Algo que sea sólido

Una mañana en la planta segunda de un hospital andaluz, entre la secretaría de la Unidad del Dolor y la puerta de los quirófanos, con vistas al pasillo de la UCI, donde reviven terribles fantasmas, justo frente a la silla donde un día temblaba esperando un diagnóstico, da una cruda perspectiva de la realidad. Es la vida pura y dura la que pasa pero que, acostumbrados a estar en otra cosa, no vemos transcurrir. Como el tonto al que un dedo señala la luna y mira el dedo.
De esto va esto: de discernir qué es lo importante y en lo que merece la pena emplearse a fondo. De relativizar, en consecuencia, pequeñas angustias que parecen insoportables, molestas vanidades disfrazadas de agravios, de detener la sensación de catástrofe que aún no ha ocurrido.
Pero vivimos de espaldas a todo ello. No me ha extrañado que la genial, ambiciosa y original película ‘Boyhood’ se haya ido casi de vacío de los Oscars de ayer. No estamos preparados para mirar a los ojos al tiempo, al paso de la vida. Necesitamos efectos especiales, retorcidas tramas, artificiosos personajes, previsibles guiones, imposibles finales felices.
Tampoco nos atrevemos con la muerte. El extraordinario impacto del artículo-testamento de Oliver Sacks, el científico que ha confesado sufrir un cáncer terminal, demuestra hasta qué punto es insólito plantear en público un proceso vital que, nos pongamos como nos pongamos, es el que nos espera a todos.
Estos días, después de una temporada de seguir casi en exclusividad información de campaña electoral, he sentido una necesidad brutal de pensamiento y de poesía. No se puede estar mucho tiempo en este alambre de la opinión política sin sentir el vacío enorme de los discursos y, por consiguiente, hambre atrasada de algo que sea sólido, que alimente.
En medio irrumpe el discurso de Ángel Gabilondo como para redondear lo que quiero decir. Métodos de elección y maniobras partidarias aparte, es todo un ejemplo de cómo deberían ser las cosas. Un gesto “aparentemente insensato”, dice, “contra la resignación”, de alguien que no necesita la política para vivir. Siempre me ha interesado la idea del rey-filósofo y aquí aparece una actitud recta y comprometida que ni sus adversarios podrán dejar de reconocer, muy diferente de esos universitarios politólogos que, desde Podemos, quieren asaltar el poder camuflado como “los cielos”.
Para mí que no hay otra que honestidad e ideas para reconstruir la convivencia y salvar la enorme distancia entre la política y la gente. Asombra la percepción sobre la situación general, mala o muy mala para el 84,4% de los andaluces, mientras que el 51,3% cree ser razonablemente feliz y hasta un 7,9% se considera muy feliz.
La única duda es si está el patio para pensamientos profundos, para ideas limpias, para intereses confesables, si la política incluso, viciada en aparatichk, será capaz de digerirlo.
Frente al dramático “no nos quedan más comienzos” con que Steiner analiza la evolución de la historia en sus ‘Gramáticas de la creación’, hay que oponer alguna esperanza.

Marruecos sin condescendencia

En el fragor de la campaña, el encuentro empresarial entre Andalucía y Marruecos, recién celebrado en Sevilla, no debe pasar como mera propaganda subliminal o foto institucional. Hay algo más profundo y sólido que los mítines, las promesas, el agrio intercambio de mandobles, el manejo de los resortes del miedo del votante. Algo que seguirá estando aquí cuando todo pase y que se refiere a la vida, a seguir adelante, a crecer y a comer. Es decir, a lo importante. Sin duda, la convocatoria de elecciones afecta a la dinámica económica. La Universidad Loyola ha calculado que supondrá una pérdida de dos décimas de PIB en la comunidad, y eso si no contamos con que después vienen las municipales, a la vuelta de verano las generales y que quizá el año entero se vaya en blanco por lo que se refiere al tirón que las administraciones deben ejercer sobre la economía. Si no pasa así será verdad lo que contaba mi suegro: la primera huelga de médicos que hubo en la provincia de Cádiz fue en Jerez, duró diez días y durante ellos no se murió nadie.
Pues hablaba del encuentro empresarial con Marruecos que ha organizado Extenda. Aparte de la ya un poco legendaria y mayestática historia del encuentro sorpresa entre Susana Díaz y el rey Mohamed VI, para Andalucía los vecinos del sur son más indispensables que nunca. Por razones económicas y laborales, ya que hay cada vez más andaluces trabajando al otro lado del Estrecho y empresas allí asentadas, como por cuestiones geopolíticas y de seguridad. Marruecos se ha convertido en el país más estratégico de la zona, tanto para contener el yihadismo que sube de Africa como para detener el avance de la inestabilidad en el Magreb. Andalucía, enfrente, es la plataforma militar que Occidente necesita para vigilar las ‘fronteras avanzadas’. Véase el uso ampliado de Morón por EEUU.
Es importante rentabilizarlo. Y hacerlo sin condescendencia, no como hasta ahora, porque hay capital marroquí ya interesado en invertir aquí, como hay muchos agentes en liza por coger sitio en el mercado del vecino país, que tiene libre tratado con EEUU y la UE y donde China ya es el cuarto proveedor, por delante de los yankis.

