a tarde era luminosa, pero vi perfectamente el relámpago. Fue un flash en la conversación con el filósofo Javier Gomá, acerca de su libro ‘La imagen de tu vida’. Creo que estaba respondiendo a una cuestión que él mismo formula respecto a Cervantes, «¿por qué elegir hoy la civilización y no la barbarie?», cuando planteó la evidente necesidad de cambiar el paradigma, el pensamiento actual, porque ya no responde a las ‘formas de dominación’ en que estamos.

Hay, es evidente, un desfase entre lo que está pasando en la vida de la gente y las ideas que rigen lo común, la gobernanza, la política. De ahí tantas sorpresas imprevistas entre el ‘stablishment’, medios incluidos, que como profetas no nos comeríamos una rosca. ¿Cómo ajustarlo?

Hay que leer a Gomá, tan a contracorriente por mucho que sea director de la Fundación Juan March, letrado del Estado y miembro destacado de la intelectualidad española. El análisis, viene a decir, está errado porque es catastrofista y no reconoce cuánto ha avanzado la sociedad. A pesar de que no deja de haber excesos, disfunciones, confusos límites, abandono de la excelencia, o de la ‘ejemplaridad’, como norma; de que el ideal de la época no emerge, la imagen consensuada de lo que somos no responde a la realidad. Porque los cánones del mainstream son fatalistas, tristes, siniestros, y además injustos. Nos niega, dice, «con necia ligereza» los bienes que dan «gozo y esperanza». Puso un ejemplo contundente. Antes, dijo, y no hace mucho, la violación era «la educación del señorito». Hoy es un delito que horroriza.

Por eso su propuesta es mirar el futuro «sin triunfalismo pero con confianza».

Los avances se producen siempre a base de forzar lo convencional. ¿Será pues llegado el momento de ‘defender la alegría’? La «alegría inteligente» que, aun contra todo pronóstico, debe conquistarse.

Lo que sí es seguro es que hay que oír a los filósofos.