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Salvación en Sopranis (Vuelven las catas y santificadas, amén)

Miércoles, 10 de Marzo de 2010

El restaurante Sopranis de la calle Homónima y la revista gastronómica ‘Cosas de Comé’ recuperan, durante el muy cuaresmal fin de semana de San José, sus triunfales y celebradas catas enchampeladas con papeos. Esta vez, la carne está prohibida. Tocan platos propios de esta época de recogimiento (que llueve) y sacrificio (el que quiera o no tenga más webs). La cita es el sábado 20 de march a las 12,30 horas.

El precio de la cata es de 25 euros y las reservas pueden ya hacerse en el correo electrónico sopranis@sopranis.es o en el teléfono 956884072 (de lunes a viernes de 9 a 14 horas). El programa contempla 5 tapas 5, cuatro saladas y un postre, que se combinarán con diferentes vinos, es decir, que se maridarán pero sin luna de miel que estamos hablando de cuaresma y espiritualidad, so viciosos. El enólogo gaditano José Antonio Gómez Lucas prestará asesoramiento e información (con un tono muy didáctico y cercano, según recuerdo) y el jefe de cocina de Sopranis, el joven Juan José Sánchez Marabot será el encargado del menú.
Los platos y vinos de este bienhallado regreso a las catas de Sopranis (Soperanis en dialecto local) son:

1) Caldo en deconstrucción con migas y setas acompañado con oloroso Sangre y Trabajadero de bodegas Gutiérrez Colosía de El Puerto.

2) Potaje de garbanzos con espinacas con su bacalao confitado acompañado con vino tinto Garum cosecha 2008 de bodegas Luis Pérez de Jerez.

3) Guiso de alcauciles de Conil con chícharos y habas acompañado con Entrechuelos, monovarietal Chardonnay de la cosecha 2008 de la bodega Finca Torrecera de Jerez.

4) Guiso chiclanero de Resurrección con vino tinto Taberner de Huerta de Albalá de la cosecha de 2005

5) Torrija de postre con Tintilla de Rota de la bodega Juan Martínez Martín Niño de Rota.

 

El que no salga santo, o beato, es porque llegó allí con unos pecados mu gordos, mu gordos, mu gordos.

Id con Dios.

General

Ya fui a Lumen. No pierdas el tiempo como yo. Ve

Miércoles, 10 de Marzo de 2010

Los prejuicios, las confusas intuiciones calan más que tres meses de lluvia sin tregua. Pasaba por allí cada poco y pensaba: Qué bonito esto, tan cuadradito, metálico y acristalado, tan aparte de todo, como un oasis versión Blade Runner. De esa sensación al tópico sin base hay un milímetro. Las siguientes ideas caían en cascada. Claro. No será para mí. Estaré incómodo. Será caro. Es para algún momento excepcional.

Tenemos un monstruo minúsculo en la cabeza que fabrica constantemente excusas para no hacer cosas (ya mañana voy al gimnasio que no lloverá; ya viajaré a Berlín cuando ahorre un poco; ya llamaré a fulanito cuando tenga mejor ánimo; ya iré a ver la peli cuando vaya menos gente; ya entraré en este restaurante cuando toque…) y resulta que no escampa, que nunca ahorras, que el ánimo persiste, que la taquilla sigue llena, que nunca toca. Hasta que matas a ese bicho malo y te atreves. Luego te alegras de haberlo hecho, te lamentas por el retraso y siempre aparecen esas preguntas: ¿Por qué no lo hago más? ¿Por qué tardé tanto?

Pues entré. Me senté. Y me encantó. Dos años después de su apertura, aparté de mi mente las excusas y me pasé por Lumen, el restaurante del parque de Varela. El interior confirmó la atracción estética que crea, como un imán. Espacioso, luminoso, cálido pese a las líneas rectas. Ese sofalito corinto y picarón, me tocó butaca, zona de fumadores, sonaba la Sonora Big Band al volumen adecuado.

Para dejarlo claro, la experiencia me proporcionó un placer que, en esta zona, en los últimos años, sólo compararía con las vividas en mi difunto restaurante El Legado (en la Loma del Puerco), en algún rato en el Balea, o en aquellas primeras veces en las que cenar en El Faro o en El Chato era un acontecimiento personal, aún con el brillo que luego pisotean la repetición y la costumbre. Salí con la sensación de que es uno de los pocos restaurantes de la Bahía en los que sentarte es algo realmente especial. Admitamos que no tenemos mucho en ese segmento. Y lo necesitamos. Para comidas señaladas, para cenas de a dos, y para mucho más, porque sí, porque yo lo valgo… Porque la sensación que saqué es que, sin ser barato (ni falta que hace porque ya tenemos cubierto ese sector) es un placer asequible, frecuentable, que me alegraría que esta ciudad conservara. No quiero que la próxima vez hayan bajado los niveles de precio, calidad y encanto para convencer a los bobos que fabricamos excusas, ni voy a tardar un mes en volver porque prefiero pagar 80 euros allí y disfrutar like a pig que dejarme, como suelo, 60 en cualquier tapeo normal con vino.

