Fiesta de Espuma. Spuma Party

Viernes, 27 de Agosto de 2010

He visto carteles que anuncian una “fiesta de espuma” para esta noche (la de este último viernes de agosto) en el local Le Chic, en la Punta de San Felipe.

Los que paran por este blog son gente que se asea, al menos, una vez al día en casa, por lo que no suelen consumir espuma en la calle, pero ahí queda el aviso. La publicidad anuncia cañones, dice que el asunto empezará con el inicio de la madrugada, que la idea llega de Ibiza, que habrá música “comercial” e, incluso, publica los números de teléfono portátil de los que pueden vender las entradas o serán responsables del sarao. No me parece ni bien ni mal, que nunca he estado en ninguna. Cualquier crítica sería infundada y, probablemente, fruto de la envidia por no tener humor, valor, planta, edad ni ánimos para ir.

Pero el que quiera salir escamondao, ya sabe.

Obélix (pero llámame Górdix) General

El Malagueño

Viernes, 27 de Agosto de 2010

La terraza de El Malagueño, en El Pópulo, en Cádiz, me parece uno de los sitios más encantadores del universo. Y Antonio es su profeta. Ahora mismo, así lo creo.

Tampoco es que haya visto todos los que me hubiera gustado.

Quizás a los vecinos de la zona no les parezca igual pero como cliente y/o usuario…

Obélix (pero llámame Górdix) General

Maridaje shock

Viernes, 27 de Agosto de 2010

Eso de sentir asco, rechazo o repugnancia ante lo que pidan los demás hay que ponerlo en cuarentena. Lo que a nosotros nos parece adecuado o normal en la mesa, 200 kilómetros más al norte o al sur puede parecer repulsivo. En muchos países, nuestros caracoles o las ortiguillas provocarían muecas de incomprensión. Así que conviene no espantarse mucho ante nada y, sobre todo, viajar para curarse y aprender de las costumbres de donde fueres.

Con todo, la invasión turística anual que vivimos (y que dure) provoca escenas chocantes que, quizás, tendrían solución dejándose aconsejar. En las últimas semanas he visto dos, aunque los que paran por aquí (sobre todo los que han trabajado en hostelería) habrán visto mil más.

Caso 1.

Bar La Quilla. En La Caleta. Imán para visitantes. Puesta de sol. Me paro a tomar una cerveza helada (me la merezco). En la mesa colindante, una pareja, hombre y mujer, con una adolescente, quizás su hija. Tienen ese acento norteño (serían vascos, asturianos, quizás cántabros) que me parece de los más hermosos del castellano. Preguntan al camarero por el pescado. El trabajador les habla de distintos tipos, de presentarlos fritos, o a la plancha. Eligen unas doradas y langostinos. ¿Y la bebida?. Los dos mayores piden un vino blanco. La chica, ¡¡BATIDO DE CHOCOLATE!!. Pienso que ella no quiere comer, que se tomará su batido y en paz. Pero no. Llegan los platos y ella come langostinos y pescado alternados con su batido. Yo también he visto películas americanas en las que almuerzan o cenan carne o pescados con vasos de leche. Pero no sé, me cuesta aguantar el asunto.

Caso 2.

Pareja madura de cruceristas de manual. Con sus calcetines blancos y todo. Anglosajones, británicos seguramente. Barra del Abuela Elfrides, en San Agustín. Se comunican con dificultad, pero aciertan a pedir pescado frito. ¿Y de beber?. Pues café con leche, dice ella. Pienso lo mismo. Ella no comerá y se tomará el café mientras su pareja se jama la fuente. Pues no. Bocado de pescado, buchito de café. También tengo que dejar de mirar. No es que me parezca ni bien ni mal pero, sinceramente, me resulta desagradable.

Igual nosotros cometemos presuntas barbaridades semejantes (a ojos de los lugareños) cuando viajamos. Pero en estos casos, y en el nuestro, cuando salimos, igual se podía evitar el choque dejándose aconsejar por el camarero, preguntándole con qué se toma ese plato, qué le pega.

Tampoco es que pase nada, que luego llegan los chefs creativos y te hacen un helado de atún o una mezcla de carne y chocolate. Y mucha gente lo flipa. Habrá que abrir la mente.

