Europa y nosotros

Aquí está ya la campaña de las elecciones europeas, en la  que Andalucía tiene mucho que decir, intereses que defender e importancia que conquistar. Vuelve a cobrar atractivo, de pronto, por el interés te quiero: es lo que tiene ser granero de votos para los grandes partidos, pura proyección demoscópica, y así, se sacarán a pasear, como estandartes, las reivindicaciones una y otra vez almacenadas.  
Sobre todo, con las luces cortas, será interesante ver cómo se comporta el PSOE andaluz de Susana Díaz en su primera confrontación con las urnas, preparado para echar el resto para recuperar el primer puesto que le arrebató el PP en los anteriores comicios.  Con luces de cruce, se verá, pese a la abstención y la posible irrupción de un voto de castigo en forma de pequeños partidos y una alta abstención, el estado del bipartidismo y las opciones de Rubalcaba a seguir liderando el socialismo patrio, hasta el advenimiento de Susana Díaz a la escena nacional. Por descontado que el  PP sufrirá, pero es muy probable que mantenga el primer puesto.
Queda pendiente, sin embargo, poner las luces largas y centrarnos en lo que se trata, en Europa. En vez de programas, los partidos deberían imprimir y repartir un librito de hace ya unos años, ‘Nobleza de espíritu”, de Rob Riemen, con un prólogo en el que  George Steiner  resume su magnífica idea del continente (la Europa de los cafés, la Europa que se pasea, la heredera de Roma y Jerusalén, la Europa histórica, incluso fatalista, la tradición común, la reclamación de un liderazgo basado en sus raíces culturales)  mientras que su autor, presidente del Nexus Instituut, reclama la vuelta de esa “idea olvidada” , la “nobleza de espíritu”, para plantearse desde ella la acción política y rescatar la democracia de su descrédito, con una ‘pensada’ a fondo de todo el orden establecido, que ha hecho crisis.
Estaría bien que se lo leyeran, al menos.
Claro que esto se comparece poco con la imagen de los eurodiputados corriendo en estampida el jueves a mediodía para no perder sus vuelos, ni  con  sus billetes en primera clase.

Nuevo liderazgo empresarial

Javier González de Lara tiene este jueves la prueba de fuego de su liderazgo al frente de la
Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA). La asamblea general que la patronal andaluza va a celebrar en Antequera habrá de poner las bases de una nueva forma de gestionar la organización, una regeneración necesaria tras la crisis que atraviesa la patronal, con una deuda de varios cientos de millones de euros, que se cuantificará en esta asamblea , y con la imputación de su cúpula anterior, presidida por Santiago Herrero, que habrá de pasar en esta misma fecha por los juzgados del Prado de San Sebastián sevillano, a cuenta de la presuntamente fraudulenta cooperativa de viviendas Isibyla.
Es interesante observar cómo se configura el nuevo liderazgo en la CEA, en unos momentos de cambio de la “primera línea” del poder andaluz, con dos sevillanas, Susana Díaz, en el Gobierno andaluz y el PSOE-A, y Carmen Castilla, en UGT, y dos malagueños, Juan Manuel Moreno Bonilla, en el PP-A y Javier González de Lara, en la CEA. Los cambios traen nuevos impulsos y, en cada caso, se atisban estrategias propias y diferenciadas, que configuran un nuevo tablero de juego.

En este sentido, los primeros pasos de González de Lara al frente de la CEA, que cumple precisamente 35 años también este jueves, participan de un nuevo estilo sustancialmente diferente del anterior, que obedece a la necesidad de hacer frente a una época distinta, en la que se acabó literalmente la fiesta y han de afrontarse problemas nuevos y enormes, dentro y fuera de la institución.
González de Lara parece haber encontrado la forma de llevar la voz empresarial al debate andaluz con oportunidad y sentido común. Su contribución puede ser notable no sólo en los ámbitos etéreos de la imagen o la representación, también debe serlo en cuestiones ‘contables y constatables’, para apoyar las esperanzas de recuperación económica en estos delicados momentos, en los que pese al triste liderazgo europeo en paro, Andalucía parece entrar en el punto de mira de fondos de inversión y grandes empresas, nacionales y multinacionales, señal evidente de que llegan las oportunidades de negocio. Falta hace que se trasladen al empleo y el crecimiento andaluces.

