Siento decir que lo esperaba, pero eso no me alivia. En mi barrio se palpaba la tristeza cuando acabó el partido, y todas estas criaturitas que volvían del estadio con sus camisetas y bufandas y demás, hijos de una tierra yerma, merecían al menos esa alegría. No va a resolver gran cosa, pero al menos aliviaba la pesadumbre. Miserables los que no lo han permitido, con sus errores o su racanería.

A ver qué pasa ahora con el equipi y cin ese inmenso estadio que ha hipotecado ala ciudad cuando menos se lo,podía permitir.