Abusadas

Mchas personas con las que he comentado el temendo caso del catedrático sevillano condenado por abusos sexuales me han contado haber sufrido personalmente o conocer situaciones similares. Ya en cuanto salió la sentencia, una catedrática amiga me dio pistas de una colaboradora que había sido víctima directa de Santiago Romero, pero no llegó a denunciar, y de que tenía indicios de que eran aún muchas más.

Nos encontramos con varios focos de escándalo: La complicidad del entorno, facilitada por la endogamia de la universidad, que llegó hasta a los bedeles; la pusilánime, cuando no pasiva, actuación de la hispalense para proteger a las denunciantes, porque en aras de la presunción de inocencia el ahora condenado disfrutó de absoluta impunidad y hasta del premio de un año sabático; la desesperante lentitud de la justicia, que empleó seis años en dictar sentencia.

Pero aun más al fondo, en este asunto subyace una situación ancestral, anclada de manera firme en la civilización, que ya es hora de romper y que esperemos que la crudeza del auto ayude a desbaratar. Se trata del sometimiento de la mujer al deseo del hombre. Quizás haya llegado la hora de hablar claro, porque el lenguaje que estamos utilizando nos sirve para delimitar conceptos, pero aleja, enfría, la realidad. En la universidad, en la empresa, en la calle, hasta en las familias y en los ámbitos privados, las mujeres son, o pueden ser, abusadas. Es lo normal, lo que ha pasado siempre. Lo que sigue pasando, porque no hay que olvidar que en este país se denuncia una violación cada ocho horas. Hay en nosotras un cierto instinto de especie que nos avisa del peligro y nos pone en guardia. Solo las mujeres sabemos bien en qué consiste, lo que es vivir con esa precaución instintiva, con ese menoscabo de la libertad. Porque además las víctimas son culpabilizadas y han de demostrar que ellas no hicieron nada para sufrir el abuso.

Dicen que en la Universidad ya hay quien pone sus barbas a remojar. Que tomen nota en otros ámbitos.

Abusador cum laude

Santiago Romero Granados (Archidona, Málaga, 1949) era una autoridad en lo suyo, la enseñanza de la Educación Física a los futuros maestros, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. Un hombre poderoso en el endogámico estamento universitario, que se creía a salvo de todo porque manejaba los engranajes del futuro profesional de sus ayudantes y que no tenía ningún problema en acorralar a las profesoras bajo sus órdenes, meterles la mano en la entrepierna, magrearles los pechos, pasarles los genitales por la cara, aplastarlos contra sus glúteos o gritarles por los pasillos que tenía «un bulto en un huevo». «¡Tócalo, tócalo!», exigía a una de sus víctimas. «Debes follar más, estás muy delgada», «qué buena estás». Esta desagradable sucesión de gestos, y muchos más, se relatan en los hechos probados de la sentencia del Juzgado de lo Penal nº2 de Sevilla que acaba de condenarle a 7 años y 9 meses de prisión, además de una indemnización de 110.000 euros, por tres delitos continuados de abusos sexuales y otro de lesiones psicológicas contra dos profesoras auxiliares y una becaria de investigación.

Encubridores
El entorno del catedrático no se ha portado de forma precisamente ejemplar. El caso deja en evidencia a buena parte del departamento, que declaró a favor de su jefe y hasta elevó un escrito en su defensa. El juez hace hincapié en la debilidad de estos testimonios « manifiestamente parciales» y hasta abre la posibilidad de que se deriven responsabilidades administrativas sobre quienes encubrieron sus prácticas.

El final de la carrera de Santiago Romero va a ser, probablemente, la cárcel y la expulsión de su puesto, después de haber sido el primer catedrático de España de su especialidad, Ciencias de la Actividad Física y el Deporte; decano durante doce años; director de departamento; miembro del claustro de la Hispalense; Medalla de Plata de la Real Orden del Mérito Deportivo del Consejo Superior de Deportes, entrenador y seleccionador nacional de voleibol femenino. Sus publicaciones, dirección de tesis y proyectos se cuentan por cientos en su curriculum oficial. La mayoría son colectivos. Porque, entre otras cosas, la sentencia destapa que obligaba a sus subordinados a incluir su firma en todos los trabajos que realizaran.

