El ‘pequeño Nicolás’ y el esperpento

Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien como con la historia del ‘Pequeño Nicolás’. Este país que nos da tantos disgustos alcanza unos niveles de esperpento que necesitaría un Valle Inclán para contarlos. Los espejos del callejón del Gato se han hecho realidad inversa y nos muestran como somos: la deformación están en este lado del azogue. No sé si da más risa o más miedo.
La historia plantea una radical y fundada duda sobre su veracidad, pero cuestiona la credulidad de los ciudadanos que, acostumbrados ya a que pase cualquier cosa, a que torres más altas hayan caído, pueden dar crédito a lo que sea. Incluso a que el anterior Rey le mande un ‘guasap’ al niño firmado ‘JC’ o a que éste pasee por Madrid en el coche de la supervicepresidenta Soraya… Hasta ha llegado al corazón de ‘Kontrol’, el despacho de Félix Sanz, director del CNI, dice el joven artista, que al final desliza ser un ‘charli’, o sea un colaborador del Centro Nacional de Inteligencia, un agente secreto, un 007 de 20 años con ojos desencajados, papada y sonrisa aviesa.
Los conspiranoicos están desatados, por si algo les faltara. Hay versiones de todo tipo, desde quienes quieren verlo como un ‘show’ populista a quienes lo quieren convertir en mercancía partidaria.
Yo ensayo una explicación, un poco por seguir el tema del día: para mí que en el fondo están unos usos de hacer política y un discurrir de la vida pública que propicia casos estrambóticos, de los que éste es su máximo exponente.
Muchos políticos comenzaron de jóvenes cachorros sobrados y ambiciosos, que poco a poco se fueron codeando con sus mayores y, aun sin selfies, treparon hasta el límite de sus capacidades, o de su incompetencia, como reza el Principio de Peter. Aún ahora se les ve, por aquí, sin ir más lejos.
Después, como se sabe, muchos empresarios y conseguidores se arrimaron a ellos porque en este país las cosas se hacen por amistad, por contactos, por chanchullos. Caldo fácil de cultivo de estafadores, impostores y … políticos de carrera.

El caso ERE asciende al Supremo

La partida final del caso de los ERE fraudulentos, en su vertiente más crítica, la llamada “trama política”, se juega en las altas salas de la Justicia española. Desde el auto del Supremo, conocido el pasado jueves, el ritmo se acelera y la acción parece que diera para una película de Hollywood, de esas de Gene Hackman como oscuro y poderoso letrado, de jerga inextricable, o para un capítulo de House of Cards, la serie de televisión sobre los mecanismos del poder y su impiedad.
La prosa de la sala de admisión parece medida y cuidada. Es mucho lo que se juega el Alto Tribunal en este caso que se ha considerado el paradigma de la corrupción socialista andaluza, con un énfasis que en cuanto a las transferencias de financiación y la supuesta conspiración para delinquir que considera Alaya, se vincula con un intento de equilibrar y/ocontrarrestar la Operación Púnica, las tarjetas black, y otras pestilencias.
Habrá de tener cuidado el Supremo con dónde pone el listón de la responsabilidad. Todos los ojos de la política española están sobre el instructor, Jorge Alberto Barreiro. Si considera constitutiva de delito las conductas de Chaves y Griñán, o la de Zarrías y Mar Moreno, por que el asunto de Viera ya es otra cosa, sería difícil que no lo fueran también las de otros altos responsables políticos, los más altos, que vieron pasar ante sí sobresueldos, sobres en negro, contratos amañados, comisiones de grandes empresas, contabilidad paralela, testaferros, cuentas en Suiza.
Esta partida puede que vaya rápida y por los aforados no será, pues se apresuran a personarse para prestar declaración voluntaria. Parece que desde la Fiscalía General del Estado la actitud es de facilitar que pueda ser así y no se va a hacer sangre con que los políticos socialistas acudan como imputados. Una condición que ya desde el PSOE se apresuran a ‘enfriar’ después del golpe dado por Susana Díaz al decir que les pedirá el acta de parlamentarios si eso sucede.
Pero aún queda tralla y lo más posible es que si esto avanza, el ritmo sea distinto por lo que afecta al resto de aforados. La jueza Alaya tiene ahora que desglosar el sumario para enviar al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía la parte correspondiente a los diputados andaluces. El presidente del TSJA, Lorenzo del Río, se ha quejado de falta de medios, pero con los que cuenta o consiga arañar tendrá que hacerse cargo del asunto. No le queda otra.
En medios jurídicos se hacen una pregunta interesante: ¿se va a quedar Alaya sólo con los intrusos, las ayudas irregulares, los comisionistas, después de haber apuntado tan alto? ¿O aspirará a una plaza superior en la Audiencia Provincial? En tan personalísima instrucción no es un asunto menor.
Pero eso no es todo, y volvemos a escenas de ‘House of Cards’: Entra en juego otra plaza que se tambalea, la del juez Ruz en la Audiencia Nacional, a quien se le acaba el periodo de suplencia. La gobernanza de la Justicia, el Consejo General del Poder Judicial, tiene trabajo por delante.

