He pasado la mañana en una sala de tratamientos de un hospital andaluz, como acompañante. El recorte ya está aquí, y la incertidumbre en los enfermos es terrible, más porque se agrega al propio estado de salud débil y necesitado, precisamente, de tranquilidad y confianza, como siempre decía ese gran médico que es Leopoldo Martín.

Salvar la sanidad pública es una de las máximas prioridades, si no la primera. Habrá que racionalizar, centralizar compras, incluso aportar un pequeño pago, pero hay que defenderla porque es uno de los grandes logros de nuestro tiempo. No hay mucos más, claro, pero este es singularmente clave.