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Un vino extremeño, el mejor en Japón

Sábado, 20 de Febrero de 2010

Para los que creen que el mundo se divide en Rioja y Ribera del Duero, una curiosa noticia. Mi amiga Marta de Corral me da la pista y la página web de la agencia estatal de exportaciones recoge la información.

Un vino de Extremadura ha sido elegido por los japoneses como el mejor del año entre los importados de todo el mundo, por su calidad-precio, su sabor y por lo que sea. Podemos tomarlo a guasa, pero los nipones tienen uno de los mercados más compradores, entendidos y exigentes (ya sabemos como son, millones de consumidores hiperinformados que se leen hasta el manual de instrucciones del hula-hoop).

El vino elegido es Equus, de Viña Santa Marina, ha sido seleccionado por la revista especializada Dancyu, la de más tirada entre los mollatólogos del Sol Naciente. Está elaborado a base de Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Syrah y con seis meses en barrica de roble francés y americano, ha recibido 98 puntos, la calificación más alta otorgada por ésta publicación. Viña Santa Marina es una bodega de Extremadura que en tan sólo diez años ha logrado exportar a más de una veintena de países, repartidos por todo el mundo, pero entre los que Japón es el de mayor importancia por volumen de ventas.

¿A que entran ganas de probarlo? Yo me apunto.

Vino

Dulce y pecoso (Paco&Lola, albariño para fiestas descapotables)

Domingo, 14 de Febrero de 2010

Un amigo viejo y feo que últimamente me da bastantes alegrías, y algún susto, consiguió que me llegara esta botella tan neogitana y tan flamencool. Fue en enero pero me aburría incluirla en los inacabables fastos navideños. Era como devaluarla. Como siempre merecen los grandes placeres, esperé un poco para darle importancia. Mereció la pena. Probé Paco&Lola en una terraza de Santa María (an Ca Caleti, Chez Caleti o Calet’s House). Para evitar exageraciones, digamos que a varios nos proporcionó un placer tal que se nos apareció Chano Lobato, máximo apóstol de la alegría. Creímos ver su rostro en ese sol de invierno que tanto se hace de rogar y que se coló por la cara en aquel aperitivo. Obviamente, brindamos a la salud de su eternidad.

Admito que fue mucho más que el vino. Era la compañía, la temperatura (del caldo y el cielo), el día exacto, el meloso silencio de Sara… la cosa mereció la pena. Paco&Lola es un albariño disfrazado de bailaor. Entra por los ojos y, claro, todos tendemos a desconfiar. Ya sea una persona, un establecimiento, un producto. Cuando la apariencia es fascinante, novedosa, cuando nos parece guapísimo, se activa un bicho malo que todos tenemos en la cabeza: “Algo esconderá”. Pero en algunos casos, la belleza nada oculta. Entonces, el precioso envoltorio se convierte en añadido, en virtud y no en coartada ni escondrijo. Es lo que le sucede a este vino. Su botella y su caja combinan con tal tino tradición y vanguardia, riesgo, estética y humor que cualquiera empieza a disfrutarla antes de abrirla. Obviamente, la joven empresa gallega que lo parió tiene grandes galardones en materia de ‘packaging’. Viene a ser, en vino, lo que Pancracio a chocolates.

Pero en un caso como en el otro, el producto es la única verdad que refuerza o ridiculiza cualquier consideración añadida y ajena. No sólo es apariencia. Es un blanco, cento per cento de uva albariño, criada en el Valle del Salnés. La cata oficial de su web dice que “es muy brillante, de color amarillo pajizo, con destellos verdosos. Destaca por su gran diversidad aromática con notas muy finas de fruta (cítricos y manzana verde) y con matices herbáceos (albahaca) sobre un fondo floral. Es muy fresco, con cuerpo y una acidez viva que le da una frescura deliciosa”. Doy fe.

Mi versión es más simple. Me pareció amabilísimo, el que más sabe a fruta (el toque de manzana se nota un taco, afortunadamente) de todos los blancos que he probado últimamente y con un poso dulzón algo excesivo para mi gusto, pero maravilloso para los que compartieron la botella. Resulta imprescindible desgustarlo al aire libre. Nada de pareja, ni restaurantes por la noche, ni cenas románticas. Muerte a San Valentín. Es un caldo para varias botellas, muy frías (por debajo de 10º), para bastante gente, entre varias parejas, con muchas mujeres. Es una gran recomendación para muchas de ellas, que suelen recelar de cualquier tinto por su dureza y se entregan al primer blanco que les prometa besos de azúcar. Puede parecer machista, pero es mi experiencia. Entre ellas, el porcentaje de adeptos al blanco es mayor. Entre ellos, al tinto. No es ni bueno ni malo. Creo que es azín, aunque la química recomiende lo contrario.

