Madrid les mata

Como la piedra en el estanque, las ondas de la situación nacional agitan la política andaluza. Ondas gravitacionales, que alteran el espacio y el tiempo, ese descubrimiento sobrecogedor que da la razón no ya a Einstein, sino a Steiner, que dice que la verdadera poesía está hoy en la física cuántica y en las neurociencias.
La vibración se nota en especial en el Partido Popular andaluz. Fue revelador el consejo de alcaldes del sábado en Almería al que no asistió el secretario de política municipal del partido, Javier Arenas. Juanma Moreno se rodea de los suyos, a quienes él nombró, los que detentan poder y presupuesto público en la comunidad, los únicos que se sienten sólidos, con todo el mandato por delante. La brecha con los ‘arenistas’ se agranda. Resultó revelador el agrio rifirrafe del delegado de hacienda granadino contra Antonio Sanz, por una cuestión de pagos del Estado a los ayuntamientos que, aunque se resolvió bien y el dato fue aclarado, trascendió como un indicio de malestar interno. Cunde la idea de que Rajoy está muy mal, que habrá refundación si no se consigue formar gobierno, porque eso de la corrupción se lleva como con una deportividad alucinante, véase el blindaje y la defensa de García Pelayo, que ahora remite al caso de Rita Barberá. Una refundación que será aprovechada por el actual equipo para quitarse de en medio del todo a los veteranos con décadas de coche oficial.
El PSOE andaluz se amansa según se agranda, de forma tan inesperada, la figura de Pedro Sánchez, un fenómeno que deberá ser objeto de estudio. Las repercusiones del desequilibrio del juego de poderes en favor de Ferraz se notan: Gómez de Celis, el crítico por antonomasia, negocia con Sergio Pascual, el secretario de organización nacional de Podemos y diputado sevillano. El acercamiento PSOE-Podemos, en clave nacional y registro regional, no ha sido encargado a nadie de la estructura, que se ha molestado aunque sufre en (relativo) silencio.

Una visita incómoda

Los viajes ‘a provincias’ de los ministros del Gobierno central forman parte del paisaje. Se producen con una secuencia variable: más frecuentes cuanto más se acercan las elecciones. A veces son reclamados por los prebostes locales para reforzar sus figuras y sus políticas. Incluso en ocasiones han sido sorprendidos inaugurando dos veces la misma actuación y hasta se han visto malabarismos con las agendas para evitar que los rivales tengan oportunidad de salir en la foto. Pero hasta ahora yo no tenía noticias de que una visita ministerial haya producido incomodidad, enfado, y hasta hilaridad, en los prohombres de la tierra. Fue este miércoles, con ocasión del viaje de Ana Pastor, titular de Fomento en funciones, amiga íntima de Rajoy, miembro destacado del llamado G-8, el grupo de ministros más afines al presidente, uno de los nombres que se han barajado en las quinielas de sucesores del impertérrito Rajoy. Pues a la ministra en funciones se le ocurrió venir a «supervisar las obras de la Línea de Alta Velocidad Antequera-Granada, con una visita a la estación de Granada y los accesos de alta velocidad a la capital granadina, así como la nueva estación de Antequera (Málaga)», según la comunicación oficial, y se fue sin concretar nada, ni fechas para el AVE del Darro, ni para el tren de cercanías del parque tecnológico malagueño, sin siquiera, para gran enfado del alcalde granadino, comprometer el soterramiento de las vías. Las crónicas del día son reveladoras. Sí habló de lo que menos debía, de sobrecostes, algo que resultó especialmente imprudente en estos momentos, con la que está cayendo. Las caras de circunstancias de los políticos acompañantes en algunos casos son reveladoras.

Es llamativo que una persona precedida de fama de eficacia y capacidad cometa un error de este tipo. ¿Para qué vino? se preguntan sus compañeros andaluces ¿Quería hacer ver que el Gobierno sí tiene agenda? ¿tapar la clamorosa inacción de su jefe? ¿quería vender su propia imagen para esa posible sucesión?

Pero más significativo aún es que el malestar en las filas del PP-A haya trascendido. Revela, por una parte, mal rollo entre provincias, porque se dice que Pastor no se ha atrevido a ir a Almería, ya que cunde la especie de que retiró el presupuesto del AVE a esta capital y lo desvió a su Galicia natal. Pero sobre todo transparenta la desazón entre las filas del partido. Es innegable que el malestar hacia Rajoy por ‘declinar’ la oferta del Rey y dejar toda la iniciativa a Pedro Sánchez baja Despeñaperros. Hay puestos de trabajo en juego, pero también nerviosismo por lo que pueda pasar. La salida del presidente es una ventana de oportunidad para muchos y una amenaza para otros. Todos se resitúan y miran de reojo. Vendrá el congreso nacional y la cadena de congresos regionales y provinciales. Hasta puede que las críticas a Pastor formen parte de este juego. Andalucía estaría por apoyar a Soraya. Quizá la ministra de Fomento es más amenaza de lo que ella misma pueda creer.

