s noches electorales están para vivirlas. Esta que acabamos de pasar ha sido como una ducha escocesa, frío-calor-frío, para redondear la incertidumbre de partida. El cuadro final no resulta nada favorecedor para Susana Díaz y el PSOE andaluz, que comenzaban la tarde como grandes triunfadores. Ni en lo nacional ni en lo regional las urnas le sonríen, y hasta avisan de amenazas en el propio territorio para esa supremacía de la que presumía. Juanma Moreno le ha dado el jarro de agua fría y ha roto con su cadena de victorias, mientras le puede confortar, apenas, los malos resultados de Podemos.

Mientras, Pedro Sánchez logra salvar el cuello. Tenía como un 75% de posibilidades de perder la cabeza anoche y la mantiene, por el momento. De los tres escenarios posibles (quedar segundo en votos y escaños; quedar segundo en escaños y tercero en votos o el ‘sorpasso’ total) sólo el primero, que parecía absolutamente improbable, le dejaría incólume. Pero aunque haya detenido el ‘sorpasso’, no se puede olvidar que al final el resultado horada aún más el suelo electoral socialista. Susana le había marcado el listón de ganar. No lo ha hecho, pero la ‘reina del sur’ ha sufrido un varapalo que le impide reclamar el cumplimiento de la tarea.

Terminada la campaña, en el PSOE andaluz ya no se ocultaba la decepción por lo que se considera falta de talla del actual secretario general y se verbalizaba la necesidad de actuar, de «aplicar el bisturí» para detener la hemorragia y no dilatar más la solución. El mapa, andaluz y nacional, da buena cuenta del deterioro de la sigla y el desastre sin paliativos en otras, como Madrid, Cataluña o País Vasco, donde casi que llega a la temida ‘pasokización’.

Puede que hoy se respire hondo, porque se ha evitado lo peor, pero no salva al partido que ha gobernado España más tiempo desde la transición de su naufragio, en un momento histórico convulso, dominado por fuertes tensiones populistas y por nuevas prácticas políticas que ahora, a tenor de estos datos, se ponen en solfa. Cuando creíamos tener las respuestas, pues, nos cambiaron las preguntas.

Después de haberse fajado en la campaña con más fuerza incluso que en las autonómicas, la figura de Susana Díaz había crecido en estas semanas. Los suyos la ven cada vez más como la gran esperanza blanca del socialismo, como si de ella dependiera el futuro de la sigla, y sin duda se lo ha currado, a diferencia de otros ‘barones’ territoriales que han brillado por su ausencia. Los ‘pedristas’ no le podrán reprochar un átomo de su apoyo. Sánchez ha venido cuando ha querido y a lo que ha querido durante la campaña y la andaluza se ha entregado. Se puede pensar que por su propio interés o por defender su feudo, pero el hecho de que el mitin final de campaña se celebrara en Sevilla viene a decir que era la plaza donde el candidato a presidente tenía más segura una buena foto, a diferencia de lo que podría haber logrado concitar en otras ciudades, sin ir más lejos Madrid.

¿Qué hará la presidenta? Al reconocer que el PSOE no ha ganado «y tendremos que actuar en consecuencia» y recordar la aportación de su partido al grupo parlamentario parece mandar un mensaje claro y no es pacífico.

Había curiosidad por saber si Pedro y Susana mandarían el mismo mensaje en la noche electoral, señal de que desde Madrid se contaba con las federaciones. No ha sido así, según parece.

En cualquier caso, como cuando despierten el dinosaurio seguirá ahí, y los socialistas andaluces deben decidir sin vuelven a dar la batalla en Madrid e intentan esa especie de sueño erótico de reconstruir al PSOE desde el sur. Está por ver, ahora más que nunca, si en esa tarea encontrarán dispuestas a las demás baronías. En los últimos tiempos ha habido interés en construir ese estereotipo del PSOE como una suerte de partido nacionalista del sur de España, una especie de CiU andaluza como en principio le llamó Enric Juliana, no sin prejuicio. Desde Podemos también se ha venido a difundir esa idea del PSOE como un partido con mando en la mitad inferior del mapa, sin decirlo pero evidenciando las diferencias, frente a su alta representación en los territorios del norte, ‘ricos y cultos’ sugerían.

El prejuicio territorial no será el mayor de sus problemas. La clave será cómo volver a sintonizar con la gente, liderar las ganas de cambio que existen y que han llevado a Podemos, un partido errático y sin raíces, a cotas insólitas de ilusión ciudadana, aunque luego pincharan, y hacer catarsis de cuantas malas prácticas le han dado tantos años de permanencia en el poder. El PSOE debe encontrar la manera de reivindicar lo que hizo pero, a la vez, alejarse de ello para dejar de ser un partido viejuno, símbolo del ‘ancien regime’, y sacudirse la partitocracia, el ramalazo de clientelismo, las luchas intestinas, el polvo del poder. La ventaja obtenida por el PP le da una ocasión de oro: otra legislatura en la oposición para recomponerse sin tener que someterse a la tensión de poner líneas rojas a uno u otro lado.

Tendrá que hacerlo además en plena crisis de la socialdemocracia europea, un fenómeno que viene arrastrando desde finales del siglo XX y que no endereza el rumbo, a pesar de que el aumento de las desigualdades la harían más necesaria ahora.

Y entre tanto, Juanma Moreno se crece en el PP y reclama respeto, de los de enfrente, pero también de los suyos, que en diversos ámbitos esperaban que se estrellara. No le ha salido tampoco bien a Díaz el ninguneo al líder popular andaluz, que ya puede comenzar a sacudirse la pesada sombra de Javier Arenas. Moreno pudo aparecer anoche como triunfador. Ha recuperado el primer puesto en todas las provincias menos tres, Huelva, Sevilla y Jaén, al volver a ser el más votado en Cádiz y Córdoba. No ha perdido ninguno de los cuatro escaños que a priori se le daban por liquidados, ha ganado tres.

El PSOE daba por seguro que ampliaría su victoria sobre los populares, pero la distancia se ha agrandado hasta límites impensables, otro error de calculo de Susana Díaz que no sé si solo se explica por el retorno de votantes que se fueron a Ciudadanos. En lo único en que sí acertaron los socialistas andaluces es en ahorrarse el dinero de la ‘israelita’. El fracaso de la demoscopia es de antología.

IU no ha sacado rédito a su operación de convergencia y se ha dejado heridas en la travesía, a pesar del encanto de Maíllo. Será interesante observar como evoluciona el matrimonio de conveniencia con Podemos, si volverán las antiguas rencillas. Y entre los morados deberán decidir de una vez qué quieren ser de mayores, justo cuando se creían que ya lo eran.

La política, en fin, puede llegar a ser algo muy interesante.