Las malas compañías

Los partidos mayoritarios hacen fintas con el asunto de los acompañantes, o no, en sus actos políticos. Es el lance de florete, el tema de debate de cada fin de semana, en esta escalada de tensión electoral que amenaza con achicharrarnos a todos, cuando aún falta lo más duro hasta el 22-M. Creo que exactamente 33 hojas de calendario, según la cuenta atrás de Juanma Moreno, que en cada comparecencia, como un rociero, proclama los días que le quedan para ser presidente de la Junta.
La fecha, en todo caso, aparece cada vez más abierta e incierta, campo de pruebas (o de minas) de futuros comicios y de grandes y pequeños partidos, por mucho que el Estudio General de Opinión Pública de Andalucía (Egopa) haya marcado una distancia amplia para la candidatura socialista, aunque insuficiente para gobernar en solitario. Los demás lo dudan.
Pues resulta que, como si fuera una suerte de “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, PP y PSOE se lanzan a discutir si el otro no tiene quien le quiera o si es que lo que necesita es amor.
Los populares presumen de traer en su apoyo a las primeras figuras de su partido. Rajoy ha venido –“bajado”, dicen en Madrid- cada sábado desde que se convocaron las elecciones y se anuncia una cadena de visitas sucesivas de ministros y altos cargos. El PSOE interpreta que de lo que se trata es de una operación “salvar al soldado Moreno”, en palabras de Susana Díaz, porque su candidato es tan débil que por sí solo no alcanza a ser escuchado. Quien ejerce la oposición en Andalucía es Rajoy, dice la presidenta de la Junta y aspirante socialista, que hace lo posible por no mencionar al rival para no darle consistencia, una táctica que quizá haya aprendido del propio presidente del Gobierno.
El Partido Popular acusa el golpe y replica con otro: Díaz no tiene quien le apoye y ni invita a Pedro Sánchez, su secretario general, en parte porque aspira a quitarle el puesto, ya que insisten en suponer que quiere “dar el salto”, en parte porque se llevan mal y en parte porque la socialista no quiere que le salpique el lío que su jefe de filas tiene montado con la Federación Socialista de Madrid, sobre el cual nadie consigue moverla de la posición de perfil en la que se ha instalado. Y porque Sánchez no suma, sino resta, a la impresión de victoria que el PSOE andaluz quiere transmitir.
Me admira la exhibición de mala leche que hacen nuestros candidatos. Sacan colmillos afilados sin pudor, muerden fuerte y no sueltan la presa.
Tan cierto es que Díaz no necesita a nadie para apoyar sus mitines, porque su partido está tan débil como ella fuerte, como lo es que Moreno precisa hacer ver que tiene todo su poderoso partido detrás. Sin embargo, por lo que dirán, Sánchez terminará por venir y Rajoy rebaja el tono de su discurso y evitar dar argumentos a la presidenta de la Junta. Touchés, los dos.

