Juan Ramón Jiménez sin prejuicios

Uno de los grandes lugares comunes de la historia de la literatura española dice que Juan Ramón Jiménez era un tipo histriónico, neurótico, insoportable, un ‘divo’ incluso. Este prejuicio lastró incluso el acceso a su obra, hasta que en los últimos años, en especial tras la publicación de ‘Lírica de una Atlántida’ se comienza a hacer justicia al Premio Nobel de Literatura español y su influencia se extiende sobre lectores y poetas, mientras que se suceden las publicaciones de sus numerosos inéditos y la investigación sobre su enorme legado.
En este contexto llega la película ‘La luz con el tiempo dentro’, un ‘biopic’, el primero, que narra la vida del poeta de Moguer y que pretende presentar su figura sin este lastre de prejuicios, sino con una mirada comprensiva y favorable.
La película, estrenada ayer en Sevilla y Huelva, llega este viernes a los cines con el principal atractivo de la presencia de Carlos Alvarez-Nóvoa, que interpreta al Juan Ramón anciano.
La película está dirigida por Antonio Gonzalo y en su elenco figuran también Marc Clotet, en el papel del joven Juan Ramón, Tamara Arias, como su esposa, Zenobia Camprubí, y Ana Fernández, como la madre del poeta, además de una colaboración especial de Alex O’Dogherty.
La cinta recorre, con constantes flash-backs, la trayectoria vital del poeta que apura sus días en Puerto Rico y recuerda, desde el dolor constante por la pérdida de Zenobia, su infancia, sus crisis de salud, sus amores, el infierno de la pulsión de escribir, “de estos siete años de sufrimiento surge el poeta que he llegado a ser”, dice ; su constante reescritura, su estabilidad al fin al lado de Zenobia.
Por ella pasan las figuras de su época: Antonio Machado, Sorolla, Azaña, o Rafael Alberti y María Teresa León, que bajan de un coche con milicianos en el Madrid de la guerra; Pau Casals o Federico García Lorca, que se le aparece, como en un delirio de vejez, en su casa de Puerto Rico. De algún modo supone la manera de ‘hacer las paces’ con la joven generación del 27, sobre la que JRJ se queja amargamente: “me acusan de vivir en una torre de marfil, pero aquí estoy, en debate con poetas de varias generaciones (y muestra una fotografía), les ayudé a publicar, atendí a todos”, se lamenta, “pero me ridiculizan y me insultan”, y cita a Alberti, a Dámaso Alonso, a Buñuel y Dalí. Justifica luego su alejamiento en que no quería reconocimientos. “Mi homenaje silencioso y solitario es el trabajo diario”, dice, “mi apartamiento es una soledad sonora, no aristocrática, sino que procede del hombre del pueblo que soy”.
Aparece un Juan Ramón fiel a la República, que sufre el saqueo de su casa y la destrucción de su obra por parte de un grupo de escritores falangistas, y solidario. Un escritor que recoge huérfanos en su casa de Madrid y que luego trabaja en Estados Unidos por recaudar fondos para enviar a España para socorrerlos, con la compañía constante de Zenobia en su largo y doloroso exilio
Rodada en escenarios que evocan Moguer, Madrid, Burdeos, Nueva York o San Juan, la cinta tiene como principal atractivo la interpretación de Alvarez-Novoa, especialmente soberbio cuando recita al poeta.
El guión aparece recargado de poesía, a veces en exceso manierista, como la estética, demasiado “Velvet”, es decir, artificiosa.
Con todo, resulta de agradecer el esfuerzo para acercar y divulgar la figura de uno de los más grandes poetas de las letras universales y de despojarla de ese injusto prejuicio personal.

