Olvidad el post anterior, s’il vous plait. Llevo días sin escribir y una es capaz ya de cualquier cosa. Os iba a hablar de libros. El otro día recibí un pedazo de homenaje involuntario, elíptico, de los que a mí me gustan, cuando una colega me dijo que me había leído recomendar uno, lo había comprado y lo estaba disfrutando muchísimo. Era ‘La librería ambulante’, de Ch. Morley. Es un gustazo, desde luego, pero todavía lo es más que alguien me lea, me crea y ya no digamos que actúe en función de lo que me oye/lee. Ya que no lo consigo ni en mi casa…

La verdad es que si a algo me gustaría dedicarme en mi vida es a leer, recomendar, comentar, incitar. Puede que no se me dé mal del todo.