Los abusos probados de Santiago Romero se prolongaron desde 2006 hasta 2010, cuando una de las víctimas preguntó qué le pasaba a una compañera «brillante y con una perspectiva profesional de éxito», pero que «faltaba mucho, enfermaba a menudo, se encontraba decaída, cohibida», según relatado a Canal Sur. Esta le confesó que estaba siendo acosada por el catedrático y se decidió a denunciar. A ambas se uniría una becaria de investigación, pero en la universidad se sabe que hay más mujeres abusadas que no se decidieron a hacerlo.

Santiago Romero no se cortaba: «Aquí se hace lo que yo digo, y si no haces lo que yo digo no vas a trabajar en la Universidad (de Sevilla) ni en ninguna otra de España», le amenazó a esta profesora. «Si sigues por ese camino te encontrarás una gran soledad en el futuro y muchas piedrecitas en el camino». El juez ha valorado la posición de prevalencia y dominio del catedrático, pese a que «no sólo tenía la obligación de respetar las normas, derechos y libertades» de sus subordinados, «sino incluso tenía el deber de convertirse en garante» de los mismos.

Trató de desacreditarlas
El ahora condenado no sólo se cargó la carrera profesional de las tres mujeres –una de las cuales abandonó la docencia, otra tuvo que cambiarse de Universidad y la tercera vio retrasado el acceso al grado de doctor–, sino también su vida personal. El catedrático ha dejado «una huella difícil de borrar» en sus víctimas, considera el juez. Una de ellas lo explicaba así:«Me levantaba por las mañanas llorando desesperadamente porque no quería ir a trabajar, pero tenía clases y era mi obligación. Sufría mucho, no quería verlo, no quería escucharlo y, mucho menos quería que me tocara».

Ahora las tres víctimas se encuentran en un carrusel de emociones, «aterrizando», dice Amparo Díez, la abogada de una de ellas. «Están mal, aunque de distinta manera. Mi clienta tiene el ánimo muy débil». El proceso ha durado demasiado tiempo, diez años, seis de ellos sólo para la instrucción judicial. La víctima revive continuamente los recuerdos, en especial de las declaraciones ante las instancias universitarias una vez que decidió denunciar. Fueron horas de escrutinio para ser creída, y aún así sólo logró que le asignaran un despacho diferente, en el edificio de la Facultad de Enfermería, con la consiguiente dificultad para desarrollar su trabajo, y un horario distinto al de su jefe.

Romero desplegó todo su poder para desacreditarlas. Hasta se propagó el rumor, atribuido a su círculo, de que una de las denunciantes tenía sida. El Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la US, con una «diligencia extraordinaria», según la catedrática Adela Muñoz, le obligó a hacerse análisis para demostrar lo contrario.

El escándalo ha sido mayúsculo cuando se ha comprobado que Romero Granados seguía dando clases hasta el mismo día de publicarse la sentencia. Aunque fue la propia Universidad la que llevó el caso a la Fiscalía, al concluir el expediente que se trataba de delitos de gravedad Romero siguió como si nada, salvo por la concesión de un año sabático, que pasó en Sevilla.Según algunas fuentes, continuó paseándose por donde quiso, sin hacer caso de las restricciones impuestas respecto a acercarse a sus víctimas. A día de hoy, sigue sin pedir perdón.

