De arroces y rissottos
Hace unos días, una querida amiga nos escribía para preguntarnos por un buen rissotto (léase con tono Elena Francis). El mejor que probé en mi vida me lo pusieron en un hotelito de Roma, en un viaje de trabajo al Vaticano, en otoño de 2003. Pero igual coge un poco a trasmano el Trastevere.
Por aquí también hay opciones, querida amiga de las ondas, Julia y Abel han escrito comentarios al respecto. En ambos casos, alaban los arroces de Lumen, bien porque los han probado, bien por el prestigio que como maestro arrocero tiene Jesús Recio, su joven cocinero. En el caso de Abel, ya nos había advertido de su buena mano, que conoció en la anterior escala del chef en el difunto Parador de Buenos Aires.
Yo soy adicto al arroz. Si no fuera porque me parece una estupidez comer lo mismo siempre, lo cataría todos los días. La propuesta que dan me parece muy interesante. Si en Lumen fueran listos, utilizarían los arroces (terraza) como locomotora para la democratización de su clientela. Y tienen al mejor maquinista (Recio).
Por añadir una pista a Gaditana-na, propondría La Pepa. Aunque ni su objetivo ni su segmento es el mismo, están absolutamente especializados en arroz. Puede que a veces a los gaditanos nos parezca un sitio turístico, pero casi nunca decepciona. A mí, por lo menos, las mil variedades de paellas o arroces siempre me han parecido, como poco, dignas. Y tienen un apartado de rissottos en la carta, lo que no deja de ser una garantía. Al menos, están en lo suyo.
El arroz verde (muy arrissotado, por caldoso) de La Cigarrera, en Plocia, también me parece memoreibol.
Si se trata de arroz con pollo, la Venta El Soldao me parece incomparable.
Aunque el abanico de arroces en las ventas se enriquece mucho más que en la ciudad de Cádiz, donde parece que apenas una decena de sitios le ponen todo el cariño.
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