Cuestión de supervivencia

Compás de espera y manejo de calendarios en el PSOE andaluz, que aguardará aun la semana que viene para recibir la convocatoria del nuevo comité federal, el que debe convocar el congreso ordinario del partido. La tregua de Nochevieja durará hasta Reyes, con la esperanza de que se sigan las normas fijadas por los estatutos del partido y no haya que recurrir a la recogida de firmas para exigirlo, de modo que a la vuelta de las fiestas pueda seguirse el itinerario trazado, es decir el congreso en sus fechas previstas. Más o menos, porque aunque en puridad sería febrero el mes en que se cumplen cuatro años del anterior, no se haría cuestión de aplazarlo a marzo o incluso primeros de abril.
¿De qué disputan entonces los socialistas? Los aspectos orgánicos son siempre alambicados para los no militantes, cuando no enfadan a la población, y en especial a sus votantes, que no entienden que en unos momentos tan críticos como estos sus líderes se enreden en ‘vendettas’. Las intoxicaciones no cesan y se hace realidad el repetido dicho de Andreotti acerca de “rivales, enemigos y compañeros de partido”. Se atribuye, así, a César Luena, el ‘número 2′ de Ferraz, la difusión de la idea de que el secretario de organización andaluz, Juan Cornejo, estaría recogiendo firmas. Fuentes del PSOE andaluz lo niegan, Cornejo rechaza realizar declaraciones, pero fuentes socialistas atribuyen a la actuación de Luena buena parte del malestar creado y admiten que, como todas las federaciones críticas, recibieron su amenazante llamada, advirtiéndoles de consecuencias si no se atenían a las directrices de Ferraz.
Mientras los secretarios provinciales van saliendo a la palestra en apoyo de la línea defendida por su secretaria general, Susana Díaz, y ayer lo hicieron los de Jaén, Huelva, Almería y Cádiz, otros líderes como Patxi López se posicionan contra la dirigente andaluza. La impresión es que el combate está ya planteado, el ring dispuesto, los púgiles en sus rincones, Pedro Sánchez con los suyos, Susana enfrente; que toca ahora la fase de pesaje, es decir de calcular y recabar apoyos, y que lo que se juega no es solo una cuestión de egos sino el futuro del histórico partido que presume de “vertebrar” España y haber protagonizado su gran modernización y que se encuentra en sus momentos electorales más bajos.
La lectura de los resultados electorales del 20D abre la primera distancia entre los dos dirigentes, o las dos corrientes, socialistas. Mientras Sánchez presumió de haber “hecho historia” por quedar como segunda fuerza política, porque incluso en algunos momentos de la campaña llegó a temerse que fuera cuarta, Susana Díaz y los dirigentes alineados con ella hablan de “la mayor derrota de la historia”, porque el partido quedó a 300.000 votos de ser apeado como líder de la oposición y ello gracias a algunos territorios, en especial Andalucía y Extremadura, porque en otros, como en el País Vasco, quedó relegado por detrás de Podemos, PNV, Bildu y sólo por delante del PP, o el estrepitoso fiasco de Madrid, donde Pedro Sánchez había confeccionado una lista a su medida y también quedo cuarto.

la izquierda reformista

El análisis que parte de la sede de San Vicente incide en que las siglas del puño y la rosa viven su momento más crítico desde la transición. Se trata casi de un cuestión de vida o muerte, de anteponer su pervivencia a cualquier otra cuestión, a gobernar ahora o dentro de unos años; convencidos además de que son necesarios, y más que nunca, como referente de la socialdemocracia, de la izquierda “reformista” y “no rupturista”, diferenciado de la derecha, pero con un concepto claro de unidad de España.
“Siempre hemos resuelto nuestros problemas en un congreso, pues ahora más que nunca, y además toca”, argumentan desde el PSOE-A. No convence el argumento dado por la dirección federal acerca de no hacerlo por anteponer el “bien de España” en estos momentos de incertidumbre tras los resultados del 20D. Las negociaciones para formar Gobierno corresponden al PP, no al PSOE, por lo que no se ve esa incompatibilidad con llevar a cabo el congreso.

