Algo se mueve, por ahora de modo soterrado, en las entrañas del PP andaluz. Ninguna transición es fácil y tampoco lo va a ser esta sustitución de Javier Arenas por Juan Ignacio Zoido, y sus respectivos equipos, aunque el esfuerzo por normalizarlo de cara a la galería sea notable.

En el congreso granadino se palpaba ayer un ambiente melancólico, propiciado por los continuos discursos de despedida al ya ex líder, y expectante ante lo que pueda venir, con rescoldos del ruido de la negociación de las cuotas en la nueva ejecutiva y run run de divergencias entre entrantes y salientes.  Las ausencias de Montoro y de Soraya Sáenz de Santamaría, previstos en el programa de ayer, y la clausura anticipada con la presencia sorpresa de Mariano Rajoy,  ”porque no está el ambiente para fiestas”, recordaban a todos la dureza de la situación, tras los recortes del viernes, y la amenaza de incidentes  con manifestantes a la puerta del palacio de exposiciones, que motivó que la ministra Báñez, que abrió la sesión matutina, entrara por la puerta trasera.

Aunque nadie cuenta con que llegue la sangre al río, porque no son los modos ‘populares’, es probable que el movimiento tectónico desatado por la apresurada salida de Arenas, o aún antes, por los resultados del 25M, se note en los congresos provinciales, quizá en algunos territorios más que en otros, y se piensa que  los 99% de aprobación de las ejecutivas pueden pasar a la historia.  Es posible que incluso alcance al grupo parlamentario en la Cámara andaluza. Algunos observadores comienzan a advertir falta de experiencia, de dedicación o de pesos pesados en un equipo que, reconocen, fue hecho pensando en que se obtendría el gobierno andaluz. Además, habrá de suplir la ausencia de su líder de la tribuna, ya que Zoido no es parlamentario.

 

A los populares andaluces les toca además vivir en una cierta bipolaridad y adaptarse a ella: han de quitarse el chip de oposición en Madrid, al Gobierno de la nación, y apechugar con  las medidas más duras de la historia, incluso defender posiciones diferentes a las que fueron sus promesas electorales, y ponérselo en Sevilla, donde vistieron la piel del oso antes de cazarlo, y atacar los recortes de la Junta buscando los flancos en un territorio muy estrecho.

 

Los expertos “pepeólogos” se afirman en la impresión de que María Dolores de Cospedal ha ganado por la mano y que  Javier Arenas queda en una incómoda posición, como en tierra de nadie,  ya que la poderosa secretaria general no le quiere por Génova, la sede central del partido, ni tampoco por la Moncloa la aún más mandamás Sáez de Santamaría, donde se supone que Arenas ocuparía un hueco que le restaría capacidad de maniobra.

Los pasillos se hacen lenguas de las distancias entre los dos Sanz, el entrante José Luis y el saliente Antonio; de si este último se desenganchará del todo de su posición de máximo fontanero del partido y de si el otro, que goza de buena imagen entre los cuadros medios, conseguirá el suficiente escaparate como para lanzarse al estrellato del próximo cartel electoral. Suena mucho el nombre del cordobés Nieto, pero hay más cartas sobre la mesa.

Mientras los grupos de delegados se arremolinan para hacerse fotos, con líderes, en el photocall, en el escenario principal del palacio de exposiciones granadino, los más viejos del lugar advierten que este no es el clima habitual de los congresos ‘peperos’, que se ha roto la unanimidad absoluta.  En poco tiempo, sin embargo, se da por seguro que se impondrá la inveterada disciplina interna.