Una visita incómoda

Los viajes ‘a provincias’ de los ministros del Gobierno central forman parte del paisaje. Se producen con una secuencia variable: más frecuentes cuanto más se acercan las elecciones. A veces son reclamados por los prebostes locales para reforzar sus figuras y sus políticas. Incluso en ocasiones han sido sorprendidos inaugurando dos veces la misma actuación y hasta se han visto malabarismos con las agendas para evitar que los rivales tengan oportunidad de salir en la foto. Pero hasta ahora yo no tenía noticias de que una visita ministerial haya producido incomodidad, enfado, y hasta hilaridad, en los prohombres de la tierra. Fue este miércoles, con ocasión del viaje de Ana Pastor, titular de Fomento en funciones, amiga íntima de Rajoy, miembro destacado del llamado G-8, el grupo de ministros más afines al presidente, uno de los nombres que se han barajado en las quinielas de sucesores del impertérrito Rajoy. Pues a la ministra en funciones se le ocurrió venir a «supervisar las obras de la Línea de Alta Velocidad Antequera-Granada, con una visita a la estación de Granada y los accesos de alta velocidad a la capital granadina, así como la nueva estación de Antequera (Málaga)», según la comunicación oficial, y se fue sin concretar nada, ni fechas para el AVE del Darro, ni para el tren de cercanías del parque tecnológico malagueño, sin siquiera, para gran enfado del alcalde granadino, comprometer el soterramiento de las vías. Las crónicas del día son reveladoras. Sí habló de lo que menos debía, de sobrecostes, algo que resultó especialmente imprudente en estos momentos, con la que está cayendo. Las caras de circunstancias de los políticos acompañantes en algunos casos son reveladoras.

Es llamativo que una persona precedida de fama de eficacia y capacidad cometa un error de este tipo. ¿Para qué vino? se preguntan sus compañeros andaluces ¿Quería hacer ver que el Gobierno sí tiene agenda? ¿tapar la clamorosa inacción de su jefe? ¿quería vender su propia imagen para esa posible sucesión?

Pero más significativo aún es que el malestar en las filas del PP-A haya trascendido. Revela, por una parte, mal rollo entre provincias, porque se dice que Pastor no se ha atrevido a ir a Almería, ya que cunde la especie de que retiró el presupuesto del AVE a esta capital y lo desvió a su Galicia natal. Pero sobre todo transparenta la desazón entre las filas del partido. Es innegable que el malestar hacia Rajoy por ‘declinar’ la oferta del Rey y dejar toda la iniciativa a Pedro Sánchez baja Despeñaperros. Hay puestos de trabajo en juego, pero también nerviosismo por lo que pueda pasar. La salida del presidente es una ventana de oportunidad para muchos y una amenaza para otros. Todos se resitúan y miran de reojo. Vendrá el congreso nacional y la cadena de congresos regionales y provinciales. Hasta puede que las críticas a Pastor formen parte de este juego. Andalucía estaría por apoyar a Soraya. Quizá la ministra de Fomento es más amenaza de lo que ella misma pueda creer.

Macromachismos

Una mujer maltratada y enviada a prisión por no obligar a su hija a cumplir los turnos de visita con su padre. Una concentración ‘ultramachista’ convocada en Granada. El juicio en Francia a una esposa que mató a su marido tras décadas de sufrir sus agresiones, por el que hemos sabido que el número de feminicidios galos es superior al de España. La sucesión de mujeres muertas, que cae a plomo sobre la actualidad, ya casi como el pronóstico del tiempo, las agredidas, los hijos asesinados, heridos, acosados… La violencia de género está instalada en la realidad cotidiana con una contumacia que en vez de movilizar parece que desactiva el rechazo. De hecho, jamás figura entre las preocupaciones de los ciudadanos en las encuestas. Por eso puede resultar que hasta escribir sobre ello, y no digamos leerlo, sea un brindis al sol, un agujero negro en la percepción de las noticias.

