Cualquier dato sobre la huelga se ve empañado por la acción de los piquetes. Me resulta asombroso que se dé por bueno, que se admita, que se condescienda a la violencia, o la amenaza, contra nadie que quiera defender su tienda, su empleo, el pan de su casa. No es de recibo. ¿Dónde queda el supuesto respeto al derecho al trabajo? En algún momento he leido este día en boca de un ugetista que “no existe el derecho a no hacer huelga”. Pues es verdad, al fin.

De este modo, el balance de seguimiento se ve engordado por los que fueron forzados a ir a la huelga. De no haber piquetes, o la amenaza de ellos, el seguimiento “limpio” hubiera sido mucho menor.

Los sindicatos son instituciones fundamentales de la democracia, pero también están sujetos a la crisis de credibilidad general, y no se encuentran por encima de la crítica. Por eso, deben tomar nota de la falta de aprecio, de respeto incluso, de que gozan entre la mayoría de los ciudadanos en vez de rechazar cualquier censura con la etiqueta de “fascista”. No creo que lo hagan, por desgracia.