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Archivo para la categoría ‘Vino’

Homenaje Sanluqueño (y III)

Domingo, 26 de septiembre de 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Espuma de Papa Aliñás con Atún

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Gentileza de Beg en Posada de Palacio (Sanlúcar II)

Domingo, 26 de septiembre de 2010

 

Solomillaco de Ternera con Crujiente de Jamón y Setas

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Cocina y placer en la playa con paredes (Arsenio Manila es un tipo flexible)

Miércoles, 5 de mayo de 2010

Cumple tres años como gran local, uno como restaurante y empieza nueva etapa. El pasado jueves 29 de abril invitaron a unos cuantos tipos adorables (yo me divertía desentonando) para detallarla y esa propuesta parece muy guapa, estilizada, morena, con bikini de diseño, cabeza amueblada y pareo elegante.

Arsenio Manila (del grupo de Raúl Cueto) es el establecimiento bandera de un conjunto de sitios marcados por la flexibilidad, de oferta, de horario (gracias), de ambientes. Casi todos ellos son como el increíble hombre de goma pero en versión hostelera. Ya desde su entrada descendente, que aún así atrapa la luz del Paseo Marítimo, se muestra afortunadamente distinto.

Los que lo llevan no dejan de reinventarse, de viajar y proponer. Lo que se les ha ocurrido ahora tiene pinta de ser buena idea. Arsenio Manila inicia temporada con una carta de cenas renovada, que conserva lo mejor de la anterior (tranquilos, que no han quitado la Ensalada Nahu) y con apuestas atrevidas, atractivas. Han fichado para la cocina a José Luis Quintero, joven gaditano, apenas 30 años, que echó las muelas en El Faro, como casi todo el mundo, y luego llamó la atención con aquello tan agradable y tristemente desaparecido que se llamó El Parador de Buenos Aires. Además, como jefe de sala está Toni Fernández otro JASP (ex Berasategui), que mezcla rigor y cercanía para dar amenas clases de enología sin pretenderlo. Se le escapan. Como anticipó Hanky Moody (que como Parker Lewis, nunca yerra) conviene hacerle caso de forma crónica.

Para la renovación de la carta y el relanzamiento de tan atractivo sitio, cuentan con el asesoramiento de Carl Borg, una de las sensaciones del último Madrid Fusión. Ya le dedicaremos un post en exclusiva a este suecojiennense porque, en el mejor sentido, es todo un personaje que se va a venir a Cádiz en verano.

A este potencial humano, se le suma la idea estética del sitio. Con ese punto insular, de chill out cabal y corazón encalado, con ese encanto mediterráneo de chiringuito de lujo que, sin restar formalidad ni calidad, relaja nada más entrar. Hasta ocho propuestas musicales (alrededor del jazz, sobre todo) están incluidas en la nueva carta. Ese detalle, el de poder elegir la banda sonora de la velada, da idea de la pretensión de los que están detrás de Arsenio. Se trata de que los cinco sentidos, incluso el parietal, parte de los genitales y la sección más bohemia del alma, entren en trance de bienestar. Hay un rollo pijipi (mitad pijo, mitad hippy) logrado, que se potencia con la flexibilidad.

Carta de tapas, carta de medios platos, para llevar, el bar junto al restaurante, para seguir la noche. La cocina abierta hasta la una de la madrugada. Da la sensación de que es un templo para improvisadores (gracias, de nuevo), para los que quieren comer poco cuando toca mucho, o al revés, para los que nunca llevan reloj, jaman cuando les place, beben cuando les viene en gana pero quieren que todo sea algo especial. Es un concepto que aporta variantes en una ciudad asfixiada por el mimetismo y los horarios estrictos.

Respecto a la oferta gastronómica renovada, me pareció a la altura del gran encanto general. Es como el espíritu del Nahu embotellado (emparedado, en este caso). En aquel chiringuito en el que tanto he disfrutado se dieron cuenta de que la gente agradecía una cocina de alto nivel a un precio soportable pero en un entorno excepcional. Raúl Cueto lo confesó en la presentación. Esa es la idea.

