La conversación entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el jefe de la Oficina catalana Antifraude, Daniel de Alfonso, tiene el encanto subyugante de lo secreto y supone la confirmación largamente perseguida de las sospechas más asentadas. Se trata de la conspiración, en vivo y en directo, aunque sea de 2014. Nunca hasta ahora habíamos podido asistir a una representación real de las cloacas del Estado en pleno funcionamiento. Lo suponíamos, las novelas y los thrillers daban pistas, pero la realidad siempre supera a la ficción y propina todo un golpe al plexo solar de la democracia, de las instituciones. El caso tiene añadido el fatalismo del mejor Le Carre: el final es el desastre, la torpeza, la incapacidad y, al fondo, la falta de moral de los servicios secretos y sus responsables. Porque si se trataba de debilitar al independentismo catalán, que ahora precisamente estaba en sus más bajas cotas de intención de voto, por debajo de la mayoría absoluta, las grabaciones lo resucitan, ya se verá en las urnas el domingo, y dejan en evidencia que la inactividad de Rajoy respecto al conflicto con la Generalitat no era tal, sino la espera de que el sabotaje interno hiciera efecto. No me gusta compararlo a la TIA. Mortadelo y Filemón tienen mucha gracia y esto, ninguna. Mejor el título del último libro del maestro inglés. ‘Una verdad delicada’.

Queda en evidencia el Gobierno y su ministro, el primero que no ha tenido sobre sí la losa del terrorismo de ETA, incapaz de poner orden en los enfrentados grupos policiales y hasta de evitar que se le espíe en su propio despacho. Queda palmaria la evidencia de tramas oscuras en las fuerzas de seguridad, al servicio de quién sabe qué intereses. Salta por los aires la separación de poderes, el estatuto del Ministerio Fiscal («esto la fiscalía te lo afina»), la limpieza el organismo antifraude, deja bajo sospecha la utilización de periodistas y de medios para airear escándalos, además de la UDEF. Qué coño es la UDEF, que dijo un desencajado y desenmascarado Jordi Pujol.

La evidencia de la conspiración ha dado pie a la presidenta andaluza, Susana Díaz, a preguntarse si sólo se han llevado a cabo este tipo de prácticas en Cataluña, que es una manera de sugerir que aquí también. Mario Jiménez dio un paso más ayer y apuntó a la causa de los cursos de formación, a punto de archivarse, como una posible «trama similar» a la catalana. Estas sospechas, y otras más, han estado en el ambiente político andaluz desde antiguo, como una forma de ‘guerra sucia’ contra el bastión socialista, y ahora cobran fuerza al hilo de las ‘oportunas’ filtraciones. Otro efecto colateral de esta bomba de racimo que ha estallado al PP cuando apenas quedan tres días para las elecciones más decisivas desde 2004.