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“Muchísimo tiempo”

“Muchísimo tiempo”

Cada año, desde hace 16, en la mañana de Reyes acudimos a mediodía convocados por el recuerdo de alguien que nos dejó, y aunque pasen los días, y la vida siga, con sus alegrías y con sus afanes, con más palos y disgustos, según se acerca el momento en que ocurrió el fatal accidente el suelo se tambalea igual que entonces. O más, porque suma y arrastra otros desconsuelos, sobre todo el de constatar lo irremediable.
Esta historia personal, con pequeñas variaciones, la puede suscribir mucha gente. No es nada extraordinario, no es una ensoñación futurista tipo ‘Black Mirror’, sino que forma parte de la experiencia humana más general. Por eso, en medio del ajetreo de estos días de compras y de lejanía de la intensa actualidad, el despectivo comentario de Mariano Rajoy sobre el dictamen del Consejo de Estado destapando las vergüenzas del avión Yak 42, en el que murieron 62 militares, cuando dijo “de eso hace muchísimo tiempo” mientras paseaba por su pueblo, se abre paso y resuena con un eco de especial repugnancia.
Es probable, o más que seguro, que esto no tenga coste político para el Partido Popular. Hemos visto grandes escándalos de corrupción que han mermado apenas su apoyo electoral. En clave menor, liamos una controversia parda con las palabras de Cristina Cifuentes sobre/contra los andaluces, y que los de Madrid nos pagan la sanidad y la educación, y el PP andaluz se ríe de aquello, porque tiene una encuesta que dice que la mayoría de la gente no se había enterado de qué había pasado.
Pero está la decencia. ¿O la descartamos del todo como valor político y pasamos a otra cosa? En realidad lo que le queda de arraigo es poco, pero si no la reclamamos es cuando estaremos del todo perdidos. El Gobierno actúa en nombre de los que le eligen y de los que no, es decir de todo un país. La falta de empatía, la soberbia, el desprecio, hacia un grupo humano, de servidores públicos además, que dejaron sus vidas en un campo de Turquía víctimas de una terrible secuencia de irregularidades, más la impresentable gestión de la crisis, con la confusión de los cuerpos, la sospecha de artefacto jurídico con la ‘mano oscura’ de Federico Trillo, entonces responsable de Defensa, las deudas del PP y de Rajoy con éste por su supuesta posesión de secretos de las tramas de Génova, la resistencia siquiera a cesarle y envolver su salida en un relevo de embajadores ya previsto, componen un escándalo nada menor que el presidente del Gobierno, a su más puro estilo, ha querido despachar con ese “hace muchísimo tiempo”, como cuando “la persona de la que usted me habla” y tantas otras frases célebres.
Hasta ahora, a la vista está, le ha dado resultado. Pero nadie podrá defender a partir de este momento que ese político correoso, al que jalean el sentido del humor sus fieles con grandes aspavientos, tiene corazón.

Y otro más

este es anterior. Dedicado a Paco Leal (como es obvio)
Nada más lejos de mi intención que hacer la pelota, pero me encantó que este programa trajera el otro día a la entrevista a Paco Leal. No es fácil detectar talento cada día,y menos aún hacerlo entre quienes están voluntariamente fuera de foco, pero en este caso se logró y con creces.
Paco Leal es muchas cosas: chirigotero callejero con muchos trienios y demasiados años de abandono, promotor del ‘Carnaval de los jartibles’, el Carnaval chiquito, que es la almendra de la fiesta; hostelero en retirada, pero sobre todo un hombre culto, un escritor sensible, un producto depurado del mejor Cádiz, esa ciudad a la vez popular e ilustrada, y ahora que ha adoptado el sombrero de panamá parece aún más un indiano que acabara de salir de su gabinete de carey, abanicos, tresillos isabelinos y cornucopias, rumbo a tomar un café, quizá a La Habana. Porque todo el mundo sabe que los gaditanos han ido siempre antes a merendar a Cuba que a Madrid, o eso decía Pericón.
A Paco Leal habría que clonarlo, pero entre tanto es preciso que aprovechar su cercanía, su saber, su sentido de humor lúcido e inteligente, y si es posible sus bizcochos caseros o sus guisos según la receta materna.
Ahora que me doy cuenta, hace demasiado tiempo que no lo veo. Pero eso no impide que le siga adorando. El tiempo ha pasado muy bien por él, y eso también requiere mucho arte.