Todos los platos ofrecidos me gustaron entre bastante y muchísimo. Especialmente, la combinación de gazpacho con fresas (muy presentes en la carta en los lugares más insospechados, incluso a la plancha), un huevo escalfado (están de moda) a 63 grados (llevé termómetro) con ortiguillas y caldo o el arroz negro con fresquérrimo choco, al que un toque de limón rallado daba un punto originalísimo. El cochinillo, el bacalao, el foie con queso de cabra, todo elaborado con una intención de suavidad (quizás acorde con la música y el carácter del sitio) más que de impacto. Creatividad, riesgo y estética de presentación acompañaban cada embestida. El postre, simulando un jardín según la idea del malagueño gurú de los fogones, Dani García, fue realmente agradable. Los vinos parecieron un acierto. Pirineos, blanco de Somontano, y La Montesa, de Alfaro, un Rioja no filtrado de azombroza textura suave que quita la razón a los que huyen de esta denominación por su posible dureza.

Todo eso fue una presentación, un pequeño menú orientativo, que no representa ni el 20% de la carta de cenas, más lujosa, ni de la de tapas y medios platos, más sencilla y asequible. Si acaso, es una pista, sirve para sacar una conclusión general. Gran sitio, sobre todo por microclima, para cenas románticas y de amigos, de las que son un principio y no el final. Con libertad horaria, bar cool adjunto y océano enfrente. No entro en asuntos personales. Ni soy amigo de los dueños y profesionales ni me preocuparía que se ofendieran por una crítica, sólo creo que vi una oferta espléndida para la ciudad, la Bahía y la provincia. Si no redonda, casi. Ovalada, por lo menos. Una cocina que no está lejos de las mejores de esta tierra en un entorno que es de los mejores de esta tierra. La nota media, si se trata de jugar a exámenes, saldría alta.

Pero se trata de que la pongas tu y los que vayan contigo. Que yo no pagué (eso siempre ayuda a que todo te guste más) y, además, no tengo ni puta idea. Sólo soy un estupendo impostor.

FOTOS: Arriba, de izquierda a derecha: Toni Fernández (jefe de sala), Raúl Cueto (propietario), José Luis Quintero (cocinero) y Carl Borg (cocinero-asesor). Abajo, el gazpacho con fresas.

Ambas imágenes son cortesía del más grande, the very best, Pepe Monforte y su megaweb gastronómica ‘Cosas de Comé’ que si no la visitas frecuently es que eres carajote/a.

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Curiosidades (añada las suyas, please)

Jueves, 1 de abril de 2010

Me petesse ir a:

El Viajero. Restaurante en un local con mucho potencial (y que nunca acaba de romper), así en alto, en el Paseo Marítimo, lo que antes era La Leyenda. Begoña y Lorelay lo han mencionado con cariño. Es de gente de Cádiz y ya sabéis que yo tengo dos neuronas prestadas de Fermín Salvochea.

El Rompeolas. El clásico local sobre la playa de Santa María del Mar (esquina con la calle Condesa Villafuente Bermeja, teléfono: 956289846). Dice Monforr que lo ha cogido León Griffoen, el ex cocinero de La Cigüeña, Lumen… curiosa combinación: cocinero atrevido, local de toda la vida, tapas… Intrigante, como poco.

Marinero en tierra. Un sitio en Puerto Real (Plaza Poeta Rafael Alberti, obviamente, número 32. Teléfono: 956475005). Apuesta por nuevo tratamiento de pescados de siempre.

¿Podré ir antes de que acabe la primavera?

Sigan atentos a la pantalla… (si vas tu primero, me dices)

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Inma, un cañón

Viernes, 26 de marzo de 2010

Hacía tiempo que no iba a El Cañón, el bar reformado por Quico Zamora hace justo un año. Y volví en el peor momento. Carnaval Chiquito (más grande que nunca por la lluvia anterior), cuatro filas de lugareños y visitantes, asilvestrados en ambos casos, gritando por una cerveza, local hasta la bola, clientela considerablemente bebida, camareros teóricamente desbordados, trabajo a toda velocidad, a destajo…

Pero teníamos hambre, no queríamos bocatas. Cuatro de la tarde, dos parejas. Pedimos cuatro tapas, eran de guisos, más o menos complejas para ese ambiente, preguntamos con pudor si era posible. Una suerte de estofado, un arroz ibérico, menudo…

Pues sí, en ese entorno deliciosamente infernal, cuando era imposible casi entrar y salir, cuando era una odisea pedir, nos lo pusieron, ni siquiera tardaron demasiado y todo estaba bueno (me tocó el arroz). Generosas. Sin sobreprecio carnavalesco. Más que decentes. En esa situación, con cien personas clamando a la vez a gritos (mira, tsss, cucha, que llevo un rato aquí, hija…).

Inma, en la barra, una jabata. Luis Ripoll, en la cocina. Quede constancia de un buen trabajo en el entorno más complejo posible para redención de un sector hostelero gaditano criticado muchas veces (y con mucha razón en otros casos).