Borgen en San Telmo

Tres encuestas, tres, vienen a coincidir en el diagnóstico, con matices mínimos. Proceden de institutos diferentes, las publican medios diversos. Arriesgan demasiado en la asignación de escaños, falta el recuerdo de voto, son foto-fija de un momento y ya en 2012 fallaron tanto y todo lo que ustedes quieran, pero ahí están. Las tres coinciden en que gana el PSOE, siempre con su peor resultado, hasta cuatro puntos por debajo del que obtuvo Griñán en 2012. Pero como todo en política es relativo, una corta victoria puede ser más que suficiente o convertirse en una gran derrota, como le pasó al PP. A este partido los sondeos le vapulean. Es cierto que Moreno o quien estuviera en su lugar tiene imposible repetir el resultado de Arenas, pero hay cifras y cifras, las que se anticipan pueden ser de las malas y se nota en la ansiedad con que Rajoy y los suyos ‘bajan’ de Despeñaperros.

Los nuevos partidos desafían una explicación lógica. ¿Cómo pueden colarse con tanta fuerza en el parlamento autonómico siglas que no tienen estructura en Andalucía, que carecen de programa o que esbozan propuestas que son bastante disparatadas? ¿Basta con el ‘prime time’, con las redes sociales, con el apoyo del Ibex? A Podemos le avala el resultado objetivo de las elecciones europeas, pero ¿y Ciudadanos? Asombra cómo ha aflorado esta opción como ‘tercera vía’ moderada de quienes rechazan a los partidos tradicionales, incluso aquí, donde los dos grandes bloques mantienen la distancia del tercero, que no logra, como en las encuestas nacionales, disputarles la primacía.

Queda la campaña. El PSOE confía en el tirón de Susana Díaz para rozar los 55 escaños. También en los restos de la Regla D’Hont. En todo caso, San Telmo, sede de la presidencia de la Junta, puede ser una versión de Borgen, palacio presidencial danés y título de la serie de esta nacionalidad que triunfa en la tele, y Díaz una Birgitte Nyborg en permanente equilibrio inestable. Al final, al menos en esto, se cumple el sueño de Félix Bayón: Andalucía, una Dinamarca con buganvillas.

La voluntad de estilo

Juanma Moreno se ha propuesto romper el perfil prototipo del dirigente del PP. Es curioso su razonamiento: acepta que su partido ‘cae mal’ a los andaluces, por lo que su intención es dar una imagen simpática y cercana. Sabe que el electorado se sitúa en un espectro de centro izquierda. Ahí quiere pescar, dando por hecho que su suelo de votos no se va a mover. De este modo, habla constantemente de diálogo, de moderación, de construir y apenas recurre al exabrupto o a la denuncia de la corrupción socialista. Saca sus ‘doberman’ cuando procede, sí, pero no suele apretar el gaznate del contrario con sus propias manos.

¿Es todo estrategia? Los suyos aseguran que responde a su manera de ser, que inaugura una época nueva, ‘post Arenas’, de quien Moreno no se reconoce ahijado.

Sin embargo, la gran duda es si está su partido preparado para aceptar este tipo de liderazgos. Recuerdo cuando aquella terrible historia de la mochila de Vallecas y demás, tras el 11-M: prohombres de la derecha andaluza sabían que era mentira pero creían que había que defender la patraña para erosionar el contrario y reprobaron con dureza a los periodistas de su espectro que no quisieron seguirla, porque conocían su falsedad.

Moreno cuestiona los moldes del liderazgo moderno, pues se supone que estamos huérfanos de talentos políticos y precisamos dirigentes aguerridos, pero sobre todo pone a prueba a su propio partido, que habrá de demostrar si está a la altura de lo que requieren los tiempos, justo ahora que también en Madrid soplan vientos internos de renovación que cuestionan el propio liderazgo de Rajoy, o si prefiere las antiguas recetas.

En estas que los rumores de la gestión interna del 23-M, el día siguiente de las elecciones autonómicas, hablen de posicionamientos ya para sustituirle, incluso atribuyen a esta intención la presencia de Arenas en el cuarto puesto de la lista de Almería, de modo que el histórico dirigente estaría en el Parlamento andaluz llegado el caso de un cambio de cabecera.

