Desolación digital

Hoy no me funciona el Ipad. Hace un bochorno terrible, el país se tambalea y yo, que en horas tendré que volver a coger carretera y manta, estoy sin mi tableta. Es, no quiero decir era, una pieza ya de arqueología informática, el primer modelo que salió, y aunque renquea y no puede competir con las prestaciones del móvil siempre en el bolsillo, entre otras cosas porque pesa y ni cabe en el bolso, es parte esencial de mi rutina. Sobre todo porque me permite, cada mañana, recibir todos los periódicos que sirve Kiosko y Más. Los periódicos de siempre, sin importar la distancia, el horario o las rutas de distribución, sin bajar de la cama. El puesto de prensa más cercano está cerrado, para más inri, y me vuelvo a las webs para leer la actualidad del día, me centro en Twitter, y no logro vencer el desasosiego.
Porque, se pongan como se pongan los profetas del apocalipsis, los periódicos de la mañana construyen el día, aunque sea en el formato digital de KyM, y sin ellos el orden cotidiano no está completo.
Sin la jerarquía de las noticias, sus piezas, título, subtítulo, destacados, sin las fotos, sin los apoyos, sin la secuencia esperada (local, regional, opinión, nacional, cultura…) sin el reencuentro con las firmas de siempre o las nuevas, el día pierde su base, y tiembla.
La prensa de papel, tradicional, de prestigio, pasa su peor momento en lo económico, pero su función no la ha sustituido nadie. Si, como hizo un periodista clásico del NYT, cortáramos sobre la oferta de cualquier escritorio de Twitter, o de FCB, los textos que corresponden a periódicos quedan más agujeros que un gruyere.Las tertulias de opinión de la mañana se construyen sobre los titulares, los enfoques, las apuestas, de la prensa del día. Más aún en estos tiempos de fakenews y en los que cualquiera puede emitir cualquier cosa, y hasta tener eco, sin ningún rigor.
Ojalá sea el cargador. O tendréis que ingresarme.

Una cierta victoria

Susana Díaz bien podía ocupar ayer su asiento en el desfile de la fiesta nacional, o como quiera que se llame ahora, con una íntima satisfacción. La presidenta de la Junta de Andalucía, ‘baronesa’ socialista, derrotada lideresa, ha visto que los hechos le daban la razón a fin de cuentas, en medio de la vorágine de la crisis catalana. El respaldo de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy para parar al secesionismo a cambio de abrir la reforma de la Constitución da alas a su secretario general, y me aseguran que en su círculo hay satisfacción por este movimiento, pero a la vez amortiza el pago de la abstención que Díaz abanderó para acabar con el impasse tras las elecciones de junio de 2016 y neutraliza a los del ‘No es No’, que tanto obró en su contra. Más cerca en el tiempo, el dramático desarrollo de los acontecimientos al otro lado del Ebro explica la posición de la política andaluza en apoyo a la PNL de Cs que sus mayores en Madrid no quisieron respaldar y revela un correcto análisis de los acontecimientos que, desde luego, ya entonces estaban ‘in crescendo’. Hasta ha jugado a su favor el exabrupto de Irene Montero, la portavoz de Podemos, al decir que el pacto Rajoy-Sánchez significa la vuelta del PSOE de Susana Díaz, porque la ha colocado en un escenario que, sin duda, es del agrado de los votantes,y en concreto de los andaluces, que tienen claro que la unidad de España es un valor a defender. El propio acuerdo entre el presidente del Gobierno y el secretario general del PSOE es un regreso a la declaración de Granada y en medios socialistas andaluces se ve como una pequeña victoria.
Desde Ferraz baja constantemente la idea de que Díaz ya no pinta nada. Pero la semana pasada la acusaron sucesivamente de estar detrás de la declaración de las ‘viejas glorias’ contra Sánchez, de ofrecer ‘sus’ parlamentarios a Rajoy, de estar en conversaciones con el Rey y Rajoy puenteando a Sánchez… Es decir que la tienen muy en cuenta. Por contra, su ‘mesa camilla’ asegura que en estos últimos días ha evitado cualquier conversación con el Gobierno, sea Sáenz de Santamaría, Zoido o el propio Rajoy, con quien de manera esporádica conversa, para evitar dar pábulo a este ruido.

Los socialistas andaluces ven el acuerdo Rajoy-Sánchez como una victoria, pues. Creen que Sánchez «ha vuelto al redil» del discurso histórico del partido, del «sentido de Estado»; que haya acabado con una indefinición que tenía alto coste en todo el país. Celebran que se haya despegado de Podemos y hasta hacen ver que pese a la importancia de la decisión no ha habido consulta a la militancia.