En espera del cuco, un año más

Me he acordado de este articulo y resulta q lo he encontrado en Internt. Me apetece que esté aquí, tanto tiempo, 5 años, después…
El canto del cuco
Una vieja leyenda que circula por el mundo rural profundo de la comarca de la Janda, que en mi familia se transmite de generación en generación, dice que quien oye el canto del cuco ya no se muere ese año. He intentado buscarle sentido a esa historia que, miren por dónde, no me atrevo a despreciar como una superstición, porque cada año, cuando suena de pronto en los pinares conileños como si fuera el reloj que le emula, -«cu-cu, cu-cu»- todos nos avisamos con cierto y disimulado alivio. Incluso noto cómo los niños advierten a los mayores, con esa clásica angustia que acompaña siempre a los hijos respecto a la muerte de los padres, y me recuerdo a mí misma alguna primavera esperando que sonara para, a mi vez, garantizarme la supervivencia de los míos, un año más. Será absurdo, sí, pero mi padre no llegó a oir el cuco aquel invierno fatal, el terrible y amargo febrero que se lo llevó por delante.
Supongo, y es la única teoría que se me ocurre para explicar esta historieta, que en aquellos vetustos cortijos de grandes estancias, patios cuadrados, gañanías, almacenes y establos fríos, sin luz ni agua corriente por lo general, sin neveras ni lavadoras, sin supermercados a mano, ni hospitales, ni apenas carreteras, cuando nuestros ancestros oían el canto del cuco sabían, sin necesidad de Meteosat, ni siquiera de calendario, que el duro invierno iba de paso y que habían conseguido sobrevivirlo. A partir de entonces, el sol calentaría más a menudo, la tierra empezaría a dar sus frutos y habría más de comer; y cosecha que recoger y vender, dinero que ingresar para aguantar el nuevo ciclo que empezaría otra vez, acto seguido. De manera que el cuco, un pájaro por lo demás rastrero, que se dedica a robar el nido a las demás especies, no sólo trae consigo la primavera, un año más, y una cierta promesa de inmortalidad, al menos un pequeño quiebro a la muerte, sino que también trae la memoria de lo que hemos sido, hasta hace no tanto tiempo. Gente dura, seca, austera, vinculada al ritmo de las cosechas y al latido de la tierra, preparada para vivir con lo que hubiera.

Luego pasamos a habitar en ciudades, tuvimos coches, teléfono, televisión, capacidad adquisitiva. Comprábamos cada temporada algo de ropa nueva, lo justo y necesario, y comíamos con disciplina de la cocina familiar, sin caprichos, pero cuatro veces al día. Sin embargo, en algún momento perdimos el sentido de la medida y empezamos a consumir como locos, a ganar y a gastar cantidades imposibles, fuera de nuestras posibilidades, a destrozar la tierra tanto como la ética, la estética, nuestros estómagos y hasta la lógica y el sentido común.

Si esta crisis, como dicen algunos teóricos, es un rito de paso del final de la modernidad, es preciso hacerlo bien y, quizá, dejarse llevar por algunas intuiciones arcanas, ya que los científicos y expertos han sido tan obtusos a la hora de detectarla o evitarla como lo son ahora para resolverla: soluciones no sólo económicas, pero sí a la escala de las personas, para lograr una sociedad más sana, sabia y llena de sentido.

Por eso ahora que suena el cuco y no nos hemos muerto, apetece volver los ojos a la tierra y mirar hacia la vida que se abre paso, a pesar de todos los malos augurios, de los torpes, los ambiciosos, los miserables, y confiar en que se haga realidad el machadiano milagro de la primavera. Hay otros valores, que no cotizan en Bolsa.