Probé el menú degustación. Creo recordar que tenía ocho platos, entre los entrantes y lo más contundente. Para ir al grano: excepto dos, todos los demás me parecieron fabulosos. Por sabor, calidad de la materia prima o sorpresa ante la preparación. Esas dos excepciones menos eufóricas fueron un chupito como de pollo al curry (suave y equilibrado, pero no me mola el curry) y una coca con verduras escalibadas y carpaccio de ciervo, algo sosa, aburrida.

El resto, de voltereta y pechasso con tirabuzón invertido y dulce muerte en caja de pino flandes. Especialmente aplaudidos por las glándulas pituitarias y salivares fueron unos huevos escalfados con carpaccio de carabineros, las sardinas marinadas con guacamole, el salmorejito con su güevo fundido, un rodaballo fresquísimo y exquisitamente respetado en la cocina (aunque tenía un acompañamiento de risotto que no era de mi agrado por intensidad de queso).

Todo eso, muy estupendo. Pero lo más mejón que ya no puedo quitar de la cabessa fue un micuit de pato con biscotes de pan de fresa y, zobre todo, zobre todo, diomíodemiarma, el pollo de corral glaseado con setas y ajos tiennos. Ya sé que el pollo puede que no tenga mucho glamour (y menos desde que se le asocia con Andreíta) pero es que creo recordar que jamás probé uno mejor. Lo he puesto en mi olimpo junto a algunas de las mejores carnes, rojas o blancas, que haya probado never más allá de Despeñaperros, en Brasil o Argentina.

El postre era de gran intensidad chocolatera y, como yo no soy fan, pues mejor no opino. Me lo zampé y punto. Todo esto es obra, al parecer, de un joven gaditano de 25 años (New York Times, caaaaaabrón) formado en la Escuela de la Alameda Apossdaca, que pasó por el Barceló, el Parador de Buenos Aires, y que se llama Jesús Recio. Un chef a seguir (por si se le cae alguna fiambrera).

El precio de este menú es de 50 lerus sin bebida. Si añadimos que me pegué una botella de un verdejo de Rueda llamado Belondrade y Lurton (uno de los blancos más peculiares, distintos y sabrosos de los últimos tiempos) la cuenta ascendería un poco, pero la categoría del homenaje siempre alcanzaría cotas aún más memorables. Son 20 años en periodismo. Ya conozco los riesgos del halago. Ahora aparecerán apóstoles del “no es para tanto”, pero en mis sensaciones mando yo. Sí, fue para tanto.

Llegué a las tres. Me fui a las siete.

El trato que nos brindó Chari (jefa de sala, creo) tuvo esa mezcla de ayuda, seducción y discreción que, sumada a los efluvios etílicos, provoca cariño instantáneo como el Nesquik. Los detalles, también dignos de pronto regreso y larga memoria. Un carrito de quesos artesanos, una carta de panes tremenda (de un tal Fidel Pernía, sevillano). Del integral al blanco, pasando por una especie de torta de aceite, el de lima-limón o los biscotes con fresa. Enormes. El café, rotundo e impecable, como mandan los cánones de Navarone.

Admito que ese tributo que me autopegué no puede ser semanal, ni para mí ni para muchos. Pero me animó taco al regreso compulsivo ver que hay otros menuses de 30 euros (en los que puedo elegir dos de esos platos que me gustaron tanto u otros muchos de la carta, como la halagada milhoja de foie, cazón y manzana). Además, esa opción sí que incluye bebercio.

Charlando allí con mi nueva amiga Chari, me enteré de que también tienen tapas, que a finales de mes abren la terraza con ese picoteo cuidado a dos euros el viaje, que creen en lo que hacen y que están hartos de que les hayan puesto la etiqueta de elitistas, caros y lujosos.

Yo me comprometí a intentar combatirla, pero sobre todo, me quedaron ganas de volver con prontitud y reiteración. No seas tan tonto como yo. No dejes pasar dos años. No pierdas el tiempo. Ve. O vuelve.

Mira aquí todos los precios que quieras para sacar tus conclusiones, hacerte un plan, conocer el percal y organizarte. Más gastamos en sitios que no te proporcionan eso tan inusual que va más allá de comer y beber muy bien, que es estar bien.

Ya me cuentas (si es con detalles, mejor).

