San Telmo, el hotel de los líos

O se van todos de Nochevieja pronto, y dejan de asomarse a las alcachofas de los periodistas con tan airadas declaraciones, o antes de que cante el gallo del año nuevo aquí se lía. En vez de dispararse unos a otros con pistolitas de agua, que es como describía ayer un dirigente del PP-A esta pugna soterrada en ‘el bipartito’, los representantes de PSOE e IU parece que van a más en su desencuentro.

El laberinto (político) andaluz parece más que nunca un patio de colegio, con los dos socios de Gobierno enredados en las bravuconadas de a ver quién la tiene más grande. No sabemos si es que estamos ante un cambio de gobierno inminente o si es que PSOE e IU se enzarzan en un asalto más del combate cuerpo a cuerpo que vienen librando desde el inicio de la legislatura y que se ha endurecido desde que la coalición puso en el horizonte la horca caudina del posible referéndum de junio, esa consulta a sus bases sobre la continuidad del acuerdo.

Si, como se cuenta en Sevilla, la posible entrada de Antonio Maíllo en el Ejecutivo de Susana Díaz es un efecto sobrevenido y no buscado por el coordinador general, peor aún que si se trata de una verdadera pretensión de éste por figurar en el ‘banco azul’ andaluz. Ahora queda en el aire el zumbido de una aspiración que, según se consume o no, dará la medida del ‘tour de force’. Entre tanto, se trata de demostrar la relación de poder, es decir si IU decide de manera autónoma quién ocupa las consejerías, y pone y quita piezas a placer, o si es la presidenta de la Junta quien nombra a su equipo. Es lógico que Díaz defienda su estatus. En caso contrario saldría muy mal parada su figura y la propia institución, y se evidenciaría lo que muchos sospechan, que se trata de dos gobiernos en uno, que llegan a actuar de manera diferente y hasta encontrada.

En buena lógica, y al latinista dirigente de IU no le faltan conocimientos, sería bastante incongruente que participara de manera directa de las decisiones de las que está esforzándose tanto en tomar distancia.

Pero el tono de las declaraciones de los socios de Gobierno sube y ya roza la bravata. «Si hay cambio de Gobierno será porque Izquierda Unida lo diga», asegura Maíllo. Valderas le secunda. El vicepresidente y excoordinador aparece como el señalado para dejar su puesto en el Ejecutivo a su líder, quizá por cuestión de rango. Pues no, le replica la presidenta, que recuerda que es su ‘potestad’.

Maíllo, pues, se ha metido en un charco. Quizá sin querer, pero del alboroto no va a salir más que votos en fuga. Hacia Podemos, que inicia ahora su proceso constituyente andaluz, mientras el PP lanza la caña para pescar y se ofrece como el partido estable frente a lo que Juanma Moreno llama ‘el cóctel de los líos’. Los hechos parecen darle la razón.

El año del bolsillo

Asoma 2015 y toca augur. Estos días de tránsito entre un año y otro son no-tiempo, zona de descompresión. Por eso, a la vez que nos convertimos en una suerte de apóstoles de la Gran Fraternidad Universal, nos permitimos especular sobre el futuro inmediato como si consultáramos el hígado de una oca sagrada. Si siempre es difícil profetizar no digamos ahora, cuando tiemblan las cuadernas de nuestras instituciones.
Sólo una cosa es segura: será interesante. Aún podríamos añadir: incierto y apasionante. No es mucho aventurar, porque nos espera un año cargado de convocatorias electorales de las que puede surgir un nuevo mapa político, un año en el que veremos si en la convulsión de la sociedad gana la regeneración o el linchamiento, las pulsiones altruistas o las bajas pasiones justicieras. Un año, sobre todo, en el que será clave el bolsillo. Si hay dinero, si la economía evoluciona con solidez y comienza a notarse en las carteras de la gente, los demás problemas lo serán menos.
De Despeñaperros abajo el escenario es especialmente complejo. Todo lo que ocurra a nivel nacional influirá en un ‘teatro de operaciones’ donde los partidos del Gobierno libran su peculiar batalla entre sí e intentan a la vez blindarse frente al enemigo común, el omnipresente Podemos, mientras en el PP andaluz parecen tomarse su tiempo para avanzar posiciones.
Será, desde luego, el gran año de la presidenta de la Junta. La foto de Susana Díaz en el atril del Palacio de la Moncloa, el lunes pasado, tiene un mensaje subliminal evidente. La dirigente socialista, a la que algún gran empresario ha bautizado como “la Merkel roja”, es el cruce de caminos del futuro del PSOE y de la continuidad del Ejecutivo andaluz. Su figura se acrecienta según decrecen las expectativas de sus siglas, aunque los recelos que levanta también son cada vez más evidentes.
Lo más novedoso, con todo, es que la economía andaluza van a contar con casi cinco mil millones más por la bajada del precio del petróleo y la caída de los intereses de la deuda, como contaba ayer en estas mismas páginas Gaspar Llanes, secretario general de Economía. Aprovechar la ola debería ser la tarea fundamental. En fin, se trata de dinero.