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Sopranis triunfa (pese a Michael Jackson)

Domingo, 21 de marzo de 2010

Tres de los asiduos con más criterio y prestigio de esta casa dicen que se lo pasaron de fábula de Esopo ayer en Sopranis, en la cata con maridaje dedicada a la temática cuaresmalll. Desde luego, esta fórmula funciona en ese lugar. En todas las últimas convocatorias, han tenido que duplicar fecha y aforo. Repiten buena parte de los asistentes. Que gusta, vamos. Yo no pude ir, pero pasé hace un par de semanas por Sopranis y me encantó. Siempre me ha gustado el microclima, el ambiente que han sabido crear en aquel sitio. Tiene un feeling especial, vitalista y sereno.

Pero, además, la oferta del tapeo cada vez me convence más. Han seleccionado lo que mejor funcionaba de la carta en barra (atún teriyaki, crujiente de langostino…), la han reducido y aportan una decena de sugerencias que cambian cada día, tan atractivas como la hamburguesa de presa. Se exponen en una pared negra a modo de pizarra gigante en la que alguien -dueña de una de las caligrafías más hermosas, evocadoras y excelsas de la parte del mundo que escribe en Español, con la que seguramente se habrían podido escribir las cartas inflamadas de El amor en los tiempos del cólera- detalla las distintas tentaciones. Juan José, el joven cocinero, cada vez me parece más descubrimiento. Lo del caldo desconstruido está levantando grandes ovaciones.

También me parece un acierto que las dos camareras lleven desde el principio, que hagan equipo. Son dos chicas escandinavas (rubias y ojos muy azules) que curiosamente hablan un perfecto gaditano, incluso con acento local. De lo más apañadas. Rápidas, colaboradoras, serias, amables…

(*) La única pega de la última visita llegó al final. Cuando ya estábamos en los postres, empezó sonar a toda pastilla ‘Thriller’ de Michael Jackson. Uno de los propietarios (un chico de pelo inexplicable y gafas de pasta, que creo que se llama Ramón) comenzó a bailar a través de toda la sala en plan ‘moonwalker’, ya saben, arrastrando las plantas y haciendo ángulos rectos con las rodillas, mientras los brazos se agitan como si fueran robóticos. A los que estábamos allí nos hizo cierta gracia al principio, pero nos equivocamos al sonreir y aplaudir por piedad. Después de esa canción vino ‘Billie Jean’, en la que el mencionado hacía como que pisaba losas iluminadas. Luego otra canción, y otra, y una más. Entraba un segundo, se cambiaba, y salía con guantes o gorras de ‘purpulina’. Aquello ya no tenía gracia y el chaval no sabía cómo parar. La gente, aprovechando que la puerta estaba abierta -entraba un pelete de mil demonios- aprovechó para huir a la octava coreografía, mientras le arrojaba al danzarín servilletas, cubiertos, restos de comida…

Aunque mis amigos, mi santa y yo nos dejamos allí un buen dinero, no nos convidaron ni a una copita de cava, ni un chupito de whisky por culpa de este incidente final. Cuando llegaba la Policía, ya nos marchábamos. Menos mal que la experiencia fue maravillosa. Hasta que comenzó el espectáculo…

(*) A partir del asterisco, todo es rigurosamente falso e inventado. Lo que podríamos calificar como un embuste.

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Un vino extremeño, el mejor en Japón

Sábado, 20 de febrero de 2010

Para los que creen que el mundo se divide en Rioja y Ribera del Duero, una curiosa noticia. Mi amiga Marta de Corral me da la pista y la página web de la agencia estatal de exportaciones recoge la información.

Un vino de Extremadura ha sido elegido por los japoneses como el mejor del año entre los importados de todo el mundo, por su calidad-precio, su sabor y por lo que sea. Podemos tomarlo a guasa, pero los nipones tienen uno de los mercados más compradores, entendidos y exigentes (ya sabemos como son, millones de consumidores hiperinformados que se leen hasta el manual de instrucciones del hula-hoop).

El vino elegido es Equus, de Viña Santa Marina, ha sido seleccionado por la revista especializada Dancyu, la de más tirada entre los mollatólogos del Sol Naciente. Está elaborado a base de Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Syrah y con seis meses en barrica de roble francés y americano, ha recibido 98 puntos, la calificación más alta otorgada por ésta publicación. Viña Santa Marina es una bodega de Extremadura que en tan sólo diez años ha logrado exportar a más de una veintena de países, repartidos por todo el mundo, pero entre los que Japón es el de mayor importancia por volumen de ventas.

