Como en todo, hay días. El mío fue el viernes pasado, cuando recibí dos propuestas muy interesantes. De la primera aún no puedo hablar. La segunda  la tuve que rechazar con dolor de mi corazón. Me la hizo el Téllez. Se trataba de participar en el homenaje a Félix Bayón que este jueves se celebra en Cádiz y que va a girar en torno a su libro ‘De un mal golpe’, tan actual ahora en pleno juicio tras juicio por el saqueo de Marbella, que él supo detectar y denunciar, desde su casa con buganvillas. Yo le presenté ese libro, me lo pidió, y recuerdo muy bien aquel día, la conversación que tuvimos, las copitas en Veedor y su risa. Estuve en un homenaje en el Ateneo, en otro en el platio trasero del Obispado, en otro en Sevilla, cuando se presentó su magnífico libro recopilatorio de artículos, en el descubrimiento de la placa en su casa de la alameda, pero esta vez no va a poder ser. 

Desde estos 130 kilómetros de distancia, más o menos, me sumo con todo el corazón y con toda la añoranza, por su enorme calidad humana y por su espíritu crítico y su vocación periodística, ejemplar más aún en estos tiempos que corren y que él, sin duda, alumbraría con su visión singular.