Moreno es joven, pero no es un recién llegado, pues ha echado sus dientes políticos en el partido. Si desde dentro se cuestiona la imagen del PP y de la gestión del Gobierno, la abrumadora compañía de Rajoy y los ministros en la campaña puede volvérsele en contra. Si quiere simbolizar la regeneración, el tiempo nuevo, el relevo generacional, tendrá también que desembarazarse de pasado, como han hecho otros. ¿Tendrá el partido detrás si lo hace?

La declaración de este domingo de Rajoy en el mitin de Sevilla sonaba a advertencia. Juanma Moreno «ha venido para quedarse», dijo. O sea, no le muevan la silla. Es un líder «valiente» y «brillante». Por si a alguien le caben dudas. El partido debe darle su «apoyo unánime». Aviso a navegantes.

Estamos, probablemente, ante la gran modernización de la derecha andaluza que, no se olvide, supone una considerable parte del electorado y del poder (fáctico, económico, municipal) de esta comunidad. Merece atención y no ninguneo. A ver cómo le sale.

Algo que sea sólido

Una mañana en la planta segunda de un hospital andaluz, entre la secretaría de la Unidad del Dolor y la puerta de los quirófanos, con vistas al pasillo de la UCI, donde reviven terribles fantasmas, justo frente a la silla donde un día temblaba esperando un diagnóstico, da una cruda perspectiva de la realidad. Es la vida pura y dura la que pasa pero que, acostumbrados a estar en otra cosa, no vemos transcurrir. Como el tonto al que un dedo señala la luna y mira el dedo.
De esto va esto: de discernir qué es lo importante y en lo que merece la pena emplearse a fondo. De relativizar, en consecuencia, pequeñas angustias que parecen insoportables, molestas vanidades disfrazadas de agravios, de detener la sensación de catástrofe que aún no ha ocurrido.
Pero vivimos de espaldas a todo ello. No me ha extrañado que la genial, ambiciosa y original película ‘Boyhood’ se haya ido casi de vacío de los Oscars de ayer. No estamos preparados para mirar a los ojos al tiempo, al paso de la vida. Necesitamos efectos especiales, retorcidas tramas, artificiosos personajes, previsibles guiones, imposibles finales felices.
Tampoco nos atrevemos con la muerte. El extraordinario impacto del artículo-testamento de Oliver Sacks, el científico que ha confesado sufrir un cáncer terminal, demuestra hasta qué punto es insólito plantear en público un proceso vital que, nos pongamos como nos pongamos, es el que nos espera a todos.
Estos días, después de una temporada de seguir casi en exclusividad información de campaña electoral, he sentido una necesidad brutal de pensamiento y de poesía. No se puede estar mucho tiempo en este alambre de la opinión política sin sentir el vacío enorme de los discursos y, por consiguiente, hambre atrasada de algo que sea sólido, que alimente.
En medio irrumpe el discurso de Ángel Gabilondo como para redondear lo que quiero decir. Métodos de elección y maniobras partidarias aparte, es todo un ejemplo de cómo deberían ser las cosas. Un gesto “aparentemente insensato”, dice, “contra la resignación”, de alguien que no necesita la política para vivir. Siempre me ha interesado la idea del rey-filósofo y aquí aparece una actitud recta y comprometida que ni sus adversarios podrán dejar de reconocer, muy diferente de esos universitarios politólogos que, desde Podemos, quieren asaltar el poder camuflado como “los cielos”.
Para mí que no hay otra que honestidad e ideas para reconstruir la convivencia y salvar la enorme distancia entre la política y la gente. Asombra la percepción sobre la situación general, mala o muy mala para el 84,4% de los andaluces, mientras que el 51,3% cree ser razonablemente feliz y hasta un 7,9% se considera muy feliz.
La única duda es si está el patio para pensamientos profundos, para ideas limpias, para intereses confesables, si la política incluso, viciada en aparatichk, será capaz de digerirlo.
Frente al dramático “no nos quedan más comienzos” con que Steiner analiza la evolución de la historia en sus ‘Gramáticas de la creación’, hay que oponer alguna esperanza.

