La carretera de San Fernando

La muerte de un joven motorista en un accidente ocurrido el sábado por la noche vuelve a poner en solfa la seguridad de la carretera de San Fernando. Aún hay que tomar más medidas, en vista de la siniestralidad, y agilizar la iluminación prometida por el Ayuntamiento, que varias veces se ha anunciado pero que aún seguimos esperando.

Todo ello no hará nada más ni nada menos que evitar nuevas desgracias. A la familia de Jorge Armario, por ejemplo, no hay quien les consuele. Vaya para ellos nuestro pesar.

Bach de lujo

El concierto de mañana en Santa Cruz, del ciclo Tiempo de Cambios, promete: un grupo de ocho solistas de la Orquesta Nacional de España, con cuatro piezas de Bach, dos conciertos para violín (BWV 1041 en la menor y BWV 1042 en Mi mayor) uno para clave, con Sara Erro, y el concierto para dos violines BWV 1043 en Re menor. Empieza a las ocho y media. Espero llegar.

Banalidad

Muñoz Molina revisa los diarios personales de escritores y figuras históricas muy diferentes, del cirujano de Napoleón hasta Charlotte Brönte o Walt Whitman al hilo, parece, de una exposición en Nueva York.
Su reflexion final
( “la acera llena de sol y nieve, la calma del domingo en Madison Avenue, el taxista haitiano que conduce escuchando un noticiario en francés, son parte de un relato posible que quizás valdría la pena escribir, la crónica nunca banal de un solo día”)
…deja una pregunta en el aire, o dos: ¿nunca es banal un día? ¿ni su crónica?

A ver, respuestas para nota ;-)

La renovación de la fiscal jefe

En este mes tiene que reunirse el Consejo Fiscal para renovar la plaza de fiscal jefe de Cádiz. Todo hace pensar que Cándido Conde Pumpido volverá a dar su confianza a Angeles Ayuso, como ya lo hiciera cuando la nombró, hace cinco años. Ayuso cuenta con un gran prestigio profesional y su gestión de estos años al frente de una fiscalía compleja y cargada de trabajo es muy reconocida. Además, goza del aprecio del nuevo presidente de la Audiencia.

Lunes y privilegio

Mientras empieza Mad Men, preparo mi lunes: por una vez, bastante estimulante. Me voy a Madrid en el avión del mediodía, que es más barato, de modo que tendré unas horillas libres. Tengo pase para ir al Prado, con el añadido de que es lunes y está el museo cerrado…. Veré los renoirs yo sola, jajajajaja . No es por dar envidia…

Reir por no llorar

En el campo de futbol Manuel Irigoyen cobran la entrada al público. Un euro los hombres, 50 céntimos las mujeres. Creí que había retrocedido 30 años en el túnel del tiempo. No me dio ni rabia, solo risa. Es alucinante

Aviso

El ABC cultural reivindica a Ibargüengoitia. Aquí, su club de fans. Parece que hay libro nuevo en el mercado

El Cairo en llamas

Túnez, Egipto, Jordania, Yemen… La revolución se contagia en los países árabes. Una situación impensable hace apenas un mes está ocurriendo ante nuestros ojos. Un movimiento social surgido de los ciudadanos corre por las redes sociales, se alza contra la corrupción y la injusticia. Ojalá que traiga democracia y mejoras, en vez de sangre, dictaduras, terror.

De momento, va a sufrir la cultura universal. Al Jazeera informa de que el Museo de El Cairo está amenazado por las llamas. Estamos atentos a las noticias.

Este artículo de Ana Romero, hoy en El Mundo, es muy esclarecedor:

Alí Baba y los 40 ladrones

Españoles y árabes compartimos un cierto sentido del humor. Una amiga de la península arábiga me cuenta la broma del momento: añadirle al apellido del presidente tunecino el sufijo «Baba», de manera que su nombre queda convertido en Zein el-Abidin Ben Ali(Baba). A mí lo que me hace más gracia no es la justa comparación entre Ben Ali y el cuento de Ali Babá y los 40 ladrones (Oriente Próximo tiene una larga tradición de mangantes). Lo que me hace sonreír es el hecho de que en la mayoría de esos países no se puede adquirir Las Mil y Una Noches. La obra resulta demasiado picante. Pero es a ese libro, según sir Richard Burton, al que pertenece un inocente relato de ladrones que en Occidente conocemos desde niños.

Hay tantas cosas que nos son posibles (públicamente) en la mayoría de los países árabes. Comprar cualquier tipo de libro. Vestir como uno quiera. Beber una cerveza fría (o dos). Hablar de política. Criticar a los dirigentes. Hacerse fotos en las que salgan mujeres locales. La lista continúa.

Cuando llegué a vivir al Golfo Pérsico, no entendía lo que hacían todos esos jóvenes pegados permanentemente a sus móviles en los opulentos centros comerciales. Pronto me lo explicaron. Gracias al Bluetooth, hacen lo que todos los adolescentes del mundo: ligar. Como está prohibido sentarse juntos a tomar algo (aunque sea café), se comunican como pueden.

Esa ventana abierta al mundo que ofrece internet ha provocado una situación única. La broma de Bel Ali (Babá) procede de Occidente, pero las árabes la han hecho suya navegando en internet. Cada vez más, a los jóvenes árabes les resulta esquizofrénico vivir en el medievo y ser parte al mismo tiempo del resto del mundo.

Tengo un amigo árabe de más de 50 años que se pasa el día despotricando de los británicos colonialistas que tantas cosas malas hicieron a su país. Su hijo veinteañero, sin embargo, critica a los gobernantes árabes de ese mismo país. ¿Por qué? Porque ha estudiado en el extranjero, y es consciente de que fueron los líderes árabes los que prostituyeron la independencia que tanto les costó arrancar a los abyectos colonialistas. Recibieron la independencia y la transformaron en autocracia, dictadura benévola, dictadura convencional o monarquía absolutista-parlamentaria. Como quieran. El caso es que en el mundo árabe la democracia es un bien escaso.

¿Conseguirán egipcios, tunecinos, yemeníes – y quizá pronto libios y sirios- imponer la democracia? Puede que no. Pero los extraordinarios acontecimientos que estamos viendo en Oriente Próximo no son en vano. El tawrith (el orden establecido) se tambalea. Se cuestiona ya ese sentimiento tan árabe que consiguió camuflar en 2000 el traspaso de poder en Siria de Hafez Asad a su hijo Bashar. Y una vez quebrada esa ley inmutable que hace a Hosni Mubarak imponer a su hijo Gamal (47 años); a Muamar Gadafi al mayor de sus vástagos, Saif (39), o al yemení Ahmed Saleh a su hijo Ali Abdullah, todo es posible.

ana.romero@elmundo.es

Arte contemporáneo

Vuelve María Melisa Ingalls… aunque está ingresada y su amiga María tiene que sustituirla en una “intervención en espacio natural y urbano” en El Carpio. Poned los altavoces. Crítica inteligente. Gracias a Manolo Caballero!

Test moderno

http://www.muyinternet.com/2011/01/27/los-sintomas-de-la-adiccion-a-las-redes-sociales

Tengo que hacérmelo mirar.