Calendarios
Es más, cruzando calendarios se ve que puede ser incluso útil . En un escenario de nuevas elecciones, coincidiría con el lanzamiento de la campaña: Si la primera votación es a finales de enero, en dos meses se convocarían las nuevas generales si no hay investidura, es decir finales de marzo. La cita con las urnas sería dos meses después, 54 días exactamente, finales de mayo o principios de junio.
De este modo, el PSOE acudiría con su debate hecho y su candidato refendado. Puede ser Pedro Sánchez, si obtiene los votos suficientes. Pero la impresión es que en unos nuevos comicios no mejoraría precisamente el apurado segundo puesto de este 20D. Entonces el escenario sería aún peor para el histórico partido.
Y ahí, indefectiblemente, todos miran hacia Susana Díaz que, visiblemente descontenta por la situación, va a tener muy difícil esta vez dejar pasar el AVE a Madrid. Quizá, en todo caso, le cueste más de lo que ella esperaba y la batalla sea más cruenta que la que no quiso dar hace año y medio, cuando finalmente optó por no suceder a Rubalcaba y apoyar a un Pedro Sánchez que, ahora, se ha convertido en su principal problema.

Susana Díaz maneja sus tiempos

Susana Díaz maneja entre tanto sus calendarios y espera. Cuando el congreso se convoque ya no tendrá más remedio que pronunciarse, pero entre tanto aguarda. Está claro que para ella va a ser una decisión arriesgada. “Pero ella nunca ha levantado la mano”, dicen en su entorno, han sido los demás, desde toda España quienes le incitan a dar un paso en el que “ella es la que más tiene que perder” dejar una comunidad en la que tiene un gobierno estable para hacerse cargo de un partido a la deriva, con pésimos resultados en buena parte de los territorios.
Tal y como van transcurriendo los acontecimientos, todo hace pensar que esta vez lo hará. Para los militantes que le apoyan se trata de la oportunidad de que el PSOE ponga fin a su curva descendente: “Y la derecha de este país, y la derecha mediática, la temen porque saben que con Susana Díaz cambiará el tablero de juego”. En su favor alegan que con Díaz no habrá dudas de que no va a pactar con Podemos, no va a poner en peligro la unidad de España y va a hacer efectivo el blindaje de los servicios públicos.

Gresca socialista

Cuando alguien tiene que afirmar su autoridad es que no la tiene. De los muchos errores de comunicación que ha cometido Pedro Sánchez en estas últimas horas, el más revelador fue esa respuesta a la pregunta sobre las palabras de Susana Díaz a su grupo parlamentario, negándose a pactos con PP y Podemos: Susana tiene cultura del partido, dijo, y sabe que las líneas políticas las marco yo. La salida en tromba de la presidenta andaluza y de otros barones territoriales, recordándole que quien manda es el comité federal, y la sucesión de declaraciones airadas, aunque vinieran a decir lo mismo, que no se pone en duda la unidad de España, evidencian que la brecha interna en el PSOE es profunda.

Desde Andalucía hay un histórico de agravios con la dirección federal. El partido cree que no es tenido en cuenta como se merece, que no se quiere aprovechar su experiencia y buena disposición a trabajar juntos, que se desea transmitir la imagen de Susana Díaz como una trepa ambiciosa cuando lo que ella ha hecho ha sido mantener lealtad pese a no compartir decisiones y errores monumentales, como la lista de Madrid.

Pero también Ferraz tiene sus razones: bloqueo en Sevilla, falta de colaboración y la sensación permanente de que Susana va a llegar, que busca aclamación para entrar como en un paseo triunfal y que incluso tenía preparada una gestora para el 21-D. Aunque la reunión previa de secretarios generales pueda haber alcanzado consensos sobre los pactos, las heridas van a ser difíciles de cauterizar. En el fondo todo el mundo sabe que Díaz es mejor candidata que Sánchez y que éste no va a volver a serlo, por mucho que se precipitara al anunciar su candidatura. El intento de aplazar el congreso federal aparece como un intento de segar el paso a la secretaria general andaluza. Pero esta aún debe decidir qué va hacer, porque en Andalucía tampoco tiene el partido para tirar cohetes.

En fin, lo último que necesita este país es al principal partido de la oposición convertido en un reñidero de gallos, cuando el propio PSOE tiene más problemas que nunca para ofrecer un proyecto sólido y atractivo a los votantes.

