Susana Díaz bien podía ocupar ayer su asiento en el desfile de la fiesta nacional, o como quiera que se llame ahora, con una íntima satisfacción. La presidenta de la Junta de Andalucía, ‘baronesa’ socialista, derrotada lideresa, ha visto que los hechos le daban la razón a fin de cuentas, en medio de la vorágine de la crisis catalana. El respaldo de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy para parar al secesionismo a cambio de abrir la reforma de la Constitución da alas a su secretario general, y me aseguran que en su círculo hay satisfacción por este movimiento, pero a la vez amortiza el pago de la abstención que Díaz abanderó para acabar con el impasse tras las elecciones de junio de 2016 y neutraliza a los del ‘No es No’, que tanto obró en su contra. Más cerca en el tiempo, el dramático desarrollo de los acontecimientos al otro lado del Ebro explica la posición de la política andaluza en apoyo a la PNL de Cs que sus mayores en Madrid no quisieron respaldar y revela un correcto análisis de los acontecimientos que, desde luego, ya entonces estaban ‘in crescendo’. Hasta ha jugado a su favor el exabrupto de Irene Montero, la portavoz de Podemos, al decir que el pacto Rajoy-Sánchez significa la vuelta del PSOE de Susana Díaz, porque la ha colocado en un escenario que, sin duda, es del agrado de los votantes,y en concreto de los andaluces, que tienen claro que la unidad de España es un valor a defender. El propio acuerdo entre el presidente del Gobierno y el secretario general del PSOE es un regreso a la declaración de Granada y en medios socialistas andaluces se ve como una pequeña victoria.
Desde Ferraz baja constantemente la idea de que Díaz ya no pinta nada. Pero la semana pasada la acusaron sucesivamente de estar detrás de la declaración de las ‘viejas glorias’ contra Sánchez, de ofrecer ‘sus’ parlamentarios a Rajoy, de estar en conversaciones con el Rey y Rajoy puenteando a Sánchez… Es decir que la tienen muy en cuenta. Por contra, su ‘mesa camilla’ asegura que en estos últimos días ha evitado cualquier conversación con el Gobierno, sea Sáenz de Santamaría, Zoido o el propio Rajoy, con quien de manera esporádica conversa, para evitar dar pábulo a este ruido.

Los socialistas andaluces ven el acuerdo Rajoy-Sánchez como una victoria, pues. Creen que Sánchez «ha vuelto al redil» del discurso histórico del partido, del «sentido de Estado»; que haya acabado con una indefinición que tenía alto coste en todo el país. Celebran que se haya despegado de Podemos y hasta hacen ver que pese a la importancia de la decisión no ha habido consulta a la militancia.

Con este análisis, y con la fortaleza de tener estabilidad gracias a los Presupuestos pactados con Cs, en San Telmo se piensa sólo en la posición de fuerza de Díaz como representante de Andalucía en la mesa nacional. No en otra cosa. De momento, digo yo.