Hoy es el santo de mi padre. Desde primera hora lo tenemos más presente que nunca y en estas que de la una en el reloj nos tomaremos, cada uno en su lugar, un oloroso a su cuenta. Seco. Como somos tantos, compartir el desconsuelo nos lo hará un poco más fácil. Conservar la memoria alegre, el ejemplo de su vida, el vínculo sagrado que trasciende el tiempo, la distancia, los discurrires de las vidas de tantos que le amamos es la tarea primordial. Para eso nada mejor que un catavino a tiempo, que Noé sabía lo que se hacía.