Marruecos sin condescendencia

En el fragor de la campaña, el encuentro empresarial entre Andalucía y Marruecos, recién celebrado en Sevilla, no debe pasar como mera propaganda subliminal o foto institucional. Hay algo más profundo y sólido que los mítines, las promesas, el agrio intercambio de mandobles, el manejo de los resortes del miedo del votante. Algo que seguirá estando aquí cuando todo pase y que se refiere a la vida, a seguir adelante, a crecer y a comer. Es decir, a lo importante. Sin duda, la convocatoria de elecciones afecta a la dinámica económica. La Universidad Loyola ha calculado que supondrá una pérdida de dos décimas de PIB en la comunidad, y eso si no contamos con que después vienen las municipales, a la vuelta de verano las generales y que quizá el año entero se vaya en blanco por lo que se refiere al tirón que las administraciones deben ejercer sobre la economía. Si no pasa así será verdad lo que contaba mi suegro: la primera huelga de médicos que hubo en la provincia de Cádiz fue en Jerez, duró diez días y durante ellos no se murió nadie.
Pues hablaba del encuentro empresarial con Marruecos que ha organizado Extenda. Aparte de la ya un poco legendaria y mayestática historia del encuentro sorpresa entre Susana Díaz y el rey Mohamed VI, para Andalucía los vecinos del sur son más indispensables que nunca. Por razones económicas y laborales, ya que hay cada vez más andaluces trabajando al otro lado del Estrecho y empresas allí asentadas, como por cuestiones geopolíticas y de seguridad. Marruecos se ha convertido en el país más estratégico de la zona, tanto para contener el yihadismo que sube de Africa como para detener el avance de la inestabilidad en el Magreb. Andalucía, enfrente, es la plataforma militar que Occidente necesita para vigilar las ‘fronteras avanzadas’. Véase el uso ampliado de Morón por EEUU.
Es importante rentabilizarlo. Y hacerlo sin condescendencia, no como hasta ahora, porque hay capital marroquí ya interesado en invertir aquí, como hay muchos agentes en liza por coger sitio en el mercado del vecino país, que tiene libre tratado con EEUU y la UE y donde China ya es el cuarto proveedor, por delante de los yankis.

