“Vamos, vamos Argentina” (Primera Part)
El pasado martes estuve en la inauguración de un nuevo hotel en el centro de Cádiz. Dieron un desayuno para contar la aventura que, por repetida, debería hacernos reflexionar a los gaditanos. Tres hermanos (Oswaldo, Leandro y Carlos López Bragaña) deciden romper con sus vidas de ejecutivos en Buenos Aires y lanzarse a abrir un hotel, un restaurante o un hotel-restaurante en algún punto de la Vieja Europa. Recorren Italia, Levante, dudan con Fuengirola, luego con Tarifa… hasta que se enamoran de Old Gades. Deciden que, entre los cientos que han visto, éste es el lugar mágico. ¿Por qué los lugareños dudamos tanto? ¿Por qué nos atrevemos menos que los que llegan? ¿Por qué no aprendemos de este ejemplo, que se multiplica por decenas en la hostelería local (Teniente Seblón, Gelati Famosi, Bar Cuba, Gotinga, León Griffoen, Rosa de los Vientos, Rayuela, Mesón de las Américas…)?
En su camino comercial en Cádiz, los tres hermanos argentinos arreglaron la vieja finca donde ahora está el restaurante Sopranis, pero luego se deshicieron del inmueble.
A partir de ahí, cuatro años de papeles, obras y movidas hasta poner en pie el hotel Patagonia Sur. Carlos, que era arquitecto, murió el pasado año. Dicen que han gastado algo más de dos millones de euros en la aventura. Ya está abierto, con 16 habitaciones. Un par de ellas, con gran terraza a la Catedral, son espléndidas. Muy recomendables para esos colegas que no quieren los hoteles pegados a la playa de siempre, que quieren otro rollo, que buscan “encanto” y están dispuestos a pagarlo. Me llamó la atención la carta de la cafetería preciosa, que preside el edificio en la esquina de Cobos y Villalobos, a cien metros de la Catedral. Está acristalada, con techos altos. Tiene una gran oferta y unos precios raros. Algunas cosas pequeñas y básicas me parecen relativamente caras (café a 1,50 euros; caña de cerveza a 2 leuros; pizza a 12 machacantes) pero, sin embargo, otros platos mayores y atractivos me parecen tirados (Ensalada de pasta, 2,50; Ravioli y otras pastas a 5 lerus el plato). En cualquier caso, el aire argentino de la carta invita a probar. Están los inevitables solomillos, el irresistible panqueque con dulce de leche… Habrá que tantear. Ponen café ily (que es uno de los preferidos por los ilypollas como yo).
Tienen una web bastante currada aunque llama la atención que, nada más abrirla, el mismo día que inauguraron, aparecía un cartelón con el “hotel en venta”. Ahora, unas horas después, ese mensaje ha desaparecido. Bueno, tanto si creen en esta apuesta como si quieren negociar con ella para que otros la hagan rentable, puede ser buena noticia para Cádiz. Y la Casa del Almirante está al caer.
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