Hay un ambiente dramático. Se evoca a Dickens y su ‘Historia de dos ciudades, «era el peor de los tiempos, era el mejor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura», por los hechos que, como un cataclismo, impactan en las vidas de la gente inocente. Pero es sobre todo la época del desengaño. Creíamos que Estados Unidos era la democracia más avanzada y eligieron presidente a Trump. Que los ingleses eran el patrón moral, la modernidad y el pragmatismo y aprobaron bunkerizarse. Y, en fin, Cataluña encarnaba el sueño cosmopolita, avanzado y culto y ha terminado por ser el redil de unos políticos casposos, obcecados, pueblerinos. Se ve la foto de Puigdemont encogido en su asiento y se piensa, por ejemplo, en Teresa Gimpera, la modelo catalana que significó durante los años duros del franquismo que otro mundo era posible. ¿Qué fue de la ‘gauche divine’? ¿de las noches míticas de farra en Bocaccio que entreveíamos en las obras de aquellos intelectuales? Gil de Biedma, los Moix, Goytisolo, Tusquets. Qué fue de los ‘nueve novísimos’, de todos aquellos poetas, editores, escritores, cantantes (Serrat, Raimon etc) periodistas, fotógrafos, que contribuyeron a crear la sentimentalidad de los españoles de varias generaciones, también la conciencia política de su tiempo y que fraguaron en el mejor de los momentos que este país ha conocido, ya definitivamente moderno, incluso avanzado, y en paz.

Donde está, que no se ve, el trabajo arriesgado y rompedor de sus artistas plásticos, de sus compañías de teatro, de sus actores, de sus músicos, de los mejores cuartetos de cuerda, los mejores festivales, los mejores montajes de opera. Dónde la admiración y el efecto que suscitaba, por ejemplo, el cortejo de Comediants, la fuerza de La Fura, el estilete de Joglars. Dónde sus cocineros. Dónde el trabajo apabullante de sus museos e instituciones culturales, Caixa, CCCB, las primeras siempre en introducir en nuestras vidas las nuevas tendencias, los nuevos soportes, siempre atentas a desasnarnos, a veces con un punto muy ‘snob’, con las vanguardias de las vanguardias.

Una amiga que acaba de volver de unos días de vacaciones en el Ampurdán me cuenta que el sentimiento general entre estos catalanes “típicos/cuya familia es la típica/familia bien del país”, por citar a Serrat, es de bochorno, de vergüenza, por lo que está pasando en su comunidad. El director de El Periódico de Cataluña titulaba ayer su artículo en esta línea “Ojalá que el mundo no nos esté mirando”.

Nosotros, el resto de españoles, que os quisimos tanto, nos sentimos doloridos, magullados, y aún no perdemos la fe en que todo no haya sido para nada y, al final, triunfe el seny. Confiemos en ello.

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