El 15M fue domingo, como hoy, pero nadie sabía a esta hora que sería el 15M, sino una manifestación rara convocada por algo que tanto podía ser ‘manoslimpias’, ‘peonesnegros’ o, en el otro extremo, alguna organización antisistema. Pero no, era algo más, un grito que salía de una amplia y variada base social y que respondía a u. Hartazgo general por un estado de cosas que, entonces, se consideraba insostenible.

Hoy, tantas recaídas en la eterna crisis, tantos recortes y rescates después, tantos bonus  astronómicos, tantos desahucios, tantas quiebras después, hace falta aún más escuchar esa voz de la calle, aunque sea confusa, hace falta que se alce, como una señal de que no todo está perdido, que la ciudadanía existe y reacciona al dolor y la injusticia.

Concedo que eso del asambleismo permanente no es eficaz, que es un movimiento confuso, ambiguo, difícil de encauzar, porque aquí o se es partido o no hay forma, pero inquieta tanto a la política, al stablishment, que algo debe tener, ¿no? Recuerdo que le pregunté a Chaves por el movimiento y me contestó de manera dura y muy descalificadora, algo raro en él, que solía ser muy diplomático. Comprendí que le inquietaba, que le cuestionaba y sobre todo que no lo podía controlar. Hoy, un año después, yo ceeo que aquel domingo de mayo pasó algo bastante importante y que ha conseguido con su sola existencia, sin programa concreto, sin líderes, meter en la agenda política muchos principios que sin ellos nadie hubiera gestionado, como la dación, y sobre todo le ha puesto la cara colorada a muchos gestores ineficaces o directamente corruptos, porque la corrupción y la ineficacia están mucho más extendidas de lo que hace un año estábamos dispuestos a asumir.