En aquel sábado morning nos lo pegamos sin acompañamiento (seamos sinceros entre nosotros) pero me da la sensación de que es estupendo para maridar con pasta en salsa suave (el tomate es el peor enemigo del vino), ensaladas, pescado (plancha o sin acompañamiento de sabor fuerte), arroz, marisco…

Es un elixir para consumir en lugares descapotables, sin techo, ni carpa, ni cristales. En parques, jardines, playas, terrazas, áticos y, si no tienes posibles, en el balcón o, por lo menos, asomado a la ventana abierta. Su sabor se potencia mucho si el sol te da en la cara. Lo ha demostrado en una tesis el Profesor Franz de Copenhague. Si, como yo, estás loco porque se acabe el invierno más malage y sieso que recuerdan los tiempos. Si piensas brindar por el primer homenaje sin hora final que te pegues bajo un lorenzo ruborizante. Si quieres pegarte uno de esos aperitivos-almuerzos-sobremesas de cinco horas, de no quitarte las gafas de sol, este vino es el cómplice perfecto. Incluso tiene pecas. No te digo más.

General, Vino

La SuperAbuela

Domingo, 31 de Enero de 2010

No iba desde su primera semana de vida. Quizás porque estaban en plena fase de inicio y rodaje, me gustó menos de lo que esperaba entonces. Anoche, sábado, volví. Estaba de bote en bote y me gustó el ambiente, pese a la incomodidad del llenazo. Lo que probé, por fin, sabía igual que aquellas delicias que convirtieron a muchos clientes en legiones de fans en El Mesón de las Américas, el pequeño local matriz de los de Fabián. Simplemente, que se sirven en un local más grande. Grande la empanada criolla, y grande el entrecot, digno de ser llamado argentino. Una de las amigas que venía me dijo que suele ir dos o tres veces por semana, que siempre está así de llenísimo, en mesas , en barra, y que las ensaladas triunfan de forma total. La Abuela Elfrides está en la plaza de San Agustín, por si alguien aún no lo ha descubierto. Es muy fácil de encontrar para los que lleguen a la ciudad sin conocerla.

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Entre la Venta de Vargas, Corrientes, Vacaciones en el Mar y el Bar de la Guerra de las Galaxias (Mamajuana)

Martes, 5 de Enero de 2010
Tiene un atractivo intangible, ya en peligro de extinción. Puede que no sea uno de los diez mejores sitios de Cádiz para tapear, aunque yo he probado cosas muy ricas, sobre todo carnes y unas tostas grandes. Puede que no tenga una cocina creativa y esas cosas, pero es un placer repostar allí. Puede que no posea una bodega exquisita, aunque el viento y el vino saben mejor sentado en las faldas del Campo del Sur. Puede que no sea un bar lujoso y seguro que no lo pretende, pero si Cádiz aún conserva algo de lugar de paso, como escala de ida y vuelta entre Montevideo, Bagdad, Venecia, Dublín y Tetuán, este local puede aspirar a ser la figurada y diminuta venta que tiene todo cruce de caminos.
Cuenta con una carta de tapas decente, práctica, pero eso me da igual. Tiene una minibarra en penumbra (aunque sea mediodía de agosto) que ofrece cañas y copas suficientes para seguir el camino después de una larga pausa. También me da igual. Tiene una minibiblioteca encantadora. Se les agradece, pero también me da igual. Tiene cada oferta traducida a varios idiomas porque asume con dignidad, como ha hecho Casa Hidalgo, su papel turístico. Pero eso no me importa aunque lo considero inteligente. 
Lo que me parece imprescindible es lo que tiene de cantina vieja, de taberna eterna, de escenario para los encuentros inesperados (aún recuerdo el brillantísimo discurso sobre Bush de aquel señor tan bebido), de alcoba colectiva para los que prefieren lamerse las heridas con una dosis sensata de alcohol, esos que han ganado una vida después de perder la puta prosperidad y la mierda de lo conveniente. Siempre hay forasteros, cruceristas o teutones rubicundos, pero los tienen muy bien educados, hablan en susurro y no molestan. Si alguna vez grita alguien, es gaditano o parroquiano. Hay muy buena mano para elegir la música, ecléctica, ajena a lo convencional, que conviene cada minuto a cada estado de ánimo de cada alma perdida, o viajera, que acoge. Lo que quiero decir es que está en la esquina de la calle San Juan, la de la Cueva del Pájaro Azul, la única que la ciudad ha olvidado del todo a la hora de recuperar su indigno parque de viviendas. Los acentos se mezclan con una batidora universal en ambos lados de la barra. Te atienden siempre con distante familiaridad, con fría calidez. Como Dios manda, si mandara o mandase.

