verás, Bego, no es lo que parece. Yo llegué uno de los muchos sábados que trabajo, cabizbajo, adormilado, y estaba allí. Se me ofreció, tan dulce…
Yo no lo había planeado, tu sabes que La Belle es lo primero, pero la tentación fue tanta. Creo que no lo haré más. No sé. Quizás sí. Fue un momento. La vida está hecha de eso, de ratitos…
Tengo que explicártelo. Jamás he probado un croissant mejor. Ni artesano, ni industrial, ni hecho por manos francesas o andalusíes. Qué descubrimiento. La delicia me la presentó mi amiga Lola. Y me dejé llevar. Al primer mordisco supe que tal crujientez era única, que nunca la había conocido. El sabor justo a mantequilla. La textura exacta. Que no, que no he catado nunca uno mejor. La pobre llevó una docena y duraron media hora mientras todos los que probaban lanzaban gemidos guturales irreproducibles.
El artífice de tal prodigio es un onubense que está empezando en esto tan duro de la empresa propia. Se llama Diego Borrero -su empresa es DBoro, un juego de palabras con sus iniciales-. Su obrador está en la calle Camaleón, local 1, La Laguna. En Chipiona. Y su teléfono es el 652354902. Me dice su descubridora que trabaja sobre todo por encargo y le vende a bares, restaurantes. También hace tartas, pastelitos… siempre por encargo. Yo sólo he probado los croissants, pero ya con eso dejaría que se casara con mi hija.
Sigue un proceso artesanal muy lento y laborioso (de más de 24 horas en cada hornada) con un particular fermentado de la masa, que después pone en frío. Las materias primas, dice, son fundamentales. Ni una pizca de colorantes ni conservantes (igual que La Belle y algunos otros artesanos valientes de la provincia), por lo que hay que comerlos pronto, nada de guardarlos.
Si alguien pasa por allí o quiere probar, o encargar, o llamarlo, o aliarse comercialmente con él, creo que no se arrepentirá. Esa conclusión saqué de la experiencia.
Pero vamos, que ya no lo hago más.
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