Optamos por la lectura gaditana e histórica de la fecha, por la clave de lo solemne y por la constatación del mensaje de elogio, unánime, de nuestra Constitución y del papel que la ciudad desempeñó en aquel momento. Tardamos en decidir, de la oferta del día, una foto que dijera lo que queríamos. Nuestro papel es contar en la clave del ‘kilómetro sentimental’ gaditano. Nos ‘puso’ el escorzo de la cúpula elíptica recién reabierta, grandiosa, la misma que doscientos años antes oyó por primera vez que “La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”… etc. etc. Era el lugar, el espacio físico, sobrevivido al tiempo, a los dos siglos transcurridos, día a día, con tantos avatares y tantas vidas pasadas bajo su dintel. Pero ahora están ahí, en la imagen, todas las autoridades del Estado para recordar, con palabras hermosas, de viva voz, que aquello fue el inicio de un mundo nuevo, que sembró la semilla de la libertad que hoy damos como natural, aunque durara poco, y que transcurrió en el contexto de un pueblo resistente a la invasión de todo el país por el ejército más poderoso del mundo. No eran por oidas menos verdades, pero complacía tanto escucharlas, como quien oye alabar a un hijo o elogiar a alguien muy querido, y más ahora, que tanta falta hace tener confianza, rebuscar en el almacén de objetos perdidos el clavo ardiendo al que aún agarrarse.
Lo solemne no es aburrido, ni hueco, ni inútil, o al menos no lo es siempre.
Por lo demás, había muchas más lecturas: la política partidaria que algunos quisieron hacer, la clave nacionalista, la geopolítica o la histórica. Esta última resultó en especial interesante. En el mismo sitio donde los doceañistas reservaban un asiento vacío para el ‘deseado’, en cuyo nombre se resistía, el ‘rey felón’ que terminó con aquella Constitución y la persiguió con saña, se sentaba ayer Juan Carlos I. En los primeros párrafos de su discurso hizo la obligada reparación histórica, al reconocer que entonces “la nación estuvo por encima de sus máximas autoridades”. Los representantes del pueblo español de hoy le premiaron con una larguísima ovación, hasta el punto que pensé que se vería obligado a dar un ‘bis’, y que le hizo saludar en pie, un segundo, con la mano en el corazón. Estuvo bien, fue un momento potente, aunque no es infrecuente esta visibilización del respaldo de las Cortes a la Monarquía, sobre todo a raíz del ‘caso Urdangarín’.
Nos gustó más destacar cuántas cosas relevantes se dijeron de nuestra Pepa, de Cádiz y de los gaditanos.
Permitidnos que por una vez nos dejemos llevar.
Pero si queréis una versión completamente distinta, la de Juliana en La Vanguardia de hoy: http://www.lavanguardia.com/politica/20120320/54271908535/rajoy-vocacion-atlantica-prioridad-espana.html