Los niños muertos

Es casi obsceno ver las fotos de los niños migrantes ahogados, hoy en Bodrum, ayer frente a Libia, y componer un bello y sentido texto.
Pero nos golpea. Es un asunto local, aunque transcurra muchos países más allá.El gobierno español no se ha enterado de lo que importa a sus votantes y su lentitud en reaccionar, su insensibilidad, da pavor. En cambio, es de elogiar la rapidez de Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, y la puesta en marcha de una red de ciudades dispuesta a alojar familias. Esa es la diferencia innegable de la ‘nueva política’. ese es el camino. Porque los ciudadanos españoles lo sentimos como un problema propio.

Discontinuidad

Después de mucho tiempo sin ver la tele, la otra noche por pura casualidad di en una serie nueva, de la que no había oído hablar y que logró retener mi atención algo más de cinco minutos. Se llama The Affair y es la historia de un adulterio, envuelta en una trama policial, que tiene como gran aportación que cuenta los hechos desde dos puntos de vista, el de Noah, un profesor de universidad y escritor, casado y padre de cuatro hijos que llega de vacaciones a la casa de sus suegros, en los Hamptons o así, y el de Alison, joven camarera, casada también, que no se recupera de la muerte de su hijo de cuatro años. Los guionistas manejan con habilidad las diferentes perspectivas sobre un mismo suceso: por ejemplo, para Noah la camarera lleva un uniforme cortísimo y siempre resulta incitante. En su turno Alison, sin embargo, aparece nada sexy, sino agotada y torturada, hasta autolesionarse, por la insoportable pérdida de su hijo. Además, la narración da saltos en el tiempo y requiere del espectador una especial tensión, a la vez que le incita con pistas del futuro. La segunda temporada se estrena en octubre. Es un producto de Showtime (como Homeland), ha obtenido varios Globos de Oro y viene a confirmar ese tópic ya que asegura que la mejor narrativa actual está en las series.

Arenas movedizas

Manolo, de Librería Manuel de Falla, me dio directamente del paquete el último libro de Henning Mankell, Arenas Movedizas, que salía esa misma mañana. Me lo llevé por la tarde a la playa, para disfrutarlo con sosiego. En ello estoy. Lo dosifico, tanto por encajar despacio sus observaciones como los golpes al plexo solar que propina.
Mankell, sabrán, recoge sus impresiones después de que se le diagnosticara un cáncer. Avanzados los 70 años, el escritor sueco se enfrenta ahora al final, la enfermedad, el dolor.
No es, me entenderán, cosa de leer alegremente. Quizá tampoco lo más apropiado para estas alturas de la vida, cuando todo empieza a correr tan de prisa y los signos del paso del tiempo ya son demasiado visibles como para seguir haciendo como que no psa nada.
Los lectores de Mankell sabemos bien de lo sombrío de su obra, muy ‘sueca’ veces, es decir terriblemente pesimista. Pero nos reconocemos en ese paisaje moral, en especial el del personaje de Wallander, pero también en sus novelas africanas, en el que hay un ansia de justicia, una compasión por las víctimas y un acerado poder de observación, envidiable, de la realidad.
‘Arenas movedizas’ es un libro de fragmentos, de pensamientos, escenas, evocaciones, en torno a la idea de la finitud, del final, y también de la resistencia, de la aventura vital ineludible de enfrentarse con la propia muerte.
Uf
Voy, ya digo, poco a poco. Pero sin duda merece la pena.

