Invasión degli azzurri (otra heladería italiana)
Ya dejó escrito el poeta y novelista jerezano que ninguna otra ciudad española tiene una guía telefónica que suene mejor que la gaditana. La mezcla de apellidos que se colaron por el puerto y se quedaron ha creado un sonido peculiar. Entre la fauna humana que propicia eso de vivir en un cruce de caminos (Cádiz es como una inmensa venta, una casa de postas entre África, La Habana, el Mediterráneo y todo lo que está hacia el Norte) abundan los italogaditanos. Son los Fopiani, Grosso, Morenatti, Benvenutti, Grimaldi, Lavazzi, Fedriani, Pettenghi… herederos de aquellos que recorrieron el mundo, de China a Buenos Aires, antes de que a su actual presidente petimetre le diera por declarar delincuentes a todos los que quieran emigrar allí.
Pese a mi condición gala, siento un enorme afecto por los transalpinos. Soy como Sarkozy. Una cosa es ser francés y otra cosa es despreciar todo lo bueno de Italia que uno pueda comerse (como a Carla Bruni, por ejemplo).
De las mil delicias que los italianos e italogaditanos han donado al mundo, destacan los helados artesanos. En Cádiz siempre hubo sucursales suficientes. Desde los años 40 está Los Italianos en la calle Ancha con Gianni al frente. En los últimos años le han sucedido otros locales en plaza de Mina (con sus colas y todo), el Mentidero (de Roberta y Alessandro), el de Candelaria (también de ellos) y otra vitrina muy chiquinina y colorista en la calle Velázquez.
Pues que sepáis que en la calle Brasil (a la que Teófila le va a cambiar la carita) va a abrir otra antes de verano. Eso dicen los carteles del local situado junto a La Chiclanera, cerca de la esquina con Muñoz Arenillas, en la acera frente a los bares y a freiduría. Buen sitio para hacer escala en esos paseos por el paseo cuando estamos de paseo ¿or not?


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