Todo lo que forma parte del paisaje resulta difícil de distinguir, de percibir como algo único, individualizado. Hemos conseguido arrancar la violencia contra las mujeres de la costumbre social, del ámbito privado, pero aún no darle la dimensión justa. ¿Cuánto hemos tardado en detectar que si las mujeres son víctimas no menos lo son los hijos? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que la legislación se adapte a esta constatación? La resistencia forma parte del problema: las leyes, el pensamiento que las inspira, están dictadas por los hombres y responden a su concepción del mundo. Como los protocolos médicos de los infartos, que estaban adaptados a los síntomas que sufren los pacientes masculinos, pero no a los de las mujeres, que son diferentes, por lo que muchos no fueron detectados a tiempo y se cobraron vidas.

Así vamos. Pequeños pasos, que cuesta mucho dar, y una reacción cada vez más desvergonzada, como demuestra la concentración convocada en Granada junto con otras 165 ciudades del mundo, y que aunque haya sido prohibida revela cómo está el nivel. Solo tiene un detalle: es la evidencia de que los hombres son interpelados. Aunque los convocantes lo hayan traducido en un sentido erróneo, agresivo, violento, está claro que el asunto de la violencia de género es un problema de los hombres, no de las mujeres, porque si ellos no la causaran no existiría, qué obviedad. Es crucial saber qué pasa al otro lado, por qué los agresores llegan hasta el suicidio, el límite máximo, y hasta cómo ayudarles a encajar en un mundo que ya no se rige por los patrones ancestrales.

¿Qué quiere Susana Díaz?

Socialistas avezados, analistas con experiencia, curtidos en lo que hoy se llama ‘luces largas’, se preguntan con estupor qué quiere Susana Díaz, por qué actuó como lo hizo tras el 20D y por qué mantiene esa tenaz pugna con su secretario general. También lo inquieren otros, pero es llamativo el interrogante entre los suyos, acostumbrados a navegar por las procelosas aguas orgánicas. Porque la mayor, es decir, el famoso ‘AVE a Madrid’ al modo del Gran Visir Iznogoud («quiero ser califa en lugar del califa») parece ahora mismo poco probable. ¿Se va a arriesgar la baronesa andaluza a perder sus poderes, el gobierno de un territorio con más de ocho millones de habitantes y un presupuesto superior a los 31 mil millones de euros? Al principio la opción pudo ser compatibilizar la presidencia de la Junta con la secretaría general del PSOE, pero ahora parece inevitable que el salto incorpore la candidatura en unas generales y eso contiene un nuevo escenario: el sillón de San Telmo a cambio de un escaño en la Carrera de San Jerónimo que hasta podría caer cerca del gallinero, si la distribución artera del hemiciclo actual se mantuviera, y a la tercera fuerza-en la que tranquilamente podría convertirse el PSOE-, se la relegara del tiro de cámara. O, por no ser tan dramáticos, ocupar el puesto de Pedro Sánchez con un peligro más: si sacara un solo voto menos que éste el 20D, su estrella se podría dar por eclipsada.

Igual Susana Díaz esperaba que en la noche electoral su secretario general reconociera la derrota y hasta dimitiera. El recuerdo a Rubalcaba tras las europeas ha sido verbalizado por los suyos y parece trasparentarse en esta frase ante el federal: «el 20D el PSOE no hizo historia, sacó el peor resultado de la historia».

«Ella maneja sus tiempos» dicen de su entorno con fe. La sospecha de un posible pacto secreto que tuviera ya Sánchez con Podemos e independentistas, la baza asamblearia que éste ha sacado de la manga y que rechaza ‘la cultura del partido’ justifican ahora el pulso. Seguiremos informando.

La flaca memoria

Al fondo del pasillo principal de la exposición ‘Agustín Parejo School’ un vídeo relata unas manifestaciones por el derecho a la vivienda, en la Málaga de los años 80-90. Fueron transformadas en una acción artística por el colectivo, que acudía cada semana a la protesta y revestía la reivindicación y la reforzaba. Todo tiene un aire muy Ada Colau, digamos, en los tonos desvaídos del material de la época. Pocos metros antes una vitrina recoge un proyecto musical, que hoy llamaríamos pirata, en cintas de cassete, en el que participaba el actual miembro de la Mesa del Congreso por Podemos Marcos Expósito. Todo el recorrido de la muestra que ha organizado el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en Sevila, habla de una contestación política desde el arte – pintadas, performances, octavillas- que remite a una sociedad convulsionada, incluso en una pequeña ciudad de provincias, que reacciona a una época «dominada sociológicamente por las filosofías del triunfo personal y el sálvese quien pueda», decía en 1989 el crítico Esteban Pujals Gesali, y que es contada de manera esencial por un grupo de muchachos inquietos e irreverentes, que ni creía en los papas de las iglesias ni en los de la militancia política, que buscaba aprehender el ahora, que renegaba del sacrificio, según explicaba ayer el artista Rogelio López Cuenca, miembro del grupo, y que satirizó, con humor eso sí, su tiempo.