Las malas compañías

Los partidos mayoritarios hacen fintas con el asunto de los acompañantes, o no, en sus actos políticos. Es el lance de florete, el tema de debate de cada fin de semana, en esta escalada de tensión electoral que amenaza con achicharrarnos a todos, cuando aún falta lo más duro hasta el 22-M. Creo que exactamente 33 hojas de calendario, según la cuenta atrás de Juanma Moreno, que en cada comparecencia, como un rociero, proclama los días que le quedan para ser presidente de la Junta.
La fecha, en todo caso, aparece cada vez más abierta e incierta, campo de pruebas (o de minas) de futuros comicios y de grandes y pequeños partidos, por mucho que el Estudio General de Opinión Pública de Andalucía (Egopa) haya marcado una distancia amplia para la candidatura socialista, aunque insuficiente para gobernar en solitario. Los demás lo dudan.
Pues resulta que, como si fuera una suerte de “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, PP y PSOE se lanzan a discutir si el otro no tiene quien le quiera o si es que lo que necesita es amor.
Los populares presumen de traer en su apoyo a las primeras figuras de su partido. Rajoy ha venido –“bajado”, dicen en Madrid- cada sábado desde que se convocaron las elecciones y se anuncia una cadena de visitas sucesivas de ministros y altos cargos. El PSOE interpreta que de lo que se trata es de una operación “salvar al soldado Moreno”, en palabras de Susana Díaz, porque su candidato es tan débil que por sí solo no alcanza a ser escuchado. Quien ejerce la oposición en Andalucía es Rajoy, dice la presidenta de la Junta y aspirante socialista, que hace lo posible por no mencionar al rival para no darle consistencia, una táctica que quizá haya aprendido del propio presidente del Gobierno.
El Partido Popular acusa el golpe y replica con otro: Díaz no tiene quien le apoye y ni invita a Pedro Sánchez, su secretario general, en parte porque aspira a quitarle el puesto, ya que insisten en suponer que quiere “dar el salto”, en parte porque se llevan mal y en parte porque la socialista no quiere que le salpique el lío que su jefe de filas tiene montado con la Federación Socialista de Madrid, sobre el cual nadie consigue moverla de la posición de perfil en la que se ha instalado. Y porque Sánchez no suma, sino resta, a la impresión de victoria que el PSOE andaluz quiere transmitir.
Me admira la exhibición de mala leche que hacen nuestros candidatos. Sacan colmillos afilados sin pudor, muerden fuerte y no sueltan la presa.
Tan cierto es que Díaz no necesita a nadie para apoyar sus mitines, porque su partido está tan débil como ella fuerte, como lo es que Moreno precisa hacer ver que tiene todo su poderoso partido detrás. Sin embargo, por lo que dirán, Sánchez terminará por venir y Rajoy rebaja el tono de su discurso y evitar dar argumentos a la presidenta de la Junta. Touchés, los dos.

Discursos y programas

El  líder de la oposición, acosado por el declive de sus siglas, desaparece. El partido recurre a su gemelo, un filósofo, enfermo bipolar, recién salido de un frenopático. Este remonta las malas expectativas a base de cambiar el paso del discurso, de decir otras cosas, desde su formación como pensador. En un momento dado incluso levanta a las masas declamando a Bertold Brecht. Es el argumento de “Viva la libertad”, una película italiana que además de ofrecer la posibilidad de disfrutar por duplicado del gran Toni Servillo, da que pensar acerca de los políticos y sus estrategias. El  Gran Monotema del momento.
En esta larguísima precampaña andaluza el análisis del discurso da mucho juego. No esperamos que ningún auditorio se levante entusiasmado a aplaudir un poema, posiblemente porque a ningún líder se le ocurra meterlo en sus parlamentos. Con todo, se agradece que al menos sus ‘gurus’ no hayan descendido a esas retahílas que adornan las tribunas madrileñas, (el “tic-tac, tic-tac” de Pablo Iglesias, el aún más terrible “pim-pam propuesta” del aspirante socialista a alcalde) que parecen sacadas del ‘Un dos tres’. Remedos del “abarrotá” del Dúo Sacapuntas, del “yo sigo”, de Joe Rígoli, de La Bombi y otros esperpentos.

Un discurso puede ser importante. Véase el patinazo de Albert Rivera ofreciendo enseñar a los andaluces a pescar. Otra cosa son las ideas.  Hasta ahora creíamos que teníamos derecho a esperar propuestas, argumentadas, contrastadas, incluso con memoria económica, como se llegó a prometer durante algún  momento de la legislatura pasada. Cuando no había que cumplir, incluso se planteó renunciar a los grandes actos, ante las sospechas por la oscura financiación de los partidos. Vamos camino de superar todos los récords de fletes de autobuses.

Lamentablemente, ya no está tan claro es que las ideas sean imprescindibles. Cien mil  euros para Podemos en un día sin conocer ni una sola de sus iniciativas para actuar en Andalucía parece demostrarlo