No sé, yo también como muchas veces con cerveza y sé que los puristas abominan de esa práctica tan común. No es que me dé asco ni nada, pero algunas prácticas chocan. No sé a vosotros.

Obélix (pero llámame Górdix) General

‘Abracería’ de Plocia (ya he ido)

Viernes, 27 de Agosto de 2010

Después de una visita cotilla sin consumir, ya he podido pasarme por la Abacería Puerto Habana, el nuevo sitio de la imparable Plocia Street (a unos metros, al margen de este nuevo local, la Bodeguita de Plocia ha puesto terraza en el Callejón de los Negros).

Todos los buenos augurios de Ana, Laietan Man o Fenicio han quedado confirmados. Vaya delicia de lugar. Está justo en la esquina frente al Usodimare, el nuevo italiano que ocupa el local de anterior Atxuri.

Los pequeños desajustes de instalación que me pareció encontrar en aquella visita precipitada (un olor extraño al llegar o algunos electrodomésticos por medio) han sido corregidos del todo, sobre la marcha y, lo que es mejor, entre llenos constantes de un público curioso que, creo, sale contento tras conocer algo tradicionalmente nuevo. Es un lugar que recuerda a los viejos ultramarinos, a las bodegas de nuestra infanzzia. Todo es cuidadosamente simple, marinero, bodeguero. Esos techos tan altos, ese suelo eterno, esos ventiladores enormes, esas estanterías hasta arriba, las conservas expuestas como un museo de latas…

Y lo que probé, magnífico. Unos chicharrones especiales suavísimos, unas buenas anchoas y, sobre todo, las recomendaciones de Reyes, la dueña: una ijada de atún con espárragos verdes encima y una melva con pimientos. Buena presentación, calidad deli, trato familiar, informalidad bien entendida. Una delicia. Éramos cuatro (y qué tres) y nos abrieron dos botellas de Ribera del Duero, Tamiz, muy ricas, con la temperatura adecuada aunque desconfiáramos del frío (el calor de estos días consiguió equilibrar la temperatura justa).

Ese aire de tabanco se hace cómplice de la conversación, y eso que no queríamos comer mucho, porque tienen una cartita de cocina en unos folios que te entregan amablemente si pides algo más. A partir del primero de septiembre pondrán desayunos (con prioridad para la materia prima de la tierra, con teleritas, aceite, tomate del bueno) que serán otro argumento para volver.

Estupenda experiencia. “En tus ojos bonitos veo mi suerte”, cantaba Camarón. Conviene recordarlo cada vez que Ana recomiende algo.

Y para colmo, todo lo mencionado, incluyendo las dos botellas, nos salió por diez euros per cápita. Redondo.

P.D: Ya sé que es una falta de educación hablar del físico de los demás. Ya sé que a Lorelay le disgusta la vena satirona y a mí me revienta incomodarla. Pero mi gala suele compartirla con una sonrisa y es peor mentirse. Más vale admitir las miserias propias. A la encantadora vivencia de papeo y bebeo se unió un pequeño sortilegio. Nos atendió la reencarnación gatuna de una Lauren Bacall veinteañera, que ni la falda-tubo le faltaba. Alejandra se llama. Es hija de la propietaria. Ya no estará en septiembre, volverá a la facultad. Mientras, también trabaja en Imagina, la nueva sala de la punta de San Felipe.

Qué persona más hermosa.

Obélix (pero llámame Górdix) General

Il tapeo (Lavinia, en San Fernando)

Martes, 24 de Agosto de 2010

Iba buscando otros sitios, un par de locales que me habían mencionado protocañaíllas como Capiman y Uly, pero la gazuza apretaba, los niños daban la brasa y apareció la terracita. En la calle peatonal del Real Teatro de Las Cortes, a 50 metros de su puerta, en la paralela a esta nueva calle Real que, una vez recuperada, despejada, parece pendiente de amueblar de gente y vida, de terrazas y tranvías.