Un artículo de ‘Al liquindoli’

(emitido en diciembre en Canal Sur Radio)
Una noche más, hemos mirado la vida con ojos de Carnaval. Entiendo que es una buena práctica, una especie de línea de pensamiento que la filosofía debería profundizar.
No se asusten. Necesitamos cada vez más pensar, aprender a pensar y eso es la filosofía. Noto que ahora resurge un interés por profundizar en la realidad, por ir más allá de lo evidente, como reacción a esta vida que llevamos, enloquecidos por la rapidez de las comunicaciones, la vida ficticia de relaciones en las redes sociales, por la realidad paralela de Internet. Queremos, necesitamos, volver a casa. A una casa que es sobre todo un lugar de sosiego, de afectos y de curación, que es de lo que habla un libro imprescindible, La resistencia íntima, de Josep María Esquirol.
Pensar con la mirada del Carnaval, me atrevo a colegir, es aprender a utilizar una herramienta imprescindible del vivir, que es el humor, y es entrenar el optimismo, una disciplina que precisa ejercitarse, que no viene de serie. Y es enfocar las cosas de una manera serena. “Un paso atrás y una sonrisa”, que decía un gran filósofo, Mariano Peñalver, que fue rector de la Universidad de cádiz y presidente del jurado del concurso.
Ya ven que hay un hilo nada frágil entre el Carnaval y las ideas. Sigamos.

Ayuda

Hola. Ni tenía guardado el acceso. Intento recuperar entrevistas de mi etapa en La Voz. si alguien recuerda alguna que le interesara, por favor que me lo diga.

Los disfraces de Podemos

Las cosas se disfrazan de lo que son para no ser reconocidas. Esta gran frase, tan enigmática como real, de un filósofo inolvidable, Mariano Peñalver, se puede aplicar a esa confusa amalgama que unos llaman confluencia, otros unidad, otros coalición, según tomen el micrófono los de IU, los de Podemos sector ‘pablista’ o los de Podemos sector ‘errejonista’. Es decir, Unidos Podemos.
Ahora que los pronósticos no se han cumplido y el soprasso ha quedado en un bluff, los doctos politólogos, demoscópicos y demás gurús que integran Podemos, un punto altaneros, han de reconocerlo, van a encargar una encuesta para saber qué ha pasado.
Como las victorias tienen muchos padres, pero las derrotas son huérfanas, todos se sacuden el muerto y se lo echan al de enfrente. Y es que, al final, los adalides de la nueva política no son de una pasta diferente que el resto de los humanos y su redentorismo se ha revelado bastante ridículo, a pesar de que han disfrutado de ese favor acrítico de que goza lo que se pone de moda. Pero, ya se sabe, las modas caducan y cada vez lo hacen más rápido.
Otra clave del desengaño podemita,que se abate por las activas redes sociales que los círculos han convertido en su hábitat, me la daba un cuadro de IU y no me parece descabellada. Decía que Podemos no tiene militantes, tiene fans, que tan pronto como se entusiasman se desencantan.
El asunto es que la alianza con IU, o como le quieran llamar, ha convertido a Podemos en IU, no al revés. Sacar a Anguita del baúl de los recuerdos es lo que tiene.
Sobre el escenario del mitin, la estupenda pareja Maíllo-Teresa bailaba como lo que son, compañeros de armas, y se notaba entre ellos la complicidad de los camaradas reencontrados. A Teresa Rodríguez, que sigue llevando las señales de Izquierda Anticapitalista como tatuadas en su impronta, le ha venido muy bien tener a su lado a Maíllo, que ha dado poso y solidez a su imagen de delegada de facultad, a pesar de que dicen que está en «estado de gracia» y es recibida con fervor por los simpatizantes. Con Maíllo, Teresa ha recibido la experiencia política y las raíces del Partido Comunista. La hoz y el martillo de las banderas que ella tuvo que abandonar y que IU ha llevado a los actos, pese al evidente desagrado de sus ‘confluidos’, que hasta llegaron a desaconsejarlas.
Quién se come a quién lo veremos si llega la hora de hacer una lista conjunta a las autonómicas. Sólo uno puede ser el primer candidato. Si llega. Es con lo que cuenta Izquierda Unida, pero los ‘errejonistas’ enseñan los dientes. Es lo que tiene la izquierda. Antes muerta que unida.