Socios pero no amigos

Aunque canse, no es posible sustraerse a analizar hoy esta especie de ‘baile de los malditos’ que es el pacto de Gobierno andaluz. El acuerdo que IU adoptó este domingo ha alterado la ya de por sí precaria estabilidad del acuerdo, pero si se lee bien, no deja de ser un ultimátum muy calculado que amaga pero no da. Marejada a fuerte marejada, con áreas de mar gruesa, que es la historia de la vida de este singular matrimonio de conveniencia que mantuvo in extremis al PSOE en el poder, pese a perder las elecciones autonómicas. Amainará, pero no volverá la calma hasta que se doble el Cabo de Hornos de las municipales. En junio ya se verá. De algún modo, era el ‘timming’ previsible desde antes de la irrupción de Podemos en el panorama electoral. PSOE e IU van a competir en las urnas de cada municipio y han de diferenciar sus perfiles. Socios, pero no amigos. Cuanto más ahora que los de Pablo Iglesias comienzan a moverse en su espectro, con Teresa Rodríguez ya sobre el terreno, agitando a intelectuales, mareas y organizaciones sociales, para atraerlos a una causa que cada vez parece ofrecer más una zona de confort con posibles. Desde luego, en medios académicos ya está pasando. Un amigo escritor lleva la cuenta de los que se están ofreciendo al nuevo partido.
El PSOE viene observando con tolerancia las ‘veleidades’ de Maíllo y los suyos, ‘podemitis’ las llama, consciente de que los necesitará en el futuro para formar mayorías, pero ayer reaccionó de manera bastante airada a las conclusiones de la asamblea de IU. A estas alturas, incluso hay que dudar de si el enfado mostrado es verdadero o responde a un intento soterrado de fortalecer la disidencia para que la coalición aparezca ante sus bases con un plus de independencia y fortaleza. Es el mal menor para un socialismo que también tiene mucho que perder en el marco actual demoscópico. De hecho, nadie se siente realmente inquieto con la propuesta de la supercomisión de investigación de toda la corrupción andaluza. Viene a diluir los casos de la administración socialista al mezclarlos con las derivaciones de Gurtel o Bárcenas.
Con todo, Antonio Maíllo ha obtenido una victoria no fácil ante un sector que incluso pedía la ruptura del pacto, ve reforzado sus poderes y aparece como al adalid de las conquistas sociales pendientes. Sus más duros críticos no han llegado ni al 14%. No importa que para ello a la vez ha defendido la labor del Gobierno y le ha puesto fecha de caducidad, que destaque el valor de la estabilidad y la ponga en cuestión al minuto siguiente.
A partir de ahora habrá que ver si esta incertidumbre que se abre en la continuidad del pacto, sumada a los constantes rumores de elecciones anticipadas, perjudica a los andaluces y a la tímida recuperación económica. No parece el mejor escenario para suscitar confianza en los agentes económicos ahora que comienzan a verse perspectivas de esperanza.