A una esquina de ese viejo bulevar nuevo está, tan cerca, Lavinia. Yo vi tapas en los toldos y, con las bullas, me animé. Y curiosa la experiencia. Al ver la carta, resultó que era un italiano, que no es lo que iba buscando, pero bueno. En cualquier caso, en la terraza, al menos, es un italiano distinto. Es un cruce de ristorante y estos nuevos locales de modesto afán creativo, que son capaces de ofrecer platillos (tapas generosas) a precios moderados. En el caso de Lavinia, todas entre 2 y 3,50 euros. En ese formato de tamaño medio, para bolsillos jóvenes y con cierto cuidado (en la vajilla, por ejemplo) resulta curioso encontrar pasta. Los cuencos de spaghetti con calamares en su tinta, por ejemplo, vienen a ser un tercio del plato que te pondría tu abuela en su casa, pero resultan muy atractivos. Estaban muy buenos (más enteros, habrían estado mejor), como un saquito brick con berenjenas, o piezas de pasta rellena. También hay minipizzas (muy básica la que probé, pero crujiente y sanota para los niños) del tamaño de una torta Inés Rosales. Luego hay calzzoni, en rollitos, es decir, la misma idea de la pizza en distintas presentaciones. Y unas tostas rebautizadas obviamente bruschettas que contienen alimentos tan transalpinos como salmorejo y jamón serrano.

En suma, el tapeo no me pareció de calidad incomensurable, pero sí apreciable y diferente, como si hubieran decidido renovar (en tamaños, presentaciones, sobre todo) la oferta de ristorante y trattoría de siempre. Me gustó la falta de rigor de algunas recetas italianas porque creo que están al servicio del gusto de los clientes de por aquí, las transgresiones son bien recibidas, es un mestizaje forzado por la adaptación al gusto local. Italiano cañí. Pues vale. Lo más negativo fue un postre (un crepe con helado) que era manifiestamente mejorable del todo y completamente.

La terraza, era lunes, de agosto, se llenó enterita entre las 21 y las 22 horas. Cuando me fui, había grupos y parejas esperando un hueco, de pie. Me sonó éxito, no sé si veraniego o más estable. Esta terraza es una reciente extensión de un restaurante italiano, del mismo nombre, que no he catado. Sólo fuera.

El servicio, dirigido por un señor de mi club de los orondos, fue atentísimo, serio, rápido, profesional. Se liaron con el postre que, además de regulé, llegó con 30 minutos de retraso. Fue lo único, admitieron el error y el olvido, se disculparon. La relación calidad-precio, muy buena.

Lavinia está en la calle San Diego de Alcalá, 12 (la del Teatro de Las Cortes, paralela a calle Real).

Teléfono para consultas y reservas: 956885487

Obélix (pero llámame Górdix) General

Matar miércoles a cañonazos

Viernes, 20 de Agosto de 2010

El bar El Cañón (en la plaza del mismo nombre, paralela a la calle San Francisco, en la que desemboca la calle Rosario, la de la Santa Cueva, no te la pierdas, da igual que ya hayas ido, vuelve, y si no eres de aquí, también, ve corriendo) ha puesto en marcha unas particulares convocatorias los miércoles.

Empezaron el pasado 18 de agosto, pero seguirán los tres próximos (el 25, que es el último de agosto, y los dos primeros de septiembre, 1 y 8). En cada mercoledi en cuestión, se combina una cita gastronómica temática con actuaciones de buen flamenco. La próxima, por ejemplo, está dedicada a Huelva. Habrá degustación de coquinas y gambas, además del recital.

Los organizadores (Zamora’s Family) aseguran que hay puntualidad y formalidad. Arrancan a las 21.30 horas porque a las 23 los vecinos de la finca tienen derecho a descansar.

Estas citas son una buena excusa, aunque no hace falta ninguna, para volver a un bar estupendo a disfrutar de su carta habitual, con una cocina tradicional pero atrevida, con Luis Ripoll al mando de los fogones, con buena relación calidad/precio, buen servicio, un apreciable surtido de vinos y ambiente agradable. Quizás sea de los diez bares más apetecibles, para mí, del casco antiguo ahora mismo.

Además, tiene un punto costumbrista, sin ser casposo-turístico-chungo, que puede ser un valor añadido para los visitantes de estos meses veraniegos.

