Funámbulos en el Parlamento

Jamás pensé que diría esto, pero ahí va: sigan con atención al Parlamento andaluz. El debate presupuestario se presenta apasionante. Sí, no es broma ni vender la burra propia, porque no tengo síndrome de Estocolmo, de momento, ni padezco alucinaciones. Soy consciente de que a la inmensa mayoría de los ciudadanos la Cámara autonómica le interesa aún menos que la nacional, que pasada las elecciones dan por amortizado el asunto y que ni siquiera prestan demasiada atención a las sesiones de control al Gobierno, que son el ‘minuto de oro’ de la actividad parlamentaria. Pero reconsideren sus prejuicios: sin pecar de excesivo optimismo, en el histórico edificio que fue hospital de beneficencia ahora mismo cualquier cosa puede pasar. Por ejemplo, en el debate del pasado miércoles, cuando se debatieron las dos proposiciones de ley que el PSOE se resistía a tramitar, una de Podemos sobre ley de cuentas abiertas y otra del PP-A para suprimir el impuesto de sucesiones. Hubo conversaciones -nadie sabe quién las empezó, porque todos las niegan- entre PP y Podemos para apoyarse mutuamente en sus iniciativas. Finalmente no prosperaron. Hubiera sido tremendo que el PP apoyara una ley de extrema transparencia, además sin compasión con el secreto bancario, o que Podemos librara de tributar las herencias de los ricos. Pero se planteó, y ahí queda. De hecho, en Podemos se advertía decepción por no haber salido su proposición aprobada, señal de que contaban con ello. Que el supuesto acuerdo no saliera adelante puede dar alas a la esperanza de que aún queda cordura, o argumentos al ‘no se atreverán’ en que confía el PSOE, pero el margen de riesgo es alto, y sobre todo da lugar a todo tipo de cábalas acerca de cada estrategia, a veces confusas en sí mismas, de manera casual o intencionada. El miércoles, ya digo, hubo suspense en las votaciones finales.

Se acabó, pues, la foto fija de los dos bloques inamovibles y algún convidado de piedra. Con C’s como árbitro a veces imprevisible, el partido es otro.

Desayuno con mensajes

El desayuno informativo, el miércoles, al amparo de Europa Press, era más bien una «performance». Política, pero toda una acción-artefacto, con una puesta en escena muy conceptual, sutil y dispuesta a ser leída en varios sentidos. Susana Díaz presentaba a José Luis Rodríguez Zapatero en el patio de la Fundación Cajasol y componían los dos una singular pareja, nada casual, porque a estas alturas no hay que creer en el azar. Sólo la estampa, sin que abrieran la boca, tenía un impacto un poco subyugante, extraño. ¿Qué hacía la presidenta andaluza y secretaria general del PSOEandaluz, que no da puntada sin hilo, con el expresidente tan denostado? Se podía pensar en que el medio es el mensaje, es decir que Susana Díaz salía en auxilio de ZP, le tendía un cable para rehabilitar su maltrecha imagen, sin temor, por cierto, al contagio. Pero el móvil era más sutil. Zp recordó en el coloquio cómo en 2003, recién elegido él como secretario general, Felipe González había dicho aquello de que eso de la renovación muy bien, pero que a ver si había proyecto. Recuperó la anécdota, por cierto, momentos después de hacer él lo mismo, «lo importante es que el proyecto tenga profundidad», dijo, respecto al actual líder socialista, Pedro Sánchez.
Aún más, no sólo se trataba de poner de relieve la importancia del programa, a la que por cierto se refería la presidenta de la Junta en varias ocasiones en la entrevista publicada ayer en estas mismas páginas, junto con la necesidad de consensuarlo dentro y explicarlo fuera. El objetivo consistía en fijar la foto de una experiencia de éxito:la de que fue posible ganar al PP después también de una rotunda mayoría absoluta como la de Aznar, desde un candidato nuevo, elegido por los pelos, pero con ganas de victoria, a diferencia, y hubo un recuerdo explícito, del fiasco de Almunia, incluido su pacto previo con el PCE. Otra línea argumental muy susanista, gobernar en minoría, huir del pacto. El patio, repleto de altos cargos socialistas, tomaba nota.
Todo es campaña. Qué año llevamos.

La política de las ciudades

El proyecto de eje Sevilla-Málaga comienza a pasar a la siguiente pantalla. Primero fue la idea, la conspiración ‘constructiva’ iniciada por dos ex alcaldes, una prueba de que es posible ser ‘emérito’ sin estorbar. Luego se sumaron cómplices de diversos ámbitos. El relevo en la alcaldía sevillana hizo posible el salto a la fase II, al cumplirse la máxima acerca de los “rivales, enemigos y compañeros de partido” y el entendimiento entre el malagueño De la Torre (PP) y el sevillano Espadas (PSOE) dejó atrás el desencuentro con un Zoido incapaz de trascender sus clichés de partido y de ciudad.
Ahora se abre al público, con un trabajo que presentar: proyectos concretos, iniciativas tangibles, y no solo buenas intenciones. No ha sido fácil, aunque pueda parecerlo. El reto es ahora hacerlo realidad.
El momento es interesante. Las ciudades se visualizan más que nunca como actores de poder, independientes de los partidos que las rigen. Incluso como motores de la política general, capaces de forzar una acción de la administración superior, como sucedió por ejemplo con la iniciativa de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, de crear una red de acogida de inmigrantes, que forzó a Rajoy a salir de su inmovilismo. Es el sueño de anteponer el interés de los ciudadanos al de las siglas, de llevar la iniciativa desde la base, lo municipal, a lo general.
Demasiado bueno para ser verdad, me dirán. Porque para completar el círculo virtuoso hace falta que este eje no sea exclusivo, sino inclusivo. Ciudades que se quedan fuera se sienten amenazadas. La siguiente fase las tiene que tener en cuenta.
Por cierto que Granada se moviliza y se mosquea y presiona. en cádiz nadie, que yo sepa. Se acepta sin un ay el puesto de última fila.