Rocío sincrético

Como Alberti recordado a Lorca, “Nunca fui a Granada”, con el respeto debido y salvando las distancias, yo no he ido nunca al Rocío. No forma parte de mi tradición familiar ni local, pero cada año lo observo maravillada y no entiendo qué pasa ahí para esas escenas de furor desaforado, esos trances que, en esta vida de impostura o postureo, se antojan auténticos, reales, verdad. Es decir, palabras mayores. Es subyugante observar las imágenes del ‘salto de la verja’, o la procesión de la zarandeada imagen por la aldea. Las crónicas hablan de una tradición del siglo XIII que se relaciona con la reconquista, con caballos salvajes, con ferias de ganado, pero leyendas similares me conozco muchas. Hay pocos pueblos que no tengan en su fundación un mito similar y cada uno celebra su particular virgen. Pero no hay otra con la envergadura del Rocío de Huelva. Casi doscientas hermandades acuden desde todos los puntos y cada vez son más. También del resto de Andalucía, donde quizá se rechace más esta romería tan ‘sevillanizada’.
Puede que haya una interpretación meramente festiva, folklórica, como también en las procesiones de Semana Santa, pero ¿es suficiente? Un arqueólogo me contó una vez que toda una ruta mística pasa por la zona, en la entrada del Guadalquivir, donde existía un santuario en la Antigüedad en el que los sucesivos pueblos colonizadores dejaron sus ofrendas. Puede ser una teoría traída por los pelos, ya se sabe que la arqueología se presta a llenar sus lagunas con fábulas, pero sí han de concederme que bien se lo merece ese territorio de la Baja Andalucía, donde el ganadero-poeta Fernando Villalón se dejó su fortuna en el intento de criar toros con ojos verdes, en el que Caballero Bonald oye de noche crujir las maderas de los barcos que naufragan, cargados de tesoros de las Indias. Otro reputado latinista metido a político me la relacionaba hace unos días con el culto a Ceres. La Madre Tierra aparece al fondo, sincretizada, en tiempos de cosecha. Algo hay ahí. El misterio de lo que somos.

Justicia bajo la lupa

Uno de los mejores elogios que se puede hacer a la Justicia, hoy por hoy, es que moleste «por igual al PP y al PSOE», como se dijo de Lorenzo del Río cuando el revuelo sobre su renovación al frente del TSJA. La ingeniosa frase viene a decir que los fallos de sus señorías en demasiadas ocasiones contentan sospechosamente a unos o a otros y se adivinan tensiones y presiones. El estado de desconfianza y de descrédito que se extiende sobre toda la vida pública alcanza también a la magistratura. ¿Por qué va a quedar a salvo del deterioro institucional, siendo, como es, un poder crucial del Estado? Si algo faltaba para este argumento, véase el episodio del magistrado cazado en conspiración contra la jueza-diputada de Podemos.

La judicialización de la vida pública está alcanzando tales cotas que ya no se puede mantener esa posición de sumisión acrítica que el Poder Judicial suele reclamar para sus veredictos. Respeto, sí, hasta que son inapelables, pero eso no significa que los jueces no puedan ser escrutados ni que la sociedad haya de permanecer muda.

Periódicamente se habla de la necesidad de abordar de una vez el debate sobre la situación de la Justicia española, pero nunca se hace. Ahora asistimos a situaciones alucinantes. La psicosis de que cualquiera puede ser imputado supera a la clase política. Prestigiosas asociaciones de directivos imparten cursos para preparar a los suyos sobre responsabilidades penales de las empresas. Una compañía vende un seguro de responsabilidad civil para directivos y administradores, que «protege el patrimonio personal o familiar si en el ejercicio del cargo se cometen negligencias o actos incorrectos». El Consejo Andaluz de Colegios de Abogados pide a la Fiscalía General del Estado que defienda los derechos de los detenidos en causas «mediáticas» e investigue las filtraciones «habituales» de operaciones policiales y judiciales. Ha volado la presunción de inocencia. Se ha implantado la pena de telediario o el ‘estado de opinión’, que puede prevalecer sobre el argumento jurídico.

La Justicia debe ser la primera interesada en que su servicio sea impecable. Las palabras del reprobado consejero Emilio de Llera, fiscal él mismo, acerca de las dudas hacia la independencia del Fiscal General por ser nombrado por el Gobierno de turno; sus reflexiones sobre la ausencia de límites de la instrucción judicial son compartidas por múltiples sectores. Se pasó tres pueblos en su expresión y no es adecuado en un consejero responsable del ramo, pero algo está pasando y habrá que abordarlo sin esperar a ser uno mismo el afectado, en vez de regocijarse cuando le pasa al de enfrente. El PP-A ha obtenido una victoria política al reprobarle, pero las grandes cuestiones siguen ahí.