Discursos y programas

El  líder de la oposición, acosado por el declive de sus siglas, desaparece. El partido recurre a su gemelo, un filósofo, enfermo bipolar, recién salido de un frenopático. Este remonta las malas expectativas a base de cambiar el paso del discurso, de decir otras cosas, desde su formación como pensador. En un momento dado incluso levanta a las masas declamando a Bertold Brecht. Es el argumento de “Viva la libertad”, una película italiana que además de ofrecer la posibilidad de disfrutar por duplicado del gran Toni Servillo, da que pensar acerca de los políticos y sus estrategias. El  Gran Monotema del momento.
En esta larguísima precampaña andaluza el análisis del discurso da mucho juego. No esperamos que ningún auditorio se levante entusiasmado a aplaudir un poema, posiblemente porque a ningún líder se le ocurra meterlo en sus parlamentos. Con todo, se agradece que al menos sus ‘gurus’ no hayan descendido a esas retahílas que adornan las tribunas madrileñas, (el “tic-tac, tic-tac” de Pablo Iglesias, el aún más terrible “pim-pam propuesta” del aspirante socialista a alcalde) que parecen sacadas del ‘Un dos tres’. Remedos del “abarrotá” del Dúo Sacapuntas, del “yo sigo”, de Joe Rígoli, de La Bombi y otros esperpentos.

Un discurso puede ser importante. Véase el patinazo de Albert Rivera ofreciendo enseñar a los andaluces a pescar. Otra cosa son las ideas.  Hasta ahora creíamos que teníamos derecho a esperar propuestas, argumentadas, contrastadas, incluso con memoria económica, como se llegó a prometer durante algún  momento de la legislatura pasada. Cuando no había que cumplir, incluso se planteó renunciar a los grandes actos, ante las sospechas por la oscura financiación de los partidos. Vamos camino de superar todos los récords de fletes de autobuses.

Lamentablemente, ya no está tan claro es que las ideas sean imprescindibles. Cien mil  euros para Podemos en un día sin conocer ni una sola de sus iniciativas para actuar en Andalucía parece demostrarlo

Peligro de efecto boomerang

Según van las curvas de las encuestas, no parece desacertado pensar que el PSOE se va a convertir por la vía de los hechos en el “partido socialista andaluz”, algo así como un hecho singular, hasta diferencial de Despeñaperros para abajo.
Cunde la especie en los ambientes madrileños de que el histórico partido que fundara Pablo Iglesias (el viejo, el tipógrafo) se va a quedar casi reducido al fortín andaluz y prácticamente desaparecido en el resto de las comunidades autónomas, tanto en las que se votarán en mayo como en las demás, en vistas del mal pronóstico de los socialistas catalanes, que se refundan ahora de nuevo, o los vascos post-Patxi López, que parecen caer a la cuarta posición en su demarcación. Hasta el punto que algún prestigioso cronista ha hablado de ‘CiU andaluz’ para referirse al partido que ahora lidera Susana Díaz. No es sólo un ingenioso hallazgo, sino toda una carga de profundidad.
Es cierto que los socialistas andaluces, desde los tiempos de Felipe González, siempre han tenido un gran peso en el socialismo y en la política españolas. Pero parece que eso ya se acabó. Ahora, en este clima de nerviosismo y de descomposición, de pollo sin cabeza que parece ser el PSOE federal, no se ve bien ese ascendiente de Sevilla y se argumenta que un partido como el PSOE-A no puede ser representativo de todo el socialismo de todo el país.

No es solo una cuestión demoscópica. En estos comentarios acerca de la territorialidad del voto PSOE hay un fuerte componente de desprecio hacia lo andaluz, tan frecuente por otra parte en los cenáculos de la corte, que se extrapolan a buena parte del país, esa constante línea de pensamiento que infravalora a Andalucía desde tiempos arcanos y que no ha desaparecido.
Se olvida que andaluces al frente del gobierno nacional ha habido muchos, desde la primera República, Salmerón, Castelar, la Restauración, Cánovas, luego el dictador Primo de Rivera, hasta nuestros días. Hay quien se ha dedicado a estudiarlo.

En el PSOE federal y en ámbitos cercanos se recela ahora más que nunca de los socialistas andaluces y de los movimientos desde el sur. Esto podría constituir un obstáculo para Susana Díaz en el supuesto de que decida ese tan pronosticado “salto” – ni que fuera el de la reja rociera- a Madrid.
Tiene toda la pinta que en la espesa trama de intereses de poder el prejuicio, el tópico, sigue jugando y se utiliza en contra de la imagen de la comunidad. Un triste efecto secundario y una muestra de que siempre pierden los mismos.
De modo que Susana Díaz y los suyos, que tanto controlan los movimientos cortesanos matritenses, habrán de calcular bien sus pasos y las repercusiones de sus resultados. En el caso de que sean tan buenos como ellos esperan, que no está nada claro que sea así, se les pueden volver en contra, como un boomerang.