Con este análisis, y con la fortaleza de tener estabilidad gracias a los Presupuestos pactados con Cs, en San Telmo se piensa sólo en la posición de fuerza de Díaz como representante de Andalucía en la mesa nacional. No en otra cosa. De momento, digo yo.

oficio de tinieblas

El debate a escala en el Parlamento andaluz sobre Cataluña no va a pasar a la historia ni del parlamentarismo ni de la autonomía, salvo por lo que tiene de pequeño y de ridículo. Es cierto que el órgano en el que reside la soberanía andaluza no podía permanecer al margen, ni dejar de registrar el tsunami nacional, y se notaba en el ambiente del pleno una inquietud extraña, pero era posible esperar más de nuestros representantes. El resultado final ha sido el evidente producto de nuestra ya acrisolada situación política. Se evidenció que el PSOE tiene ya muchos quinquenios en el poder y maneja como nadie los tiempos y la liturgia, porque colocó el discurso oficial de la presidenta en defensa del orden constitucional en la cómoda respuesta a su propio portavoz, Mario Jiménez, que se lo puso como a Fernando VII: los ciudadanos, dijo Jiménez, necesitan conocer la opinión de los «referentes» de la sociedad, de las instituciones del Estado, es decir de la propia Díaz, y en horario de entrar en el telediario, relegando así el morboso debate posterior, ya a las 4 de la tarde, de la proposición no de ley de Cs para apoyar el Estado de Derecho,la que Pedro Sánchez rechazó en Madrid, y ésta, aprobada en fin por el PSOE andaluz, quedó en una anécdota, con un rifirrafe absurdo procedimental que, con la que está cayendo en el conjunto del país, es mejor olvidar para evitar el sonrojo.
No es hora de teatrillos, de sobreactuaciones, de intentar rascar votos. La política, como la sociedad, como el periodismo, se ha instalado demasiado en los superlativos, como aquel poeta que vivía en los pronombres, y todo le parece poco para conseguir colocar el titular, para dar espectáculo, likes o similar.
De aquí al domingo, pero también después, hay que mantener la cabeza fría, desdramatizar y, desde luego, evitar contagios. Porque el nacionalismo puede ser una epidemia. Lo vemos, no solo en lo político, donde al fin los extremos se retroalimentan, sino hasta en lo territorial. De la función del absurdo de las últimas horas forma parte también ese intento de resucitar el enfrentamiento Sevilla-Málaga a raiz de unas promesas del presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, en un desayuno informativo en la capital de la Costa del Sol. Es obvio que era un discurso local, con promesas locales, en Almería, por ejemplo, se propone Moreno trasladar un organismo específico, y no se entiende la lectura en clave chauvinista, máxime cuando el líder del PP-A acaba de nombrar a un sevillano para sucederle en el Senado, a otro para NNGG y a un expresidente local y exconcejal, Jaime Bretón, para adjunto al defensor del pueblo. Las facciones del PP sevillano se siguen tirando a dar, pero su cuota de poder no decrece.

