Tiene un atractivo intangible, ya en peligro de extinción. Puede que no sea uno de los diez mejores sitios de Cádiz para tapear, aunque yo he probado cosas muy ricas, sobre todo carnes y unas tostas grandes. Puede que no tenga una cocina creativa y esas cosas, pero es un placer repostar allí. Puede que no posea una bodega exquisita, aunque el viento y el vino saben mejor sentado en las faldas del Campo del Sur. Puede que no sea un bar lujoso y seguro que no lo pretende, pero si Cádiz aún conserva algo de lugar de paso, como escala de ida y vuelta entre Montevideo, Bagdad, Venecia, Dublín y Tetuán, este local puede aspirar a ser la figurada y diminuta venta que tiene todo cruce de caminos.
Cuenta con una carta de tapas decente, práctica, pero eso me da igual. Tiene una minibarra en penumbra (aunque sea mediodía de agosto) que ofrece cañas y copas suficientes para seguir el camino después de una larga pausa. También me da igual. Tiene una minibiblioteca encantadora. Se les agradece, pero también me da igual. Tiene cada oferta traducida a varios idiomas porque asume con dignidad, como ha hecho Casa Hidalgo, su papel turístico. Pero eso no me importa aunque lo considero inteligente.
Lo que me parece imprescindible es lo que tiene de cantina vieja, de taberna eterna, de escenario para los encuentros inesperados (aún recuerdo el brillantísimo discurso sobre Bush de aquel señor tan bebido), de alcoba colectiva para los que prefieren lamerse las heridas con una dosis sensata de alcohol, esos que han ganado una vida después de perder la puta prosperidad y la mierda de lo conveniente. Siempre hay forasteros, cruceristas o teutones rubicundos, pero los tienen muy bien educados, hablan en susurro y no molestan. Si alguna vez grita alguien, es gaditano o parroquiano. Hay muy buena mano para elegir la música, ecléctica, ajena a lo convencional, que conviene cada minuto a cada estado de ánimo de cada alma perdida, o viajera, que acoge. Lo que quiero decir es que está en la esquina de la calle San Juan, la de la Cueva del Pájaro Azul, la única que la ciudad ha olvidado del todo a la hora de recuperar su indigno parque de viviendas. Los acentos se mezclan con una batidora universal en ambos lados de la barra. Te atienden siempre con distante familiaridad, con fría calidez. Como Dios manda, si mandara o mandase.
Se llama Mamajuana y está en la Plaza de la Catedral, justo en la esquinita de San Juan, como digo. Justo bajo la Torre de Poniente. Están en internet y en Facebook. Allí he encontrado estos datos, por si alguien todavía no la conoce. Que no se la pierda. Parece que siempre está a punto de pasar algo.
Plaza de la Catedral, 12
Cádiz.
Teléfono: 856170643
mamajuanatapas@gmail.com
HORARIO:
MARTES A JUEVES
11h a 16 y 20.30 a 23.30h
VIERNES Y SABADOS
11h a 24 h
DOMINGOS
11 a 17 h
Copas, General, Tapas, Vino
Copas, Tapas, Vino