Madera de héroe

FullSizeRenderEl trabajo supone la mitad de nuestras vidas, al menos y con suerte. Sin embargo, no son muchas las obras que se ocupan de recrear esa espesa red de relaciones de poder, de intereses, de afectos y desafectos, de apoyos y traiciones que constituye uno de los principales ámbitos en que hemos de vivaquear y sobrevivir, a veces en condiciones extremas. Esas son las que plantea Reyes García-Doncel en ‘No soporto tu luz’, la novela que acaba de editar Ediciones en Huida y que resulta una más que recomendable incursión en el mundo laboral en general y del ‘mobbing’ en particular.
Uso el barbarismo adrede, porque suena muy apropiado para definir, por fonética, lo que significa, acoso laboral, una práctica más frecuente de lo que parece y ante la que merece la pena reflexionar.
Reyes García-Doncel lo hace con claridad, valentía y conocimiento: a través de la historia de Diego, profesor de instituto, de Rosalía, la prepotente directora, de Gonzalo, un padre de familia y ambicioso hombre de negocios, de su hijo, de los compañeros del centro, describe cómo el acoso puede destruir a una persona y cómo se comporta el entorno cuando se produce; las repercusiones incluso en otras derivaciones del mismo problema social, el ‘buyllign’ o acoso escolar; como hacerle frente es una tarea titánica y requiere madera de héroe.
En fin la novela trata de la integridad personal, de cómo cada cual hace sus elecciones para situarse a uno u otro lado de la barrera de la ética.

Pero lo mejor es la intención ‘sanadora’ que la autora confiesa. La novela viene a plantear una incursión en la experiencia propia para hacer las paces con el dolor sufrido y dejarlo atrás, para seguir adelante, sin lastres. Sólo por eso su lectura vale la pena. Porque es bien cierto que los libros te leen.
Desde el punto de vista técnico, ‘No soporto tu luz’ está escrita con agilidad, con muchos diálogos, descripciones cortas y precisas, pero no es una novela que descienda a la facilidad, que se acoja a tópicos o salidas obvias, sino que asume riesgos. La trama se hace compleja, se subdivide, se intrinca, y aún osa su autora añadir otra voz, en segunda persona, que recorre de forma misteriosa toda la novela, hasta el desenlace, pero logra llevar la lectura a su paso, cada vez más apasionada, apasionante.
Hay también humor y cercanía, experiencias con las que cualquiera puede empatizar, como las tutorías escolares, los padres-arquetipo, defensores de sus retoños e incapaces de ver sus fallos, y un cierto fatuum kafkiano en la incursión por los vericuetos administrativos.
Presentamos la novela el viernes en Las Libreras. Fue un acto de verdad grato en el que conseguimos ese objetivo que parece siempre inalcanzable de establecer una gran conversación, y muy interesante y documentada, con los asistentes.
Yo, lo dije, iba a presentar la novela de una amiga, pero me encontré presentando la obra de una gran escritora. Una obra potente, bien trabada, mejor resuelta, con la que además la lectura cumple su promesa de instruir divirtiendo.
Reyes García-Doncel, que tiene ya publicada otra novela, ‘Sin noticias de acuario’ (Ed. Paréntesis), es un nombre a tener en cuenta a futuro.

