De vez en cuando la vida

No entiendo las dudas acerca de si es o no noticia que la presidenta de la Junta de Andalucía esté embarazada. No es sólo que quiera estirar la primicia que dio este periódico este lunes, porque ya se sabe que el diario de ayer es hoy papel mojado, lo reconozco. Es un debate interesante, que tiene que ver con el periodismo, pero también con la política, y con la sociedad.

La noticia tiene muchas definiciones. Da hasta para cuatrimestres enteros en prolijos y amarillos apuntes, y hay frases más o menos acuñadas, que usamos como muletas cuando hemos de concretar, esa molesta exigencia del oficio.

La mejor, para mi gusto, no es un hábil juego de palabras («hombre muerde perro» y otras) sino una expresión que oí a un gran maestro contemporáneo, Miguel Larrea, en torno a una mesa donde un montón de bisoños nos aplicábamos a armar un proyecto con tanta osadía como ilusión. Noticia, vino a decir, es eso que te hace decir «¡coño!» (porque si algo tienen las redacciones es que allí los tacos viven en su elemento).

La noticia es lo que sorprende y hay pocas cosas que lo consigan ahora. Como lo hace que sea noticia una buena noticia, también por darle al retruécano.

En este caso se da la circunstancia única de que una presidenta que gobierna una comunidad de más de ocho millones de habitantes va a ejercer su mandato embarazada y va a dar a luz durante el mismo. Salvo, claro, que antes de que eso suceda se produzcan elecciones anticipadas, deje el cargo, concurra a primarias, luego opte a la cabeza de cartel del PSOE nacional, etc.

Hay muy pocas mujeres con poder en política y menos con la visibilidad extrema de la presidenta andaluza. Aunque ella misma se sorprendiera con el impacto de la información de su embarazo, ayer por la mañana, el hecho es que resulta una lideresa indiscutible, que en poco tiempo ha logrado ser actor principal de la gran función de la política española, en sus momentos más tensos. Esto, se piense como se piense de su actuación o sus ideas, es incontestable. Quizá muchos de los reparos al carácter novedoso del asunto sean más sectarios que otra cosa, aventuro.

Pero aún más, creo que el embarazo de Susana Díaz es noticia por cuanto es normal. O lo normal. Porque estamos tan acostumbrados a lo premeditado, lo prefabricado, a la impostura, al cálculo de probabilidades, la estrategia, a lo políticamente correcto, que resulta insólito que pase lo que tiene que pasar. Lo que le ha sucedido a muchas mujeres antes que ella y lo que cada día ansían o registran otras.

No deja, pues, de sorprender que irrumpa la vida. «De vez en cuando la vida», que cantaba Joan Manuel Serrat, entre tanto artefacto.

Lo personal es político

Las feministas de la tercera ola lanzaron un lema que los hechos no han desmentido: “Lo personal es político”. Así, el embarazo de Susana Díaz pone de manifiesto cómo de honda es la relación entre poder y género. La condición de mujer y de mujer política escasamente se pone de relieve en toda su complejidad como en esta ocasión y, dados los escasísimos casos de embarazos en mujeres poderosas, de hecho un reciente estudio revela que poco menos del 80% de directivas tienen hijos, este va a ser un ejemplo de libro para valorar la situación de la igualdad y sus carencias. Se verá, o mucho me equivoco, que la maternidad no es un lastre, una enfermedad, ni una desventaja, ahora que suenan trompetas de retroceso en los derechos laborales de las mujeres, sino una de esas cosas buenas de la vida y, por tanto, tan natural como esencial.
Una cuestión personal, pues, irrumpe en lo político y todos harán calendarios que sumar a los calendarios y preguntas a las preguntas sobre ‘timmings’ y estrategias. Pero veamos: ¿Influirá la gestación de Susana Díaz en los tiempos, tan agitados, de la vida política nacional y andaluza? Yo apunto mi conclusión: No tiene por qué. Ya sabía su estado de buena esperanza, que decían las antiguas crónicas, cuando me aseguraba esta Navidad que hará campaña por toda Andalucía, con pocos actos puntuales en otros lugares de España, por compromisos personales, así que de momento es de suponer que la presidenta va a mantener su intensa agenda. De hecho no ha cedido en los primeros y más delicados meses de embarazo.