Una verdad delicada

La conversación entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el jefe de la Oficina catalana Antifraude, Daniel de Alfonso, tiene el encanto subyugante de lo secreto y supone la confirmación largamente perseguida de las sospechas más asentadas. Se trata de la conspiración, en vivo y en directo, aunque sea de 2014. Nunca hasta ahora habíamos podido asistir a una representación real de las cloacas del Estado en pleno funcionamiento. Lo suponíamos, las novelas y los thrillers daban pistas, pero la realidad siempre supera a la ficción y propina todo un golpe al plexo solar de la democracia, de las instituciones. El caso tiene añadido el fatalismo del mejor Le Carre: el final es el desastre, la torpeza, la incapacidad y, al fondo, la falta de moral de los servicios secretos y sus responsables. Porque si se trataba de debilitar al independentismo catalán, que ahora precisamente estaba en sus más bajas cotas de intención de voto, por debajo de la mayoría absoluta, las grabaciones lo resucitan, ya se verá en las urnas el domingo, y dejan en evidencia que la inactividad de Rajoy respecto al conflicto con la Generalitat no era tal, sino la espera de que el sabotaje interno hiciera efecto. No me gusta compararlo a la TIA. Mortadelo y Filemón tienen mucha gracia y esto, ninguna. Mejor el título del último libro del maestro inglés. ‘Una verdad delicada’.

Queda en evidencia el Gobierno y su ministro, el primero que no ha tenido sobre sí la losa del terrorismo de ETA, incapaz de poner orden en los enfrentados grupos policiales y hasta de evitar que se le espíe en su propio despacho. Queda palmaria la evidencia de tramas oscuras en las fuerzas de seguridad, al servicio de quién sabe qué intereses. Salta por los aires la separación de poderes, el estatuto del Ministerio Fiscal («esto la fiscalía te lo afina»), la limpieza el organismo antifraude, deja bajo sospecha la utilización de periodistas y de medios para airear escándalos, además de la UDEF. Qué coño es la UDEF, que dijo un desencajado y desenmascarado Jordi Pujol.

La evidencia de la conspiración ha dado pie a la presidenta andaluza, Susana Díaz, a preguntarse si sólo se han llevado a cabo este tipo de prácticas en Cataluña, que es una manera de sugerir que aquí también. Mario Jiménez dio un paso más ayer y apuntó a la causa de los cursos de formación, a punto de archivarse, como una posible «trama similar» a la catalana. Estas sospechas, y otras más, han estado en el ambiente político andaluz desde antiguo, como una forma de ‘guerra sucia’ contra el bastión socialista, y ahora cobran fuerza al hilo de las ‘oportunas’ filtraciones. Otro efecto colateral de esta bomba de racimo que ha estallado al PP cuando apenas quedan tres días para las elecciones más decisivas desde 2004.

El peor supuesto para Susana Díaz

s noches electorales están para vivirlas. Esta que acabamos de pasar ha sido como una ducha escocesa, frío-calor-frío, para redondear la incertidumbre de partida. El cuadro final no resulta nada favorecedor para Susana Díaz y el PSOE andaluz, que comenzaban la tarde como grandes triunfadores. Ni en lo nacional ni en lo regional las urnas le sonríen, y hasta avisan de amenazas en el propio territorio para esa supremacía de la que presumía. Juanma Moreno le ha dado el jarro de agua fría y ha roto con su cadena de victorias, mientras le puede confortar, apenas, los malos resultados de Podemos.

Mientras, Pedro Sánchez logra salvar el cuello. Tenía como un 75% de posibilidades de perder la cabeza anoche y la mantiene, por el momento. De los tres escenarios posibles (quedar segundo en votos y escaños; quedar segundo en escaños y tercero en votos o el ‘sorpasso’ total) sólo el primero, que parecía absolutamente improbable, le dejaría incólume. Pero aunque haya detenido el ‘sorpasso’, no se puede olvidar que al final el resultado horada aún más el suelo electoral socialista. Susana le había marcado el listón de ganar. No lo ha hecho, pero la ‘reina del sur’ ha sufrido un varapalo que le impide reclamar el cumplimiento de la tarea.

