Estos días que tanto hemos leído sobre las cuentas de UGT, gracias a la investigación de Silvia Tubio, me acuerdo de un dato que me llega de un trabajador de la central. Parece que un dirigente gaditano se llevó a la casa de su novia un cuarto de baño que se desmontó en la sede de la central sindical, azulejos incluidos. Alguien del sindicato que fue a la casa y pidió pasar al baño se entrañó ante la coincidencia y preguntó. La fuente me merece crédito, aunque la historia es un disparate de un cutre digno de Torrente que, como suele pasar, seguramente no será exagerada.