Y si da a luz en julio ¿evita eso la convocatoria de elecciones autonómicas en esas fechas? ¿afectará a su salto a Madrid? Mi opinión es que todo está tan abierto que cualquier cosa puede pasar y que la presidenta pondrá por delante otros intereses antes que estos tan personales. Aunque controla todo lo que se mueve, Díaz se ha hecho con un equipo sólido, con Juan Cornejo en el partido, Jiménez Barrios en el Gobierno, Máximo Díaz Cano en la secretaría general de Presidencia y Miguel Ángel Vázquez en la comunicación. El problema será conciliar, pero a fin de cuentas es el que tienen millares de mujeres trabajadoras.

Habrá quien calcule incluso el impacto electoral de su embarazo. ¿Favorecerá su imagen, su proyección nacional? ¿le dará votos? Sin duda le quedan por escuchar muchas opiniones y de muchos gustos y disgustos. Porque lo político, y también lo sabe la presidenta, también es personal.

Luces largas contra el yihadismo

Ante la amenaza yihadista es difícil encontrar el punto de equilibrio entre el alarmismo y la serenidad. Recuerdo una escena de ‘El pianista’, la película de Polanski: cuando la familia judía está a punto de escapar de Varsovia, oye en la radio una declaración del gobierno que asegura que no pasará nada y opta por quedarse. Las consecuencias fueron terribles. Hay que huir por igual del buenismo y del catastrofismo, sin perder de vista que estamos ante una forma de terrorismo nueva, que no requiere grandes infraestructuras, que no tiene delimitado un teatro operaciones, ni unos objetivos concretos, que carece de un perfil claro de agresor, y que sólo presenta como raíz común el radicalismo religioso islamista.
Aunque parece que no es España el país más amenazado de Europa, ahora mismo, eso no significa que no exista peligro. Dentro de España, Andalucía tiene riesgos ciertos, por su posición geográfica o por la presencia y el tránsito de potenciales terroristas, lobos solitarios o retornados. Pero no se trata de computar cuánto nos toca en el cálculo de probabilidades, sino de adoptar una estrategia seria que nos evite futuros lamentos, una vez pasado el momento emocional de reconocernos todos en las víctimas de ‘Charlie Hébdo’.
Más que una panoplia de medidas de seguridad, muchas de las cuales creíamos que ya estaban en marcha, como el control de viajeros, es preciso poner las miras largas y actuar sobre los potenciales yihadistas. En la comunidad musulmana andaluza existe miedo, pero no solo hacia racismo o represalias, sino a que dentro de las propias familias ya asentadas se radicalicen los más jóvenes. Lo contaba en estas mismas páginas, este verano, el presidente de Sevilla Acoge, Omar el Hartiti. Sienten pánico por que, tras trabajar duro y lograr una vida mejor, sus hijos frecuenten imanes o webs fanáticas y lleguen incluso a desaparecer rumbo a Siria o Irak.
Es preciso, pues, actuar de manera constante, seria y eficaz, sobre los jóvenes de familias musulmanas. Chicos y también chicas de 17 ó 18 años, muchos de ellos nacidos aquí o llegados con poca edad, españoles de documentación. Como los hermanos Kouachi o Amely Coulibaly, los sanguinarios asesinos de París.
Ahora mismo sólo hay para ellos algunas ayudas económicas, pero poca atención en este sentido profundo. Es más, se trata de un colectivo que con frecuencia bordea los centros de menores y tiene interiorizado un historial de agravios que les convierte en presa fácil de enredar un relato de ‘guerra santa’.
Esta nueva necesidad llega cuando las ayudas a la inmigración están bajo mínimos, más allá de declaraciones o planes grandilocuentes, cuando se agrandan las brechas sociales. Se trata de ayudar a su arraigo, hacerles comprender el camino de la libertad, de la tolerancia, de los derechos humanos. Incorporarlos de verdad a los procesos sociales. Porque, me decía ayer con desolación Omar, “¿hace falta que demostremos que estamos en contra del terrorismo?”

