtido de pastelería (árabe y convencional) de lo más atractivo. Pero hace muchos meses que luchan por hacerse un hueco como lugar de tapeo, de almuerzo y de cena. Para intentarlo más han sacado una nueva promoción. De lunes a viernes, hay dos menús (de 9,75 y de 13,75 euros por persona). Los sábados, uno de 11,75 lerus. Además, gran variedad de tapas por dos monedas de un leru. La cocina es creativa, muy cuidada, bien presentada, con aspiraciones y un punto de riesgo fruto de la buena formación de los dos hermanos propietarios.

Eso sí, que nadie espere platos muy llenos como si estuviera en una venta, ni mucho menos.

La atención al cliente, al menos la que me han dado a mí, es extremadamente sobria, tirando a cabreada. Parece que van a reñirte de un momento a otro, pero como yo ya tengo bastantes amigos, no necesito ninguno nuevo, mantienen la corrección y todo estaba muy rico, pues siempre me he llevado buena impresión. Está a medio camino entre Cádi-Cádi y Extramuros (puede que sea su mayor obstáculo), pero creo que merece la pena probar, aún más con estas ofertas nuevas.

Para los que no sean de Cádiz, que busquen el monumento de las Puertas de Tierra. Una vez allí, que pregunten por el Edificio de Sindicatos. Po enfrente. El que quiera saber más, teléfono 956254938

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“Vamos, vamos Argentina” (Primera Part)

Sábado, 18 de Julio de 2009

El pasado martes estuve en la inauguración de un nuevo hotel en el centro de Cádiz. Dieron un desayuno para contar la aventura que, por repetida, debería hacernos reflexionar a los gaditanos. Tres hermanos (Oswaldo, Leandro y Carlos López Bragaña) deciden romper con sus vidas de ejecutivos en Buenos Aires y lanzarse a abrir un hotel, un restaurante o un hotel-restaurante en algún punto de la Vieja Europa. Recorren Italia, Levante, dudan con Fuengirola, luego con Tarifa… hasta que se enamoran de Old Gades. Deciden que, entre los cientos que han visto, éste es el lugar mágico. ¿Por qué los lugareños dudamos tanto? ¿Por qué nos atrevemos menos que los que llegan? ¿Por qué no aprendemos de este ejemplo, que se multiplica por decenas en la hostelería local (Teniente Seblón, Gelati Famosi, Bar Cuba, Gotinga, León Griffoen, Rosa de los Vientos, Rayuela, Mesón de las Américas…)?

En su camino comercial en Cádiz, los tres hermanos argentinos arreglaron la vieja finca donde ahora está el restaurante Sopranis, pero luego se deshicieron del inmueble.

A partir de ahí, cuatro años de papeles, obras y movidas hasta poner en pie el hotel Patagonia Sur. Carlos, que era arquitecto, murió el pasado año. Dicen que han gastado algo más de dos millones de euros en la aventura. Ya está abierto, con 16 habitaciones. Un par de ellas, con gran terraza a la Catedral, son espléndidas. Muy recomendables para esos colegas que no quieren los hoteles pegados a la playa de siempre, que quieren otro rollo, que buscan “encanto” y están dispuestos a pagarlo. Me llamó la atención la carta de la cafetería preciosa, que preside el edificio en la esquina de Cobos y Villalobos, a cien metros de la Catedral. Está acristalada, con techos altos. Tiene una gran oferta y unos precios raros. Algunas cosas pequeñas y básicas me parecen relativamente caras (café a 1,50 euros; caña de cerveza a 2 leuros; pizza a 12 machacantes) pero, sin embargo, otros platos mayores y atractivos me parecen tirados (Ensalada de pasta, 2,50; Ravioli y otras pastas a 5 lerus el plato). En cualquier caso, el aire argentino de la carta invita a probar. Están los inevitables solomillos, el irresistible panqueque con dulce de leche… Habrá que tantear. Ponen café ily (que es uno de los preferidos por los ilypollas como yo).

Tienen una web bastante currada aunque llama la atención que, nada más abrirla, el mismo día que inauguraron, aparecía un cartelón con el “hotel en venta”. Ahora, unas horas después, ese mensaje ha desaparecido. Bueno, tanto si creen en esta apuesta como si quieren negociar con ella para que otros la hagan rentable, puede ser buena noticia para Cádiz. Y la Casa del Almirante está al caer.

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