Obélix (pero llámame Górdix) General

Primera imagen de Puerto Habana (Plocia no para)

Viernes, 20 de Agosto de 2010

Me he dado una vuelta morsegona por el nuevo local de Plocia (no pares, sigue, sigue… que decía aquel temita). Está justo en la esquina frente al Usodimare, en el callejón de Gloria. Se llama Puerto Habana Abacería. Tienen web para presentarse. Me ha encantado el aspecto general, me recuerda a las bodegas de cuando era chico, con los techos tan altos, el suelo que ya tendría en 1930, tipo arqueológico. Rústico, auténticamente tradicional, con un toque particular de almacén antiguo, sin demasiados adornos.

Tiene un salón rectangular al entrar (el de la imagen), una barrita que está nada más acceder, a la derecha de lo que véis en la foto. Luego hay otro espacio grande al fondo. Estanterías altas con vinos, conservas… Me ha dado la impresión de que es más despachito de tapeo (chacinas, anchoas…) que lugar de cocina, aunque había pizarras que ofrecían algunos platos. También quieren dar desayunos y en su surtido delicatessen hay espacio para los dulces, para los árabes, especialmente. Imagino que será combinación de todo.

Había tres parroquianos charlando con la propietaria (era ella, deduzco yo tras el comentario de Fenicio Tripero, que me contagió la curiosidad). Me da que viene a reforzar la oferta del aperitivo, la cerveza, el descorche y las copas, en plan La Cepa Gallega, más que competir con los restaurantes de la pujantísima zona (Atxuri, Usodimare, La Cigarrera, Garum…), pero habrá que probar antes de sacar conclusiones.

Resulta atractivo pero igual no han podido acondicionarlo aún como querían, o han sufrido alguna prisa. Deben conseguir que la impresión olfativa sea mucho mejor (le pasa a muchos locales nuevos) y despejar de algunos electrodomésticos las instalaciones. Todo habitual en lugares recién inaugurados.

A un bar muy recomendable en Santa Teresa (llamado Ítaka, en La Laguna) le pasó algo similar. Abrió con un salón por acondicionar, en un sótano encantador, y en menos de un mes lo han puesto todo precioso, molón y pintón, en perfecto estado de revista. Seguro que aquí pasa igual.

Obélix (pero llámame Górdix) General

Así estaba El Pópulo a las 13 horas

Viernes, 20 de Agosto de 2010

Yo también pienso que la fórmula de los mercadillos puede necesitar algo de ajuste fino, o que igual estamos abusando de ella, como de las rutas de tapeo, pero…

Obélix (pero llámame Górdix) General

La cocina de la Casa del Almirante

Miércoles, 18 de Agosto de 2010

Minmano Perico publicó hace pocos días que el proyecto de la Casa del Almirante se ha reactivado. La idea de Honorio Aguilar de construir el primer hotel de cinco estrellas en el corazón del Pópulo ha encontrado muchos obstáculos. Un sueño así nunca es fácil de poner en pie. Hubo dificultades con Cultura, que obligó a mantener mucho más del interior de lo previsto (y bien que hizo según mi particular opinión de ciudadano raso), también hubo problemas financieros (la crujida de la puta crisis cogió la obra a la mitad), pero parece que todo se va superando y el mencionado propietario anuncia la apertura para la primavera que viene.

Será el primer cinco estrellas de la ciudad, la coronación de la ejemplar recuperación de todo un barrio, la apertura al público de un palacete excepcional, precioso y tatuado sobre la historia comercial de aquel Cádiz de ida y vuelta, pero por volver a nuestro negociado, tengo una duda: los establecimientos de ese tipo tienen restaurante, y de postín, o, al menos, un bar especial. ¿Será restaurante? ¿Quién lo llevará? ¿Habrá alianzas empresariales destacadas para ponerlo en marcha? ¿Será una oportunidad para algunos de los jóvenes cocineros de la brillante cantera de las escuelas gaditanas? ¿O propiciará el cambio de aires de alguno ya consagrado? ¿O el regreso de alguno de los que están trabajando fuera de la provincia?

Ni idea, pero tener expectativas, aunque suponga riesgos, es un agradable punto medio entre la curiosidad y la ilusión.