Sexo y lenguaje

En el principio, fue el verbo. Las palabras crean la realidad. Lo que no se nombra no existe. Por eso resulta tan interesante todo lo que concierne a la filosofía del lenguaje, la manera en que muchas veces las palabras dicen lo contrario de lo que significan, o se usan para incomunicar, o trasladan una concepción del mundo parcial e interesada, una discriminación. Cuenta Steiner que en el norte de Siberia y en el Sudeste asiático hay un lenguaje para las mujeres y otro para los hombres. Las mujeres en esas zonas no pueden usar ciertas formas sintácticas pero deben conocer el lenguaje masculino para enseñárselo a sus hijos. Aunque en realidad lo que al sabio humanista le interesa es el eros del lenguaje, cómo se ama en idiomas distintos, el tema es sugerente en sí, por cuanto marca los extremos de una fractura que está en el fondo del fondo del debate de género. Durante siglos, las mujeres no han participado de las discusiones públicas, fueran políticas o teológicas, y hasta no hace mucho abandonaban el salón, en Oxford y en Cambridge, lo cuenta el propio Steiner, cuando terminaba la cena, para que ellos conversaran sobre las grandes cuestiones. Hoy no es raro que en las reuniones de grupo todas las chicas se sienten en un extremo y sus parejas, en el contrario.
En este contexto, las mujeres hemos hablado entre nosotras y creado como un “jardín secreto”, un marco de referencias propio. La sororidad, sin duda, tiene razones profundas. Ellos miran a veces, cuando se interesan, como tras un cristal. Y concluye el autor de ‘Lenguaje y silencio’: “En el fondo nos comprendemos muy poco, todas las bromas idiotas y vulgares tienen una base semiológica”. Agrega su convicción de que “en muchos hombres se da un resentimiento profundo ante el lenguaje femenino que tiene cada vez más pujanza. El ascenso de las mujeres tal vez traiga un discurso político y sociológico totalmente nuevo. ¡Será una gran aventura!” (‘Un largo sábado’, conversaciones con Laure Adler, Ed. Siruela)
Estaba inquieta con esto cuando me llega noticia de un cierto euskera, en vías de extinción, el ‘euskera hika’, donde las palabras varían según el sexo de quien las pronuncia y el de a quien se refiere. Quien me lo cuenta piensa usarlo para crear un lazo único con su futura hija. Me ratifico en la idea de que la relación entre los padres y las hijas es el paraíso perdido.
Más complejidad, pues, a la cuestión central. Si las palabras nos crean y su uso es diferente en función del género, si las mujeres comparten un territorio propio, diferente del masculino y si éste es el que se impone ¿cómo revertir la desigualdad? ¿cómo hacer para que el mundo se cuente también en función de la mirada del 50% hasta ahora relegado? ¿quién traduce?

Que os quisimos tanto

Hay un ambiente dramático. Se evoca a Dickens y su ‘Historia de dos ciudades, «era el peor de los tiempos, era el mejor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura», por los hechos que, como un cataclismo, impactan en las vidas de la gente inocente. Pero es sobre todo la época del desengaño. Creíamos que Estados Unidos era la democracia más avanzada y eligieron presidente a Trump. Que los ingleses eran el patrón moral, la modernidad y el pragmatismo y aprobaron bunkerizarse. Y, en fin, Cataluña encarnaba el sueño cosmopolita, avanzado y culto y ha terminado por ser el redil de unos políticos casposos, obcecados, pueblerinos. Se ve la foto de Puigdemont encogido en su asiento y se piensa, por ejemplo, en Teresa Gimpera, la modelo catalana que significó durante los años duros del franquismo que otro mundo era posible. ¿Qué fue de la ‘gauche divine’? ¿de las noches míticas de farra en Bocaccio que entreveíamos en las obras de aquellos intelectuales? Gil de Biedma, los Moix, Goytisolo, Tusquets. Qué fue de los ‘nueve novísimos’, de todos aquellos poetas, editores, escritores, cantantes (Serrat, Raimon etc) periodistas, fotógrafos, que contribuyeron a crear la sentimentalidad de los españoles de varias generaciones, también la conciencia política de su tiempo y que fraguaron en el mejor de los momentos que este país ha conocido, ya definitivamente moderno, incluso avanzado, y en paz.

Donde está, que no se ve, el trabajo arriesgado y rompedor de sus artistas plásticos, de sus compañías de teatro, de sus actores, de sus músicos, de los mejores cuartetos de cuerda, los mejores festivales, los mejores montajes de opera. Dónde la admiración y el efecto que suscitaba, por ejemplo, el cortejo de Comediants, la fuerza de La Fura, el estilete de Joglars. Dónde sus cocineros. Dónde el trabajo apabullante de sus museos e instituciones culturales, Caixa, CCCB, las primeras siempre en introducir en nuestras vidas las nuevas tendencias, los nuevos soportes, siempre atentas a desasnarnos, a veces con un punto muy ‘snob’, con las vanguardias de las vanguardias.

Una amiga que acaba de volver de unos días de vacaciones en el Ampurdán me cuenta que el sentimiento general entre estos catalanes “típicos/cuya familia es la típica/familia bien del país”, por citar a Serrat, es de bochorno, de vergüenza, por lo que está pasando en su comunidad. El director de El Periódico de Cataluña titulaba ayer su artículo en esta línea “Ojalá que el mundo no nos esté mirando”.

Nosotros, el resto de españoles, que os quisimos tanto, nos sentimos doloridos, magullados, y aún no perdemos la fe en que todo no haya sido para nada y, al final, triunfe el seny. Confiemos en ello.