“Muchísimo tiempo”

“Muchísimo tiempo”

Cada año, desde hace 16, en la mañana de Reyes acudimos a mediodía convocados por el recuerdo de alguien que nos dejó, y aunque pasen los días, y la vida siga, con sus alegrías y con sus afanes, con más palos y disgustos, según se acerca el momento en que ocurrió el fatal accidente el suelo se tambalea igual que entonces. O más, porque suma y arrastra otros desconsuelos, sobre todo el de constatar lo irremediable.
Esta historia personal, con pequeñas variaciones, la puede suscribir mucha gente. No es nada extraordinario, no es una ensoñación futurista tipo ‘Black Mirror’, sino que forma parte de la experiencia humana más general. Por eso, en medio del ajetreo de estos días de compras y de lejanía de la intensa actualidad, el despectivo comentario de Mariano Rajoy sobre el dictamen del Consejo de Estado destapando las vergüenzas del avión Yak 42, en el que murieron 62 militares, cuando dijo “de eso hace muchísimo tiempo” mientras paseaba por su pueblo, se abre paso y resuena con un eco de especial repugnancia.
Es probable, o más que seguro, que esto no tenga coste político para el Partido Popular. Hemos visto grandes escándalos de corrupción que han mermado apenas su apoyo electoral. En clave menor, liamos una controversia parda con las palabras de Cristina Cifuentes sobre/contra los andaluces, y que los de Madrid nos pagan la sanidad y la educación, y el PP andaluz se ríe de aquello, porque tiene una encuesta que dice que la mayoría de la gente no se había enterado de qué había pasado.
Pero está la decencia. ¿O la descartamos del todo como valor político y pasamos a otra cosa? En realidad lo que le queda de arraigo es poco, pero si no la reclamamos es cuando estaremos del todo perdidos. El Gobierno actúa en nombre de los que le eligen y de los que no, es decir de todo un país. La falta de empatía, la soberbia, el desprecio, hacia un grupo humano, de servidores públicos además, que dejaron sus vidas en un campo de Turquía víctimas de una terrible secuencia de irregularidades, más la impresentable gestión de la crisis, con la confusión de los cuerpos, la sospecha de artefacto jurídico con la ‘mano oscura’ de Federico Trillo, entonces responsable de Defensa, las deudas del PP y de Rajoy con éste por su supuesta posesión de secretos de las tramas de Génova, la resistencia siquiera a cesarle y envolver su salida en un relevo de embajadores ya previsto, componen un escándalo nada menor que el presidente del Gobierno, a su más puro estilo, ha querido despachar con ese “hace muchísimo tiempo”, como cuando “la persona de la que usted me habla” y tantas otras frases célebres.
Hasta ahora, a la vista está, le ha dado resultado. Pero nadie podrá defender a partir de este momento que ese político correoso, al que jalean el sentido del humor sus fieles con grandes aspavientos, tiene corazón.

Y otro más

este es anterior. Dedicado a Paco Leal (como es obvio)
Nada más lejos de mi intención que hacer la pelota, pero me encantó que este programa trajera el otro día a la entrevista a Paco Leal. No es fácil detectar talento cada día,y menos aún hacerlo entre quienes están voluntariamente fuera de foco, pero en este caso se logró y con creces.
Paco Leal es muchas cosas: chirigotero callejero con muchos trienios y demasiados años de abandono, promotor del ‘Carnaval de los jartibles’, el Carnaval chiquito, que es la almendra de la fiesta; hostelero en retirada, pero sobre todo un hombre culto, un escritor sensible, un producto depurado del mejor Cádiz, esa ciudad a la vez popular e ilustrada, y ahora que ha adoptado el sombrero de panamá parece aún más un indiano que acabara de salir de su gabinete de carey, abanicos, tresillos isabelinos y cornucopias, rumbo a tomar un café, quizá a La Habana. Porque todo el mundo sabe que los gaditanos han ido siempre antes a merendar a Cuba que a Madrid, o eso decía Pericón.
A Paco Leal habría que clonarlo, pero entre tanto es preciso que aprovechar su cercanía, su saber, su sentido de humor lúcido e inteligente, y si es posible sus bizcochos caseros o sus guisos según la receta materna.
Ahora que me doy cuenta, hace demasiado tiempo que no lo veo. Pero eso no impide que le siga adorando. El tiempo ha pasado muy bien por él, y eso también requiere mucho arte.