Efectos de la piedra en el estanque

Un alto cargo andaluz de Izquierda Unida admitía en una conversación privada, tras la ‘voladura descontrolada’ de IU-Madrid por la marcha de Tania Sánchez, que probablemente Susana Díaz sabía lo que se avecinaba en su formación, incluso mejor que ellos mismos. Desde luego que la presidenta andaluza no perdió comba y en uno de los mítines de la semana dijo algo así como «ya véis que yo tenía razón» al convocar las elecciones. No parecía un farol, aunque sea solo por esta vez:?ya antes de que se decidiera anticipar los comicios autonómicos otro dirigente del PSOE me decía de manera críptica «IU está muy mal», aunque yo pensé que se refería solo a la supuesta ‘podemitis’ de los entonces socios y las constantes polémicas internas por esto y aquello.
La coalición de izquierdas en Andalucía puede presumir de haber cumplido su renovación a tiempo y de resolver los asuntos mejor que sus mayores, por lo menos de momento. Pero está por ver si no le alcanza el oleaje levantado por la pedrada en el estanque lanzada por la controvertida política de Rivas-Vaciamadrid.
No es sólo una cuestión partidaria: la fuerza que consiga retener IU será fundamental para el futuro escenario andaluz, es obvio. El galimatías en su segmento ideológico puede dar en un suicidio colectivo de la izquierda, pero también llegaría a jugar a su favor:?en el conglomerado de ‘Ganemos’ en Sevilla, por lo que sé, IU se mantiene con una posición discreta y con su sigla, y la marcha de los ‘podemos’ que inicialmente figuraron en las asambleas ha mejorado y depurado el elenco de candidatos.
A su joven dirigente, Alberto Garzón, templado por Antonio Maíllo, le toca mantener un delicado equilibrio: defender su sigla después de haber buscado la convergencia con Podemos, diferenciar las propuestas y, en clave andaluza, poner en valor su acción de gobierno, que sin duda le ha aportado un barniz de credibilidad como opción de poder, frente a la tentación de pasarse al terreno, ya ocupado, de la ‘otra política’.

Alguien a quien votar

Cada uno de nosotros tiene un particular ‘Sigma2’ en el salón de su casa. Quienes vivimos obligatoriamente atentos a lo que se mueve en la vida de los partidos y creemos saber quién es quién en las nomenklaturas no debemos desatender en absoluto este pequeño latido electoral doméstico, a pesar de que nos requiera opinar en momentos de desconexión, si tal cosa fuera posible en este oficio.

Así que ahora que empiezan las campañas, o que se formalizan, porque los partidos nunca dejan ya de estar a la caza frenética de votos, y que se adivinan feroces, tensas, a cara de perro, desagradables y hasta miserables, en muchos casos, no está mal pensar por un momento en quienes se encuentran sinceramente preocupados por lo que ocurre y quieren creer que con su voto van a poder ayudar a una solución.

Sin duda, la aspiración última de cuantos se van a recorrer millares de kilómetros de carreteras para pronunciar cientos de discursos está en llegar a ese punto íntimo de la mesa de camilla doméstica, donde los votantes intentan aclararse para decidir a quién apoyarán el 22 de marzo. Por eso tampoco a ellos les debe dejar de interesar lo que se piensa al amor del brasero.

Pues bien: en este ámbito se busca desesperadamente alguien a quien votar. Están los seguros, las parroquias confesas y conversas, aquellos para quienes puede que tenga efecto el embarazo de Susana Díaz, la pinta de tío normal de Juanma Moreno, o el aire familiar de Antonio Maíllo, y están los demás, ese grupo de indecisos que, después de haber alimentado esperanzas con el fenómeno Podemos se siente ahora profundamente desilusionado pero no tira la toalla y quiere dar un voto razonado y coherente.
“¿Pero a quién votar?”, preguntan casi con desgarro. Porque en las mesas camillas nunca se ha hablado tanto de política como ahora y reina una suerte de sabiduría popular a la que no se le escapa nada. No cuela la soberbia intelectual, la displicencia, las contradicciones, la arrogancia, los humos que se dan el grupo de dirigentes cuya sobreexposición les ha traicionado antes de tiempo. En el caso andaluz, es más flagrante el desvelamiento: la radicalidad de sus candidaturas, en algunas provincias con el SAT, en otras incluso cercanas a los antiguos ‘grapos’, hace imposible que cuele esa transversalidad o centralidad, esa aspiración a borrar las fronteras entre izquierda y derecha de que hacen gala los ‘podemos’. Aunque parezca que no se enteran, o que son masa, fácil de manipular, a la gente no se le da con tanta facilidad.
Es cierto que se les ha engañado muchas veces, con programas incumplidos, con pactos post electorales, incluso con rupturas de acuerdos de gobierno, pero suele pasar factura en las urnas. Los ciudadanos, pese a todo, quieren seguir participando de la democracia. Son, si me apuran, lo más hermoso y lo más noble, lo esencial de este proceso en el que estamos abocado, a veces tan de carril, a veces tan apasionante.