He estado en el nuevo sitio de Plocia, en el Garum. Eché un rato estupendo con un colegón. Lo que más me llama la atención es la sobriedad, el clasicismo. Todo premeditado, desde la carta a los platos y la decoración. Minimalismo o distanciamiento del adorno, según se prefiera. Hasta el nombre recuerda a la tradición con ese homenaje a la salsa de pescado que se hacía en Gades y que alcanzó celebridad en todo el Imperio Romano. Efectivamente, el local era de la profesional aquella de El Corte Inglés de la que tengo tan gratísimo recuerdo. Se llama Carmen Braza, esposa del veterano de El Faro Paco Marente. Su hermano Santiago ha pasado por algunas de las cocinas más populares de la capital y ahora comparte este reto fraternal (yo no conozco a ninguno, me he enterado de los nombres en el Blog del Monforte).
La carta tiene cinco o seis propuestas en cada apartado, por tapas y raciones en su inmensa mayoría, y casi todas son de toda la vida. Los entrantes más familiares para un tapeador de la zona (de papas aliñás a pulpo, croquetas, ensaladilla). Los pescados más conocidos con las recetas más populares, las carnes de siempre (carrillada, presa…) y postrecitos de La Belle. La presentación, también sobria. El plato, apenas decorado. Tapas en tamaño de siempre (más pequeño del que ahora está de moda). La presencia de las papas fritas en muchos platos también me pareció una declaración de intenciones. Parece que quieren decir: “¿Ves las papas? pues eso, que esto es una tapa como las de siempre”. Probé el pulpo (muy suave) con espuma de patatas. Las croquetas (con papas) que habrían hecho las delicias de mi hija, Croquetóloga por la Universidad de New Hampshire. Una presa (con papas) que me gustó en su simpleza. Y una carrillada al toro (con papas) que me gustó regular. No le cogí el punto a la mezcla de sabores aunque mi acompañante fue lo que más celebró, con diferencia. Cuestión de gustos.
Lo demás, me encantó. Incluso repetimos con entusiasmo dos tapas de las solicitadas.
No se puede fumar, lo entiendo con la prohibición en ciernes, y no ponen café. “Es un bar de tapas” me dijeron cuando lo pedí. Esto ya no lo entiendo tan bien, pero bueno.
La decoración acompaña la filosofía. Madera clara en paredes desnudas, ni un solo cuadro, ni un elemento decorativo, pequeños exornos de iluminación azul, local alargado, barra estrecha, cinco mesas al fondo, con un gran reloj metálico que recuerda al mejor arte industrial. Todo acompaña la comentada sobriedad.
Bebimos Azpilicueta (ahora onminpresente) por copas. Habría agradecido más información sobre el surtido de vinos para tomar así, o incluso por botellas. Pero, por ser honestos, ni pedí la carta ni sé si existe ni había pizarrita. O sea, que tampoco me interesé por el asunto.
El servicio está completamente formado por mujeres. Varias de ellas me suenan de otros locales y, dentro de mi mala cabeza, las recuerdo como excelentes profesionales que siempre me ayudaron a estar bien en los sitios en los que trabajaban. Aquí también fueron agradables, discretas, colaboradoras, rápidas y sin ofrecer confianzas de más en la hora larga que estuvimos allí.
Por poner una pega, creo que es la misma que la virtud. La apuesta radical por lo tradicional, por alejarse de la creatividad y la novedad que muchos critican les reportará clientes, de esos que aborrecen las novelerías, pero puede que aburra a otros a los que les divierte jugar a buscar algo nuevo. Además, la competencia cercana (La Cigarrera, Atxuri, La Cepa Gallega, incluso El Aljibe) también apuesta por lo tradicional, por la buena materia prima servida con el añadido justo, sin adornos. Por lo tanto, hay poca diversidad en la zona. Parece que todos van a jugar a lo mismo. Eso sí, entre arreglo de calles y la exquisita reforma de locales, se está convirtiendo en una milla de oro del tapeo gaditano.
Entre Sopranis y Plocia empiezan a ser ya más de media docena de sitios muy recomendables sin recorrer más de 200 metros. Interesante asunto, sobre todo si se extendiera cuesta arriba hacia la Merced y contribuyera a recuperar, embellecer y enriquecer mi adorado barrio de Santa María, la asignatura pendiente de todos los gaditanos del centro junto con la calle San Juan y partes de La Viña.
Para los de por aquí: Plocia nº6, justo enfrente de Atxuri y La Cepa Gallega, en la acera de la Fábrica de Tabacos. Para los de allí: puede estar bien aparcar en Renfe o en Canalejas (sobre todo cuando terminen la obra de una puta vez). Está a tres minutos a pie de la estación de trenes o de las paradas de autobús que circundan la Plaza de Sevilla.
P.D: Para demostrar que estuve allí y zanjar las peticiones para conocer mi identidad real, publico una foto mía en el local. Así me tenéis ya localizado el careto
para poder agredirme (o convidarme).
Sitios nuevos, Tapas
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