Vamos al turrón

Se acabó el escrutinio electoral, un recuento minucioso, decisivo, al límite. Ahora, como dicen en mi pueblo, ¡vamos al turrón! No solo que nos demos un merecido respiro, atiborrados de delicias navideñas, sino que ha llegado la hora de meterse en faena, entrar en materia. Vamos al lío. La campaña más incierta, agria y apasionante de los últimos tiempos ha acabado. Las urnas han hablado. Se abre un tiempo diferente en la política, queda todo por hacer y va a ser complicado de gestionar.
Prueba superada, pues. El hondo pozo de la crisis económica, la brecha de desigualdad que ha acarreado, el retroceso social sufrido esperan ahora su turno para ser abordados. Por delante queda la posibilidad, quizá no demasiado cierta, de un largo ciclo de cuatro años sin nuevas elecciones.
Vaya al turrón, pues, de una vez por todas, la administración andaluza. Es hora de que la Junta se ponga definitivamente las pilas y se centre en gobernar, porque desde que en enero pasado se anticiparon las autonómicas, incluso antes, desde las europeas que Susana Díaz se impuso como su primera victoria, esto ha sido un no parar de campañas electorales. Las quejas de los agentes sociales no pueden caer en saco roto, sobre todo porque no se les puede acusar de nihilistas: en todo momento empujaron para que los partidos tuvieran generosidad y permitieran gobernar a Susana Díaz.
Pero el “turrón” que más atención suscita es al que debe ponerse la presidenta. Susana Díaz, que no ha parado de asegurar que está “centrada” en Andalucía, ha de despejar las sospechas de su salida hacia Madrid. Todos los ojos le miran. No puede presumir de gestión, a estas alturas, por mucho que haya devuelto al PSOE regional a la senda de las victorias. Si su lema sigue siendo que “nada le distraiga” de su cargo al frente de la Junta tiene que hacerlo realidad, no solo porque le debilita, y el PP-A lo aprovecha en cada intervención, sino porque la gobernanza, el turrón andaluz, lo necesita. Era el argumento de su investidura, por cierto; que los demás partidos le dejaran vía libre para poder aprovechar el tirón de la incipiente recuperación.
Hasta en la última fase de la campaña ha sido baza de Rajoy, que hizo deslizar la idea de una posible gran coalición con un PSOE encabezado por Susana Díaz, como una persona de más confianza del presidente. Como evidentemente no le hacía ningún favor, Díaz descalificó rápida con dos ideas: “patético y de perdedores”.
La presidenta andaluza sigue, pues, en el centro de la atención. Su liderazgo es indudable, sus resultados y la aportación al grupo parlamentario, le avalan, aunque no ha salido indemne del rifirrafe sostenido con su secretario general. Desde que en una entrevista criticó la política de comunicación de Pedro Sánchez, a quien había contribuido a elevar a la primera fila socialista en contra de Eduardo Madina – quien le segó el paso a ella misma hacia la sucesión de Rubalcaba- las cosas han ido de mal en peor. Cualquier gesto de Díaz se ha interpretado en esta clave de pugna interna, a veces con fundamento. Hasta la presencia de banderas verdes, y no rojas, en los actos del partido con Pedro Sánchez.
Aunque la secretaria general andaluza haya podido presumir de pacificación interna, las voces disidentes cada vez se cortan menos. La distancia con Pedro Sánchez tampoco le ha venido bien a Díaz en el conjunto del partido, donde su estrella parecía decaer a la vez que surgen otras y muchos ‘barones’ se le desmarcaban. Solo es su incondicional, dicen, Ximo Puig, el valenciano, cuyos resultados precisamente no le refuerzan. Se desinfla, pero se contemplaba, la hipótesis de que Andalucía propusiera una gestora, para la que incluso se dio un nombre para encabezarla, el de Máximo Díaz-Cano, secretario general de la Presidencia de la Junta, mano derecha de Susana Díaz, político de largo recorrido y experiencia.

Observadores experimentados apreciaban, en la primera mitad de la campaña, que el PSOE andaluz no se empleaba a fondo y que sólo lo hizo cuando Díaz vio que la debilidad de la sigla podría afectarle a ella misma. En la sede regional de San Vicente lo niegan y atribuyen a la dirección de campaña, en Ferraz, la innegable lentitud con que arrancó la actividad, la falta de experiencia de sus organizadores, además del cansancio de los militantes, que llevan cuatro campañas consecutivas. Díaz, desde luego, ha abrazado en escena a su secretario general y hasta el último mitin ha pronunciado su nombre para pedir el apoyo con contundencia.
A a pesar de que los resultados no han sido los esperados, el PSOE andaluz puede encajarlos: el el partido se piensa que cuanto ha ocurrido en la política española en los últimos años ha sido una maniobra en su contra propiciada por el PP como estrategia para hacer frente a su propia debilidad. Es decir, al ver su caída en picado, los de Rajoy habrían optado por debilitar al enemigo, primero potenciando a Pablo Iglesias desde las teles. Cuando se vio que Podemos era una amenaza se le contraprogramó con Ciudadanos.