El medio, el mensaje y Susana Díaz

La aparición, estelar diría, de la presidenta de la Junta de Andalucía en el programa de debate La Sexta Noche, este sábado pasado, merece un análisis. Por lo que dijo, por cómo lo dijo y por el hecho en sí, es decir por aquello de que ‘el medio es el mensaje’. Estamos tan poco acostumbrados a las ruedas de prensa con preguntas, al blindaje de los líderes por sus estrategas de comunicación, que ver a un político con poder -no a un aspirante que esos están dispuestos a todo-, sometido a un ‘tercer grado’ en directo resulta insólito y noticia en sí mismo. Así que desde el punto de vista ‘dircom’ ya tenía mucho ganado. Los resultados avalaron la apuesta, pues el espacio tuvo más audiencia que la pasada semana, cuando superó el millón y medio de espectadores, y alcanzó 11,9%, tres décimas más, según el propio canal. El tramo de la presidenta andaluza lideró el impacto social en Twitter, con 7.516 mensajes, según he leído en una web dedicada a eso, ‘Global. In. Media’. El total del programa logró 99.000 mensajes, lo que habla de un tramo muy currado por su ‘comunity manager’, es decir de un escaparate de primera para exhibirse, pero también con grandes riesgos de que cualquier resbalón tenga un mayor eco.
Sin duda, Susana Díaz salió airosa del trance y afianza su liderazgo nacional, en contradicción con el esfuerzo que hizo por convencer de que no le disputa el puesto a Pedro Sánchez, que era el asunto que más interesaba a los editores.
La presidenta andaluza demostró en ‘prime time’ ese empoderamiento que ya se le conoce en Andalucía. No dice grandes novedades, pero lo hace con una contundencia que transmite más que las propias palabras. Es aquello que le pasó a Barbara Walters cuando hizo un reportaje muy crítico con Reagan con imágenes de la Casa Blanca, que dio más votos al entonces presidente, porque la gente vio pero no escuchó. Los suyos estaban ayer encantados. No sé si tanto los socios de IU, a quienes vapuleó sin misericordia. Veremos ahora cómo responden.

La ideación y la ejecución

 Vuelve, inapelable, la normalidad, tras estos tiernos días de familia, atracones y regalos. Así que, al tajo, bendito tajo del que ya ni podemos quejarnos los afortunados que tenemos. Diciembre casi logra bajar del millón, nueve mil por encima, los parados andaluces, pero el dato no llega ni al triste consuelo.  
Se reactiva, pues, la atención sobre el caso ERE.En cosa de  veinte días  comenzarán a prestar declaración ante el Supremo los expresidentes Chaves y Griñán y los exconsejeros Viera, Zarrías y Moreno.  Se prevé que  en la primera semana de febrero estén completados los testimonios de los aforados en las Cortes Generales implicados por la jueza Mercedes Alaya. Queda por ver si se admitirá la declaración voluntaria y se soslayará o no la calidad de  imputados. No hay plazo fijado para que el instructor,  Alberto  Jorge Barreiro,  eleve el caso a la sala y ésta decida si halla o no motivos para pedir el suplicatorio al Parlamento y, ya en ese momento, imputar, a todos o a alguno de ellos.
El análisis del informe de la Fiscalía, firmado por un fiscal del Alto tribunal pero no por un fiscal de Sala, parece dar pistas de que finalmente no habrá causa, al menos contra los expresidentes ni contra los dos exconsejeros sumados a última hora, Zarrías y Moreno. Otra cosa sería Viera, contra quien se argüiría el convenio que firmó en 2001 con el IFA, con Antonio Fernández como viceconsejero y presidente del citado instituto.
La Fiscalía, instada por el Supremo a pronunciarse sobre contenido y competencia, no entra en los hechos pero sí declara que la causa es escindible. En contra del criterio de Alaya, que relaciona la «ideación» y la «ejecución», para el ministerio público ambas cuestiones son separables, y por tanto diferentes, es decir que no hay relación entre el supuesto fraude, la «ejecución» y la supuesta trama conspiradora, la «ideación», de ahí que crea que procede dividir la causa, algo que no hubiera aceptado de advertir relación entre ambas. De esta falta de motivación se desprendería también, según expertos,  el envío al TSJA de la parte correspondiente a los aforados  andaluces, cuando el criterio era juzgar todo en el Supremo.
Entre tanto, la tardanza de la jueza en remitir al TSJA su exposición razonada, un texto que se considera que tiene prácticamente elaborado, pues parte del enviado al Supremo, da que pensar acerca del manejo de los tiempos por parte de la magistrada, que, casualmente o no, suele provocar sonoros  golpes de efecto en momentos muy concretos de los procesos políticos.
Aún más, queda por ver qué sucederá si Alaya pasa a la Audiencia Provincial. Para continuar la instrucción de las causas que tiene entre manos, y en especial el caso ERE, según ley, debe tratarse de un asunto próximo a concluir, lo que no está claro que suceda en este sumario. También hay dudas, y se ha visto con el juez Ruz, que un juez de refuerzo o no titular sea el que entienda de las causas antiguas.