La prueba de fuego de Juanma Moreno

El presidente del PP andaluz se prepara para la que será la gran prueba del algodón de su renovación, la elaboración de las listas para las elecciones generales. Tras ellas ya no quedaran dudas acerca de cuál es el verdadero alcance de sus propósitos para un “nuevo PP-A” ni de cuál es realmente su poder, su margen de maniobra y cómo están de frágiles los equilibrios internos.
Pero aunque sea ferragosto y Moreno descanse en tierras de su señora, en Granada, y sólo Arenas haga paseíllos, sobre todo por la provincia de Cádiz, en el PP andaluz no se habla de otra cosa.
La “revolución interna” se da por iniciada con la renovación del aparato, el nombramiento de su ‘politburó’, las tomas de posición en el partido en Sevilla, el control de los diputados, pero ahora llega lo más gordo: las listas de diciembre. ¿Seguirán en ellas quienes llevan ya décadas en el escaño? No casaría bien con este espíritu de rejuvenecer y modernizar el partido. Gente que lleva desde los 80, que se dice pronto.
El reto es potente. De hecho, ya le han lanzado un pulso Javier Arenas, que quiere ir al Congreso por Sevilla, y Celia Villalobos, que aspira a continuar por Málaga. Si quieren irán, parece, lo que no deja en muy buen lugar al presidente andaluz.
Se da por seguro que Fátima Báñez irá por Huelva, Rafael Hernando encabezará Almería, Sebastián Pérez Granada y es probable que José Antonio Nieto, reponiéndose del shock de haber perdido la alcaldía cordobesa, ocupe plaza de diputado en el Congreso por su provincia. En cuanto a Jaén, también es claro que Moreno opte por dar la cabeza de lista al alcalde, cuyas malas relaciones son notorias y a quien ya ha alejado del núcleo de poder andaluz.
Los mayores conflictos se esperan en Sevilla, donde Arenas, Zoido y Juan Bueno aspirarían a entrar. El expresidente hace su juego y a Moreno le interesa verle partir de la política andaluza de una vez. Parece que hay unanimidad, por contra, en que de ninguna manera encabezará la lisa Montoro, como en 2011. Nadie quiere al ministro de Hacienda.
En Cádiz es donde la batalla de la renovación parece más agria: Teófila Martínez lleva en el escaño desde el 86, Aurelio Romero desde el 80, Landauce casi tanto, y donde pugna por entrar Antonio Sanz, que corre el riesgo de quedarse fuera de todo puesto si pierde la delegación del Gobierno, como desde dentro del partido se da por seguro.
En cuanto a Málaga, no gusta Villalobos, sino el alcalde de Estepona, para la cabeza de cartel pero la exalcaldesa sigue teniendo posibles.
Además, Moreno debe cumplir su proclama de “un hombre, un cargo”, empezando por sí mismo, que es parlamentario andaluz y senador.
Nos esperan, pues, argumentos de todo tipo: conservar y renovar a la vez, conciliar experiencia y juventud, soplar y sorber. Va a ser un otoño caliente, sin duda. Y animado.

Tráfico fluido en el Estrecho

Omar acaba de volver de Marruecos con el pulso fresco de la situación de los inmigrantes. Es el presidente de Sevilla Acoge y sabe de lo que habla. Ahora que la atención se centra en el terrible y trágico paso por el Mediterráneo, hacia Grecia e Italia, parece que olvidamos nuestra propia tensión y el goteo diario de pateras cae como una sonido a lo lejos, que casi ni se escucha. Sin embargo, las cifras dicen que se han llevado a cabo más rescates que el año pasado y en las últimas jornadas, los ‘días grandes’ del año, se ha intensificado la frecuencia de forma notable, tanto de las que llegan aquí como las aún más numerosas que intercepta la Marina real marroquí. No es la gran eclosión del año pasado por estas fechas, cuando llegaron varios centenares en apenas dos días, pero sí una cifra cuantiosa, persistente.
El asunto es que un verano más, las ‘toys’ cruzan de Tánger a Tarifa, a la vez que se mantiene otra ruta de pateras hacia Granada y Almería, otra de argelinos hacia levante, incluso una ruta desde Larache por el Atlántico, y el presidente de Sevilla Acoge dice con humor que estamos ante «la otra» Operación Paso del Estrecho y que, como las ‘operaciones salida’ de Tráfico en vacaciones, transcurre «fluida y con normalidad». Las vías siguen transitadas y así continuarán, de manera más o menos visible, en patera, en lancha inflable y en otras muchas fórmulas, de acuerdo con el poder adquisitivo de la persona que aspira a pasar. En esto también hay clases y quienes vemos llegar son los más pobres de los pobres. Hay muchos más que pasan con papeles, falsos o suplantados, en motos de agua, dentro de coches o camiones, en los barcos. Las pateras, me dice Omar, son casi la espuma, lo de menos.
¿Qué podemos hacer? Siempre me queda esa pregunta por contestar. Helena Maleno me cuenta que está en Camerún, trabajando con las familias de los desaparecidos. Al menos, que sepan que importa, que no caiga en la indiferencia, que no nos deshumanicemos aún más.