Un artículo de ‘Al liquindoli’

(emitido en diciembre en Canal Sur Radio)
Una noche más, hemos mirado la vida con ojos de Carnaval. Entiendo que es una buena práctica, una especie de línea de pensamiento que la filosofía debería profundizar.
No se asusten. Necesitamos cada vez más pensar, aprender a pensar y eso es la filosofía. Noto que ahora resurge un interés por profundizar en la realidad, por ir más allá de lo evidente, como reacción a esta vida que llevamos, enloquecidos por la rapidez de las comunicaciones, la vida ficticia de relaciones en las redes sociales, por la realidad paralela de Internet. Queremos, necesitamos, volver a casa. A una casa que es sobre todo un lugar de sosiego, de afectos y de curación, que es de lo que habla un libro imprescindible, La resistencia íntima, de Josep María Esquirol.
Pensar con la mirada del Carnaval, me atrevo a colegir, es aprender a utilizar una herramienta imprescindible del vivir, que es el humor, y es entrenar el optimismo, una disciplina que precisa ejercitarse, que no viene de serie. Y es enfocar las cosas de una manera serena. “Un paso atrás y una sonrisa”, que decía un gran filósofo, Mariano Peñalver, que fue rector de la Universidad de cádiz y presidente del jurado del concurso.
Ya ven que hay un hilo nada frágil entre el Carnaval y las ideas. Sigamos.

Ayuda

Hola. Ni tenía guardado el acceso. Intento recuperar entrevistas de mi etapa en La Voz. si alguien recuerda alguna que le interesara, por favor que me lo diga.

Los disfraces de Podemos

Las cosas se disfrazan de lo que son para no ser reconocidas. Esta gran frase, tan enigmática como real, de un filósofo inolvidable, Mariano Peñalver, se puede aplicar a esa confusa amalgama que unos llaman confluencia, otros unidad, otros coalición, según tomen el micrófono los de IU, los de Podemos sector ‘pablista’ o los de Podemos sector ‘errejonista’. Es decir, Unidos Podemos.
Ahora que los pronósticos no se han cumplido y el soprasso ha quedado en un bluff, los doctos politólogos, demoscópicos y demás gurús que integran Podemos, un punto altaneros, han de reconocerlo, van a encargar una encuesta para saber qué ha pasado.
Como las victorias tienen muchos padres, pero las derrotas son huérfanas, todos se sacuden el muerto y se lo echan al de enfrente. Y es que, al final, los adalides de la nueva política no son de una pasta diferente que el resto de los humanos y su redentorismo se ha revelado bastante ridículo, a pesar de que han disfrutado de ese favor acrítico de que goza lo que se pone de moda. Pero, ya se sabe, las modas caducan y cada vez lo hacen más rápido.
Otra clave del desengaño podemita,que se abate por las activas redes sociales que los círculos han convertido en su hábitat, me la daba un cuadro de IU y no me parece descabellada. Decía que Podemos no tiene militantes, tiene fans, que tan pronto como se entusiasman se desencantan.
El asunto es que la alianza con IU, o como le quieran llamar, ha convertido a Podemos en IU, no al revés. Sacar a Anguita del baúl de los recuerdos es lo que tiene.
Sobre el escenario del mitin, la estupenda pareja Maíllo-Teresa bailaba como lo que son, compañeros de armas, y se notaba entre ellos la complicidad de los camaradas reencontrados. A Teresa Rodríguez, que sigue llevando las señales de Izquierda Anticapitalista como tatuadas en su impronta, le ha venido muy bien tener a su lado a Maíllo, que ha dado poso y solidez a su imagen de delegada de facultad, a pesar de que dicen que está en «estado de gracia» y es recibida con fervor por los simpatizantes. Con Maíllo, Teresa ha recibido la experiencia política y las raíces del Partido Comunista. La hoz y el martillo de las banderas que ella tuvo que abandonar y que IU ha llevado a los actos, pese al evidente desagrado de sus ‘confluidos’, que hasta llegaron a desaconsejarlas.
Quién se come a quién lo veremos si llega la hora de hacer una lista conjunta a las autonómicas. Sólo uno puede ser el primer candidato. Si llega. Es con lo que cuenta Izquierda Unida, pero los ‘errejonistas’ enseñan los dientes. Es lo que tiene la izquierda. Antes muerta que unida.

