“Muchísimo tiempo”

Cada año, desde hace 16, en la mañana de Reyes acudimos a mediodía convocados por el recuerdo de alguien que nos dejó, y aunque pasen los días, y la vida siga, con sus alegrías y con sus afanes, con más palos y disgustos, según se acerca el momento en que ocurrió el fatal accidente el suelo se tambalea igual que entonces. O más, porque suma y arrastra otros desconsuelos, sobre todo el de constatar lo irremediable.
Esta historia personal, con pequeñas variaciones, la puede suscribir mucha gente. No es nada extraordinario, no es una ensoñación futurista tipo ‘Black Mirror’, sino que forma parte de la experiencia humana más general. Por eso, en medio del ajetreo de estos días de compras y de lejanía de la intensa actualidad, el despectivo comentario de Mariano Rajoy sobre el dictamen del Consejo de Estado destapando las vergüenzas del avión Yak 42, en el que murieron 62 militares, cuando dijo “de eso hace muchísimo tiempo” mientras paseaba por su pueblo, se abre paso y resuena con un eco de especial repugnancia.
Es probable, o más que seguro, que esto no tenga coste político para el Partido Popular. Hemos visto grandes escándalos de corrupción que han mermado apenas su apoyo electoral. En clave menor, liamos una controversia parda con las palabras de Cristina Cifuentes sobre/contra los andaluces, y que los de Madrid nos pagan la sanidad y la educación, y el PP andaluz se ríe de aquello, porque tiene una encuesta que dice que la mayoría de la gente no se había enterado de qué había pasado.
Pero está la decencia. ¿O la descartamos del todo como valor político y pasamos a otra cosa? En realidad lo que le queda de arraigo es poco, pero si no la reclamamos es cuando estaremos del todo perdidos. El Gobierno actúa en nombre de los que le eligen y de los que no, es decir de todo un país. La falta de empatía, la soberbia, el desprecio, hacia un grupo humano, de servidores públicos además, que dejaron sus vidas en un campo de Turquía víctimas de una terrible secuencia de irregularidades, más la impresentable gestión de la crisis, con la confusión de los cuerpos, la sospecha de artefacto jurídico con la ‘mano oscura’ de Federico Trillo, entonces responsable de Defensa, las deudas del PP y de Rajoy con éste por su supuesta posesión de secretos de las tramas de Génova, la resistencia siquiera a cesarle y envolver su salida en un relevo de embajadores ya previsto, componen un escándalo nada menor que el presidente del Gobierno, a su más puro estilo, ha querido despachar con ese “hace muchísimo tiempo”, como cuando “la persona de la que usted me habla” y tantas otras frases célebres.
Hasta ahora, a la vista está, le ha dado resultado. Pero nadie podrá defender a partir de este momento que ese político correoso, al que jalean el sentido del humor sus fieles con grandes aspavientos, tiene corazón.