Las uvas de Canal Sur

Me he creído morir demasiadas veces en mi vida por errores profesionales como para no dejar de sentir solidaridad con los trabajadores de Canal Sur que se equivocaron de mandos la noche de Fin de Año. Conozco además a muchos de ellos, porque colaboro en los espacios de opinión de la radio y la televisión públicas. Sé de la profesionalidad de sus periodistas con la distancia que da ser visitante ocasional. Lo digo para empezar, porque en este país se han consagrado una serie de lugares comunes (todos los políticos son corruptos, todo lo público es un enjuague, etc.) y quien se atreve a contradecirlos se sitúa bajo sospecha, de modo que termina por ser un acto de valentía salir en su defensa. Es lo que tiene disentir.
El error de las campanadas ha traído consecuencias varias. Primero el humor, luego la burla y hasta la acritud hacia el medio público y después hacia la Junta, la política e incluso los andaluces. Con ello, la utilización partidaria del suceso. Hasta un grupo de Almería ha clamado contra su pertenencia a la comunidad autónoma.
En el fondo está la batalla por el control de la RTVA, que vuelve con fuerza por la proximidad de las elecciones y que alcanza a IU, muy activa últimamente en la materia. Es también un malestar económico, porque el coste del ente tendrá que revisarse. Está incluso la eterna refriega por el pastel publicitario, cada vez más exiguo. A ello se unen los intentos de desacreditar los medios públicos, que deben mejorar su servicio, pero que son imprescindibles.
La pifia, grave y necesitada de explicación, tendrá como penitencia que se recordará año tras año, como las cometidas por otras cadenas, sobre todo porque en esa noche absurda hay poco más que contar aparte de cuándo suenan cuartos y cuándo ya toca uva.
En fin se confirma una máxima de este oficio: sólo sabes la audiencia que tienes cuando te equivocas. Entonces todo el mundo te lo afea. Canal Sur ha mostrado una fortaleza que quizá a ellos mismos les haya sorprendido.
Por demás, extraordinario el carnavalesco video de disculpas.

San Telmo, el hotel de los líos

O se van todos de Nochevieja pronto, y dejan de asomarse a las alcachofas de los periodistas con tan airadas declaraciones, o antes de que cante el gallo del año nuevo aquí se lía. En vez de dispararse unos a otros con pistolitas de agua, que es como describía ayer un dirigente del PP-A esta pugna soterrada en ‘el bipartito’, los representantes de PSOE e IU parece que van a más en su desencuentro.

El laberinto (político) andaluz parece más que nunca un patio de colegio, con los dos socios de Gobierno enredados en las bravuconadas de a ver quién la tiene más grande. No sabemos si es que estamos ante un cambio de gobierno inminente o si es que PSOE e IU se enzarzan en un asalto más del combate cuerpo a cuerpo que vienen librando desde el inicio de la legislatura y que se ha endurecido desde que la coalición puso en el horizonte la horca caudina del posible referéndum de junio, esa consulta a sus bases sobre la continuidad del acuerdo.

Si, como se cuenta en Sevilla, la posible entrada de Antonio Maíllo en el Ejecutivo de Susana Díaz es un efecto sobrevenido y no buscado por el coordinador general, peor aún que si se trata de una verdadera pretensión de éste por figurar en el ‘banco azul’ andaluz. Ahora queda en el aire el zumbido de una aspiración que, según se consume o no, dará la medida del ‘tour de force’. Entre tanto, se trata de demostrar la relación de poder, es decir si IU decide de manera autónoma quién ocupa las consejerías, y pone y quita piezas a placer, o si es la presidenta de la Junta quien nombra a su equipo. Es lógico que Díaz defienda su estatus. En caso contrario saldría muy mal parada su figura y la propia institución, y se evidenciaría lo que muchos sospechan, que se trata de dos gobiernos en uno, que llegan a actuar de manera diferente y hasta encontrada.