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‘Régimen’ sanitario

El problema de fondo de la Sanidad pública andaluza no es tanto de medios, que siempre serán insuficientes, como de organización. Más aún, de acabar con el sistema de nombramiento de los cuadros intermedios, en especial de los jefes de unidades clínicas, que en ocasiones lo son por razones ajenas al mérito y la capacidad y se convierten en sátrapas de sus taifas. Me lo viene diciendo desde hace tiempo un veterano médico amigo, el mayor defensor del sistema público que pueda haber, el que incluso me reñía cada vez que publicábamos críticas del funcionamiento de su hospital porque decía que creaban inseguridad en los pacientes, y eso sí que no. Cuando este verano me lo reencontré en un pasillo de la que fue su planta era aún más duro: «la nueva consejera será una magnífica profesional, una reputada gestora del mejor centro hospitalario de Andalucía, pero el problema es que hay que acabar con el ‘régimen’ que se ha instalado dentro de los servicios». Hablaba de jefes incapaces, enchufados y nombrados para el cargo por cercanía política o por amiguismo con «Sevilla», que es como decir la Junta, la Consejería, el SAS y los múltiples tentáculos de poder de un monstruo de institución que cuenta con casi diez mil millones de presupuesto y 92.862 trabajadores, según los datos que acabo de consultar.

¿Podrá la nueva consejera, Marina Álvarez, meter en cintura esta disfunción? Es decir, revolucionar las estructuras profundas de los hospitales, revisar esquemas, remover a ‘gurús’, aclarar las quejas, implantar nuevos criterios, auditar los procesos. Ya hay demasiados testimonios en este sentido, el último ayer mismo en la renuncia de un prestigioso cirujano, y está por comprobar cómo afecta a la atención al paciente. Sin duda muchos profesio

La vida misma

El auténtico ecosistema del machismo, como la gota de agua pútrida que en el microscopio muestra gérmenes, bacterias y otros malos bichos, es el espacio doméstico. Ahí es donde menos se ha avanzado en la igualdad, por mucho que vengan nuevas generaciones con otros aires. Son cuestiones menores, dirán, privadas, frente a las brechas públicas, como la diferencia salarial, las dificultades de acceso laboral, el menosprecio o las tiranías estéticas. Pero sin la igualdad no conquista el espacio de la casa, nada se habrá conseguido. Lo doméstico, decía la filósofa Victoria Sendón, es placentero siempre que se le quite ‘el aguijón de la sumisión”’.

No es solo una cuestión de conciliación, como si la vida laboral y la personal fueran distintas, sino de un equitativo reparto de tareas. Y de eso, ay, no tenemos. Como mucho, ellos piensan en ‘ayudar’. Es decir, que es cosa tuya y yo, que soy estupendo, un espíritu puro que ni ensucia ni come, te echo una mano.

Ese cuerpo a cuerpo doméstico es una batalla terrible, agotadora. Por ejemplo, por parafrasear a Martirio, quién habrá inventado el maldito agosto. Llegamos a las vacaciones deseando descansar y nos encontramos con que todos lo hacen, menos nosotras, que debemos seguir el ritmo desayuno-comida-cena-casa-lavadora etc etc, mientras los demás disfrutan.

Borrense por un día, y verán: los rollos de papel higiénico vacíos se acumulan en el baño, y no miren las marcas alrededor de la taza. En el salón todos esperan acomodados que les planten por delante lo que toque. La pregunta mañanera, «qué vamos a comer hoy», tiene un único destinatario.

Pero si hay un test infalible del morro familiar, ese es el lavaplatos. Si está vacío, los platos se quedan fuera. «¿Es que te da miedo abrirlo? Te juro que no muerde». «Espérate y verás que entran solos- me dijo con sorna un hijo- Yo los dejo ahí todas las noches y por la mañana han desaparecido». Si está lleno, todos harán como que no lo han mirado para evitar la plasta de tener que llevar cada cosa a su sitio.

El machismo, queridos, no es solo una cosa del ‘sistema’. Ni solo de los hombres, los compañeros, los jefes. Está en el aire. Como el amor, pero al revés. Pienso incluso en mi misma, en el día que descubrí que la ropa no volvía a mi armario por arte de magia cuando la echaba a lavar. Todo lo que me arrepienta es poco.

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Discretas vacaciones

La calma política del verano tiene pinta de ser como la meteorológica. Preludio de tormenta. Izquierda Unida tiene que decidir su futuro, Podemos anda enfurruñado con sus mayores de Madrid y con el mundo, Cs ha de cerrar el acuerdo para apoyar los presupuestos sin gran coste, sobre todo interno, el PP debe terminar de apagar fuegos y enfrentarse con la renovación, ahora parece que sí, de grandes totems de sus alcaldías andaluzas, que en noviembre quiere tener decididos, mientras en el PSOE se mueven subterráneas las aguas de las agrupaciones provinciales, cuyos congresos darán la foto fija del poder de ambos en el potente partido andaluz e influirán en las difíciles relaciones del secretario general y la ‘baronesa’ andaluza.