Populismo contagioso

Qué país este, que se pasa la noche del sábado pegado a la televisión, cabreándose con la política y contra los políticos, en vez de dedicarse a otros menesteres más jugosos. Incluso hay quien incide y reincide la noche del viernes, y a mediodía y por la noches. A cualquier hora alguien nos ilustra contra la “casta”, en especial alguien de Podemos. Hemos pasado de escudriñar las vidas de los más frikis de la prensa del corazón, sus familias y sus miserias, a volcar la atención sobre los poderosos, con una energía que se contagia y expande, hasta crear una especie de psicosis social en la que se mezcla el resentimiento, el ánimo justiciero, el ansia de venganza, como una nueva lucha de clases.
Es un formato barato y rentabilisimo para los programadores, que con poco gasto consiguen más audiencia e ingresos que con las grandes películas, los musicales o aquellos programas concurso. ¿Quién se acuerda?
Claro que para triunfar en el formato también hay que cumplir reglas del espectáculo, la grosería, el grito, el análisis maximalista, la confrontación agria, los aplausos de fondo que convierten en un circo los problemas de la actualidad.
Es verdad que la corrupción esta de cada día enciende los ánimos más templados. Pero el ‘late show político’ no distingue matices y acaba por arrastrar no sólo al espectador, también a la gobernanza. Tengo la impresión de que la nueva línea roja impuesta por Susana Díaz de exigir el acta a los imputados es producto de esta neura colectiva y que va a dar igual a efectos prácticos, porque el estado de opinión está consolidado y los politicos, ni siquiera imputados, están mediáticamente condenados, al igual que sus siglas. Lo mismo pasó cuando decidieron bajarse los sueldos. La gente sigue pensando que se forran.
Además, la medida trasluce improvisación. Al parecer nadie había caído en el el caso volvería a Alaya. Fue un calentón, dicen. Pues a ver en qué queda y cómo lo resuelve.

El escándalo que viene

Las instituciones del Estado se han visto sacudidas una tras otra por escándalos de corrupción: la Corona, el Poder Judicial, el Gobierno, los partidos, empresarios y sindicatos. Como quien tira de una cereza de una cesta, estamos en machadiano modo: «españolito que vienes, al mundo /te guarde Dios». No una, las dos Españas nos hielan el corazón cada día.

El penúltimo asunto toca de lleno a las Cortes Generales. Se trata de los viajes ‘amorosos’ del presidente de Extremadura a Canarias cuando era senador. Hay una primera lectura, muy evidente: el llamado ‘barón rojo’ del PP queda en evidencia, pues dice primero que fueron viajes de trabajo y luego afirma que devolverá el dinero. Lo hace en plena escenificación de transparencia y buen gobierno del PP nacional en su territorio, lo que ya es mala suerte; el presidente del partido y del Gobierno, Rajoy en persona, le da públicamente su apoyo, que resulta muy comprometido, y trasciende que puede ser una ‘vendetta’ interna, una más, en un PP acosado por la Justicia.

Hay otro nivel, no menos singular, como son las citas quincenales de fin de semana con una joven y guapa militante de origen colombiano, de nombre Olga María, que aparece después, cual ‘pequeño Nicolás’, en la recepción de la proclamación del Rey, con otro acompañante, diputado del PP aragonés, que, este sí, dimite.

Es como un episodio-tipo de teleserie: está la trama amorosa, está la trama política y está, aún más, la historia de fondo, que da para nuevos capítulos: es el descontrol en los gastos de los parlamentarios españoles. Esto toca de lleno al Congreso, al Senado y a las Cámaras autonómicas. Un político de larga trayectoria confesaba en voz baja que si se investiga va a haber muchas y muy desagradables sorpresas para los ‘padres de la patria’. O sea que eso de irse de fin de semana con cargo al erario público no es cosa de un ‘verso suelto’, sino que lo practicaban (casi) todos los electos.