Combate en el barro

Antonio Ramírez de Arellano ha adelgazado porque camina todos los días un montón de kilómetros. Hace su agenda sevillana con la app cuentapasos activada y deja el coche oficial. Se diría que el consejero de Economía entrena su resistencia física, para capear el temporal judicial, que tiene mañana martes un día crucial. Está citado en el TSJA para declarar sobre el contrato para construir un edificio de la Universidad de Sevilla que concedió en 2008 como vicerrector. Un asunto contencioso llevado a la vía penal en 2014, cuando se convocaban las elecciones a rector, cargo que Arellano pensaba entonces revalidar.

La semana ha sido pródiga en incidencias: la citación del tribunal fue seguida de una amenaza de petición de dimisión por parte de C’s desde Madrid que, esta vez, C’s desde Sevilla corrigió. Juan Marín recibió explicaciones detalladas del caso y aseguró que no se trata de corrupción política. Luego el Colegio de Arquitectos sevillano, que es quien demanda a Ramírez de Arellano, dentro de una larga serie de denuncias a la Universidad hispalense, lanzó la denuncia de que el consejero les represalia, ante la amenaza de la Agencia de la Competencia de multarle por no cumplir un acuerdo alcanzado en marzo de 2015, antes de que éste llegara al cargo, en su pugna contra los peritos en su largo conflicto por las atribuciones profesionales. Un intento de embarrar el terreno en vísperas de la comparecencia ante el TSJA y de intentar sacar petróleo en la confusión.

Pero como parece que todo vale, y más ahora que llega la campaña y ésta «no es para hacer amigos», como dice Rajoy, la secretaria general del PP-A recoge y lanza, con duras palabras contra todo lo que se mueve y sin ese respeto a la presunción de inocencia que tanto reclaman desde sus propias filas cuando les afecta o a la mera verificación, como sucede si alguien, digamos que ‘El abondiguilla’, dice que se reunió con Moreno para quejarse de Bárcenas en Génova. Admiten en privado que en esto de Arellano no hay irregularidades. Pero…

Hiere

Desde un panel una foto me mira. Me lleva mirando una semana. No se despega de mí. Es una de las que integran un reportaje realizado en la guerra de Siria y premiado en los World Press. Ni recuerdo su autor, ni siquiera creo que sea el primer premio, ni es la que ocupa el lugar central del espacio de la exposición. Después de recorrer un laberinto de planos con hermosas imágenes de naturaleza, o con sutiles estampas de grupos sociales, de entornos urbanos de todo el mundo, al término del paseo, una tarde soleada y fragante, en un patio monumental en pleno centro de Sevilla, estaba ella. Un joven padre sentado con su hija muerta y ensangrentada en sus brazos. La niña tiene piernas largas y morenas y brazos finos y el hombre, casi un muchacho, la mira y apenas la sostiene. Yo iba a presentar un libro, a hablar de políticos y de periodistas, de la cosa esta de que si vamos a repetir las elecciones y demás y tardé en apartar esa brutal incursión de la barbarie en nuestro cómodo hemisferio. No sin sentir esa especie de conciencia culpable del privilegio de vivir en ese primer mundo y la impresión de que aunque pueda resultar delicado, y pese a los tiquismiquis, la estética del fotoperiodismo es una ética indispensable.

La familia de la foto no huyó a tiempo. Los que lo hicieron aguardan a nuestras puertas que les demos cobijo. Cuando no pierden la vida en el intento. Les asiste el derecho internacional, las convenciones firmadas por nuestros representantes en nuestro nombre. Pero los supervivientes de las guerras se arraciman en campos de refugiados que parecen de reclusión y los líderes europeos entre tanto se lanzan la pelota unos a otros y dilatan la solución, que no puede ser otra que la solidaridad, cuando no levantan muros y azuzan una suerte de vergonzosa xenofobia de Estado que obliga incluso a poner multas a quienes no cumplan los compromisos de acogida.

Escribimos mucho sobre los refugiados y denunciamos la vergüenza de Europa. Para nada. La distancia del poder respecto del pueblo se agranda como si el despotismo ilustrado no se hubiese ido y la opinión pública, y hasta la publicada, en la era de las nuevas tecnologías tiene efecto cero. Consumo endogámico, burbuja que flota en el vacío, entretenimiento inocuo. Ya queda en el recuerdo la enorme convulsión de otra foto, el niño Aylán ahogado en las playas griegas. ¿Qué fue de ese dolor colectivo? Tan sincero como estéril.