Apenas un día

Nunca había trabajado en la primera quincena de agosto. Este año, por razones familiares, he retrasado las vacaciones. Es tremendo comprobar cómo de duro resulta el ‘horror vacui’ periodístico, la imposibilidad de llenar la página en blanco con asuntos potentes. No hay nadie en ninguna parte, salvo algunos pringaillos de guardia (como yo), pero aún más meridiano resulta ver cómo fabrican contenidos los partidos, cada día, para ocupar su espacio y cómo ellos deben estar teniendo un broncazo interno para que le toque al de al lado la “antena”, que es como llaman en el PP el turno de micrófono.
Salen además ahora todos esos estudios que no tienen hueco en el año. La mayoría no merecían la oportunidad.
entre tanto voy haciendo mi lista de propósitos:
-Mirar el iPad sólo por la mañana (los periódicos) y la tarde (libros)
-Reducir al mínimo el iPhone
-Bicicleta cada día. Playa. Amigos
… …
-Guisar despacio. Salsa de tomate. pimientos a lo ‘manolito’. Recuperar las recetas de tartas guardadas durante el año, la de limón de Paul Bocusse, el pastel japonés…
… …
-Ir a la librería. No tengo títulos muy claros este año. Ando con el de Eco, que está bien. Me apetece novela negra, pero no cualquier cosa. Se aceptan pistas
-¿Escribir? Veremos
… …
Soñar un viaje

La foto del homenaje a Blas Infante

Podríamos jugar con la foto del homenaje de ayer a Blas Infante a buscar “los 7 errores”, por ejemplo, en la feria de vanidades y oportunismos en torno al monumento, ciertamente horrísono, levantado en el lugar donde fue fusilado. Sería entretenido, ahora que este ferragosto no nos deja más que frustrados anuncios de bajada de temperaturas y un incomprensible calor africano.

Estaban, pues, antes de las diez de la mañana, ocupando plano en la carretera de Carmona Loles López Gabarro, ‘número 2′ del PP-A, a quien toca estos días guardia mediática, y Teresa Rodríguez, la secretaria general de Podemos, que acudía por primera vez y con ramo de flores incluido. La presencia de Rodríguez había sido incluso anunciada por su gabinete de Prensa con el aliciente de que “haría declaraciones”. No dijo gran cosa, algo sobre ‘pedid tierra y libertad’, pero el hecho es que estaba allí, asimilándose al paisaje como diciendo que aquí me véis, en plena operación de lavar la imagen ultrarradical de Podemos ante la gran batalla. Estaba un representante de IU y la andalucista Pilar Távora, con Salvador su padre, el dramaturgo. Estaba la banda de música de Los Palacios, con uniforme de verano, el cantaor Juan Pinilla, y la Fundación Blas Infante.

Era el 79 aniversario del fusilamiento del notario de Coria del Río que ha sido dado en llamar el ‘padre de la patria andaluza’, un personaje y una obra sobre la que se ha levantado el artefacto último de la construcción cultural de la Andalucía autonómica y que ha pasado de ser un absoluto desconocido a un lugar común, un totem para tener en una hornacina, al que sacar a pasear de vez en cuando, y que moleste poco.

No había nadie del PSOE, ni ninguna institución para honrar la memoria del prócer en el punto kilométrico exacto en que fue fusilado. Quizá les vale con el acto del día de su nacimiento, que es el 5 de julio y todavía no se han ido de vacaciones. Mientras el PP-A está ávido de ser reconocido como ‘andaluz’, y hasta lo incorpora a su logo, el PSOE-A se sabe dueño de la marca, pero no debería ser tan displicente. Los andalucistas de primera hora no le perdonan que haya despojado de contenido la reivindicación histórica y que, al institucionalizarla, la haya neutralizado, le haya quitado el aguijón. Y sin él, la idea, o el ‘ideal’ por seguir a Blas Infante, de Andalucía es pura filfa, farfolla.