Terminada la campaña, en el PSOE andaluz ya no se ocultaba la decepción por lo que se considera falta de talla del actual secretario general y se verbalizaba la necesidad de actuar, de «aplicar el bisturí» para detener la hemorragia y no dilatar más la solución. El mapa, andaluz y nacional, da buena cuenta del deterioro de la sigla y el desastre sin paliativos en otras, como Madrid, Cataluña o País Vasco, donde casi que llega a la temida ‘pasokización’.

Puede que hoy se respire hondo, porque se ha evitado lo peor, pero no salva al partido que ha gobernado España más tiempo desde la transición de su naufragio, en un momento histórico convulso, dominado por fuertes tensiones populistas y por nuevas prácticas políticas que ahora, a tenor de estos datos, se ponen en solfa. Cuando creíamos tener las respuestas, pues, nos cambiaron las preguntas.

Después de haberse fajado en la campaña con más fuerza incluso que en las autonómicas, la figura de Susana Díaz había crecido en estas semanas. Los suyos la ven cada vez más como la gran esperanza blanca del socialismo, como si de ella dependiera el futuro de la sigla, y sin duda se lo ha currado, a diferencia de otros ‘barones’ territoriales que han brillado por su ausencia. Los ‘pedristas’ no le podrán reprochar un átomo de su apoyo. Sánchez ha venido cuando ha querido y a lo que ha querido durante la campaña y la andaluza se ha entregado. Se puede pensar que por su propio interés o por defender su feudo, pero el hecho de que el mitin final de campaña se celebrara en Sevilla viene a decir que era la plaza donde el candidato a presidente tenía más segura una buena foto, a diferencia de lo que podría haber logrado concitar en otras ciudades, sin ir más lejos Madrid.

¿Qué hará la presidenta? Al reconocer que el PSOE no ha ganado «y tendremos que actuar en consecuencia» y recordar la aportación de su partido al grupo parlamentario parece mandar un mensaje claro y no es pacífico.

Había curiosidad por saber si Pedro y Susana mandarían el mismo mensaje en la noche electoral, señal de que desde Madrid se contaba con las federaciones. No ha sido así, según parece.

En cualquier caso, como cuando despierten el dinosaurio seguirá ahí, y los socialistas andaluces deben decidir sin vuelven a dar la batalla en Madrid e intentan esa especie de sueño erótico de reconstruir al PSOE desde el sur. Está por ver, ahora más que nunca, si en esa tarea encontrarán dispuestas a las demás baronías. En los últimos tiempos ha habido interés en construir ese estereotipo del PSOE como una suerte de partido nacionalista del sur de España, una especie de CiU andaluza como en principio le llamó Enric Juliana, no sin prejuicio. Desde Podemos también se ha venido a difundir esa idea del PSOE como un partido con mando en la mitad inferior del mapa, sin decirlo pero evidenciando las diferencias, frente a su alta representación en los territorios del norte, ‘ricos y cultos’ sugerían.

El prejuicio territorial no será el mayor de sus problemas. La clave será cómo volver a sintonizar con la gente, liderar las ganas de cambio que existen y que han llevado a Podemos, un partido errático y sin raíces, a cotas insólitas de ilusión ciudadana, aunque luego pincharan, y hacer catarsis de cuantas malas prácticas le han dado tantos años de permanencia en el poder. El PSOE debe encontrar la manera de reivindicar lo que hizo pero, a la vez, alejarse de ello para dejar de ser un partido viejuno, símbolo del ‘ancien regime’, y sacudirse la partitocracia, el ramalazo de clientelismo, las luchas intestinas, el polvo del poder. La ventaja obtenida por el PP le da una ocasión de oro: otra legislatura en la oposición para recomponerse sin tener que someterse a la tensión de poner líneas rojas a uno u otro lado.

Tendrá que hacerlo además en plena crisis de la socialdemocracia europea, un fenómeno que viene arrastrando desde finales del siglo XX y que no endereza el rumbo, a pesar de que el aumento de las desigualdades la harían más necesaria ahora.

Y entre tanto, Juanma Moreno se crece en el PP y reclama respeto, de los de enfrente, pero también de los suyos, que en diversos ámbitos esperaban que se estrellara. No le ha salido tampoco bien a Díaz el ninguneo al líder popular andaluz, que ya puede comenzar a sacudirse la pesada sombra de Javier Arenas. Moreno pudo aparecer anoche como triunfador. Ha recuperado el primer puesto en todas las provincias menos tres, Huelva, Sevilla y Jaén, al volver a ser el más votado en Cádiz y Córdoba. No ha perdido ninguno de los cuatro escaños que a priori se le daban por liquidados, ha ganado tres.