Una verdad delicada

La conversación entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el jefe de la Oficina catalana Antifraude, Daniel de Alfonso, tiene el encanto subyugante de lo secreto y supone la confirmación largamente perseguida de las sospechas más asentadas. Se trata de la conspiración, en vivo y en directo, aunque sea de 2014. Nunca hasta ahora habíamos podido asistir a una representación real de las cloacas del Estado en pleno funcionamiento. Lo suponíamos, las novelas y los thrillers daban pistas, pero la realidad siempre supera a la ficción y propina todo un golpe al plexo solar de la democracia, de las instituciones. El caso tiene añadido el fatalismo del mejor Le Carre: el final es el desastre, la torpeza, la incapacidad y, al fondo, la falta de moral de los servicios secretos y sus responsables. Porque si se trataba de debilitar al independentismo catalán, que ahora precisamente estaba en sus más bajas cotas de intención de voto, por debajo de la mayoría absoluta, las grabaciones lo resucitan, ya se verá en las urnas el domingo, y dejan en evidencia que la inactividad de Rajoy respecto al conflicto con la Generalitat no era tal, sino la espera de que el sabotaje interno hiciera efecto. No me gusta compararlo a la TIA. Mortadelo y Filemón tienen mucha gracia y esto, ninguna. Mejor el título del último libro del maestro inglés. ‘Una verdad delicada’.

Queda en evidencia el Gobierno y su ministro, el primero que no ha tenido sobre sí la losa del terrorismo de ETA, incapaz de poner orden en los enfrentados grupos policiales y hasta de evitar que se le espíe en su propio despacho. Queda palmaria la evidencia de tramas oscuras en las fuerzas de seguridad, al servicio de quién sabe qué intereses. Salta por los aires la separación de poderes, el estatuto del Ministerio Fiscal («esto la fiscalía te lo afina»), la limpieza el organismo antifraude, deja bajo sospecha la utilización de periodistas y de medios para airear escándalos, además de la UDEF. Qué coño es la UDEF, que dijo un desencajado y desenmascarado Jordi Pujol.

La evidencia de la conspiración ha dado pie a la presidenta andaluza, Susana Díaz, a preguntarse si sólo se han llevado a cabo este tipo de prácticas en Cataluña, que es una manera de sugerir que aquí también. Mario Jiménez dio un paso más ayer y apuntó a la causa de los cursos de formación, a punto de archivarse, como una posible «trama similar» a la catalana. Estas sospechas, y otras más, han estado en el ambiente político andaluz desde antiguo, como una forma de ‘guerra sucia’ contra el bastión socialista, y ahora cobran fuerza al hilo de las ‘oportunas’ filtraciones. Otro efecto colateral de esta bomba de racimo que ha estallado al PP cuando apenas quedan tres días para las elecciones más decisivas desde 2004.

El peor supuesto para Susana Díaz

s noches electorales están para vivirlas. Esta que acabamos de pasar ha sido como una ducha escocesa, frío-calor-frío, para redondear la incertidumbre de partida. El cuadro final no resulta nada favorecedor para Susana Díaz y el PSOE andaluz, que comenzaban la tarde como grandes triunfadores. Ni en lo nacional ni en lo regional las urnas le sonríen, y hasta avisan de amenazas en el propio territorio para esa supremacía de la que presumía. Juanma Moreno le ha dado el jarro de agua fría y ha roto con su cadena de victorias, mientras le puede confortar, apenas, los malos resultados de Podemos.