Pedro Sánchez ha combinado sus vacaciones almerienses con unos días en la costa de Cádiz, pero no se ha dejado ver. Aunque dudaba si acudir por temor al levante, sus ‘hombres’ en la provincia, sobre todo el exconsejero Rafael Román y su hermano José María, alcalde de Chiclana, le convencieron y ha pasado una semana en un hotel de esta población, además de aprovechar para verse con Anne Hidalgo, la alcaldesa de París, cuyo apoyo a Sánchez en un mitin al comienzo de la campaña de las primarias sentó como un tiro en las filas de Susana Díaz. Todo, el ocio de Sánchez y su familia, el encuentro con la dirigente socialista francesa nacida en San Fernando y ‘gran esperanza blanca’ del PSF, se ha llevado con un perfil bajo-bajísimo. No ha habido ningún contacto con el ‘stablishment’ del PSOE-A, ni siquiera con el vicepresidente de la Junta, Jiménez Barrios, que tiene en el mismo Chiclana su feudo. En otros veranos las fotos de Sánchez con los hermanos Román levantaron ampollas en la sede regional socialista, de modo que esta discreción se puede considerar un ejercicio de prudencia por parte de Sánchez y los suyos, un claro interés por no incomodar una vez saldadas cuentas en el congreso federal. Tiene además un cierto punto de altanería.

Pero nadie duda de que los ‘sanchistas’ se están organizando en cada provincia para medirse con la oficialidad e intentar socavar el poder de Susana Díaz. Ya hay muchas pistas de las batallas, aunque queda tiempo hasta medidados de octubre para nuevos movimientos o alianzas. Sí se puede asegurar que habrá renovación en varias provincias, en especial por las salidas de Teresa Jiménez en Granada y Miguel Angel Heredia en Málaga, y que en otras se abre la incertidumbre. Por ejemplo en Cádiz, núcleo fuertes del ‘pedrismo’, donde no se ve claro el candidato alternativo, a pesar de tanta disidencia. Igual la discreción de Sánchez tenga que ver con la desigual correlación de fuerzas que vaya a surgir de la tanda de cónclaves.

La ausencia de Susana Díaz

Como en la vida misma, el dolor une, crea lazos, hace que se olviden diferencias y centra el foco en lo fundamental, que es seguir a salvo. Respirar, andar, no tener daños, que no los sufran nuestros seres queridos. A la vez, pone de manifiesto que muchas barreras son más mentales o artificiales que reales y físicas, porque se caen en cuanto se encaran. El ataque terrorista de Barcelona, de qué otra cosa puedo escribir hoy, es un impacto que no se puede soslayar y que demuestra hasta qué punto los catalanes, los andaluces y los demás pueblos españoles laten juntos y comparten raices, sentimientos, aspiraciones. Cataluña, como la mayor parte del país, forma parte de Al Andalus en el imaginario del Califato, del Daesh, de la organización criminal que se propone entre sus objetivos principales volver a conquistar el territorio que los árabes ocuparon hasta 1492.

El dolor colectivo se canaliza a través de las instituciones y sus representantes. Por eso extrañó la ausencia de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, de los minutos de silencio en los ayuntamientos de las capitales. La presencia del Gobierno autonómico fue de la consejera de Hacienda, María Jesús Montero, que estuvo en la Plaza Nueva hispalense porque le tocaba en esos días agenda institucional. Díaz ultimaba el jueves vacaciones, quizás las más tranquilas y necesarias de los últimos años, y se limitó a tuitear su pésame mientras emprendía el viaje de vuelta. No llegó hasta el viernes por la noche a Sevilla, si bien se mantuvo en contacto, desde el alojamiento rural de una isla española donde descansaba, con el Gobierno de la nación, mientras el vicepresidente Jiménez Barrios lo hacía a nivel regional con el delegado del Gobierno, Antonio Sanz. El PP-A no ha hecho causa de esta ausencia de modo formal, salvo por un tuit de Toni Martín, vicesecretario y parte de la ‘mesa camilla’ de Juanma Moreno, que la Junta no quiso replicar. En el fondo, que la echen de menos le hace un favor.