Sólo importan los votos, en especial perderlos. Quizás no estaría de más que la atención a los refugiados entrara en la agenda pública con carácter electoral, ahora que volvemos a las urnas. El joven Trudeau, el primer ministro de Canadá, ha demostrado que se puede hacer realidad el deseo y ya ha recibido a más de veinticinco mil personas. El incumplimiento de los compromisos por parte del Gobierno de España debería pesar a la hora de votar. Como sociedad, necesitamos poder mirarnos a la cara.

Con Antonio Maíllo

http://www.diariosur.es/andalucia/201604/17/experiencia-bellisima-vuelta-parlamento-20160416230003.html

Este es el link de la entrevista publicada este domingo. Una pieza magnífica, de esas cosas que reconcilian con la profesión periodística, y con la política

Ser feminista

No me canso de decir que no se puede no ser feminista. Bueno, ya sí me harta ese desprecio resistente, irreductible, a la lucha de las mujeres por la igualdad. Insistiré, no obstante, por que no hay que desesperar: Nadie de bien, ningún demócrata ni ser racional puede dejar de considerarse feminista a estas alturas, como nadie puede declararse racista o esclavista, por poner un ejemplo, sin llamar a escándalo y hasta sin ser detenido.

Ser feminista es estar a favor de que la mitad de la humanidad tenga los mismos derechos que la otra mitad, sin matices. ¿Quién está en desacuerdo? Resulta tremendo oír aún ahora ese tópico de que ‘yo estoy contra el machismo y contra el feminismo’ , como si fuera igual ser racista que no serlo. No vale la equidistancia en esta cuestión, no es un asunto en el que se pueda mantener el punto de equilibrio. O se considera a las mujeres iguales o no.

Se les ve la patita negra, condescendiente, paternalista y, por qué no decirlo machista, a quienes equiparan el machismo y el feminismo. Igual es inconsciente, el patriarcado es hondo y oscuro como una sima abisal, pero conviene que mediten. Por si acaso en el fondo quieren que todo siga igual y solo aparentan por mantener una fachada de corrección política que, apenas se rasca, desvela lo que tanto se empeñan en ocultar.

Miren , por ejemplo, lo que costó deshacer el equívoco, tan intencionado como encastrado en el pensamiento común, entre ‘crimen pasional’ y violencia de género.

De ese lado están no solo los hombres. También muchas mujeres han caído en la trampa de despreciar la lucha del movimiento de las féminas. Algunas incluso se han visto traicionadas por el inconsciente. No se me olvida lo que dijo aquella osada consejera y ministra, Carmen Calvo, que se calificó como feminista «de las que se depilan». Hay que tener mucho estómago para afirmar semejante cosa y luego llevar las riendas de la cultura de este país o de esta región. Merece que resucite la maestra Beauvoir y le dé una colleja: No se nace mujer, se llega a serlo. El feminismo no es una pose ni un juego ni una elucubración ni una forma de tener un empleo. Es, para empezar, una toma de conciencia que se resiste a ser institucionalizada, que debe mantener la rebeldía, en alerta permanente contra quienes, ahora disfrazados de buenistas condescendientes, solo quieren ceder unas migajas para que nos callemos. Luego podremos hablar de tendencias, de feminismo de la igualdad, de la diferencia, de autoras, de corrientes, pero eso es ya reducto de teóricos, lo esencial es inamovible y ahí no hay matices ni concesiones. ¿Cree usted que su mujer, su hija, su madre tiene los mismos derechos, que merece las mismas oportunidades, que ha de ser respetada en su libertad absoluta, que no es propiedad de nadie, que merece el mismo sueldo, que es su igual? ¿O no? Ojalá estuviérais con nosotras. De verdad, sin reticencias. Hemos de hacerlo juntos. Pero, por favor, aclaraos.

Por San Jordi

Por San Jordi
Salimos en las vísperas de San Jordi, esa fiesta del libro y la rosa que ya tardamos en copiar, y no esos haloweens tan asimilados. Un día que por sí solo reivindica lo mejor de los catalanes, ese pueblo al que se asomó el Quijote y donde, antes de que le extasiara la vista del mar, se topó con piernas y brazos humanos que colgaban de los árboles. «Forajidos y bandoleros (…) que por aquí los suele ahorcar la justicia, cuando los coge de veinte en veinte y de treinta en treinta, por donde me doy a entender que debo estar cerca de Barcelona», cuenta Cervantes en el segundo tomo, ese que -quizá de manera nada subliminal- ha regalado Rajoy a Puigdemont. Me permito, pues, celebrar mi San Jordi particular y oficioso y darme el gusto de regalarles un consejo, uno de esos que nadie me ha pedido, para festejar la alegría de leer, que se puede comparar con otras pocas cosas. Para usar este privilegio de desbarrar un poco , aquí y ahora, sobre una lectura que me ha arrebatado como ninguna en los últimos meses y que, por eso mismo, pugna por hacerse un hueco en el orden de las cosas que importan.