La foto de portada

Se espera un día intenso como pocos. No sólo el sorteo de la Lotería declarará solemnemente inugurada la Navidad, también sabremos si la infanta Cristina se sentará en el banquillo y si el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña admite a trámite las querellas por el 9N.
En este cuadro de previsiones figura, en la casilla «Andalucía» la entrevista de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, con el jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, en la Moncloa. Una cita inusual, que por sí misma es noticia, pero que con la competición del día va a ser difícil que obtenga una relevancia acorde con este carácter excepcional. No entremos en resultados, que ese es otro cantar.
Cunde la especie de que Rajoy ha dado cita a Díaz en la jornada del Gordo precisamente porque todo el universo mediático estará ocupado por gente feliz descorchando botellas de champán. Quizá alguno de ustedes. Incluso yo misma. No hay que perder la esperanza, menos aún cuando es lo último que se pierde y ya todo lo demás se ha quedado por el camino.
Además de los otros temas del día, el Partido Popular y el Gobierno, por instrucción directa de la mismísima vice SSS,ha entrado en tromba a pinchar el globo del Plan Juncker, para terminar de desvirtuar el encuentro. De la cita de hoy en Moncloa no va a salir nada, vienen a decir, porque nada puede salir. Lo que Juncker ofrece es, hoy por hoy, un bluff. Una curiosa lucidez. Si miráramos con la misma frialdad la mayoría de planes que aprueban y ofrecen las administraciones tendríamos que cerrarles el kiosco.
En todo caso, la foto que será, ocupe o no honores de portada, tiene otra clave que para mí no es ajena a la rapidez con que Moncloa ha dado cita a la inquilina de San Telmo. El muy gallego Rajoy va a dar la bienvenida en su palacio a la dirigente socialista en el momento en que ésta roba plano a su secretario general, un Pedro Sánchez acosado por sus barones.
En fin, que la suerte nos acompañe. Con o sin Gordo.

Sin brújula en la tormenta

Resulta que quienes piensan peor de España y de los españoles son… los propios españoles. Las cifras que arroja el prestigioso informe PEW sobre reputación, conocidas estos días, son para hacer pensar. España aparece bien considerada por los socios europeos consultados, con valores que van desde los 69 puntos que nos da Inglaterra, los 51 de Alemania, 49 de Grecia, 45 Francia y 27 de Italia, mientras a nosotros mismos nos damos un suspenso importante, -19 puntos.
No es así en ningún otro caso. Los alemanes, que se otorgan a sí mismos un 84, y los ingleses, un 83, son los más encantados de conocerse, pero también los machacados griegos se quieren más, con 67 puntos, mucho más que los franceses incluso, que se autopuntúan con un 31, y eso que son el colmo del chauvinismo, y los italianos, que se aprueban con 20, entiendo que sobre 100.
A los españoles les caemos los propios españoles un poco menos mal que los griegos (-48) y que los rusos (-29), pero admiramos sobre todo a los alemanes (81), y por detrás, quedan, a cierta distancia, ingleses (58), franceses (48) y estadounidenses (43).
Aún más, a la pregunta acerca de si está usted satisfecho o insatisfecho de la situación de su país, resulta que los españoles somos los terceros más descontentos, con un 91%, por detrás de Grecia (95%) y de Líbano (93%). La moral colectiva es mejor en el resto del orbe, incluido Ghana, Palestina, Colombia o Ucrania. Los más a gusto, por completar la información, son los chinos (8% de descontentos), los vietnamitas (12%), los rusos (36%) y los alemanes (38%).
Puede parecer un chiste de esos antiguos (“se encuentran un inglés, un frances y español y …”, ¿recuerdan?) pero creo que esos números trasladan un fiel retrato del pesimismo social que vivimos. Reflejan el clima profundo de este país, entre tanto nos enzarzamos en debatir si es Susana Díaz quien intriga contra Pedro Sánchez o si Ferraz quiere cargarse las posibilidades de la lideresa de San Telmo. Contrasta en especial con los mensajes positivos que lanza Rajoy, ese reiterado slogan acerca de que hemos salido de la crisis.
De ahí la convulsión que se refleja en los estudios de opinión que, hoy por hoy, son inestables como un bol de gelatina: cualquier cosa es posible de aquí a unos meses. Los propios políticos, y me lo reconocía un alto responsable del PSOE andaluz, creen que las encuestas, hasta las más fiables y con mayor universo, les merecen poca o ninguna confianza… lo cual no deja de ser aún más inquietante. Si quienes han de orientar el futuro colectivo andan sin brújula, en medio de esta espesa niebla, el desastre es inminente.
Lo que sí está claro es que si el objeto del Gobierno es la felicidad de la nación, como decía el memorable artículo 1 de la Constitución de Cádiz, éste lo está haciendo rematadamente mal. Y que o mejora el índice de autoestima o seguiremos cuesta abajo.