Mientras, Pedro Sánchez logra salvar el cuello. Tenía como un 75% de posibilidades de perder la cabeza anoche y la mantiene, por el momento. De los tres escenarios posibles (quedar segundo en votos y escaños; quedar segundo en escaños y tercero en votos o el ‘sorpasso’ total) sólo el primero, que parecía absolutamente improbable, le dejaría incólume. Pero aunque haya detenido el ‘sorpasso’, no se puede olvidar que al final el resultado horada aún más el suelo electoral socialista. Susana le había marcado el listón de ganar. No lo ha hecho, pero la ‘reina del sur’ ha sufrido un varapalo que le impide reclamar el cumplimiento de la tarea.

Terminada la campaña, en el PSOE andaluz ya no se ocultaba la decepción por lo que se considera falta de talla del actual secretario general y se verbalizaba la necesidad de actuar, de «aplicar el bisturí» para detener la hemorragia y no dilatar más la solución. El mapa, andaluz y nacional, da buena cuenta del deterioro de la sigla y el desastre sin paliativos en otras, como Madrid, Cataluña o País Vasco, donde casi que llega a la temida ‘pasokización’.

Puede que hoy se respire hondo, porque se ha evitado lo peor, pero no salva al partido que ha gobernado España más tiempo desde la transición de su naufragio, en un momento histórico convulso, dominado por fuertes tensiones populistas y por nuevas prácticas políticas que ahora, a tenor de estos datos, se ponen en solfa. Cuando creíamos tener las respuestas, pues, nos cambiaron las preguntas.

Después de haberse fajado en la campaña con más fuerza incluso que en las autonómicas, la figura de Susana Díaz había crecido en estas semanas. Los suyos la ven cada vez más como la gran esperanza blanca del socialismo, como si de ella dependiera el futuro de la sigla, y sin duda se lo ha currado, a diferencia de otros ‘barones’ territoriales que han brillado por su ausencia. Los ‘pedristas’ no le podrán reprochar un átomo de su apoyo. Sánchez ha venido cuando ha querido y a lo que ha querido durante la campaña y la andaluza se ha entregado. Se puede pensar que por su propio interés o por defender su feudo, pero el hecho de que el mitin final de campaña se celebrara en Sevilla viene a decir que era la plaza donde el candidato a presidente tenía más segura una buena foto, a diferencia de lo que podría haber logrado concitar en otras ciudades, sin ir más lejos Madrid.

¿Qué hará la presidenta? Al reconocer que el PSOE no ha ganado «y tendremos que actuar en consecuencia» y recordar la aportación de su partido al grupo parlamentario parece mandar un mensaje claro y no es pacífico.

Había curiosidad por saber si Pedro y Susana mandarían el mismo mensaje en la noche electoral, señal de que desde Madrid se contaba con las federaciones. No ha sido así, según parece.

En cualquier caso, como cuando despierten el dinosaurio seguirá ahí, y los socialistas andaluces deben decidir sin vuelven a dar la batalla en Madrid e intentan esa especie de sueño erótico de reconstruir al PSOE desde el sur. Está por ver, ahora más que nunca, si en esa tarea encontrarán dispuestas a las demás baronías. En los últimos tiempos ha habido interés en construir ese estereotipo del PSOE como una suerte de partido nacionalista del sur de España, una especie de CiU andaluza como en principio le llamó Enric Juliana, no sin prejuicio. Desde Podemos también se ha venido a difundir esa idea del PSOE como un partido con mando en la mitad inferior del mapa, sin decirlo pero evidenciando las diferencias, frente a su alta representación en los territorios del norte, ‘ricos y cultos’ sugerían.

El prejuicio territorial no será el mayor de sus problemas. La clave será cómo volver a sintonizar con la gente, liderar las ganas de cambio que existen y que han llevado a Podemos, un partido errático y sin raíces, a cotas insólitas de ilusión ciudadana, aunque luego pincharan, y hacer catarsis de cuantas malas prácticas le han dado tantos años de permanencia en el poder. El PSOE debe encontrar la manera de reivindicar lo que hizo pero, a la vez, alejarse de ello para dejar de ser un partido viejuno, símbolo del ‘ancien regime’, y sacudirse la partitocracia, el ramalazo de clientelismo, las luchas intestinas, el polvo del poder. La ventaja obtenida por el PP le da una ocasión de oro: otra legislatura en la oposición para recomponerse sin tener que someterse a la tensión de poner líneas rojas a uno u otro lado.