¿A que entran ganas de probarlo? Yo me apunto.

Vino

Dulce y pecoso (Paco&Lola, albariño para fiestas descapotables)

Domingo, 14 de febrero de 2010

Un amigo viejo y feo que últimamente me da bastantes alegrías, y algún susto, consiguió que me llegara esta botella tan neogitana y tan flamencool. Fue en enero pero me aburría incluirla en los inacabables fastos navideños. Era como devaluarla. Como siempre merecen los grandes placeres, esperé un poco para darle importancia. Mereció la pena. Probé Paco&Lola en una terraza de Santa María (an Ca Caleti, Chez Caleti o Calet’s House). Para evitar exageraciones, digamos que a varios nos proporcionó un placer tal que se nos apareció Chano Lobato, máximo apóstol de la alegría. Creímos ver su rostro en ese sol de invierno que tanto se hace de rogar y que se coló por la cara en aquel aperitivo. Obviamente, brindamos a la salud de su eternidad.

Admito que fue mucho más que el vino. Era la compañía, la temperatura (del caldo y el cielo), el día exacto, el meloso silencio de Sara… la cosa mereció la pena. Paco&Lola es un albariño disfrazado de bailaor. Entra por los ojos y, claro, todos tendemos a desconfiar. Ya sea una persona, un establecimiento, un producto. Cuando la apariencia es fascinante, novedosa, cuando nos parece guapísimo, se activa un bicho malo que todos tenemos en la cabeza: “Algo esconderá”. Pero en algunos casos, la belleza nada oculta. Entonces, el precioso envoltorio se convierte en añadido, en virtud y no en coartada ni escondrijo. Es lo que le sucede a este vino. Su botella y su caja combinan con tal tino tradición y vanguardia, riesgo, estética y humor que cualquiera empieza a disfrutarla antes de abrirla. Obviamente, la joven empresa gallega que lo parió tiene grandes galardones en materia de ‘packaging’. Viene a ser, en vino, lo que Pancracio a chocolates.

Pero en un caso como en el otro, el producto es la única verdad que refuerza o ridiculiza cualquier consideración añadida y ajena. No sólo es apariencia. Es un blanco, cento per cento de uva albariño, criada en el Valle del Salnés. La cata oficial de su web dice que “es muy brillante, de color amarillo pajizo, con destellos verdosos. Destaca por su gran diversidad aromática con notas muy finas de fruta (cítricos y manzana verde) y con matices herbáceos (albahaca) sobre un fondo floral. Es muy fresco, con cuerpo y una acidez viva que le da una frescura deliciosa”. Doy fe.

Mi versión es más simple. Me pareció amabilísimo, el que más sabe a fruta (el toque de manzana se nota un taco, afortunadamente) de todos los blancos que he probado últimamente y con un poso dulzón algo excesivo para mi gusto, pero maravilloso para los que compartieron la botella. Resulta imprescindible desgustarlo al aire libre. Nada de pareja, ni restaurantes por la noche, ni cenas románticas. Muerte a San Valentín. Es un caldo para varias botellas, muy frías (por debajo de 10º), para bastante gente, entre varias parejas, con muchas mujeres. Es una gran recomendación para muchas de ellas, que suelen recelar de cualquier tinto por su dureza y se entregan al primer blanco que les prometa besos de azúcar. Puede parecer machista, pero es mi experiencia. Entre ellas, el porcentaje de adeptos al blanco es mayor. Entre ellos, al tinto. No es ni bueno ni malo. Creo que es azín, aunque la química recomiende lo contrario.

En aquel sábado morning nos lo pegamos sin acompañamiento (seamos sinceros entre nosotros) pero me da la sensación de que es estupendo para maridar con pasta en salsa suave (el tomate es el peor enemigo del vino), ensaladas, pescado (plancha o sin acompañamiento de sabor fuerte), arroz, marisco…

Es un elixir para consumir en lugares descapotables, sin techo, ni carpa, ni cristales. En parques, jardines, playas, terrazas, áticos y, si no tienes posibles, en el balcón o, por lo menos, asomado a la ventana abierta. Su sabor se potencia mucho si el sol te da en la cara. Lo ha demostrado en una tesis el Profesor Franz de Copenhague. Si, como yo, estás loco porque se acabe el invierno más malage y sieso que recuerdan los tiempos. Si piensas brindar por el primer homenaje sin hora final que te pegues bajo un lorenzo ruborizante. Si quieres pegarte uno de esos aperitivos-almuerzos-sobremesas de cinco horas, de no quitarte las gafas de sol, este vino es el cómplice perfecto. Incluso tiene pecas. No te digo más.