Macromachismos

Una mujer maltratada y enviada a prisión por no obligar a su hija a cumplir los turnos de visita con su padre. Una concentración ‘ultramachista’ convocada en Granada. El juicio en Francia a una esposa que mató a su marido tras décadas de sufrir sus agresiones, por el que hemos sabido que el número de feminicidios galos es superior al de España. La sucesión de mujeres muertas, que cae a plomo sobre la actualidad, ya casi como el pronóstico del tiempo, las agredidas, los hijos asesinados, heridos, acosados… La violencia de género está instalada en la realidad cotidiana con una contumacia que en vez de movilizar parece que desactiva el rechazo. De hecho, jamás figura entre las preocupaciones de los ciudadanos en las encuestas. Por eso puede resultar que hasta escribir sobre ello, y no digamos leerlo, sea un brindis al sol, un agujero negro en la percepción de las noticias.

Todo lo que forma parte del paisaje resulta difícil de distinguir, de percibir como algo único, individualizado. Hemos conseguido arrancar la violencia contra las mujeres de la costumbre social, del ámbito privado, pero aún no darle la dimensión justa. ¿Cuánto hemos tardado en detectar que si las mujeres son víctimas no menos lo son los hijos? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que la legislación se adapte a esta constatación? La resistencia forma parte del problema: las leyes, el pensamiento que las inspira, están dictadas por los hombres y responden a su concepción del mundo. Como los protocolos médicos de los infartos, que estaban adaptados a los síntomas que sufren los pacientes masculinos, pero no a los de las mujeres, que son diferentes, por lo que muchos no fueron detectados a tiempo y se cobraron vidas.

Así vamos. Pequeños pasos, que cuesta mucho dar, y una reacción cada vez más desvergonzada, como demuestra la concentración convocada en Granada junto con otras 165 ciudades del mundo, y que aunque haya sido prohibida revela cómo está el nivel. Solo tiene un detalle: es la evidencia de que los hombres son interpelados. Aunque los convocantes lo hayan traducido en un sentido erróneo, agresivo, violento, está claro que el asunto de la violencia de género es un problema de los hombres, no de las mujeres, porque si ellos no la causaran no existiría, qué obviedad. Es crucial saber qué pasa al otro lado, por qué los agresores llegan hasta el suicidio, el límite máximo, y hasta cómo ayudarles a encajar en un mundo que ya no se rige por los patrones ancestrales.

¿Qué quiere Susana Díaz?

Socialistas avezados, analistas con experiencia, curtidos en lo que hoy se llama ‘luces largas’, se preguntan con estupor qué quiere Susana Díaz, por qué actuó como lo hizo tras el 20D y por qué mantiene esa tenaz pugna con su secretario general. También lo inquieren otros, pero es llamativo el interrogante entre los suyos, acostumbrados a navegar por las procelosas aguas orgánicas. Porque la mayor, es decir, el famoso ‘AVE a Madrid’ al modo del Gran Visir Iznogoud («quiero ser califa en lugar del califa») parece ahora mismo poco probable. ¿Se va a arriesgar la baronesa andaluza a perder sus poderes, el gobierno de un territorio con más de ocho millones de habitantes y un presupuesto superior a los 31 mil millones de euros? Al principio la opción pudo ser compatibilizar la presidencia de la Junta con la secretaría general del PSOE, pero ahora parece inevitable que el salto incorpore la candidatura en unas generales y eso contiene un nuevo escenario: el sillón de San Telmo a cambio de un escaño en la Carrera de San Jerónimo que hasta podría caer cerca del gallinero, si la distribución artera del hemiciclo actual se mantuviera, y a la tercera fuerza-en la que tranquilamente podría convertirse el PSOE-, se la relegara del tiro de cámara. O, por no ser tan dramáticos, ocupar el puesto de Pedro Sánchez con un peligro más: si sacara un solo voto menos que éste el 20D, su estrella se podría dar por eclipsada.

Igual Susana Díaz esperaba que en la noche electoral su secretario general reconociera la derrota y hasta dimitiera. El recuerdo a Rubalcaba tras las europeas ha sido verbalizado por los suyos y parece trasparentarse en esta frase ante el federal: «el 20D el PSOE no hizo historia, sacó el peor resultado de la historia».

«Ella maneja sus tiempos» dicen de su entorno con fe. La sospecha de un posible pacto secreto que tuviera ya Sánchez con Podemos e independentistas, la baza asamblearia que éste ha sacado de la manga y que rechaza ‘la cultura del partido’ justifican ahora el pulso. Seguiremos informando.