¿Terminara por irse Susana?¿cuándo? La idea de compatibilizar la secretaría general con la presidencia de la Junta de Andalucía tiene un gran hándicap: la lideresa andaluza no es parlamentaria, por lo que tendría que ejercer la oposición desde fuera del Congreso. Los más ácidos del lugar recuerdan el caso de Hernández Mancha en el PP. Poco más que añadir.

En cualquier caso, el PSOE andaluz no va a renunciar a hacer valer su peso en Ferraz y en cuanto suceda en el futuro. El partido vivirá de manera impepinable un proceso de reseteo, que no será fácil, en el que deberá esforzarse por afinar su perfil frente a Podemos y encontrar esa vía virtuosa entre la tradición, a la que ha apelado tanto, y la renovación que no puede dejar de acometer.

De lo incierto

El catedrático Javier Pérez Royo suele decir un poco con sorna y otro poco con admiración:«¡Qué bonita es la política!» Porque cualquier cosa puede ser posible y la contraria;cualquier análisis, por muy prestigiosa que sea su fuente, puede quedar desacreditado por la realidad en cuestión de segundos. No digamos si se trata ya de hacer predicciones. Todo ello es ahora más cierto que nunca. Hace meses se hablaba de un Rajoy amortizado, acosado por los desfiles de Rato ante la Justicia, los escándalos de Púnica, el sms de Bárcenas, el conflicto catalán. Cuando estalló la ‘declaración unilateral de independencia’ emergió como figura de Estado y los atentados de París terminaron de resucitarlo. Sin embargo, ninguno de los dos asuntos ha tenido una presencia significativa en la campaña y no ha pasado tanto tiempo. Por todo eso, vuelvo al comienzo, es posible que de aquí al domingo aparezca cualquier nuevo factor que decida el resultado, que parece que será por ‘fotofinish’.
Los líderes nacionales han echado el resto en Andalucía de manera extraordinaria, sobre todo en la primera semana. Los dirigentes regionales mantienen el ritmo, aunque a cada uno la feria le va de una manera, con la desgraciada circunstancia de la baja médica de Antonio Maíllo. La ausencia del coordinador merma la ya difícil campaña de IU. En Podemos se advierte cada vez más las dos caravanas, Teresa Rodríguez por una parte, Pascual por otra, o sea las dos ‘almas’, mientras que Ciudadanos-Andalucía sabe que sus resultados serán buenos, aunque no cómo de buenos, y sólo le queda esperar que se reanude la normalidad para continuar su papel de árbitro en la gobernanza. Pero los focos, por mucho que sea ‘vieja política’, están en la lectura regional de los resultados de los dos grandes partidos. Díaz abraza a Pedro, quizás demasiado tarde, cuando los vientos soplaban de tormenta. Moreno libró su batalla para las listas y consolidó su liderazgo interno, pero no puede descartar que se rearmen los críticos. El 21 será también un día interesante.

Una campaña en Navidad

De todas las incógnitas que depara esta campaña electoral hay una por valorar: la influencia en el voto de la extraña mezcla de ofertas políticas y comerciales que se va a dar en estos días. La fusión de villancicos y canciones corporativas de los partidos. El mitin electoral y los horarios de las tiendas. Las caravanas animando al voto y las colas de los hiper. La gran fiesta de la democracia, que son unas generales, y la máxima ceremonia del capitalismo, que es el desaforado consumismo de la Navidad. Incluso las vísperas de la Lotería y esa otra suerte que deparará las urnas.
Rajoy podía haber elegido otras muchas fechas y cuando se ha decidido por este día 20 de diciembre seguro que tenía calculado el ‘efecto Navidad’. Llevar las elecciones a un domingo con tiendas abiertas y con el personal enloquecido por cumplir con los suyos en Papa Noel sin duda que busca favorecer al partido del gobierno, que espera tener a la gente despreocupada de lo cotidiano, olvidada de la larga legislatura de crisis, pobreza, corrupción, y entregada al sueño mágico de las fiestas, volver a casa, colocar el portal, reunir recuerdos, olvidar rencillas y permitirse caprichos como si no hubiera un mañana.
Zapatero pensó que le ayudaría fijar las elecciones el 20 de noviembre, por aquello del recuerdo del franquismo, y de poco le sirvió. Ahora puede que a Rajoy tampoco le valga del todo: en los escaparates hay mucha más oferta y algunas más glamourosas. Quizá el votar se contagie del comprar y operen otros mecanismos que no se contemplan en los manuales de marketing político, que igual por eso se recicla rápido y se vuelca en colocar a su producto, su candidato, en los “prime time” a costa de lo que sea. Quién sabe.