Celebremos pues al santo que derrota al dragón con las mejores galas y no solo con uno. Cuatro libros traigo, oiga: La saga de la misteriosa Elena Ferrante que comienza por ‘La amiga estupenda’ y continúa con ‘Un mal nombre’, y luego ‘Las deudas del cuerpo’ para acabar con ‘La niña perdida’. Dos mil páginas que se beben hasta que de pronto entra el pánico de que se acaban y empiezan a leerse de manera morosa, con miedo de que termina. No son exactamente novedades, la última novela salió al mercado en octubre pasado, pero el boca a boca ha sido tan intenso como la más segura garantía de calidad.

Elena Ferrante deconstruye el mundo, lo vuelve a levantar con sus palabras y allí está todo: la vida de las mujeres, la dura supervivencia, los abusos, las complejas relaciones humanas, la lucha de clases y sus falsificaciones, las ficciones cotidianas, la falta de sentido en general. «Todo debe parecer coherente aunque no lo sea», encuentro en uno de mis subrayados, al azar, «Pero si la coherencia no existe ¿para qué fingir?».

Aparte de que es un libro que nos lee, y eso no ocurre mucho, la obra de la Ferrante tiene un curioso añadido de género. Como no se sabe quién se esconde tras ese nombre, si es hombre o mujer, plantea una seria duda acerca de esas barreras de lo masculino y lo femenino y las posibilidades no ya de entendernos a uno y otro lado, sino de comprender el mundo del otro. Si Elena Ferrante fuera un hombre, que lo dudo, significaría que hay razones para la esperanza. En todo caso, es una magnífica lectura también para ellos. Con una rosa roja.

Lenguaje y sexismo

Cada vez que se analiza la violencia contra las mujeres, el acoso sexual, el ‘sexting’ y otros ataques a muchachas, se llega a la conclusión de que es un problema de educación y que como tal hay que abordarlo; que es preciso que los chicos aprendan en las escuelas que las niñas son sus iguales y que es urgente contrarrestar desde las aulas, con tiempo, paciencia y mucha sabiduría, una herencia machista que se ancla en la noche de los tiempos y que parece que muchos traen en el ADN, porque es desolador comprobar cómo, después tantos años de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, los jóvenes de hoy perpetúan esquemas que creíamos superados: los niños de la cultura 2.0, o por donde vaya ya esta eclosión de lo digital, siguen queriendo vírgenes y difaman a las que van con muchos chicos, miden el largo de la falda, se creen con el derecho de controlar las comunicaciones e imponen unas prácticas, en lo sexual pero no sólo en lo sexual, que ellas no quieren. Un reciente estudio revela que un 25% de las niñas de 15 años han tenido relaciones coitales. El porcentaje de chicos es mayor, como de un 35%, pero la gran diferencia es que ellas lo viven con angustia, mientras que ellos están pletóricos.
Algo va mal. Afecta a las hijas de todos, también a las hijas de los hombres, que han de colaborar, cuanto menos, para que sus criaturas no sufran estos estigmas que, sin duda, horrorizan a todo padre.
Como estamos de acuerdo en todo esto, sin duda, es preciso actuar. Una de las vías es el lenguaje, que define, crea categorías y las destruye. Empeñarse en un cansino “niños y niñas”, “alumnos y alumnas” etc puede ser un horror, lo concedo, yo misma no soy capaz de hacerlo, pero más allá de lo que dice la Real Academia, el sentido común indica que es preciso que las palabras recreen el mundo de otro modo, más amigable con las mujeres. A menudo son palabras crueles, capaces de destrozar o que al menos sutilmente, de forma perversa, colocan unas categorías mentales. No en vano, con perdón por la grosería, tenemos establecido que algo estupendo es “cojonudo” y lo pesado, aburrido e insoportable, resulta ser “un coñazo”.
Por eso me parece que antes de llevarnos las manos a la cabeza por esa instrucción de la Consejería de Educación, o al menos después de hacerlo, pensemos qué hay detrás. Es chusco decir “el profesorado” en vez de “los profesores”, bien, pero a la vez es preciso poner en femenino la mitad del mundo que lo es y, sobre todo, es urgente combatir esa persistente, injusta, insoportable, minusvaloración de las mujeres. Ya chocó decir ‘médica’ o ‘abogada’ en su momento. Ahora se ha normalizado. No se trata de adoptar un lenguaje administrativo obligatorio, se trata de tener una lengua que traslade la realidad de un mundo igualitario. Queda mucho por hacer y ya tardamos en ponernos.