Peligro de efecto boomerang

Según van las curvas de las encuestas, no parece desacertado pensar que el PSOE se va a convertir por la vía de los hechos en el “partido socialista andaluz”, algo así como un hecho singular, hasta diferencial de Despeñaperros para abajo.
Cunde la especie en los ambientes madrileños de que el histórico partido que fundara Pablo Iglesias (el viejo, el tipógrafo) se va a quedar casi reducido al fortín andaluz y prácticamente desaparecido en el resto de las comunidades autónomas, tanto en las que se votarán en mayo como en las demás, en vistas del mal pronóstico de los socialistas catalanes, que se refundan ahora de nuevo, o los vascos post-Patxi López, que parecen caer a la cuarta posición en su demarcación. Hasta el punto que algún prestigioso cronista ha hablado de ‘CiU andaluz’ para referirse al partido que ahora lidera Susana Díaz. No es sólo un ingenioso hallazgo, sino toda una carga de profundidad.
Es cierto que los socialistas andaluces, desde los tiempos de Felipe González, siempre han tenido un gran peso en el socialismo y en la política españolas. Pero parece que eso ya se acabó. Ahora, en este clima de nerviosismo y de descomposición, de pollo sin cabeza que parece ser el PSOE federal, no se ve bien ese ascendiente de Sevilla y se argumenta que un partido como el PSOE-A no puede ser representativo de todo el socialismo de todo el país.

No es solo una cuestión demoscópica. En estos comentarios acerca de la territorialidad del voto PSOE hay un fuerte componente de desprecio hacia lo andaluz, tan frecuente por otra parte en los cenáculos de la corte, que se extrapolan a buena parte del país, esa constante línea de pensamiento que infravalora a Andalucía desde tiempos arcanos y que no ha desaparecido.
Se olvida que andaluces al frente del gobierno nacional ha habido muchos, desde la primera República, Salmerón, Castelar, la Restauración, Cánovas, luego el dictador Primo de Rivera, hasta nuestros días. Hay quien se ha dedicado a estudiarlo.

En el PSOE federal y en ámbitos cercanos se recela ahora más que nunca de los socialistas andaluces y de los movimientos desde el sur. Esto podría constituir un obstáculo para Susana Díaz en el supuesto de que decida ese tan pronosticado “salto” – ni que fuera el de la reja rociera- a Madrid.
Tiene toda la pinta que en la espesa trama de intereses de poder el prejuicio, el tópico, sigue jugando y se utiliza en contra de la imagen de la comunidad. Un triste efecto secundario y una muestra de que siempre pierden los mismos.
De modo que Susana Díaz y los suyos, que tanto controlan los movimientos cortesanos matritenses, habrán de calcular bien sus pasos y las repercusiones de sus resultados. En el caso de que sean tan buenos como ellos esperan, que no está nada claro que sea así, se les pueden volver en contra, como un boomerang.

Madera de héroe

FullSizeRenderEl trabajo supone la mitad de nuestras vidas, al menos y con suerte. Sin embargo, no son muchas las obras que se ocupan de recrear esa espesa red de relaciones de poder, de intereses, de afectos y desafectos, de apoyos y traiciones que constituye uno de los principales ámbitos en que hemos de vivaquear y sobrevivir, a veces en condiciones extremas. Esas son las que plantea Reyes García-Doncel en ‘No soporto tu luz’, la novela que acaba de editar Ediciones en Huida y que resulta una más que recomendable incursión en el mundo laboral en general y del ‘mobbing’ en particular.
Uso el barbarismo adrede, porque suena muy apropiado para definir, por fonética, lo que significa, acoso laboral, una práctica más frecuente de lo que parece y ante la que merece la pena reflexionar.
Reyes García-Doncel lo hace con claridad, valentía y conocimiento: a través de la historia de Diego, profesor de instituto, de Rosalía, la prepotente directora, de Gonzalo, un padre de familia y ambicioso hombre de negocios, de su hijo, de los compañeros del centro, describe cómo el acoso puede destruir a una persona y cómo se comporta el entorno cuando se produce; las repercusiones incluso en otras derivaciones del mismo problema social, el ‘buyllign’ o acoso escolar; como hacerle frente es una tarea titánica y requiere madera de héroe.
En fin la novela trata de la integridad personal, de cómo cada cual hace sus elecciones para situarse a uno u otro lado de la barrera de la ética.