Hace 30 años de aquello. Parece que ahora nadie conservara la memoria, que todo sucede por primera vez, que no hubo antes quien protestara, cuestionara, rechazara las formas del mundo anterior, mientras que el presente se ve sacudido por terremotos únicos y de proporciones incalculables.

Esa tentación del adanismo se advierte por todas partes. Entre quienes azuzan el miedo a los nuevos partidos, plataformas, mareas, que parece que no recuerdan que venimos de tiempos peores, no hay más que atender estos días a los reportajes de aniversario de la matanza de Atocha, y que se esfuerzan por extender el miedo a un supuesto desorden que hará crujir las cuadernas de nuestro confort. Pero también entre los nuevos, que piensan que estrenan el mundo, que ponen las calles con sus propias manos, que su rechazo es primigenio y que se creen en disposición de expedir certificados de pureza. Son los que se autoproclaman «la gente normal» como si los que no comulgan con ellos fueran marcianos.

La verdad es que llevo días oyendo en mi cabeza la voz de Marcos Mundstock relatando las aventuras del Adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras, que tras recorrer toda América y sufrir un sinfín de frustraciones fundó Caracas ¡que ya estaba fundada! Caracas, en el centro mismo de Caracas.

Bajo el foco

Lo más probable es que quién sabe. Ruego que un rayo caiga sobre las hemerotecas, porque todo lo que cualquiera pueda decir sobre la situación política queda superado por los acontecimientos. Los líderes, a quienes hacemos el honor de suponer que saben lo que hacen, no pueden más que improvisar, tocar de oído, porque ignoran qué será lo próximo. Tienen un reportaje ahora mismo los ‘laboratorios de ideas’, las ‘mesas camillas’, o los finamente llamados ‘things tanks’: deben estar pariendo ‘misters Hyde’ a toda pastilla. Mensajes contradictorios sin pudor, artefactos insólitos, como eso de Rajoy de renunciar a la investidura y luego decir que no lo hace. Como pelear a cara de perro para que haya un comité federal y luego no saber qué hacer con él, dadas las circunstancias.

Y en medio de todo, la presidenta andaluza. Hable o no hable, todo lo que dice Susana Díaz se interpreta en clave sucesión, en clave nacional. Quiere quitarse del foco, pero el foco no quiere quitarse de ella y cada discurso se lee como un mensaje, dirigido a Pedro Sánchez, en primer lugar, y al mundo en general después.

Quizá esto sea demasiado simplista, pero es así. El viernes en la presentación del Plan de Internacionalización, el martes en Atlantic Cooper, hoy cuando vaya a Acerinox, solo contará qué matiz nuevo incorpora Díaz a su discurso político.

También hoy se conocerá el plan de viabilidad de Abengoa, que pegará un bocado importante al mejor empleo de Andalucía, seguro; y está a punto de salir la EPA, que por mucho que se quiera interpretar, incluso aunque mejore, es un baño de realidad.

La realidad es tozuda, el dinosaurio no se mueve y la política no se debe despistar de su principal función, que es ser útil para la gente.

De modo que todo cambia, pero algo permanece. El paro, la pobreza, la desigualdad no son banderas electorales. Estaría bien que cundiera más ese eslogan ‘Andalucía, tierra de oportunidades’ para el dinero y se visibilicen las experiencias de éxito, las esperanzas de futuro.

Si Pedro gobierna

Pues ahora resulta que Pedro Sánchez puede llegar a formar Gobierno y eso que el PSOE andaluz repetía que era ‘imposible’ incluso por razones aritméticas. Ahora, a la hora que escribo, no me hago responsable más allá, parece que el PP espera que los ‘barones’ socialistas le hagan el trabajo de cargarse la que constituye su principal amenaza para revalidar mandato en la Moncloa. Susana Díaz, amparada en los acuerdos del comité federal, no puede ocultar su reticencia.