Miedo da. En la Cámara de los Comunes un escándalo tremendo, para ellos, como fue el cobro de dietas o de pluses de residencia, el gasto de fondos del Parlamento para caprichos personales fue rápidamente atajado con un cúmulo de dimisiones. La democracia británica no tuvo ninguna duda. Aquí se han sabido cosas similares, de diputados con nombres y apellidos que cobran dietas como si vivieran en sus demarcaciones de origen, pero tienen casa y familia asentada en Madrid, y no ha pasado nada.

El Parlamento andaluz tiene ahora en debate medidas de reforma del reglamento para adaptarse a la ley de transparencia, como hacer un pleno en julio y rendir cuentas con más frecuencia. Son medidas ‘buenistas’ que negocian los grupos entre ellos, pero que no sé yo si abordan de frente las dudas que la ciudadanía alberga hacia su régimen de remuneraciones y dedicación. Hasta ahora, la Cámara se ha puesto de perfil cuando surgían dudas, por ejemplo este verano, que se supo que los 109 diputados cobraron dietas a pesar de estar de vacaciones. Los grupos se ponen fácilmente de acuerdo en algo que beneficia a todos. Pero que tomen nota de los aires que soplan en la calle. Ya no vale esa conjura del interés común, que es el del bolsillo.

Y yo más

Los grandes partidos -o lo que queda de ellos- han pasado de señalar las vergÜenzas del otro para tapar las propias a ponerse en cabeza de la manifestación. Del “y tú más” al “y yo más”. Como tahúres que jugaran una partida de póker en el vapor del Missisipi, suben sus apuestas de medidas contra la corrupción mientras adivinan qué cartas les entran al otro e intentan disimular el farol. La escalada de estos en días en Andalucía ha sido frenética: el PP cubrió su turno cortando la vuelta de Martín Serón, el alcalde condenado por corrupción y Susana Díaz la vio y puso sobre la mesa todas sus fichas al señalar la puerta a los parlamentarios que sean imputados. Sin anestesia.
El impacto de ese anuncio sobre su partido, pero también sobre la opinión pública andaluza, está lejos de encajar. Equivale de facto a dejar a los pies de los caballos a Chaves, Griñán y los ex consejeros aforados. Al aceptar que la gente no distingue entre Eres y Gurtel, Díaz asimila los escándalos, en contra de los suyos y de la doctrina oficial que ha mantenido su partido, empeñado en hacer ver que no se trata de una corrupción “institucional”, sino “cuatro mangantes”.
Más allá de cuestiones personales, porque es más que conocido eso de que existen rivales, enemigos y compañeros de partido, en clave interna socialista se trata de un nuevo “tour de force” de Díaz con su ejecutiva federal, pero a efectos prácticos viene a suponer que los expresidentes y los ex consejeros, que en buena parte han sido lo más granado del PSOE andaluz, van a tener que ahuecar el ala en breve, ya que lo más probable, a la vista del informe del fiscal de sala, es que el Supremo deba investigar el caso, aunque luego no abra juicio oral. Habrá que ver si el Tribunal se contagia también de esta ola “ejemplarizante” que inunda la Justicia y si le influye o no a la hora de adoptar posición.
Mientras el presidente del PP andaluz, Juanma Moreno quiere distinguir entre imputados por gestión e imputados por lucrarse, Díaz corta sin piedad. “Es lo que los andaluces quieren de su presidenta”, ha dicho.
Bienvenidos al “Far West”, pues. Esto es un duelo al sol, sin matices. No solo la Justicia, también la política parece haberse vuelto justiciera.

