Captain America Reborn (El Renacimiento del Capitán América)
El cómic de superhéroes cumple varias reglas que cada cierto tiempo son necesariamente revisitadas para que el medio, como reza el dicho, se renueve o muera. Una de estas normas es el popular Back to the basics, que no es más que el regreso a las raíces. En base a él, las editoriales, los guionistas y los dibujantes obvían ciertas modas pasajeras e insisten en aquellas características de los personajes que han definido a éstos a lo largo de su historia. Dentro de este fenómeno se enmarca la muerte y la posterior resurrección de los principales icónos superheróicos.
Sin duda, el ejemplo más claro es la archiconocida Muerte de Superman, que DC sabiamente se decidió a realizar en la controvertida década de los 90 y que congregó el masivo interés de los medios de comunicación de todo el mundo.
Tras el fogonazo inicial, los lectores más veteranos asumen este tipo de noticias como lo que son: tácticas editoriales destinadas a incrementar espectacularmente las ventas y con un marcado halo de caducidad, pues los perros viejos de éste mundillo saben que, más tarde o más temprano, la novedad pasará para que todo quede más o menos igual.
La última muerte sonada tuvo lugar en las viñetas hace cosa de unos dos años, cuando Marvel se decidió a asesinar a Steve Rogers, el Capitán América, y las imágenes del ídolo caído proliferaron en todos los noticiarios. La Casa de las Ideas se arriesgó a eliminar al Centinela de la Libertad en medio de una de sus mejores etapas editoriales, la liderada por el prestigioso guionista Ed Bruebaker, que aún permanece abierta hoy en día. El personaje fallecía en su propio cómic después de rebelarse ante el Gobierno de los Estados Unidos por la polémica Acta del Registro que sustentó el crossover Civil War.
Para sorpresa de todos, la cabecera del Capi no se tomó ni un sólo mes de descanso en las librerías y continuó adelante sin Steve Rogers como protagonista. Bruebaker dedicó los primeros números a esclarecer la idéntidad del asesino del héroe y luego sumergió al lector en una entretenidísima trama de espionaje e intriga política que culminó con el relevo generacional del icono caído, a manos de su sucesor natural (del que no revelaremos el nombre por respeto a aquellos que aún no han disfrutado de estas fantásticas aventuras).
Tras dos años, Bruebaker consiguió lo que parecía imposible: que el lector asumiera la muerte del personaje y la recogida de su manto y que los fans más veteranos disfrutaran del Capitán América sin Steve Rogers, aunque éste jamás cayera en el olvido. Sin ir más lejos, la crítica alabó repetidamente el conciencudo trabajo del guionista y el sabio uso de unos personajes secundarios cada vez más protagonistas, virtudes que hicieron que la colección lograra alguno de los reconocimientos más prestigiosos del mundo del cómic. también ayudó mucho el meritorio trabajo de los dibujantes Steve Epting, Mike Perkins, Butch Guice y Luke Ross, que se alternaban en el título aportando una poderosa narrativa bajo el espectacular color de Frank Darmata.
Lo lógico era que la historia siguiera evolucionando según estas líneas maestras, pero ya se ha dicho que el grueso de los lectores era consciente del halo de caducidad de esta muerte. Era cuestión de tiempo que el escudo volviera a manos de su legítimo dueño y para ello éste debería de abandonar la tumba. El camino de esta resurrección lo marca los planes de la propia Marvel en su faceta de productora cinematográfica, labor en la que debutó con la entretenidísima Iron Man. La Casa de las Ideas prepara la llegada del Capi a las pantallas y, como es lógico, bajo la máscara del héroe sólo puede estar el rostro de Steve Rogers. De esta forma, y ante la previsible llegada de nuevos lectores atraídos por la futura película, el nombre del protagonista de la cabecera de cómics debe coincidir con el del film para no dar lugar a equívocos.
El regreso de Rogers tiene lugar en una miniserie que ya ha comenzado a publicar Marvel: Captain America Reborn. Afortunadamente, la editiorial ha vuelto a confiar en Ed Bruebaker para narrar este importante episodio. Además, el guionista estará acompañado en los lápices por uno de los dibujamtes mejor valorados de la actualidad: el espectacular Brian Hitch, encargado de ilustrar dos joyas de la carrera de su amigo Mark Millar: The Ultimates y Fantastic Four.
Con Steve Rogers regresa el gran Boy Scout, el hombre fuera de su tiempo. Ya que hay que recordar que el personaje fue creado por Joe Simon y Jack Kirby durante la Segunda Guerra Mundial para la editorial Timely, primigenio nombre de Marvel, y rescatado a del olvido a principios de los 60 por Stan Lee y, de nuevo, Jack Kirby, en el cásico The Avengers 4. Lee y Kirby decideron que Rogers fuera hallado por los Vengadores flotando en el oceano y dentro de un inmenso bloque de hielo. El héroe permaneció en animación suspendida desde poco antes del final de la Segunda Guerra Mundial y despertó en una década ajena representando valores mucho más sencillos y nobles que los que definen el mundo actual. Este particular desfase constituye el verdadero encanto del Capitán América, un personaje visto por muchos como un panfleto yankee andante, pero que vive sus mejores historias cuandos sirve para criticar el Sistema Norteaméricano. Tal vez el mejor ejemplo de este potencial sea la Saga del Imperio Secreto, en la que el guionista Steve Englehart arremetió contra Richard Nixon y el Caso Watergate y demostró que un paersonaje yan difícil de escribir como el Capi esn un vehículo perfectamente válido para la crítica social.
Las necesidades editoriales mandan, pero al firmante de estas líneas no le hubiera importado que Steve Rogers permaneciera reposando en su tumba, pues su legado siempre habría estado presente y el magistral trabajo de gente como Stan Lee, Jack Kirby, Steve Englehart, Sal Buscema, Jim de Matteis, Micke Zeck, Mark Maid, Ron Garney o el propio Bruebaker siempre habría estado ahí para ser revisitado, releído y disfrutado una y otra vez.