La tenacidad y el arrojo, incluso el ego, del ‘guapo’ Pedro Sánchez sorprenden frente a la difundida imagen de que el nuevo secretario general tenía «que creérselo», que le faltaba peso y decisión. Al amor de la lumbre de la posibilidad de tocar poder incluso hay quien elogia la capacidad política de César Luena, el secretario de organización, que, hasta ahora, no ha brillado precisamente por sus luces.

Las cuentas ya las hizo el secretario general la misma noche del 20D. Vio que le salían, por la debacle del PP, y de ahí que compareciera tan optimista, rodeado de los suyos y entre gritos de ‘presidente, presidente’.

Andalucía seguro que también sumó aquella madrugada. Pero el desencuentro se hizo evidente enseguida. Más allá de la ‘línea roja’ de no pactar con independentistas, a los socialistas del sur le salen sarpullidos de pensar en el acuerdo con Podemos. Bien lo sabe Teresa Rodríguez que con habilidad se ha apresurado a poner el dedo en la llaga susanista. No es tan ‘naïf’ la lideresa podemita. Aprende rápido. Mientras Pablo Iglesias, con quien se entiende mejor Susana Díaz, pone por delante el ‘derecho a decidir’, la ‘crítica’ Rodríguez da prioridad a la agenda social para acordar con el PSOE y así se resitúa frente a su líder, con quien mantiene distancias desde antiguo, de camino que mete un gol a su gran rival en el Parlamento andaluz. En cualquier caso, quienes tocan las palmas con las orejas son los diputados del PSOE andaluz, no sólo porque teman perder el escaño casi sin estrenarlo, sino por zanjar la posibilidad de verse atrapados en la guerra cruzada entre Ferraz y Sevilla.

Pero si Pedro Sánchez arma un gobierno los efectos se notarán también al sur de Despeñaperros en las filas del PP-A, donde el ruido interno contra Mariano Rajoy ha sido confirmado por unas declaraciones de su secretaria general, en defensa de su máximo jefe, al pedir a quienes le critican que den la cara. Juanma Moreno no hace una declaración que no sea en auxilio de las posibilidades del presidente, por mucho que censure la clave nacional de Susana Díaz. Otros se mueven y activan los perfiles en Linkedin, porque se ven en la calle por primera vez en su vida. Es el caso de un histórico, Antonio Sanz, delegado del Gobierno, que no tiene escaño y que se desgañita por hacerse ver. Ayer mismo celebró los 192 años de la Policía Nacional, una cifra bastante singular. ¿Un puesto como senador de designación autonómica? Va a ser difícil porque tienen dueños: Arenas y Moreno Bonilla.

El riesgo sistémico de Abengoa

Economía ha cuantificado el peso de Abengoa en el conjunto de la riqueza andaluza y las cifras son apabullantes. La compañía industrial y tecnológica con sede social en Sevilla y proyectos por todo el mundo supone el 2% del PIB regional y quince mil puestos de trabajo, por lo que su desaparición restaría otro tanto a los indicadores de la comunidad, que no está precisamente para retroceder en ninguno de los dos capítulos. Por supuesto no en empleo, donde se tardará mucho en dejar de arrostrar el sonrojo de ser la región con más paro de Europa, pero tampoco en crecimiento, un capítulo en el que parecía que se albergaba la esperanza de una subida mayor que la del conjunto de España, y hasta de la zona euro, que podía devolver la luz a los ojos de las hojas de Excel. El esfuerzo exportador, el crecimiento del turismo, el tímido renacer de la construcción, quedarían neutralizados por la debacle de la empresa fundada por Benjumea, a la que se llega a considerar “sistémica”.
Pero con ser rotundas estas dos cifras, aún lo es más lo intangible que suponen. Se trata de empleo de alta calidad, que se llama, trabajo cualificado, del que no es deslocalizarle, sino al contrario, exportable; conocimiento de primera, para el que las universidades forman a nuestros hijos, para el que se destinan los grandes capítulos de los presupuestos públicos, el dinero y el esfuerzo de las famlias; el ejemplo casi único, o el más acrisolado, del modelo económico hacia el que hay que ir. La joya de la corona.
¿Cómo se valora ese conocimiento? ¿Y cómo se cuantifica esa pérdida? ¿Cuánto va a costar al conjunto de la comunidad la destrucción de ese tejido de proveedores y empresas auxiliares con sus correspondientes empleos? Un destacado dirigente sindical me señalaba hace días esta cuestión, el daño incontable que debe añadirse a las cifras objetivas. Razones de peso más que suficientes como para convertir la supervivencia de Abengoa en una cuestión prioritaria, si no la primera, de la actualidad andaluza. Y no esas otras en las que andamos enredados, sin ánimo de señalar.