Podemos crece en Andalucía

Entre que sale y no sale del horno la encuesta del CIS, ya no hay manera de mirar a otro lado: Podemos ha dejado de ser un fenómeno televisivo y ha irrumpido no ya en la calle, sino en la burbuja de los partidos, tan reacios a enterarse de lo que se cuece más allá de sus sedes. La fractura entre la nueva y la vieja política ha saltado a la vida diaria de manera implacable, también en Andalucía, donde los partidos hacen sus cálculos ante las incertidumbres que se abren en el horizonte demoscópico.
Ya se vio el “efecto Podemos” en el último barómetro del ‘EGOPA’, pero un ‘tracking’ interno realizado en septiembre viene a indicar que los de Pablo Iglesias serán actores relevantes en el futuro político andaluz. Para entonces, antes de este ‘Octubre Negro’ de la corrupción, se situaban con cerca de un 14% de los votos, mientras que IU se desplomaba entre tres y cuatro puntos y quedaba por debajo del 8%. Otras opciones, como UPyD, directamente desaparecen.
En cuanto a los dos grandes partidos, los datos citados indicaban una caída del PP sobre las autonómicas, de unos 9 puntos, a pesar de que el último EGOPA dio un balón de oxígeno a Juanma Moreno al mantener la intención de voto. Respecto al PSOE andaluz, este ‘tracking’ de septiembre le situaría sin apenas variación, entorno a un 38%, pero los disimulados intentos de recalcar el descenso de sus rivales revelan el temor de que el CIS próximo también les dé una castaña.
Es hora de reaccionar. A IU le toca un difícil equilibrio entre estar en el Gobierno y en la protesta, pero también su líder, Antonio Maíllo, ha de soportar una especie de ducha escocesa: en pocos meses ha pasado de tener las mejores perspectivas a caer a plomo.
El PP andaluz parece conformarse con la idea de que el PSOE sale tocado y confía en que el miedo a Podemos le atraiga a sus votantes desencantados. Los socialistas acarician la idea de remontar por la erosión del PP a consecuencia de los escándalos y, de pronto, parece que se disipan sombras sobre el liderazgo de Pedro Sánchez.
Ahora todos se afanan en desplegar un escudo de medidas anticorrupción, que resulta bastante difícil de creer a estas alturas. ¿Cómo no va a aprobar ahora un partido que quien “meta la mano en la caja” se va a la calle? Faltaría más. Tener que proclamarlo ya es un dato. A la gente tampoco le vale que los líderes se avergüencen públicamente de la corrupción. Para vergüenza, la que sentimos los ciudadanos.
Podemos va a lo suyo: abre sedes en las ciudades que ya en las europeas dieron señales de potencia, Sevilla y Cádiz, recoge los frutos maduros de un sistema moribundo, soslaya con habilidad los temas complejos e intenta abrirse un hueco interideológico que también suena a gran trampa.
En cualquier caso, el debate está servido y la sociedad está en él, preocupada y activa. No puede ser malo.

Disciplinas a la moda

Vamos de vértigo. Piensen que hace poco más de un año todos éramos economistas. No pusimos aceleradamente al día en cuestiones tan ásperas como las primas de riesgo y hasta supimos que había un mercado de deuda secundaria, mientras actualizábamos conceptos básicos e incorporábamos nuevos palabros, «consolidación fiscal», «senda de déficit», «memorándum de entendimiento», etc. etc.

Luego llegaron los constitucionalistas, disciplina harto espesa, por cuanto maneja ideas muy amplias y generales pero las encaja en artículos, disposiciones, reglamentos, en doctrina comparada y no sé cuántas cosas más que matizan la diferencia imposible entre federalismo, confederalismo, estado de las autonomías.

Ahora es el turno de los juristas en general y de los penalistas en particular. Por una parte hay que saber de argucias múltiples para manejar ante los tribunales las causas planteadas, por otro para especular acerca de reformas posibles para reconducir el sindiós en que se la convertido la política española.
Nos hundíamos cuando la prima de riesgo escalaba posiciones. Luego cuando se acercaba la Diada y la consulta catalana. Ahora nos llena de espanto el cenagal de la vida política, que atisbamos con toda su crudeza y con el presentimiento de que queda mucho por saber.

Entre tanto, adviertan que ninguna de las cuestiones anteriores se han resuelto ni superado: ni la economía ha mejorado, que le pregunten a la gente de la calle, ni se ha resuelto la cuestión catalana, ni mucho menos. No hablemos de la corrupción, que solo ha enseñado la patita.

¿Cuándo llegará la hora de los filósofos, de la ética? Quizá asome un poco ahora el debate sobre los valores, pero me temo que lo ahogue antes de nacer la coraza de escepticismo y de intereses que nos hemos creado. Mientras, empieza a contagiarse una potente neura social por los sondeos, a la vista del vuelco que se avecina.

Al final, todos al frenopático. Los que no estén en la cárcel, claro.