Así que, remirando la foto, me quedo con dos aciertos, dos: el primero, la cuneta, el lugar donde el idealista notario dio su vida, víctima de una barbarie irracional. Un lugar de memoria, incontestable. El segundo, María de los Ángeles Infante, la hija del prócer, que era muy niña cuando su padre fue asesinado pero que aun habla de él con una devoción que enternece. María de los Ángeles, que se sabe de memoria la obra de su padre, es la viva y limpia imagen de la fidelidad, lo que se salva de esta terrible imagen agosteña, por contraste.

Demonios familiares y bien común

Una plataforma ciudadana se propone movilizar a la opinión pública para impedir la desaparición del archivo de la casa ducal de Medina Sidonia. Está en Sanlúcar de Barrameda y es uno de los fondos más importantes, quizá el mayor de Europa en manos privadas pero desde luego insustituible para conocer la historia de España. Todo sobre la Armada Invencible, las relaciones con Venecia, con Francia e Inglaterra, con el turco, las almadrabas, la historia económica y política de este país está ahí conservado. Hay que presionar, me dicen, para conseguir que las autoridades tomen medidas, porque es posible detenerlo aún y si los políticos saben que importa, si se crea un estado de opinión, actuarán los responsables culturales, de Madrid y de Sevilla en especial.
Esta es la cuestión, más o menos, una mezcla de ambición y de demonios familiares dispuestos a no pararse en barras con tal de conseguir ‘cash’, ingredientes que darían para una telenovela cutre, si no fuera porque es tristemente real : Los hijos de la duquesa de Medina Sidonia, Luisa Isabel Alvarez de Toledo, pleitean porque consideran que han sido desposeídos de su herencia pues su madre constituyó con el archivo y el palacio ducal una fundación y la dotó con sus bienes. Las relaciones de la duquesa y sus hijos siempre fueron convulsas y todo terminó de enredarse con la boda, casi en ‘articulo mortis’ de la duquesa’ con Liliane Dahlmann, que quedó al frente de la fundación.
Hay, sobre todo, una cuestión de dinero: en marzo pasado el Gobierno prohibió a la casa de Alba subastar una carta de Colón por 21 millones de euros. Los hijos de la duquesa dicen que en el archivo hay documentos que valen mucho más que eso y la codicia se desata. Si finalmente la Justicia les da la razón, la desmembración del archivo será un hecho. No es ya que se vaya para siempre de Andalucía, como el de Medinacelli, que se marchó a Tavera y no volvió, el riesgo es que desaparezca.
Quienes se organizan para intentar impedir el desastre, desde la sociedad civil y el más puro voluntariado, temen también que se derrumbe el último fortín, Liliane, la duquesa viuda, una historiadora alemana que compartió buena parte de su vida con Luisa Isabel y que ha seguido al frente del ruinoso empeño de mantener abierto el archivo y a disposición de los invesrigadores, incluso dejando allí su patrimonio, porque la aportación de las instrucciones ha sido insuficiente, o nula en los últimos años. Los hijos han dicho horrores de ella, pero también de su propia madre, a quien acusaron en medios de comunicación de gastarse el dinero en “fiestas lésbicas” en París. Quienes conocen de cerca el devenir del archivo temen, como digo, que Liliane no aguante más y se marche y deje que los tres González de Gregorio, que es el apellido de los vástagos de la llamada “duquesa roja” hagan lo que quieran con los legajos.
Más allá de la truculencia, de las miserias humanas, es preciso reclamar soluciones. Es de interés general.

Verano

Si hay una palabra ‘top’, por sus connotaciones, hasta por su fonética, una palabra que despierte emociones, que dispare conversaciones, que encierre promesas, que describa lo que importa, esa es ‘verano’. No se habla de otra cosa en el periódico, en el sustrato de todas las informaciones, de los artículos, en los planillos de los diarios, en las escaletas de los programas audiovisuales. Verano es la noticia, es la pregunta, el proyecto, el condicionante, la realidad. Y en la política andaluza el verano llega con contundencia. Muchos próceres se despedían el viernes, algunos estarán a medio gas aún unos días más, otros desconectan, hasta hay un chistoso community mannager que se ha despedido en twitter con una especie de ‘christmas’ estival, con diseño de helados. De otros muchos ni se notará si están o se han marchado a un ‘resort’ del Caribe. Buen descanso para todos, y como dice el viejo refrán, que tanta paz encuentren allí donde van como dejan aquí al marcharse.