Rajoy enfada al PP-A

La función de constitución del Congreso de esta XI Legislatura ha tenido mucho de drama, un punto entre comedia y tragedia, en los dos extremos del arco parlamentario. La parte del show, del tipo ‘varietés’, la protagoniza Carolina Bescansa, la socióloga de cabecera de Podemos, que exhibe a su bebé, pero esconde a la tata del niño, con la que va a todas partes aunque no la saque en las fotos. Le ha dado juego, pero se le ve el ‘atrezzo’. Y resulta bastante indignante para quienes luchan por la conciliar trabajo y familia desde tajos mucho más duros. Si no lo digo reviento.

La parte ‘hard’ está del lado del PP y tiene también nombre de mujer: Celia Villalobos. La designación de ésta como vicepresidenta primera de la Cámara, o sea número dos del Parlamento, ha sentado muy mal en el PP andaluz y hasta su siempre comedido presidente, Juanma Moreno, ha llegado a verbalizar su enfado. Después de la lucha por descabalgarla de la cabecera de la lista de Málaga, verla encumbrada en la Mesa es un golpe moral a las ansias de éste de presentar un partido renovado, que rompa de una vez con el ‘antiguo régimen’, y supone un desaire evidente a quienes explicitaron que no la querían más.

El malestar por la pertinaz Villalobos es, con todo, la punta del iceberg del mal rollo que se vive en el PP andaluz en estos días y que apunta directamente al presidente del partido, Mariano Rajoy, a quien se señala como responsable de esta decisión, probablemente por un pacto previo que hizo posible que la diputada malagueña accediera a dar un paso atrás y quedarse de número dos en la lista. Es decir que parece que al final el pulso, que se planteó como crucial, lo ha perdido Moreno. Aunque solo tendrá que dejarla hablar para cargarse de razones. Véase las declaraciones de ayer sobre las rastas y los piojos.

Aun más. También se ha recibido con cierto pasmo la designación de Javier Arenas como secretario general del grupo parlamentario del PP en el Senado. Bien es cierto que el cargo tiene escaso nivel pero también se apunta que es quien maneja los dineros del grupo y eso no solo otorga cierto poder, también da cancha a las maldades de quienes quisieran verle definitivamente fuera de escena. Si algo le faltaba al expresidente del PP-A, que habría aspirado sin éxito a la presidencia de la Cámara Alta, ha sido su café con el denostado Gómez de la Serna, el diputado comisionista, que fue su jefe de gabinete, o las reiteradas apariciones en las cintas de Bárcenas.

Porque Arenas cada vez tiene menos amigos en el ‘politburó’ pepero. Las distancias son tan evidentes que la tarde en que éste llamó a las agencias de Prensa para comunicar que había renunciado a su acta de parlamentario andaluz, estas pasadas navidades, el partido lo supo por los teletipos. Hubo quien criticó que no hubiera más calor en la despedida desde el núcleo duro del PP-A, pero era explicable: ¿cómo hacerlo si se habían enterado los últimos?

La resistencia interna aún ha dado otro sofocón a Moreno Bonilla, que da marcha atrás en su proclamado lema ‘un hombre un cargo’ y ha tenido que aceptar que los alcaldes-senadores mantengan su escaño y en su intento, más disimulado, de que Zoido dejara la portavocía municipal de Sevilla. Quizá para no obligar a dimitir a su excontrincante José Luis Sanz, que rige Tomares y ocupa plaza en el Senado. Quizá porque así él mismo puede ser senador y parlamentario andaluz, que también son dos puestos.