Pero lo mejor es la intención ‘sanadora’ que la autora confiesa. La novela viene a plantear una incursión en la experiencia propia para hacer las paces con el dolor sufrido y dejarlo atrás, para seguir adelante, sin lastres. Sólo por eso su lectura vale la pena. Porque es bien cierto que los libros te leen.
Desde el punto de vista técnico, ‘No soporto tu luz’ está escrita con agilidad, con muchos diálogos, descripciones cortas y precisas, pero no es una novela que descienda a la facilidad, que se acoja a tópicos o salidas obvias, sino que asume riesgos. La trama se hace compleja, se subdivide, se intrinca, y aún osa su autora añadir otra voz, en segunda persona, que recorre de forma misteriosa toda la novela, hasta el desenlace, pero logra llevar la lectura a su paso, cada vez más apasionada, apasionante.
Hay también humor y cercanía, experiencias con las que cualquiera puede empatizar, como las tutorías escolares, los padres-arquetipo, defensores de sus retoños e incapaces de ver sus fallos, y un cierto fatuum kafkiano en la incursión por los vericuetos administrativos.
Presentamos la novela el viernes en Las Libreras. Fue un acto de verdad grato en el que conseguimos ese objetivo que parece siempre inalcanzable de establecer una gran conversación, y muy interesante y documentada, con los asistentes.
Yo, lo dije, iba a presentar la novela de una amiga, pero me encontré presentando la obra de una gran escritora. Una obra potente, bien trabada, mejor resuelta, con la que además la lectura cumple su promesa de instruir divirtiendo.
Reyes García-Doncel, que tiene ya publicada otra novela, ‘Sin noticias de acuario’ (Ed. Paréntesis), es un nombre a tener en cuenta a futuro.

Efectos de la piedra en el estanque

Un alto cargo andaluz de Izquierda Unida admitía en una conversación privada, tras la ‘voladura descontrolada’ de IU-Madrid por la marcha de Tania Sánchez, que probablemente Susana Díaz sabía lo que se avecinaba en su formación, incluso mejor que ellos mismos. Desde luego que la presidenta andaluza no perdió comba y en uno de los mítines de la semana dijo algo así como «ya véis que yo tenía razón» al convocar las elecciones. No parecía un farol, aunque sea solo por esta vez:?ya antes de que se decidiera anticipar los comicios autonómicos otro dirigente del PSOE me decía de manera críptica «IU está muy mal», aunque yo pensé que se refería solo a la supuesta ‘podemitis’ de los entonces socios y las constantes polémicas internas por esto y aquello.
La coalición de izquierdas en Andalucía puede presumir de haber cumplido su renovación a tiempo y de resolver los asuntos mejor que sus mayores, por lo menos de momento. Pero está por ver si no le alcanza el oleaje levantado por la pedrada en el estanque lanzada por la controvertida política de Rivas-Vaciamadrid.
No es sólo una cuestión partidaria: la fuerza que consiga retener IU será fundamental para el futuro escenario andaluz, es obvio. El galimatías en su segmento ideológico puede dar en un suicidio colectivo de la izquierda, pero también llegaría a jugar a su favor:?en el conglomerado de ‘Ganemos’ en Sevilla, por lo que sé, IU se mantiene con una posición discreta y con su sigla, y la marcha de los ‘podemos’ que inicialmente figuraron en las asambleas ha mejorado y depurado el elenco de candidatos.
A su joven dirigente, Alberto Garzón, templado por Antonio Maíllo, le toca mantener un delicado equilibrio: defender su sigla después de haber buscado la convergencia con Podemos, diferenciar las propuestas y, en clave andaluza, poner en valor su acción de gobierno, que sin duda le ha aportado un barniz de credibilidad como opción de poder, frente a la tentación de pasarse al terreno, ya ocupado, de la ‘otra política’.