General

Este señor (o señora) había mandado un comentario…

Domingo, 7 de Marzo de 2010

… pero algunas cosas merecen ponerse en GRANDE.

Lo había escrito en el post “Si vas por Puerto Real” y dice:

“En Las Golondrinas en Puerto Real hay que probar el Almuerzo de Matanza un plato que ya se hace poco y que Encarni lo borda, este plato mezcla distintas partes del cerdo, carne, higado, manteca con sus justas especies y tiene el sello de los platos de siempre en el campo”.

Yo lo he leido y pienso tirarme ahora mismo en plancha, al angelito, desde este lado del Puente Carrantza para ir nadando a Port Royal right now. Al grito de MUEROOOOOOOO!!!!!

General

Necesitan de vuestro asesoramiento

Viernes, 5 de Marzo de 2010

Nuestro colega Hanky nos manda esto:

“Necesito ayuda de tu experiencia culinaria-gastrogaditana y la de todos los asiduos a este pequeño y encantador ciber-antro: Quiero ayuda para encontrar un local-restaurante-loungebar donde poder celebrar una comilona o cena, y posteriormente poder tomar unas copitas y musiquita y llevar algún espectáculo (un “boy”, una bailarina del vientre estupenda de la muerte, o algo así). Ya sé que publicaste una entrada con algo parecido, pero ésto es más complicado: seríamos en torno a 70 personas.
No, no es una comunión; es la despedida de un compañero de trabajo que cambia de destino (vamos, que se le acaba el contrato). Mayoritariamente seremos gente “joven”, en torno a los 30 tacos, pero también gente más mayor (hasta los 65, pero con más marcha que los jóvenes).
Sería para hacerlo en Mayo, y preferentemente en Cádiz capital.

¿¿¿Me puedes ayudar??? Zeguro que zí.

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Encuesta Italogaditana

Lunes, 1 de Marzo de 2010

Dice Gadita-na que se está zampando una pizza carbonara a nuestra salud. Y me ha recordado una encuesta pendiente, a mí, futuro fundador de la Asociación de Italogaditanos de Cádiz (AIGC te quiero ver). Concretamente, la cuestión es: ¿Aónde ponen la mejor pizza de aquesta provinzia, pizza mía?

Será en el Caruso??

En Il Forno de La Muela??

In Piazza Candelaria??

Será la de Francesca??

El Ettore isleño??

Il Bella Italia??

El Pasta Gansa portuense??

Casanova?

La del callejón de Abreu??

La que hace nuestra pugnetera mamma??

Alguna otra incógnita per noi???

Ma qué cosa ho fatto io per meritare tutto questo??

Parla, popolo, parla.

General

Adoro la tetería sin probar el té

Viernes, 26 de Febrero de 2010

La Tetería de Mina es, definitivamente, una de mis cafeterías predilectas en Cádiz. Está en una esquinita de la Plaza de Mina, en la calle Antonio López. En días laborables, frecuentada por funcionarios, sobre todo. En fines de semana, por gente que utiliza su buena ubicación para hacer escala en un paseo.

El mayor argumento que tengo para la recomendación es el café. Los que están muy enganchados, como yo, saben que es muy difícil entrar 20 ó 30 veces en un local y que nunca te falle. Con éste puedo decirlo. Será por la combinación de máquina y la materia prima de Illy, pero lo cierto es que es una recia delicia.

Por su nombre, cabe pensar que manejan diversos tipos de té y que los elaboran bien. No puedo pronunciarme porque no me gusta esa bebida estupefaciente caliente.

La bollería y pastelería, como en tantos locales de Cádiz, es del obrador del Mikay, con un nivel de calidad estándar en especialidades clásicas, y a veces poco frescas por la irresponsabilidad de los locales que las compran (no es el caso de la plaza de Mina) y tardan en retirarlas. No por culpa del que las fabrica.

En los desayunos, hay muchos tipos (y tamaños de panes) a la vista. Los detalles, me gustan. Desde el menaje, a las tazas transparentes para los cortados y, sobre todo, el azúcar moreno. Es una pamplinilla, pero me encanta que haya, porque no me gusta el café empalagoso y es más fácil equilibrarlo que con la blanquilla.

Siempre me da sensación de higiene (todo a la vista, sin rincones oscuros, impecable uniforme negro…).

Salón rectangular, barra y barrita en pared, que forman un pasillo algo estrecho, local en maderas claras, con iluminación cálida y una mesas al fondo que invitan a la conversación. Local algo ruidoso, vital, como es habitual en esta zona del mundo, pero muy recomendable.

Creo que es apuesta segura por la mañana y a media tarde.

A los que no sean de la ciudad, si se colocan en la puerta del Museo Provincial (siempre de recomendadísima visita o revisita) estarán a 50 metros aunque no vean la puerta.