El PSOE daba por seguro que ampliaría su victoria sobre los populares, pero la distancia se ha agrandado hasta límites impensables, otro error de calculo de Susana Díaz que no sé si solo se explica por el retorno de votantes que se fueron a Ciudadanos. En lo único en que sí acertaron los socialistas andaluces es en ahorrarse el dinero de la ‘israelita’. El fracaso de la demoscopia es de antología.

IU no ha sacado rédito a su operación de convergencia y se ha dejado heridas en la travesía, a pesar del encanto de Maíllo. Será interesante observar como evoluciona el matrimonio de conveniencia con Podemos, si volverán las antiguas rencillas. Y entre los morados deberán decidir de una vez qué quieren ser de mayores, justo cuando se creían que ya lo eran.

La política, en fin, puede llegar a ser algo muy interesante.

Elecciones en las redes

La primera vez que fui a la sede de Podemos en Sevilla, recién abierta, me llamó la atención una larga mesa al fondo llena de jóvenes sentados ante sus ordenadores. Iban llegando otros, con sus mochilas al hombro, se incorporaban y se conectaban, sin apenas hablar entre ellos. ¿Quienes son esos?, pregunté. Los community manager, respuesta. A estas alturas ya está claro que el éxito en el manejo de las redes sociales ha sido clave en la estrategia de los de Pablo Iglesias. Luego nos dijo el CIS que el voto en las últimas generales se había decidido en un porcentaje llamativo en los días finales de campaña. Es fácil deducir que esta previa al 26J se va a librar puerta a puerta, día a día, tuit a tuit. No habrá barreras. Ni siquiera la ya tan cuestionada ‘jornada de reflexión’ será una tregua para los equipos de los candidatos. A ver cómo le hace frente la Junta Electoral.

Nace, pues, la campaña en el smartphone. Se consagra el cibermilitante. Los más seguidos tendrán un plus, junto con cierta obligatoriedad de ponerse al servicio de la causa cuando se lance un hastag.

Hay ciertas dudas acerca de la eficacia final de esta cibercampaña. Todo el mundo tiene teléfono inteligente ya, aunque los más yuppies lo estén abandonando en favor de los antiguos ‘nokia’, para librarse de la presión de los extras del smartphone. Pero sólo el 25% de la población adulta española tiene cuenta en Twitter. Y la red está en baja en favor de otras en las que la información y la opinión dejan sitio al entretenimiento puro y duro.

Será interesante observar cómo les va a los próceres del 26J. Es cierto que buena parte de la conversación está ahora en las redes. Alguien escribía hace unos días que se había acabado el llamar a callar en las salas de espera. Todo el mundo está ensimismado en su teléfono. Pero, por lo visto hasta ahora, se trata de la misma charla sectaria, clientelar, que se da en otros territorios menos virtuales. Será en 140 caracteres, pero con una reiteración que invita a largarse, y rápido. Unfollow, que se dice.

La llave de paso

El clima moral de la época asfixia. Todo está extraño, bajo sospecha. Parece un ambiente salido de la torturada imaginación de Kafka, de una surrealista novela de espías, como una vuelta de tuerca del mundo de la RDA de ‘La vida de los otros’, pero sin policía romántico. Cualquiera puede ser culpable de algo que ni él mismo sabe. Oscuros poderes se agitan en las sombras, o al menos eso se sugiere, en susurros, por las esquinas. Inteligencia, contrainteligencia. La última novela de Umberto Eco, siempre tan visionario, da que pensar. El maestro de la semiótica supo fabular un retrato de nuestro tiempo en ‘Número Cero’, que es el título del que resultó ser su libro final. Un periodista ve una mañana, al levantarse, que no sale agua del grifo. La llave de paso, que él ni siquiera sabía dónde estaba pero que un vecino le indica, había sido cerrada. No hay ningún cambio en su casa, ningún objeto fuera de lugar. A esta escena sucede una alambicada historia de una gran conspiración política-periodística, una red que habría recorrido la Italia de Mussolini en adelante, tan grande que se desmorona por sus propios intereses y encubridores. Parece inverosímil, debe ser conspiranoia… La verdad no sale a la luz, pero está el pequeño detalle de la llave de paso cerrada.