La buena reputación

Según escuchaba a Javier González de Lara desglosar su Plan de Acción para la «nueva CEA» más me intrigaba saber qué ha encontrado bajo las alfombras de la Confederación de Empresarios de Andalucía, que hace menos de un año preside. Su natural discreción, obligada además por el cargo, no impide que se adivine en la dificultad de su empeño el desastre de la gestión heredada. De hecho, las palabras que más sonaron fueron «ética» y «reputación» y, como se suele decir, verde y con asas.

Porque González de Lara se ha encontrado con una patronal en quiebra y sin crédito, no sólo financiero, también de fama, o sea desacreditada doblemente. En esta falta de credibilidad residía en buena medida la razón de que las operaciones para hipotecar la sede fracasaran con anterioridad.
Por demás, al enarbolar la bandera de la ética y el buen gobierno y anunciar un régimen de sanciones para quienes incumplan, González de Lara viene a dar un aviso a navegantes y a encabezar la necesaria regeneración de la patronal, que precisa recuperar autoridad moral y pujanza.

De momento, parece que el relevo en la cúpula empresarial andaluza ha resultado un cambio profundo. No es sólo por edad o perfil, o por estos nuevos tiempos en los que la transparencia resulta imprescindible, es también por la decisión de abrir la organización y, sobre todo, sacarla de ese cierto centralismo sevillita en el que hasta ahora se había movido.

Le queda mucho por hacer a González de Lara, tanto en lo económico, porque 12 millones de deuda son muchos millones, como en reinventar la patronal con nuevas vías de ingresos, donde hay un campo interesante por explorar. También tiene que defender su posición como primer interlocutor, ante los intentos de compartir plano por parte de las empresas de economía social, pero sobre todo debe trabajar para que los empresarios andaluces ganen tamaño y se refuercen, para que se modernicen y, en fin, para que creen empleo, abundante y de calidad.

La ¿leal? oposición

Me gustaría saber qué habrán pensado los muy calvinistas altos funcionarios de Bruselas cuando han visto llegar a una expedición de andaluces del Partido Popular para denunciar al Gobierno de su comunidad por el uso de los fondos europeos. Yo sí sé lo que parece desde aquí y no resulta la mejor manera de hacer lo que se dice leal oposición a los partidos en el poder en la Junta. Vapulear a la tierra de uno desde el centro de la metrópoli no es una buena práctica y la escalada en la estrategia del equipo de Juanma Moreno ha resultado bastante sorprendente, por cuanto se esperaba un cambio del paso frente a la política llevada hasta ahora por su partido, donde la descalificación de lo andaluz ha sido tan frecuente. Acuérdense del “pitas, pitas” de Esperanza Aguirre o aquella descripción de los escolares andaluces de la simpar exministra Ana Mato.
Cualquier cosa no vale. Hace unas semanas, con ocasión del aniversario de la tregua definitiva de ETA se recordaba la campaña que entonces hizo el PP alegando que había negociaciones vergonzantes para intentar socavar el posible rédito político del PSOE. Con la perspectiva vemos que el fin de la violencia era cierto y que aquella movida no tuvo sentido.
Pasó también con la guerra aquella contra las que se quisieron llamar “embajaditas” de la Junta, las oficinas comerciales de Extenda, que ahora resulta que son las que impulsan la exportación andaluza, uno de los grandes salvavidas de nuestra economía. De haberles hecho caso a los líderes del PP de entonces todas se habrían cerrado ¿y ahora qué?
El viaje a Bruselas de Moreno y su club se ha producido justo después de que regresara de la capital comunitaria una delegación de la Junta que había pasado con éxito un examen exhaustivo sobre su capacidad de gestionar los fondos europeos. ¿A qué viene entonces este despliegue? Sin duda hay mucho que preguntar sobre el uso del dinero público y se debe hacer con férrea voluntad y sin desmayo, pero dañar la imagen de Andalucía y complicar la futura recepción de fondos no parece que sea lo más procedente si se busca el bien común.

