No era tan difícil, pues, la renovación en política. Antonio Maíllo, el nuevo coordinador general de IU, al que hemos entrevistado esta mañana en el programa de Canal Sur y luego compartido un café, es una cara nueva y, aunque no conocida, tiene experiencia, discurso y solidez. Es claro y directo. Se muestra seguro, no transmite duda ni temor. Es joven, aunque aparenta serlo más, y resulta atractivo. Habla de una forma diferente, no sólo porque, profesor de clásicas, incluye frases en latín y citas de autores de la época sobre la marcha en su conversación, es que habla de alegría, de esperanza. Ha dicho algo en lo que no se puede dejar de estar de acuerdo: “la buena educación es revolucionaria”, a propósito de la barbaridad que dijo Gordillo en la tribuna del congreso de IU.
Creo que si todo va como se prevé, con elecciones autonómicas dentro de tres años, será el candidato y no Diego Valderas. Sus lágrimas y las de otros dirigentes en la asamblea hablan de relevo más a las claras que cualquier otra cosa. Se puede ir, en cualquier caso, con mejores resultados que ninguno de sus predecesores.
(Ahora, yo como oráculo soy un desastre)
Aunque a Maíllo le queda una tarea fundamental, que es reorganizar IU en cada provincia, donde hay también mucho que renovar. Parece que al amor de la lumbre de las expectativas se les está acercando mucha gente ahora. Pero me ha gustado que él invoque en medio de todo este vórtice la figura de los viejos militantes, los comunistas de toda la vida, que son un poco su “reserva espiritual”, su anclaje con las raíces.
Hay que seguirle con atención.
Me apuesto a que los carteles electorales de las próximas andaluzas van a tener muchas caras nuevas. Todas.