En buena lógica, y al latinista dirigente de IU no le faltan conocimientos, sería bastante incongruente que participara de manera directa de las decisiones de las que está esforzándose tanto en tomar distancia.

Pero el tono de las declaraciones de los socios de Gobierno sube y ya roza la bravata. «Si hay cambio de Gobierno será porque Izquierda Unida lo diga», asegura Maíllo. Valderas le secunda. El vicepresidente y excoordinador aparece como el señalado para dejar su puesto en el Ejecutivo a su líder, quizá por cuestión de rango. Pues no, le replica la presidenta, que recuerda que es su ‘potestad’.

Maíllo, pues, se ha metido en un charco. Quizá sin querer, pero del alboroto no va a salir más que votos en fuga. Hacia Podemos, que inicia ahora su proceso constituyente andaluz, mientras el PP lanza la caña para pescar y se ofrece como el partido estable frente a lo que Juanma Moreno llama ‘el cóctel de los líos’. Los hechos parecen darle la razón.

El año del bolsillo

Asoma 2015 y toca augur. Estos días de tránsito entre un año y otro son no-tiempo, zona de descompresión. Por eso, a la vez que nos convertimos en una suerte de apóstoles de la Gran Fraternidad Universal, nos permitimos especular sobre el futuro inmediato como si consultáramos el hígado de una oca sagrada. Si siempre es difícil profetizar no digamos ahora, cuando tiemblan las cuadernas de nuestras instituciones.
Sólo una cosa es segura: será interesante. Aún podríamos añadir: incierto y apasionante. No es mucho aventurar, porque nos espera un año cargado de convocatorias electorales de las que puede surgir un nuevo mapa político, un año en el que veremos si en la convulsión de la sociedad gana la regeneración o el linchamiento, las pulsiones altruistas o las bajas pasiones justicieras. Un año, sobre todo, en el que será clave el bolsillo. Si hay dinero, si la economía evoluciona con solidez y comienza a notarse en las carteras de la gente, los demás problemas lo serán menos.
De Despeñaperros abajo el escenario es especialmente complejo. Todo lo que ocurra a nivel nacional influirá en un ‘teatro de operaciones’ donde los partidos del Gobierno libran su peculiar batalla entre sí e intentan a la vez blindarse frente al enemigo común, el omnipresente Podemos, mientras en el PP andaluz parecen tomarse su tiempo para avanzar posiciones.
Será, desde luego, el gran año de la presidenta de la Junta. La foto de Susana Díaz en el atril del Palacio de la Moncloa, el lunes pasado, tiene un mensaje subliminal evidente. La dirigente socialista, a la que algún gran empresario ha bautizado como “la Merkel roja”, es el cruce de caminos del futuro del PSOE y de la continuidad del Ejecutivo andaluz. Su figura se acrecienta según decrecen las expectativas de sus siglas, aunque los recelos que levanta también son cada vez más evidentes.
Lo más novedoso, con todo, es que la economía andaluza van a contar con casi cinco mil millones más por la bajada del precio del petróleo y la caída de los intereses de la deuda, como contaba ayer en estas mismas páginas Gaspar Llanes, secretario general de Economía. Aprovechar la ola debería ser la tarea fundamental. En fin, se trata de dinero.