Se llama Mamajuana y está en la Plaza de la Catedral, justo en la esquinita de San Juan, como digo. Justo bajo la Torre de Poniente. Están en internet y en Facebook. Allí he encontrado estos datos, por si alguien todavía no la conoce. Que no se la pierda. Parece que siempre está a punto de pasar algo.

Plaza de la Catedral, 12
Cádiz.

Teléfono: 856170643
mamajuanatapas@gmail.com

HORARIO:
MARTES A JUEVES
11h a 16 y 20.30 a 23.30h

VIERNES Y SABADOS
11h a 24 h

DOMINGOS
11 a 17 h

 

 

 

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El desayuno del curioso

Jueves, 31 de Diciembre de 2009

Me dijo el Monforte que el Show de Tapas del centro, el que ha sido reformado, había empezado a abrir por la matina para ofrecer desayunos. Como estaba por Cádiz, entré a ver el local. El desayuno estuvo bien (te ofrecen siete tipos de panes, una carta amplia, zumos, sandwiches, integrales, cruasanes…) pero me llamó la atención el cambio del lugar. Le han dado la vuelta, literalmente. Lo que estaba al fondo, ahora está a la entrada y viceversi. Y qué bien aprovechado el espacio para las mesitas (seis para cuatro comensales cada una). Me fliparon mobiliario, sillas, taburetes, la presencia del metal… también las dos barras han ganado espacio, y aire, y luz. Que el sitio apetece. Habrá que probar la nueva carta.

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Nuevo sitio en la Avenida

Martes, 29 de Diciembre de 2009

No está en la Quinta Avenida. Tampoco en la Séptima. Está en la Avenida, porque aquí sólo hay una. Bueno, hay dos, La Avenida y La Avenida Nueva. Pero sin adjetivo, por definición, sólo hay una. Pues eso (no te enrrolles), que está en La Avenida, justo frente al McDonald’s (descanse en paz El Barril) que hace esquina con Ingeniero La Cierva. Antes había sido una de esas cafeterías americanoides franquiciadas, pero tuvo corta vida.

Los hermanos Vélez (Balandro, Avenida 28, Albarizuela en Puerto Real…) han cogido el local. Ayer curioseé y, estéticamente al menos, tiene muy buena pinta. Comparte imagen y grafismo (fondos blancos, letras grandes y caligrafiadas negras) con Avenida 28, aunque tiene detalles balandrescos o abalandrados (las grandes lámparas de lagrimitas de cristal). Aún estaba cerrado (me refiero al lunes 28 de diciembre), pero parecía a puntito, a puntito de abrir con todo ya preparado y limpio, aunque sin género. Los más curiosos, pueden probar este fin de semana, igual ya se ofrecen al público. Me llamó la atención que el local, para lo que estilamos en una ciudad tan claustrofóbica como Cádiz, es bastante grande, espacioso, con techos muy altos, en forma de ‘L’.

Tiene filosofía todo-terreno (desayunos, birras, tapas, vino por copas, almuerzo y cena) que tan de moda (o tan necesaria) parece ahora. Se anuncia como Gastrobar de Vélez. Esa definición de Gastrobar ya la usa, y con mucho éxito, La Belle Cuisine en Sanlúcar, donde igual te tomas una tapa de lo más elaborada que te pides un cubata para disfrutar música en directo por la noche. Este local de los Vélez en Cádiz parece más grande y no creo que tenga, exactamente, esa misma filosofía. Igual sí. Ajolar. Ya veremos.

Tonto el último en ir y en compartir opinión.

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El mejor moscatel para dos de los grandes

Jueves, 10 de Diciembre de 2009

Como no les pedí autorización para publicar ésto, no voy a dar sus nombres. Pero son dos de los cocineros con más prestigio, experiencia y renombre de la provincia de Cádiz. Hablaban los dos sobre su posible asistencia a una cata de vinos dulces. Uno de ellos, se acordó de un moscatel y aseguró que nunca ha probado uno mejor, que es el más mejón para su gusto, de very best, the top, il campeonissimo. Laura, de Barbadillo, dijo. Y el otro chef, va, y le da la razón. Sí, sí, el de Barbadillo es el mejor. Yo no lo he probado ni me tengo por un excelso catador, pero les daría el beneficio de la duda a dos tipos que llevan descorchando botellas, preparando maravillas, visitando restaurantes y ganándose bien la vida con esto más de 40 años entre ambos. Ahí queda la sugerencia.