Tendrá que hacerlo además en plena crisis de la socialdemocracia europea, un fenómeno que viene arrastrando desde finales del siglo XX y que no endereza el rumbo, a pesar de que el aumento de las desigualdades la harían más necesaria ahora.

Y entre tanto, Juanma Moreno se crece en el PP y reclama respeto, de los de enfrente, pero también de los suyos, que en diversos ámbitos esperaban que se estrellara. No le ha salido tampoco bien a Díaz el ninguneo al líder popular andaluz, que ya puede comenzar a sacudirse la pesada sombra de Javier Arenas. Moreno pudo aparecer anoche como triunfador. Ha recuperado el primer puesto en todas las provincias menos tres, Huelva, Sevilla y Jaén, al volver a ser el más votado en Cádiz y Córdoba. No ha perdido ninguno de los cuatro escaños que a priori se le daban por liquidados, ha ganado tres.

El PSOE daba por seguro que ampliaría su victoria sobre los populares, pero la distancia se ha agrandado hasta límites impensables, otro error de calculo de Susana Díaz que no sé si solo se explica por el retorno de votantes que se fueron a Ciudadanos. En lo único en que sí acertaron los socialistas andaluces es en ahorrarse el dinero de la ‘israelita’. El fracaso de la demoscopia es de antología.

IU no ha sacado rédito a su operación de convergencia y se ha dejado heridas en la travesía, a pesar del encanto de Maíllo. Será interesante observar como evoluciona el matrimonio de conveniencia con Podemos, si volverán las antiguas rencillas. Y entre los morados deberán decidir de una vez qué quieren ser de mayores, justo cuando se creían que ya lo eran.

La política, en fin, puede llegar a ser algo muy interesante.

Elecciones en las redes

La primera vez que fui a la sede de Podemos en Sevilla, recién abierta, me llamó la atención una larga mesa al fondo llena de jóvenes sentados ante sus ordenadores. Iban llegando otros, con sus mochilas al hombro, se incorporaban y se conectaban, sin apenas hablar entre ellos. ¿Quienes son esos?, pregunté. Los community manager, respuesta. A estas alturas ya está claro que el éxito en el manejo de las redes sociales ha sido clave en la estrategia de los de Pablo Iglesias. Luego nos dijo el CIS que el voto en las últimas generales se había decidido en un porcentaje llamativo en los días finales de campaña. Es fácil deducir que esta previa al 26J se va a librar puerta a puerta, día a día, tuit a tuit. No habrá barreras. Ni siquiera la ya tan cuestionada ‘jornada de reflexión’ será una tregua para los equipos de los candidatos. A ver cómo le hace frente la Junta Electoral.

Nace, pues, la campaña en el smartphone. Se consagra el cibermilitante. Los más seguidos tendrán un plus, junto con cierta obligatoriedad de ponerse al servicio de la causa cuando se lance un hastag.

Hay ciertas dudas acerca de la eficacia final de esta cibercampaña. Todo el mundo tiene teléfono inteligente ya, aunque los más yuppies lo estén abandonando en favor de los antiguos ‘nokia’, para librarse de la presión de los extras del smartphone. Pero sólo el 25% de la población adulta española tiene cuenta en Twitter. Y la red está en baja en favor de otras en las que la información y la opinión dejan sitio al entretenimiento puro y duro.

Será interesante observar cómo les va a los próceres del 26J. Es cierto que buena parte de la conversación está ahora en las redes. Alguien escribía hace unos días que se había acabado el llamar a callar en las salas de espera. Todo el mundo está ensimismado en su teléfono. Pero, por lo visto hasta ahora, se trata de la misma charla sectaria, clientelar, que se da en otros territorios menos virtuales. Será en 140 caracteres, pero con una reiteración que invita a largarse, y rápido. Unfollow, que se dice.