Las cosas se disfrazan de lo que son para no ser reconocidas. Esta gran frase, tan enigmática como real, de un filósofo inolvidable, Mariano Peñalver, se puede aplicar a esa confusa amalgama que unos llaman confluencia, otros unidad, otros coalición, según tomen el micrófono los de IU, los de Podemos sector ‘pablista’ o los de Podemos sector ‘errejonista’. Es decir, Unidos Podemos.
Ahora que los pronósticos no se han cumplido y el soprasso ha quedado en un bluff, los doctos politólogos, demoscópicos y demás gurús que integran Podemos, un punto altaneros, han de reconocerlo, van a encargar una encuesta para saber qué ha pasado.
Como las victorias tienen muchos padres, pero las derrotas son huérfanas, todos se sacuden el muerto y se lo echan al de enfrente. Y es que, al final, los adalides de la nueva política no son de una pasta diferente que el resto de los humanos y su redentorismo se ha revelado bastante ridículo, a pesar de que han disfrutado de ese favor acrítico de que goza lo que se pone de moda. Pero, ya se sabe, las modas caducan y cada vez lo hacen más rápido.
Otra clave del desengaño podemita,que se abate por las activas redes sociales que los círculos han convertido en su hábitat, me la daba un cuadro de IU y no me parece descabellada. Decía que Podemos no tiene militantes, tiene fans, que tan pronto como se entusiasman se desencantan.
El asunto es que la alianza con IU, o como le quieran llamar, ha convertido a Podemos en IU, no al revés. Sacar a Anguita del baúl de los recuerdos es lo que tiene.
Sobre el escenario del mitin, la estupenda pareja Maíllo-Teresa bailaba como lo que son, compañeros de armas, y se notaba entre ellos la complicidad de los camaradas reencontrados. A Teresa Rodríguez, que sigue llevando las señales de Izquierda Anticapitalista como tatuadas en su impronta, le ha venido muy bien tener a su lado a Maíllo, que ha dado poso y solidez a su imagen de delegada de facultad, a pesar de que dicen que está en «estado de gracia» y es recibida con fervor por los simpatizantes. Con Maíllo, Teresa ha recibido la experiencia política y las raíces del Partido Comunista. La hoz y el martillo de las banderas que ella tuvo que abandonar y que IU ha llevado a los actos, pese al evidente desagrado de sus ‘confluidos’, que hasta llegaron a desaconsejarlas.
Quién se come a quién lo veremos si llega la hora de hacer una lista conjunta a las autonómicas. Sólo uno puede ser el primer candidato. Si llega. Es con lo que cuenta Izquierda Unida, pero los ‘errejonistas’ enseñan los dientes. Es lo que tiene la izquierda. Antes muerta que unida.