A verlas venir

Seguro que a día de hoy, lunes, ya han leído suficientes análisis sobre la crisis de los socios de gobierno. Me encantaría ahorrarles uno nuevo, ahora que estalla el azahar, las cofradías devuelven a las calles emociones y memoria, la gente huye a las playas, las torrijas tientan las más rigurosas dietas, pero me temo que el asunto va a seguir coleando aún mucho tiempo, hasta que el “supremo interés comùn”, o sea la conveniencia partidaria, diga hasta aquí hemos llegado.
Así que seguiremos informando. Los interrogantes abiertos se multiplican: A ver si cuando hoy vuelvan todos a sus despachos en Fomento se registra alguna carta de cese o si por el contrario se mantiene el pulso a la presidenta Díaz, porque la secretaria general de Vivienda, Amanda Meyer, pretende realojar a los okupas de la corrala Utopía que ahora no han entrado en el lote. La gestión en cualquier caso está en entredicho: ni siquiera sabían de cuántas familias estaban hablando. A ver también si en la asamblearia IU han tomado el poder los ‘bolivarianos’ o los ‘colaboracionistas’. A ver si en el PSOE pueden seguir defendiendo que al final no han tenido que doblegarse. A ver qué pesca el PP de todo esto, a parte de escamotear la responsabilidad del Ayuntamiento de Zoido en el problema de vivienda y de apagar informativamente las escandalosas acusaciones de Bárcenas sobre las cajas B y sus responsables.
A ver, en fin, quién piensa en los andaluces, que asisten atónitos al espectáculo como si los marcianos hubieran invadido la Tierra.

La politica andaluza es cada vez más esperpéntica, a lo Valle. Cada cual se mira en un espejo deformado y ve lo que quiere. La Junta va a tener más complicado que de costumbre infundir confianza en el futuro y no digamos ya en su capacidad de hacer frente al deterioro general del Estado de bienestar. La legislatura entra en barrena después de dos años de práctica inacción. Si persiste el presagio de elecciones anticipadas, podrá darse por perdida y eso, en este contexto de crisis, sería bastante curioso.

Daños y perjuicios

Me acordé de Lorca:_«Señores guardias civiles:/ aquí pasó lo de siempre./ Han muerto cuatro romanos/ y cinco cartagineses». Pero la reyerta entre los socios de Gobierno andaluz no ha tenido tintes líricos, ni épicos, sino que ha sido como una comedia de puertas. Unos entran, otros salen, unos se reúnen con otros y luego entre ellos; lo que parece que es un incidente de cierto peso, pero que no impide compartir el aperitivo en la barra del Parlamento, acaba por la noche en un ‘climax’ fatalista que a la mañana siguiente se torna en cataclismo cuando llega el BOJA y con él la contundente publicación del decreto de retirada de competencias. Pero todo se desinfla cuando salen los dirigentes de IU a explicar sus posiciones: aquello del cese temporal de la convivencia, es decir la “suspensión momentánea” del acuerdo de gobierno, denotaba que recomponer el pacto era factible. Si hubiesen querido romper, lo hubiera hecho. Fallo de guión.
Así que aún quedaba ver en qué se sustanciaba, qué encaje de bolillos hacían para intentar dar marcha atrás sin hacer más destrozos. Ese es el riesgo después del órdago.
¿A quién ha beneficiado el incidente? Sin duda la presidenta de la Junta ha visto fortalecido su liderazgo e incluso desde la derecha, en todo el país, se ha elogiado su firmeza en defensa de la legalidad. Su gesto ha sido incluso del agrado de cuantos esperan y desesperan en los registros de demandantes de vivienda.
Pero Díaz no dejará de pagar un alto precio. Altísimo: su gran apuesta política, la de transmitir una imagen de Andalucía como una comunidad solvente con un gobierno estable, en la que los inversores pueden confiar, se ve ciertamente comprometida. De acuerdo que peor hubiera sido que se instaurara la okupación como método para conseguir piso, pero queda en el aire el perfume de la fractura, de las elecciones anticipadas, que acarrearían una paralización de la gestión pública que en estos momentos de dura crisis serían difíciles de compadecer con esa necesidad de devolver a la política su crédito como instrumento útil para resolver los problemas.
Tampoco IU sale mejor de lo que entró en el conflicto, salvo que alguien crea que la algarada en las redes sociales le favorece. Muchos esfuerzos han hecho sus líderes para hacer ver que eran políticos preparados y serios, alejados del pañuelo palestino, como para derribar esa imagen en el momento en que parece que la ola de la demoscopia le favorece. Romper la baraja les supondría perder el poder y todos sus benéficos efectos, en unos momentos en que carece de un líder consolidado para su cartel electoral.
Sorprende que después de haber conseguido sacar adelante dos presupuestos, con recortes draconianos, de haber superado dificultades varias, desde el cambio de presidencia hasta el polémico respaldo de la consejera Cortés al asalto a los supermercados de Gordillo, el tintineo de las llaves de exactamente ocho familias okupas haya producido semejante crisis. Sobre todo no se entiende por qué no pudo evitarse llegar a tal punto de encono, si es que ya no funciona el engranaje interno, si es que Fomento no obedece o es que Presidencia se obceca en exhibir su poderío.
Queda por ver si esta va a ser la tónica de las relaciones entre los socios en el futuro. Nadie apuesta, desde luego, por agotar la legislatura.