Cálculo de carambolas

Cualquier cosa puede pasar, dicen en el corazón del PSOE andaluz. Todo está abierto, aseguran, lo que hace suponer que hay estrategias trazadas y calculadas para lanzar de manera inminente, en función de los acontecimientos. Es lo que llega a hacer apasionante la política. Si se observa de cerca, puede resultar el mejor de los ‘thrillers’, la novela negra más adictiva.
La hipótesis A, sobre la que trabaja el PP andaluz y que incluso ha verbalizado su secretaria general, Loles López Gabarro, es la convocatoria de elecciones autonómicas para febrero, antes de que se celebren las municipales. Tiene su sentido: Susana Díaz evitaría el desgaste de un mal resultado en los ayuntamientos, porque por mucho que el PSOE hable de 5-3, es decir recuper tres capitales, lo más probable es que incluso en ese caso el 3 no sea sino la mayoría relativa del candidato popular, es decir la posibilidad de pactos. Además, los populares piensan que Díaz se colocaría así con la reválida aprobada, o sea con unas unas elecciones ganadas, presta a disputar a Pedro Sánchez la candidatura a la presidencia del Gobierno.
Las críticas desde el interior del PSOE contra su secretario general están ya en todos los papeles. Los socialistas habrán hecho el relevo generacional, pero esas prácticas ‘destroyer’ contra el líder, ese ansia por segar la hierba bajo los pies del recién elegido parecen estar más asentadas en el ADN del partido que el puño y la rosa. En especial ahora, cuando se vuelve a cumplir el viejo dicho de que “el poder desgasta sobre todo al que no lo tiene”.
Por el contrario, en el PP-A dan tiempo a Juanma Moreno, que concilia a la vez su proyección personal con la presentación de los candidatos a municipales. Las críticas internas se atenúan y el presidente comienza a asentar un equipo más sólido de asesores. Su agenda tiene toda la pinta de una precampaña.
El PSOE andaluz tiene ante sí un dilema de envergadura, más allá de la táctica. Le preocupa mucho la situación de deterioro de Izquierda Unida. Aunque la coalición se le rebrinca cada vez más y el entendimiento empeora, han de sustentarla de cara a las necesarias alianzas de futuro, que no serían posibles con Podemos. Si las elecciones se convocan ahora sorprenderán a los de Pablo Iglesias sin una candidatura clara.
Pero, sobre todo, en la sede socialista de la calle San Vicente se piensa en el futuro del propio partido. El PSOE andaluz, que siempre ha sido el ‘core capital’, siente ahora sobre sus hombros la responsabilidad de reconstruir de sus cenizas la histórica sigla, consciente de que es aquí donde está más fuerte, y con diferencia, y del deterioro que viene. Un nuevo desastre electoral se contempla como una especie de Apocalipsis. Saben además que su secretaria general es escuchada allí donde va y tiene una proyección y un liderazgo indudables. Pero parece que suscita recelos en Ferraz y que el equipo de Sánchez no ve bien estas incursiones nacionales de la lideresa andaluza. De ahí que el malestar vaya en aumento, mientras se trama una estrategia que se anticipe al desastre.