Socios pero no amigos

Aunque canse, no es posible sustraerse a analizar hoy esta especie de ‘baile de los malditos’ que es el pacto de Gobierno andaluz. El acuerdo que IU adoptó este domingo ha alterado la ya de por sí precaria estabilidad del acuerdo, pero si se lee bien, no deja de ser un ultimátum muy calculado que amaga pero no da. Marejada a fuerte marejada, con áreas de mar gruesa, que es la historia de la vida de este singular matrimonio de conveniencia que mantuvo in extremis al PSOE en el poder, pese a perder las elecciones autonómicas. Amainará, pero no volverá la calma hasta que se doble el Cabo de Hornos de las municipales. En junio ya se verá. De algún modo, era el ‘timming’ previsible desde antes de la irrupción de Podemos en el panorama electoral. PSOE e IU van a competir en las urnas de cada municipio y han de diferenciar sus perfiles. Socios, pero no amigos. Cuanto más ahora que los de Pablo Iglesias comienzan a moverse en su espectro, con Teresa Rodríguez ya sobre el terreno, agitando a intelectuales, mareas y organizaciones sociales, para atraerlos a una causa que cada vez parece ofrecer más una zona de confort con posibles. Desde luego, en medios académicos ya está pasando. Un amigo escritor lleva la cuenta de los que se están ofreciendo al nuevo partido.
El PSOE viene observando con tolerancia las ‘veleidades’ de Maíllo y los suyos, ‘podemitis’ las llama, consciente de que los necesitará en el futuro para formar mayorías, pero ayer reaccionó de manera bastante airada a las conclusiones de la asamblea de IU. A estas alturas, incluso hay que dudar de si el enfado mostrado es verdadero o responde a un intento soterrado de fortalecer la disidencia para que la coalición aparezca ante sus bases con un plus de independencia y fortaleza. Es el mal menor para un socialismo que también tiene mucho que perder en el marco actual demoscópico. De hecho, nadie se siente realmente inquieto con la propuesta de la supercomisión de investigación de toda la corrupción andaluza. Viene a diluir los casos de la administración socialista al mezclarlos con las derivaciones de Gurtel o Bárcenas.
Con todo, Antonio Maíllo ha obtenido una victoria no fácil ante un sector que incluso pedía la ruptura del pacto, ve reforzado sus poderes y aparece como al adalid de las conquistas sociales pendientes. Sus más duros críticos no han llegado ni al 14%. No importa que para ello a la vez ha defendido la labor del Gobierno y le ha puesto fecha de caducidad, que destaque el valor de la estabilidad y la ponga en cuestión al minuto siguiente.
A partir de ahora habrá que ver si esta incertidumbre que se abre en la continuidad del pacto, sumada a los constantes rumores de elecciones anticipadas, perjudica a los andaluces y a la tímida recuperación económica. No parece el mejor escenario para suscitar confianza en los agentes económicos ahora que comienzan a verse perspectivas de esperanza.

La foto de portada

Se espera un día intenso como pocos. No sólo el sorteo de la Lotería declarará solemnemente inugurada la Navidad, también sabremos si la infanta Cristina se sentará en el banquillo y si el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña admite a trámite las querellas por el 9N.
En este cuadro de previsiones figura, en la casilla «Andalucía» la entrevista de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, con el jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, en la Moncloa. Una cita inusual, que por sí misma es noticia, pero que con la competición del día va a ser difícil que obtenga una relevancia acorde con este carácter excepcional. No entremos en resultados, que ese es otro cantar.
Cunde la especie de que Rajoy ha dado cita a Díaz en la jornada del Gordo precisamente porque todo el universo mediático estará ocupado por gente feliz descorchando botellas de champán. Quizá alguno de ustedes. Incluso yo misma. No hay que perder la esperanza, menos aún cuando es lo último que se pierde y ya todo lo demás se ha quedado por el camino.
Además de los otros temas del día, el Partido Popular y el Gobierno, por instrucción directa de la mismísima vice SSS,ha entrado en tromba a pinchar el globo del Plan Juncker, para terminar de desvirtuar el encuentro. De la cita de hoy en Moncloa no va a salir nada, vienen a decir, porque nada puede salir. Lo que Juncker ofrece es, hoy por hoy, un bluff. Una curiosa lucidez. Si miráramos con la misma frialdad la mayoría de planes que aprueban y ofrecen las administraciones tendríamos que cerrarles el kiosco.
En todo caso, la foto que será, ocupe o no honores de portada, tiene otra clave que para mí no es ajena a la rapidez con que Moncloa ha dado cita a la inquilina de San Telmo. El muy gallego Rajoy va a dar la bienvenida en su palacio a la dirigente socialista en el momento en que ésta roba plano a su secretario general, un Pedro Sánchez acosado por sus barones.
En fin, que la suerte nos acompañe. Con o sin Gordo.