Divagar

Entra el verano con una mañana que parece de otoño, como por llevar la contraria. Pero dicen que hará más calor que nunca. Perfecto para pasarlo en Sevilla.

Me voy esta tarde, que mañana tengo tele. Entre tanto, recuerdo que Azcona dijo que el sentido de la vida es desayunar. Yo ya lo he hecho dos veces. He estrenado un tarro de mermelada de rosas, comprada en mi barrio, que me recuerda a una que me traje de Estambul, hace veinte años, en bote de un kilo. Estuve tomando rosas durante un siglo. En casa del pobre, reventar antes que sobre. Es un lema grabado a fuego sobre todos los de nuestra quinta y que yo desde luego no he olvidado.

Biencomprar

De todos mis hallazgos y triunfos de los últimos tiempos, dos: unos zapatos de 134 euros comprados a 33, de marca, y los tomates ‘pintones’ de Los Palacios. Volver por la autopista tiene otro aliciente añadido con la parada en la cooperativa de Las Nieves. Frutas y verduras de la mejor calidad y a precio de campero, sin intermediarios. Un lujo. En especial, los tomates son extraordinarios. Solos con una gotita de aceite, fritos o en salmorejo, se nota la diferencia. Creo que quieren la denominación de origen. Espero que no se vuelvan divinos.

Me tenían que hacer ministra de economía.

El dedo en la llaga

Estuve ayer con Pepe Chamizo, que venía del Parlamento y se iba para Zaragoza, a un encuentro de defensores del pueblo, dejando tras de sí la estela de sus explosivas declaraciones, que son el tema estrella hoy en las tertulias: “la gente está hasta el gorro de ustedes, de las peleítas”, dijo a los diputados andaluces, “por favor, un ejercicio de buena voluntad y avanzad para resolver los problemas de la sociedad”.

Es lo que le toca a la institución, hacer de Pepito Grillo del sistema. Hoy se dice de todo en los foros, pero el fondo de la riña se comparte, en general. No se trata de desacreditar, sino por el contrario de animar a la política a estar a la altura, porque es esencial para la ciudadanía.

El Defensor del Pueblo ocupa un casoplón en la calle Reyes Católitos, impoluto, y recibe constantemente ciudadanos que presentan sus reclamaciones. Más de seis mil el año pasado.

Del vicio

Gay Talese cumple lo que sus exégetas prometen. O eso parece. Empiezo ‘Retratos y encuentros’ con un asombro que hace mucho que no sentía ante un texto. Qué vigor. A ver cómo se mantiene eso en un tocho de  cerca de 1.500 pags (formato e-book) y si hay cuerpo que lo resista. Ya os diré.

Por lo demás, ya véis que el periodismo cultural es útil… ;-) Nos da las claves para descubrir los tesoros, cuando no es un tesoro por sí mismo, que también.

Como es útil el periodismo en general. Que hay que decirlo de vez en cuando y más ahora que nos atenaza la depresión profesional colectiva.

Estímulo de la mañana

Una web de viajes me avisa -ya por segunda vez- que hace mucho tiempo que no entro a consultar sus ofertas. Manda narices el control que la red permite, que los comerciales pueden ejercer sobre los usuarios. La primera ocasión me reboté y decidí no hacer caso, hasta pensé en bloquearles. No me dio el cabreo para tanto, y hoy en fin he entrado, porque en verdad mirar los catálogos de los touroperadores es como consultar el ‘figurín’ del Elle o mirar el escaparate de una pastelería: da para soñar un rato. Luego no se consume nada, pero una piensa lo feliz que sería ante un atardecer en Bali, sumergida en las piscinas naturales de Capadocia, en un balneario del Mar Muerto, perdiendo el sentido en el Bellas Artes de Praga, con una copa en mano en el Caribe…

Lo próximo que me apetece más, de lo cercano,  es Nápoles. Ya lo intenté hace un año, pero me disuadieron en la agencia porque parece que no hay seguridad suficiente. Agosto es mal mes, por el calor, pero tengo que intentarlo. La ciudad debe ser brutal, tanto en su traza urbana como en sus obras de arte y su cultura -intentaré oir in situ a la Capella della Pietá dei Turchini- como sus alrededores. Pompeya, Ischia, Capri, la costa Amalfitana, Positano… todo lo sé por referencias, claro. Para seguir a Sicilia. Antonello de Mesina, el Gatopardo, el árabe-normando…

En fin, sienta bien soñar por un rato. El deseo es lo que tiene, existe mientras no se consuma. Cuando se cumple, desaparece.

De justicia

Silvia Tubio ha ganado hoy el premio Cádiz de periodismo por un trabajo publicado el pasado 21 de marzo, sobre el clan de los Flores.