Aflojar no es para siempre

Susana Díaz intenta desesperadamente que el foco de discusión deje de estar sobre ella, y si va a desbancar a Pedro Sánchez, para que se ponga sobre qué tipos de pactos se quieren alcanzar para gobernar el país. La presidenta andaluza ha vuelto de las fiestas navideñas con una nueva “modulación” que es más en el tono que en el mensaje, en la forma que en el fondo. La entrevista que en Canal Sur Radio le hizo Tom Martín Benítez tenía otra música, pero no cambios sustanciales en la letra. Es cierto que dio su aprobación a que su secretario general explorara otras vías de acuerdo, pero con los condicionantes que ya se aprobaron en el comité federal socialista, la renuncia al referéndum por parte de Podemos, o sea que poca novedad. También quitó presión a la exigencia de comité federal y de congreso, pero porque sabe que tendrá que celebrarse antes o después, y no dijo que no a que pueda dar el paso de disputar el liderazgo a Pedro Sánchez, mientras insistía en criticar los resultados de éste y en su no al PP.

La intención de la baronesa andaluza es rebajar la tensión interna para que no se pierda la atención sobre qué tipo de pactos fragua Pedro Sánchez, porque por mucho viaje a Lisboa que escenifique ni el modelo portugués le vale, porque allí no hay problema territorial, ni las cuentas le salen salvo que cuente con el apoyo, vía abstención, de los independentistas catalanes, ERC y la ex CDC. Esta posibilidad, ese “precio”, horroriza a la secretaria general andaluza, como se sabe, y su intención al “aflojar” es precisamente que se hable de eso, de los pasos en esa dirección de Pedro Sánchez, del posible cambalache con Podemos para obtener cuatro grupos y no de su proyección o sus cálculos personales.

Sin embargo, ello no oculta que ha salido escaldada de la refriega y que las críticas que ha recibido, de popes mediáticos y de la militancia, le han servido de aviso, por lo que ha de reconducir la estrategia. Pero no aflojará seguro en las ideas que hasta ahora ha defendido que, en general, chocan con las de su secretario general.

Cosas que importan

El martes tras el Consejo de Gobierno compareció el consejero de Salud, Aquilino Alonso, para, entre otras cosas, hacer balance del año en materia de investigación biomédica en Andalucía. No ‘colocó’ apenas el producto en el menú informativo del día. Enredados todos en saber si se va la presidenta de la Junta, en si el PSOE se abre en canal no por el pacto con el PP ni con Podemos, sino por el propio PSOE, ansiosos por saber algo más de lo que está pasando en la trastienda del poder, el éxito en investigación médica no encontró un lugar bajo el sol de las noticias. Y miren: en Andalucía este año se ha realizado el primer trasplante de hígado de abuela a nieto, en Córdoba, y en Málaga un paciente de 27 años, safoxonista, sometido a un ‘mapeo’ de la corteza cerebral del lenguaje musical, fue operado de un tumor cerebral mientras tocaba el saxo. Confieso que lo primero que pensé fue que esta cosa extraordinaria se había llevado a cabo el algún hospital de EEUU. Y hay más: el Diagnóstico Genético Preimplantatorio ha permitido en diez años el nacimiento de más de 60 niños libres de la enfermedad genética hereditaria de sus padres y se han realizado 150 intervenciones fetales; están en marcha 24 ensayos clínicos de terapia celular e ingeniería de tejidos para abordar patologías como cardiopatías, esclerosis múltiple y lateral amiotrófica, ictus y enfermedades hematológicas, vasculares y derivadas de la diabetes; grupos médicos andaluces trabajan en cuatro proyectos internacionales de enfermedades raras.

Desde luego que es apasionante saber si Susana Díaz será el próximo cartel electoral del PSOE, incluso si llega a ser secretaria general y hasta si, dicen, como tal llega a fraguar el gran pacto que el PP ofrece por dos años al PSOE y C’s, en plan constituyente. Pero si cualquiera de nosotros, o de nuestros familiares, necesitara un trasplante, o sufriera alguna enfermedad rara, el foco de interés se desviaría al instante. Por alguna misteriosa razón nos cuesta dar importancia a la ciencia y poner en valor el trabajo de nuestra sanidad. Por eso creo que le debía este artículo a Alonso y a la Sanidad pública andaluza, tan esencial, tan criticada.