La actividad política, al fin, se ralentiza. Ha sido una temporada trepidante, desde el regreso en septiembre pasado con tambores de ruptura del pacto de gobierno con IU. Todo ha ido tan rápido que parece jurásico. Es evidente que atravesamos un cambio de época. ¿Qué ha sido de Valderas, por ejemplo? ¿qué fue de aquella IU que se las prometía felices antes de las europeas?

Vinieron tres campañas electorales, una dura investidura, vino Podemos, que el año pasado por estas fechas directamente no existía en la política andaluza, y vino Ciudadanos, que ni a la medium más enloquecida se le hubiera ocurrido pronosticar que tendría la llave del Gobierno andaluz.

Y una presidenta se quedó embarazada, y dio a luz y se acogió al permiso de maternidad y nadie duda que en cuanto supere el ‘flash’ inicial volverá a tener todo bajo control, con su fiel escudero Jiménez Barrios en el puente de mando por apenas 40 días. En menos que pasen los calores estivales volveremos a la carga: otra campaña, otros equilibrios, otros debates. Seguiremos informando.

Mamá presidenta

Susana Díaz no ha podido evitar, aunque hubiera querido, que su embarazo haya sido centro de atención mediática. La presidenta ha defendido con uñas y dientes su ámbito personal, pero a la vez se ha sabido en el ojo del huracán y ha intentado que sus pasos en este sentido fueran ejemplares: médico y hospital públicos, incluso ha elegido un centro sanitario comarcal, no el gran Virgen del Rocío, ha hecho colas cuando le ha tocado y no ha pedido privilegios. Eso no ha impedido rumores en sentido contrario en las redes sociales, muchos anónimos. En cambio, un exdiputado y portavoz del PP-A, Rafael Ruiz Cantos, sí se atrevió a lanzar un tuit asegurando que se estaba acondicionando una habitación para ella sola en la tercera planta de Valme y fue respondido en la misma red por el jefe de esta planta, Antonio Millán Jiménez, titular de Pediatría de Valme, que negó que fuera cierto. Ni Ruiz Canto ni el PP-A se disculparon.

El máximo interés de la presidenta ha sido llevar el embarazo «como una mujer más». Es decir seguir con su trabajo y aguantar todo lo posible hasta dar a luz. Le ha tocado llevar a cabo dos campañas electorales, de las autonómicas y de las municipales, con alrededor de treinta mil kilómetros en total y decenas de mítines por todas las provincias, e incluso en otras comunidades, como Valencia, Baleares o Asturias. Aparte, la gestión de su investidura, rechazada por tres veces en el Parlamento andaluz, la acción cotidiana de la responsabilidad de Gobierno y su ya casi mítica «agenda paralela», con citas constantes con los ‘poderes fácticos’ del país.

Pero pese a ser ‘primípara añosa’ como reza el implacable lenguaje médico, Díaz ha demostrado una enorme fortaleza hasta el final, aunque en las últimas dos semanas redujo la agenda y la limitó a un radio de acción que le permitiera llegar al hospital en caso de que se iniciara el parto. El jueves 23, día que salía de cuentas, acudió al Parlamento para la primera sesión de control al Gobierno de la Legislatura, aunque se pensó que no lo haría, y algún portavoz de oposición pareció confiarse con intervenciones endebles. La presidenta respondió con contundencia de datos y de reflejos a las preguntas de IU (sobre colaboración público-privada), de Podemos (sobre la base de Morón), del PP-A (sobre desempleo) y de su propio partido (financiación autonómica). Se la vio un poco cansada al comenzar, pero enseguida se sintió en su tono habitual. Desde las tribunas se observaba su tripa , «aún muy alta», se decía, y se miraba a ambos lados, para ver si había un medico en la sala, en caso de necesidad. De momento, contaba con dos en el ‘banco azul’, los titulares de Hacienda, María Jesús Montero; y de Salud, Aquilino Alonso. Ellos sí que se habrían llevado un buen susto de haber tenido que actuar.