La periodista de La Voz recoge el fruto de un extraordinario trabajo, que ha dado en numerosas exclusivas desde que llegó al periòdico, en el equipo fundador, hace ocho años ya. Rigurosa, valiente, independiente. Las redes sociales ardían esta tarde en felicitaciones.

El jurado estuvo compuesto por el rector de la UCA,  la profesora Ana Sofía Pérez Bustamante y los periodistas Oscar Lobato y Carmen Morillo.

Algunas veces, compañeros del alma, los buenos ganan.

Por cierto que en el acto de entrega, el próximo 7 de julio, el protagonismo de La Voz en el palmarés será absoluto, pues también el periódico ha conseguido el Premio Paco Navarro por su Revista del Carnaval.

Qué grandísima alegría.

Música en Trujillo

Matt Coman me llama para invitarme al Festival de Música de Trujillo, que este julio celebra su segunda edición, del 26 al 29. Si sobrevivo al calor de Miarmalandia eso no será nada para mí. Y me encantaría. En la ciudad cacereña, Matt y los Soloist of London dan un programa sensacional que puede seguirse en un pack con hotel, a buen precio, si se reserva ahora.

Algo así debía haberse hecho con Al-Kalat, su festival matriz, cuya celebración este año parece incierta. Espero que no, que cobren lo que les deben y puedan repetir la cita de agosto, aunque sea en menor formato. Hay un público en espera.

La información de Trujillo, en www.fimtrujillo.com.

Veranienses

Pensaba, paseando por la orilla, que si la infancia es la patria del hombre, y de la mujer, el verano es la infancia en estado puro, y por tanto una condición esencial del ser humano, un topónimo íntimo, del alma, que trasciende el tiempo y el lugar. Seríamos del verano, más que de Cádiz o de Constantinopla, de esa condición que está hecha de agua trasparente,  que deja ver cardúmenes en los días de levante, de arenas cuajadas de conchas  o surcadas de huellas de gaviotas o de pequeños animales, incluso de algunas flores silvestres, unas blancas, como lirios, que llevan por nombre ‘peos de zorra’, nada adecuado a su condición etérea como de un edelweiss de las dunas. Es instantáneo adquirir la condición de veraniense, cada año, por mucho que haya sido sepultada por nueve espesos meses de obligaciones, angustias, incertidumbres o desgracias sin cuento. Da igual, se emerge de ellos como de cien capas de mantas en el momento en el que se vuelve a pisar la playa.Reaparece el niño de agua que se fue, el adolescente ya de arena seca y mirada brillante, la joven madre de sillita, termo y sombrilla- incluso de casetas de mampostería, con ducha incorporada- y una batería de  grandes momentos se dispara como dispuesta a recordar que la vida es bella.

Hay muchos miles de temas entorno a la condición de veraniense, o veraneño, o veranino, o veranés. Se atropellan: el histórico de bañadores comprados y gastados; los encuentros en la orilla con gente conocida,  o re-conocidas en el atuendo de semidesnudez, los libros leídos en la orilla al caer el sol, las delicatesses: las papas fritas, los camarones-cangrejos-bocas o el almuerzo con sardinas asadas y pimientos fritos. Y los primeros baños de los bebés, los juegos con los hermanos, las excursiones juveniles en pandilla, los primeros ligues, los enormes embarazos…

Hay que contarlo para no olvidarlo. Se abre la temporada de la nostalgia veraniega.

Digna de crédito

Olvidad el post anterior, s’il vous plait. Llevo días sin escribir y una es capaz ya de cualquier cosa. Os iba a hablar de libros. El otro día recibí un pedazo de homenaje involuntario, elíptico, de los que a mí me gustan, cuando una colega me dijo que me había leído recomendar uno, lo había comprado y lo estaba disfrutando muchísimo. Era ‘La librería ambulante’, de Ch. Morley. Es un gustazo, desde luego, pero todavía lo es más que alguien me lea, me crea y ya no digamos que actúe en función de lo que me oye/lee. Ya que no lo consigo ni en mi casa…

La verdad es que si a algo me gustaría dedicarme en mi vida es a leer, recomendar, comentar, incitar. Puede que no se me dé mal del todo.

 

Desastre

Parece que el Cádiz C.F. se despeña. No es asunto menor, en esta ciudad que gira en torno a las dos C, Carnaval y Cádiz C.F., como tantas veces se ha dicho. De fiasco en fiasco. Por lo que me dicen, hay incluso riesgo de desaparición del equipo si el partido de vuelta se consuma el desastre y se mantiene en 2B. La afición, que ya había dado pasos atrás este año, no se merece tantos sofocones. Los demás, al menos necesitamos que haya alguien contento, que algo salga bien.

Malos tiempos, hasta para el balón.