Obélix (pero llámame Górdix) General

Decálogo para no volver a unos grandes almacenes en un tiempo

Martes, 17 de Agosto de 2010

Yo sólo buscaba un regalo y, de paso, algo que necesitaba en alimentación, pero, de relepente, se unieron todas las fuerzas del universo (la nación del agua, la del fuego, la del viento y la tierra) para que se resumieran en una sola tarde las peores experiencias ultrasensoriales que pueden vivirse en unos grandes almacenes, que casi todos son iguales, aquí y en Pekín. Por mi mare que no lo piso en un tiempo.

No vuelvo porque:

1) La última serie que vio la chica que atiende (es un decir) en los DVD es ‘Pepa y Pepe’. De otra forma, no se entiende su cara de extrañeza catatónica cada vez que le preguntaba ¿y la tercera temporada de esta otra la tendrías?. Y a las dos chavalas de librería no les gusta leer. Ni los que leen. Les pregunté por un par de libros que no veía en las estanterías y me miraron con cara de asco. Mucho asco. Buscaron con desgana. Agua.

2) A los que te atienden, en general, les repugna el material que venden. Hacen muchas pruebas para conseguir que a los que están en deportes les repelan los chándales, a los que están en informática les den náuseas los ordenadores, a los de perfumería les horripile la colonia y así, hasta el infinito. No es fácil de conseguir. Alguna vez pueden equivocarse y poner a alguien en un departamento que le gusta o le interesa. (Esta norma tiene su única excepción en charcutería, pescadería, carnicería, cafeterías y chucherías). Ahí, por lo común, me parecen adorables. Espero que no les manden a confección como represalia.

3) En muchos departamentos no hay nadie para atenderte. Llegas a pensar si alguien se habrá puesto malo. O si esos corrillos de puretas con corbata habrá culminado su intriga con la desaparición de otro empleado. 22 minutos de reloj (bueno, de móvil) levantando las manos y todo. El departamento de música vacío. Los currantes que pasan por el pasillo vecino sufren un misterioso tirón muscular que les hace girar el cuello para otro lado. Que yo parecía Fernando Torres pidiendo la pelota en el segundo palo, o Gasol marcándole un alley-hoop a Kobe Bryant. Pues nada, me fui sin el CD de Miguel Bosé. No hubo cojones.

4) La única caja abierta entre 2.500 está, justamente, en el otro extremo, exactamente en ese misterioso lugar llamado a tomar por culo, a unos tres kilómetros de tu ubicación actual.

5) Nunca resolverás las dos dudas metafísicas que te corroen: “¿Los seis tetra-brik agrupados en el plástico se cuentan por separado o como un solo producto? ¿Por tanto, puedo pasar por la caja rápida o no?”.

6) Después de comerte el coco, ves que hay gente que pasa por la caja rápida con material suficiente para llenar dos aviones Hércules de la OTAN.

7) No te regalan el aparcamiento y, además, cuando vas a pagarlo, el ticket nunca funciona. “La banda magnética”, te dicen. Habrá que contratar otra banda, que la máquina se estropea más que un Scalextric cuando eras chico.

8) Está todo lleno de clientes extraños, mesetarios, con acentos castellanos, y acelerados modos de grandes urbes. Como diría el Maestro Reguera ¿Acaso voy yo a Madrid un mes entero a dar por culo?

9) Tienes que haber hecho un cursillo, por tu cuenta, de cierre hermético de bolsitas de plástico con sellado térmico (puede servirte para encontrar curro, la cosa está mala) porque el de seguridad te da la bolsa para que metas lo que llevas, te señala la máquina y se retira, sin hablar, sólo usando el índice, como un mayordomo de las primeras películas de Hitchcock. A un tío al que le sale una serpentina de la oreja, tiendes a obedecerle, por puro miedo.

10) Acortan la vida del ser humano. En pleno agosto, te mientan la vuelta al cole. En Octubre, te hablan de Navidad. En Carnaval, de primavera. En mayo, de agosto. Parecen empujarte hacia la muerte. Menos mal que no tienen departamento funerario que, si no, ya imagino los carteles. “Ya llega la parca. Viene antes de lo que piensas. ¿Pino Flandes, Conglomerado Star, Cremación? No dejes el final para el final”.

Añadido: Eso sí, barato es.

Obélix (pero llámame Górdix) General