Andalucía en ’8 apellidos vascos’

Nos reímos con ‘Ocho apellidos vascos’ como con hambre atrasada. La carcajada se ha vuelto muy escasa en este país. El fenómeno, lejos de desinflarse aún sigue llenando las salas de cine y desafía los altos precios y el IVA cultural. Sé bien que la exitosa película no tiene más ambición que divertir, y ya es bastante, pero no deja de ser curioso analizar cómo, más allá del blanco humor, perviven los tópicos, hoy como siempre: andaluz de juerga permanente, amante de la siesta, chistero y poco trabajador, con medalla de la Virgen al cuello, pantalones de colores, jersey sobre los hombros. Eso sí, termina por vencer a vasca abertzale, dura y altanera, que desprecia al otro pero acaba por recorrer el puente de Triana en coche de caballos al ritmo de Los del Río. Gana el hedonismo, el goce de vivir. El Sur.
La inocente fábula de Martínez Lázaro está dando también para mucho análisis en clave territorial, ahora que se acerca el debate parlamentario sobre la independencia de Cataluña, y no viene mal que se desdramatice el ‘hecho diferencial’, que llegue a los millones de espectadores el mensaje de que el entendimiento es posible y, sobre todo, que hay que reirse de uno mismo.
¿Qué papel jugamos en este escenario los andaluces? Parece que somos el ‘estándar’ del topicazo, el ‘opuesto’ folklórico y evidente ‘españolazo’. La Andalucía hegemónica de Ortega parece que no termina de desaparecer. Aunque nos fastidie, quizá es que no hemos sido capaces de romper la imagen que se tiene de nosotros más allá de Despeñaperros. Habrá muchas Andalucías y muy diversas, la gran mayoría no se reconocerá en el personaje-cliché del gran Dani Rovira,  pero da igual. Así nos ven.
En cualquier caso, el relato de la realidad que ofrecen los indicadores económicos no da para risas: la tasa de paro andaluza se ha ido al 36,87%, a pesar de que en marzo se esperaba el definitivo repunte, y duplica el desempleo vasco. El PIB per cápita de 2013 no arroja un escenario mejor: el andaluz está un 25% por debajo de la media, el vasco, un 34% por encima. Total, 59% de distancia. Eso sí que es, por desgracia, un ‘hecho diferencial’.

Sin acritud

“Sabemos, por supuesto, que a veces corremos el riesgo de que nos golpeen por debajo de la cintura, pero hemos sido educados en la creencia de que los golpes bajos estaban al margen de la ley.”

Pasaje de: Gary, Romain. “Las raíces del cielo.”