P.D: Yo no he probado uno mejor que aquel, de niño, en las bodegas El Sanatorio. Quizás porque me lo daba mi abuelo chiclanero cuando esas cosas no estaban prohibidas.

General, Vino

Crema de cerveza

Domingo, 1 de Noviembre de 2009

Me confieso cervecero moderado. Tampoco de esos que no viven sin su rubia. Pero una cosa es una cosa y, seis, media docena. Vaya maravilla que han hecho los catalans de Estrella Damm. Se llama Inedit. Se vende en una hermosa botella de cristal negro, en dos formatos. He probado el de medio litro (una cantidad espléndida que las empresas distribuidoras quizás deberían recuperar más allá de las latas largas). Impresionante la textura, la cremosidad. Es intensa, espesa, muy dorada. Un frescor maravilloso se une con un fuerte (pero exquisito para mí) sabor a cereales. Parece que se ha metido uno un trigal en la boca. Mejor aún, que ha probado un grano sobre la piel trigueña de una campesina como aquella que paseaba con Michael Corleone por Sicilia.

Jodel, que me gustó un taco. Se recomienda que se pruebe muy fría, incluso por debajo de 4º (sin congelarla, güevo), que se mantenga fría en cubitera mientras se hace honor a toda la botella y que se usen copitas altas para no calentarla con la mano. Sólo se vende en sitios ‘chachipirulis’, ‘chipendislerendis’ y en restaurantes. El precio, obviamente, no es el de los productos convencionales de consumo regular.

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¿Existió El Legado? (penitencia 2, esto va sonando mejor)

Sábado, 31 de Octubre de 2009

Una petición al público.

Si alguien tuvo una experiencia religiosa, paranormal, levitativa, abracadabrante en El Legado, que lo diga. No he encontrado nunca a nadie que lo conociera. Yo cené allí dos veces. Absolutamente absoluto. Lo que probé, desde el atún rojo (como La Pasionaria) al cochinillo (la capa crujía, me hablaba, me enamoré), pasando por los postres y el vino. Y la jefa de sala, Mayte, creo. Era para adoptarla, qué equilibrio entre conocimiento y sencillez, qué forma de alegrarte y ayudarte sin intimidarte. Y la decoración del sitio… una pena. Y tampoco era tan caro para lo maravilloso que me pareció.

Sin embargo, jamás he podido comparar mi opinión con la de nadie, ningún amigo o conocido mío puso un pie allí nunca. El Legado, Loma del Puerco, junto al Hamman de Sancti Petri, en el centrito comercial Tartessus o Tartessos. Creo que se llama. Que alguien me diga algo, por Dios. Me gustó tanto que a veces creo que lo soñé.

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¿Alguien ha ido a Lumen?

Martes, 27 de Octubre de 2009

Abel lo pregunta y me recuerda uno de los lugares que más curiosidad me despierta ahora mismo en la Bahía. Un sitio que tengo pendiente de visita, comentario y debate.

Yo no he ido, Abel. Sólo a la terraza del parque, sólo bebidas. Tengo referencias, buenas, de amigos íntimos. Dicen que es lo más parecido a un restaurante de lujo en Cádiz, aunque obviamente los precios también están a ese nivel. El cocinero es, o era, Leon Griffoen, un belga que tuvo un restaurante en Plocia (La Cigüeña, donde está ahora La Cigarrera). Me gustó mucho dos veces que fuí a aquel restaurante.

Este nuevo Lumen, aún no me lo he podido permitir. Aunque sé que hubo larga polémica, a mí me gusta la estructura, el bloque de metal ahí en medio del parque, acristalado y brillante. Es cierto que no es un quiosco, ni de coña, pero me gusta y me parece que no estorba ni resta espacio público en un lugar tan grande, donde cabe todo. Es más, mejora la oferta de una zona con muchos huecos en hostelería, baretos y terrazas. Me parece menos obstáculo urbanístico que Quilla y Santa María del Mar. De largo.

Para no engañarnos, estoy loco por ir, aunque la mitad de mi matrimonio está paro y ustedes comprenderán. El mercado laboral y la economía están fatal en la Galia. A mi hermano Astérix me lo quitaron de enmedio con un ERE hace un año. A los romanos que nos asedian les deben dos nóminas. Han despedido a tres pretores y el Cónsul se ha prejubilado. Un numerito.

Pero vamos, que ya iré. Mientras, el que haya ido que nos cuente.

P.D: Un abrazo agradecido, Abel, por entrar después de tantos días en blanco por mi parte.

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