Cherchez el poder

Están los hechos y luego las conjeturas, pero de los primeros se pueden desprender conclusiones no demasiado arriesgadas. En el caso de la investigación que el fiscal del TSJA pide contra el consejero de Economía y Conocimiento, Antonio Ramírez de Arellano, hay algunos datos curiosos de cruzar y coincidencias llamativas.

Veamos las fechas: la denuncia penal se presenta en marzo de 2015, aunque se remite a hechos de 2008, sobre los que ya había un procedimiento contencioso-administrativo. Se trata, como sabrán, del concurso para adjudicar las obras de un centro de la Universidad de Sevilla, contra el que va el Colegio de Arquitectos hispalense.

Cuando se presenta la denuncia penal, Arellano no era consejero, sino rector de la Universidad de Sevilla con aspiraciones a renovar el mandato y con unas elecciones a la vista, que se llevaron a cabo en noviembre y que ganó la lista considerada continuista del catedrático de Física de la Materia y ahora consejero. Por tanto, no parece que, como dijo el vicepresidente de la Junta, la elección de la vía penal por el asunto que ya estaba en lo contencioso tenga que ver con la pertenencia de éste al Gobierno andaluz, sino que se vincula al ámbito universitario donde, por cierto, las luchas por el poder no son tan visibles pero pueden dejar chicas a los puñales en los comités federales y demás órganos partidarios.

Por qué el Colegio de Arquitectos sevillano, que mantiene un largo listado de contenciosos con la Universidad, esperó siete años para llevar esta adjudicación a los tribunales se interpreta no sólo en esta clave de largo conflicto, con la biblioteca imposible de Zaha Hadid al fondo, sino en la lucha interna universitaria, en la que se inscribe también -y esto es materia de los mentideros locales- la larga enemistad del rector anterior a Arellano, Joaquín Luque, y el Colegio de Arquitectos, cuyo decano, que lleva ya cinco mandatos, Ángel Díaz del Río, es profesor colaborador de la Universidad hispalense.

La corrupción y el PP-A

re tanta algarabía con la batalla cada vez menos subterránea en el PSOE, Susana vs Pedro, no se nos puede quedar atrás otro escenario interno jugoso que se atisba, esta vez en el Partido Popular andaluz. Su presidente, Juanma Moreno, ha aprovechado el ‘agujero negro’ mediático del Viernes Santo, cuando se edita un periódico que se lee dos días, para lanzar un mensaje muy significativo: Debe haber más mano dura contra la corrupción en su partido, cuyos cargos públicos no deben tener «mácula».
Aparte de que las declaraciones, a la agencia Europa Press, contengan el reconocimiento explícito de que la corrupción ha «triturado» (sic) al PP, se puede advertir una clara censura desde Andalucía a la actitud de Génova, y por ende de Rajoy. En los nuevos cuadros del PP-A crece el malestar contra la estrategia de su presidente nacional, aunque aquí no surjan, como en el PSOE, estridencias, porque con la rémora de los constantes casos de corrupción que acosan al partido no hay manera de remontar, sino al contrario.
Pero a la vez Moreno lanza un mensaje interno nada despreciable, que habrá que ver cómo se traduce a la hora de dirimir futuras listas o responsabilidades y que va a exigir coherencia al presidente. El caso mas evidente es el de María José García Pelayo, exalcaldesa de Jerez, investigada, o sea imputada, por el Supremo en la ‘Gúrtel andaluza’, a quien él mismo no tuvo pudor en colocar en puesto de salida al Congreso por Cádiz, y a quien anteriormente su partido blindó colocándola en la diputación permanente del Senado.
La imagen de la declaración de Pelayo ante el magistrado del TS, el pasado día 22 de febrero, por prevaricación continuada, la contundencia del auto del juez De la Mata y, por contra, la imperturbable presencia de la diputada levanta ampollas en ámbitos del PP-A, que quieren que se marche, aunque no lo digan en público. Moreno deberá fajarse con los apoyos de la jerezana, que apuntan directamente a Javier Arenas y el PP gaditano.