Alcantarilla universitaria

La universidad, en general, llevaba mucho tiempo salvándose por la campana de un cuestionamiento riguroso. Había conseguido blindarse bastante bien en nombre de ideas superiores, la educación para todos, la libertad de cátedra, el progreso, la investigación, el saber… Palabras mayores ante las que cómo no rendirse. Con el estandarte añadido de algunos, pocos, prestigiosos nombres ante los que tampoco cabía objetar, ha levantado cada día un poco más esa torre de marfil de la que decía querer huir.
Daba igual que estuvieran en los últimos puestos de los rankings especializados. Siempre había una razón: la falta de medios, el mal nivel del alumnado, las políticas erráticas de la Junta o del Gobierno, mientras en los departamentos se tejían redes de intereses entre sí y con otros centros de universidades lejanas, muy útiles para fomentar el llamado “turismo universitario”, del que tantos cátedros y adláteres han disfrutado. Daba igual que existieran departamentos con más docentes que alumnos, titulaciones sin demandas, plazas amañandas, inflación de centros… pagados con dinero público.
Ha llegado la hora de levantar la tapa de la cloaca universitaria, a cuenta del caso de Iñigo Errejón , líder de Podemos, en la Universidad de Málaga. Llama la atención, en principio, que el contrato proceda del ámbito de Izquierda Unida, el principal partido amenazado por Podemos, es decir que sea IU quien haya ‘liberado’ a uno de los cerebros de la nueva formación. Aunque no hay que olvidar que muchos de los emergentes políticos estaban en la trastienda de IU, como Monedero, asesor de Llamazares, es curioso que la coalición no detectara el dato.¿Un despiste?
Pero aún resulta más llamativa la sorpresa con la que ha sido recibida la propia denuncia en ambientes universitarios. Este tipo de situaciones es algo tan habitual, incluso lo menos que se despacha, que los claustros han tardado en reaccionar. Ahora resulta fácil hacer la denuncia de las tramas de intereses, la endogamia, porque estaba a la vista de todos. Forma parte del paisaje.
Es probable que el caso no se hubiera divulgado con tintes de tal escándalo si no se tratase de un político de Podemos. Se ha desatado la caza, más sistemática cuanto mayor es la amenaza de este partido supone. Pero entre tanto vamos sabiendo cosas, muchas ya conocidas, como la proliferación de “cum laudes” en las tesis doctorales, la composición de los tribunales, la adjudicación de las cátedras, la sospecha sobre las certificaciones …
Lo que me temo es que no vuelva a pasar nada tampoco esta vez, estos tiempos de convulsión y de demandas de racionalización que vivimos. Las reformas que precisa la Universidad son de tal calado que necesitan de un pulso político firme y de ideas claras. De ambas cosas parece que ahora andamos escasos. Ni siquiera en ello tiene propuestas Podemos, y menos aún credibilidad, a la vista de su origen y su composición, procedente de la ‘casta’ universitaria más a acrisolada.
Lo que nos faltaba, ahora que vuelven a oírse voces de “muera el saber”.

El contenedor de alimentos y el gorila

El sábado por la noche, antes de que se cerraran las tiendas, cogí el coche y me fui a hacer la donación al Banco de Alimentos. Salí de allí apenas conteniendo las lágrimas, como tanta gente, tras dejar en el contenedor latas de leche de lactantes, potitos y otros productos orientados hacia el consumo de niños, como se había solicitado ante la emergencia de la pobreza infantil. Aunque había cumplido con el gesto y el gasto, no podía menos que sentirme miserable, avergonzada, frustrada. Qué ridículo era aquello frente a la necesidad que invocaba, qué poca cosa para taponar la herida de la terrible desigualdad que se ha instalado entre nosotros y que se traduce en cifras ante las que ya casi nos inmunizamos: más de un millón de andaluces, muchos de ellos menores, en pobreza severa es una tragedia, una devastación, hacia la que parece que miramos sin ver.

Pese a todo, alguien criticaba la medida. “Recoger y repartir alimentos suaviza la política económica-laboral del Gobierno”, dijeron. Aún se puede ser más miserable, pensé. Ya puestos, si se quiere dar una clave política, la acción convocada por el Banco de Alimentos durante el fin de semana ha sido la mayor enmienda a la totalidad, la mayor moción de censura que cabe a la política, sea de este gobierno o del otro.

Hay un experimento muy conocido en psicología cognitiva: se pide al sujeto que siga un partido de baloncesto y observe con atención el tanteo del equipo azul . En pleno juego cruza la cancha una mujer disfrazada de gorila. Un alto porcentaje de los que hicieron el experimento no la vieron, a pesar de que estuvo en escena once segundos. Lo cuentan Christopher Chabris y Daniel Simons en su libro “El gorila invisible” y lo leía yo ayer citado por Daniel Kahneman, en “Pensar rápido, pensar despacio.” Me pareció que pasa algo así con la desigualdad. Nos dicen que miremos en una dirección, nos entretienen con misiones teóricamente esenciales, mientras que no nos damos cuenta de lo que pasa delante mismo de nuestros ojos. Y así nos va.