La trama de Eco habla de políticos, de periodistas y de jueces. Tres actores principales de la función real que ahora se representa en este país, en esta comunidad autónoma, también a nivel local. Se suceden las denuncias de corrupción, que se utilizan como arma arrojadiza, en busca de una rentabilidad electoral. Se ha perdido el sentido de la medida, que en general sólo se reclama cuando el afectado cae del lado de quien se siente dañado por el caso. Es curioso. Quien puso aquí el ventilador ¿se creía a salvo o no calculó que la basura también le alcanzaría? Entonces vemos que se propagan las sospechas de instrumentalización de la policía, de la justicia, en favor de los intereses de partido, incluso contra el propio partido, que ya es, y hay gente de peso que lo cree, y no sabes si es que has leído demasiadas novelas o es que de verdad te han cerrado la llave de paso.

Pero sin ir tan lejos, es preciso que hagamos el esfuerzo de afinar. No es igual que te graben contando billetes, o que laves dinero en la cuenta del partido, a que una norma administrativa pueda ser interpretada de una manera o de otra. Que durante años hayas extorsionado a banqueros o que te hayan cazado saltándote un semáforo. Hace falta molestarse en medir y calibrar la entidad de los escándalos, pero sobre todo es preciso evitar que la manga sea ancha para los de uno y estrecha para los de enfrente. Como conviene buscar la forma de resarcir a quienes resultan inocentes al final del calvario del oprobio a que se ven sometidos, ellos, su salud, sus familias, sus bolsillos, su dignidad.

Choque de trenes en los ERE

Recuerdo que cuando fue exculpada por el Tribunal Supremo en la causa de los ERE, la exconsejera Mar Moreno explicaba gráficamente cómo se había sentido. Decía más o menos que era como si tú estabas tranquilamente sentada en el sofá de tu casa y de pronto te atropellaba un tren. Pues bien, el tren de los ERE ha arrollado de nuevo a los expresidentes Chaves y Griñán, a exconsejeros muy principales y a un buen número de altos funcionarios. No será la última vez que lo haga, porque en unos meses estaremos de verdad ante el auto de apertura de juicio oral y volveremos a repetir argumentario y análisis más o menos atinados, mientras los daños colaterales se volverán a producir como si no hubiera mañana.

La conmoción, en cualquier caso, es general en los distintos niveles de la Administración de la Junta de Andalucía, no solo en el PSOE, y cuantos conocen y valoran a los citados en el auto del juez Martín, políticos que han tenido mucho poder durante mucho tiempo, también acusan el golpe, ahora con la extrañeza de que las explicaciones dadas hasta ahora no hayan tenido éxito, a pesar de que aparezcan cargadas de razones, frente a lo que se considera ‘debilidad’ de la fortísima tesis acusatoria.

Surge, en medio del impacto, una corriente de pensamiento que no puedo dejar de señalar, porque me ha llegado de prestigiosos catedráticos. Hablan de que se ha creado ya en este caso un ‘poder de los jueces’, que la judicatura en sí ha hecho el asunto propio y se ha arrogado un poder digamos que justiciero, ya imparable, que se compara con ‘Mani Puliti’, el movimiento de los magistrados italianos frente a la mafia y la corrupción política. Se recuerda que aquello acabó en el fin del sistema de partidos y en Berlusconi. María Teresa Fernández de la Vega, que fuera vicepresidenta y portavoz de Zapatero, dejó dicho que nunca tuvo tanto poder como cuando fue juez de instrucción, me contaba uno de estos expertos.

Hay quien observaba ya antes de conocerse el auto de ayer que a los investigados nada les salvaría del banquillo porque se ha creado un ‘estado de opinión’ que evitaría que ningún juez se arriesgara a desafiarlo.

La Justicia tiene ante sí también un reto con este caso, del que se va a desprender no sólo si 25 años de gobierno del PSOE en Andalucía crearon o no clientela, qué poder no la crea, me pregunto, sea del signo que sea, solo hay que darle tiempo. Estamos probablemente también en una lucha de poderes por el poder. El Judicial frente al Ejecutivo. En este caso se dilucida también, por primera vez, si las decisiones de la política, con todos sus trámites, la aprobación en el Parlamento incluida, pueden ser cuestionadas por los tribunales, criminalizadas. Este es otro choque de trenes y no menor que se vislumbra ahora.