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La SuperAbuela

Domingo, 31 de enero de 2010

No iba desde su primera semana de vida. Quizás porque estaban en plena fase de inicio y rodaje, me gustó menos de lo que esperaba entonces. Anoche, sábado, volví. Estaba de bote en bote y me gustó el ambiente, pese a la incomodidad del llenazo. Lo que probé, por fin, sabía igual que aquellas delicias que convirtieron a muchos clientes en legiones de fans en El Mesón de las Américas, el pequeño local matriz de los de Fabián. Simplemente, que se sirven en un local más grande. Grande la empanada criolla, y grande el entrecot, digno de ser llamado argentino. Una de las amigas que venía me dijo que suele ir dos o tres veces por semana, que siempre está así de llenísimo, en mesas , en barra, y que las ensaladas triunfan de forma total. La Abuela Elfrides está en la plaza de San Agustín, por si alguien aún no lo ha descubierto. Es muy fácil de encontrar para los que lleguen a la ciudad sin conocerla.

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Entre la Venta de Vargas, Corrientes, Vacaciones en el Mar y el Bar de la Guerra de las Galaxias (Mamajuana)

Martes, 5 de enero de 2010
Tiene un atractivo intangible, ya en peligro de extinción. Puede que no sea uno de los diez mejores sitios de Cádiz para tapear, aunque yo he probado cosas muy ricas, sobre todo carnes y unas tostas grandes. Puede que no tenga una cocina creativa y esas cosas, pero es un placer repostar allí. Puede que no posea una bodega exquisita, aunque el viento y el vino saben mejor sentado en las faldas del Campo del Sur. Puede que no sea un bar lujoso y seguro que no lo pretende, pero si Cádiz aún conserva algo de lugar de paso, como escala de ida y vuelta entre Montevideo, Bagdad, Venecia, Dublín y Tetuán, este local puede aspirar a ser la figurada y diminuta venta que tiene todo cruce de caminos.
Cuenta con una carta de tapas decente, práctica, pero eso me da igual. Tiene una minibarra en penumbra (aunque sea mediodía de agosto) que ofrece cañas y copas suficientes para seguir el camino después de una larga pausa. También me da igual. Tiene una minibiblioteca encantadora. Se les agradece, pero también me da igual. Tiene cada oferta traducida a varios idiomas porque asume con dignidad, como ha hecho Casa Hidalgo, su papel turístico. Pero eso no me importa aunque lo considero inteligente. 
Lo que me parece imprescindible es lo que tiene de cantina vieja, de taberna eterna, de escenario para los encuentros inesperados (aún recuerdo el brillantísimo discurso sobre Bush de aquel señor tan bebido), de alcoba colectiva para los que prefieren lamerse las heridas con una dosis sensata de alcohol, esos que han ganado una vida después de perder la puta prosperidad y la mierda de lo conveniente. Siempre hay forasteros, cruceristas o teutones rubicundos, pero los tienen muy bien educados, hablan en susurro y no molestan. Si alguna vez grita alguien, es gaditano o parroquiano. Hay muy buena mano para elegir la música, ecléctica, ajena a lo convencional, que conviene cada minuto a cada estado de ánimo de cada alma perdida, o viajera, que acoge. Lo que quiero decir es que está en la esquina de la calle San Juan, la de la Cueva del Pájaro Azul, la única que la ciudad ha olvidado del todo a la hora de recuperar su indigno parque de viviendas. Los acentos se mezclan con una batidora universal en ambos lados de la barra. Te atienden siempre con distante familiaridad, con fría calidez. Como Dios manda, si mandara o mandase.

Se llama Mamajuana y está en la Plaza de la Catedral, justo en la esquinita de San Juan, como digo. Justo bajo la Torre de Poniente. Están en internet y en Facebook. Allí he encontrado estos datos, por si alguien todavía no la conoce. Que no se la pierda. Parece que siempre está a punto de pasar algo.

Plaza de la Catedral, 12
Cádiz.

Teléfono: 856170643
mamajuanatapas@gmail.com

HORARIO:
MARTES A JUEVES
11h a 16 y 20.30 a 23.30h

VIERNES Y SABADOS
11h a 24 h

DOMINGOS
11 a 17 h

 

 

 

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