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Plocia sigue viento en popa

Viernes, 26 de Febrero de 2010

Que no para de crecer, que parece la calle de moda, tan arregladita, tan frecuentada y cada vez con más locales, todos ellos atractivos y atrayentes. Plocia es la nueva milla de oro de la hostelería gadiana.

Por si fueran pocos los que la ocupan, nos cuenta un hermano de la aldea que el antiguo local de Atxuri, el que estaba más cerca de Santo Domingo que su actual y nuevo emplazamiento, será ocupado por una gran trattoría, un restaurante especializado en lo italiano que cuenta con inversión de unos extremeños que han decidido apostar por Cádiz. Me fío cento per cento de la fuente, así que habrá que estar atentos para conocer detalles y fechas del nuevo establecimiento.

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COÑO, OMÁ, QUE SALGO EN EL NEW YORK TIMES!!!!!!!

Martes, 23 de Febrero de 2010

Recuerdo algunos carnavales en los que apenas pisé mi casa. ¿Te acuerdas?. Aquellos en los que ibas del carrusel a las ilegales, de allí a la carpa (con alguna parada para vomitar) y de allí a tu cuarto para, cuatro horas después, volver a empezar. Cuando eso acontecía, ningún fotógrafo aprovechaba mi persistente presencia en la calle.

Y este año, cuando probablemente menos he salido en toda, toda mi vida (ni siquiera los años de los nacimientos de mis hijos frecuenté menos el asunto), cuando no he pisado el Falla, cuando sólo me di una vuelta el lunes por la tarde, mientras diluviaba y parecía que habían tirado una bomba de neutrones, va una fotógrafa, viene a hacer un reportaje sobre la gran fiesta gaditana y me inmortalissa (loko!!) en el NIÚ YOR TAIMS. Como te los toy contando. Que no?? que no?? Que melostín ventando???

Mira, anda, mira, aquí, chavá. Que en este periódico sólo salen los más grandes: Georgie Dann, Paco Martínez Soria, Mágico González, Marchena Piqüito y yo somos los únicos hispanohablantes que han honrado sus páginas. UN RESPETITO, QUE ESO ES MUY BONITO!!

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Fichaje de invierno (Antonio Fernández Rivera)

Lunes, 22 de Febrero de 2010
Mi tronqui Monfor me habló hace un mes de un fichaje que le hacía ilusión. Se trata de un chaval joven, pero con una formación asombrosa y del que hablan maravillas. Es gaditano, inició su aprendizaje formal en la Escuela de Hostelería de la Alameda, y se llama Antonio Fernández Rivera. Después de comenzar su trayectoria académica frente al Baluarte de la Kandelaria, recaló nada menos que en el Kursaal de San Sebastián, de la mano de Martín Berasategui, que no debe ser poca cosa. Luego ha pasado por otros restaurantes de gran prestigio de Euskadi y Madrid.

Es el hijo de Antoñele, un cocinero muy conocido y respetado en la Bahía, que ahora trabaja en el bar Zona Franca.

El vástago, que es este joven que os digo, tan bien enseñao, Antonio Fernández Rivera, ha fichado ahora por el grupo del Arsenio Manila y, por tanto, podría trabajar también en Manila 1969, La Taberna del Aviador y, en verano, Nahu Beach.

Pos nada, yo para que lo sepáis, para apoyar a uno de los nuestros (son muchos) que ha aprendido (tela) aquí, allá y acullá.

 

 

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Missing

Lunes, 22 de Febrero de 2010

En inglés, los verbos “perder” y “echar de menos” se escriben igual. Puede que tenga algo de sabiduría la coincidencia.

Echo de menos a gente que hacía comentarios al principio, que me alegraba y me informaba. Es curioso añorar a personas a las que, en la mayoría de los casos, jamás he visto la cara, ni sé como se llaman, ni siquiera si el género que utilizan es real. Pero me gustaba lo que decían…

Puede que se hayan cansado. Tendrán motivos. Autocrítica.

Puede que ya no meta tantos posts como antes. Pero tengo un trabajo indecente, de horarios y calendario sólo comparables a los de camareros, cocineros, policías y personal sanitario. No doy más. Autocrítica.

Puede, ojalá que no, que por alguna circunstancia les falte ahora ánimo, humor, o que les haya pasado algo en su vida personal o laboral que les impida comunicarse como antes. Las posibilidades anteriores son auténticas estupideces comparadas con esta última. Es la única que me gustaría descartar absolutamente.

En cualquier caso, un saludo agradecido -por los buenos ratos que echamos- a ellos. Y la misma gratitud a los que entran y no hacen comentarios.

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