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Lo mejor es lo peor

Canta el cuco en el campo y la tradición en mi pueblo dice que si lo escuchas ese año no te mueres. Viene a ser que lo peor, los rigores del invierno, ha pasado y comienza la primavera. Me pregunto si la imagen tan telúrica puede servir para esta Andalucía post-22M , con perdón por mezclar conceptos tan dispares. Gianni Rodari y sus teorías de la creatividad -unir ideas imposibles- no admitirán que compare los ciclos de la naturaleza con los artificios de la política. Pero de alguna manera en este momento da la impresión de que no todo estaba tan calculado en la ‘operación elecciones anticipadas’, o que las cosas no han salido tan bien como se esperaba, y la política regional se abre a la incertidumbre.
> Igual es que ha llegado el cambio climático hasta San Telmo y aledaños y estamos en la temporada del monzón, tras la sequía. Demandábamos consenso, transparencia, diálogo entre los partidos, el fin de ” las peleítas” y vamos a tener mesa camilla, componendas, trastienda, filtraciones interesadas, mandos a distancia desde Madrid y Barcelona, multiconferencia hasta, quizá, finales de marzo. ¿No querías arroz? Tres tazas.
> Desde el PSOE de Susana Díaz llega el mensaje de que hay tiempo, que aún queda un mes para la sesión de investidura. Sin embargo, su imagen triunfante no se compadece con esta inestabilidad , de modo que cunde en el ambiente el acuerdo con Podemos. Desde que Teresa Rodríguez salió de San Telmo el jueves los socialistas sonríen, porque ven posible incluso conseguir el voto a favor, no ya la abstención. ¿Qué pensarán quienes han dado su apoyo a Susana Díaz para detener a los de Pablo Iglesias?
> En fin, que por volver a citar a mis clásicos, “lo mejor es lo peor ” (Miguel Larrea dixit) y la política andaluza no va a oir el cu-cu regenerador, va a volar sobre el nido del cuco, esquizofrénica. Pero alguna vez habrá que ponerse a gobernar, ¿no?

La encrucijada de Juanma Moreno

El rayo verde

La situación de nerviosismo en el Partido Popular, tras el descalabro en las elecciones andaluzas y en la antesala de las municipales y autonómicas, va a poner a prueba el liderazgo templado de Juanma Moreno Bonilla.
La campaña electoral, y sobre todo el jaleado éxito en los debates, consolidaron a nivel interno al presidente andaluz, que no tuvo nada fácil su encaje en una organización fuertemente desgastada a su llegada, hace un año, y le valió también un reconocimiento general en la opinión pública. Pero se ha demostrado que los debates televisados no dan votos, ni los quitan, y que las derrotas son contumaces. Resulta difícil sobreponerse a ellas cuando ya ha pasado el subidón del primer momento, en el que uno se hace fuerte frente a la adversidad.
Moreno tiene claro que no va a abrir la caja de los truenos en su partido ni a cortar cabezas como ofrenda de sacrificio por la pérdida de 17 escaños y medio millón de votos. Tiene argumentos para hacer frente a quienes le piden cambiar a la secretaria general, Loles López Gabarro, aun reconociendo que fue muy desafortunada su intervención en el comité regional que valoró los resultados, cuando habló de éxito por haber sido ‘trending topic’ varias veces y por la cantidad de ‘selfies’ que se había hecho el candidato durante los actos electorales. Habría otros ceses que decidir antes y por causas más contundentes, como la imputación judicial.
Se reconocen otros errores, como el argumentario contra Ciudadanos, tanto los ataques de Antonio Sanz como de Rafael Hernando, que no hizo sino reforzar la opción de Albert Rivera, convertido en una seria amenaza que ennerva a los máximos dirigentes del partido.
El presidente del PP andaluz ha optado por intentar pasar página rápido y ha reunido al grupo parlamentario para hacerlo visible. El ha sido el primero en ponerse las pilas. Se anticipó a los demás grupos en pedir una comisión de investigación sobre los cursos de formación, algo que estaba en el ambiente si creemos que los programas electorales sirven para algo, y luego al anunciar que su primera iniciativa será plantear la rebaja de los impuestos autonómicos, una propuesta a la que Susana Díaz tendrá difícil negarse porque también la prometió durante la campaña.
En cambio, no parece dispuesto a transigir sin más por respaldar a la presidenta en funciones durante la investidura, y no es una posición que haya cambiado por la presión de Esperanza Oña, a la que algunos quieren ver como posible recambio, sino porque no se siente vinculado a una propuesta que realizó Rajoy en clave municipal y autonómica. Aunque se advierte una cierta irritación hacia la ex alcadesa de Estepona, eso sí, habrá que ver hasta qué punto le interesa al PP otras elecciones autonómicas.
Moreno Bonilla ha crecido sin duda durante este mes de campaña. Ahora le toca demostrar su madera de político, en un escenario difícil, por lo fragmentado de la cámara, la presión de las sucesivas elecciones, el desgaste y las malas perspectivas de su partido. Los tiempos ponen a prueba a los estrategas más pintados.

Rivera, el dueño de la llave andaluza

Una noche del último día de enero, es decir hace menos de dos meses, decidimos a última hora ‘levantar’, o sea sustituir, una pequeña noticia de la página que ya estaba cerrada, es decir terminada, para publicar que Ciudadanos decidía presentarse a las elecciones andaluzas. Dado que cada día entran miles de notas, comunicados, teletipos, etc., aquella pasó la criba porque sonó especialmente marciana, la verdad. ¿Qué iba a pintar Ciudadanos en estos comicios? Sin candidatos, ni estructura, ni implantación, si ya había bastante con que Susana Díaz mantuviera el PSOE a flote, con que el PP midiera sus fuerzas tras el relevo, con que Podemos, el gran ‘fenómeno’ político del país, se las viera con la política real, con que IU decidiera qué quiere ser de mayor. El patio estaba tan alborotado que cualquier cosa era posible. Hasta que Ciudadanos se presentara.
Pues con un candidato de perfil bajo, una agregación de pequeños grupos de emergencia, una campaña corta y que empezó fatal (aquello de enseñar a los andaluces a pescar sonó como si nos redujeran al tercer mundo) hoy tenemos a Ciudadanos, es decir a Albert Rivera, como llave de la gobernabilidad de Andalucía. Para que luego digan que la política es predecible.
Rivera recogió con valor el testigo que un grupo de intelectuales pusieron en marcha hace diez años en Barcelona. Recuerdo que entre ellos estaban Félix de Azúa, Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, para dar presencia política a los catalanes no independentistas. Del movimiento que se extendió y se bifurcó y se extinguió, surgiría también UPyD.
Un Rivera de 26 años sorprendió entonces con una foto troquelada, a tamaño natural, púdicamente desnudo, para demostrar que no tenía nada que ocultar. Parecía un producto de laboratorio politólogo, pero ha aguantado 9 años y ahora tiene en el Parlamento catalán 9 escaños, los mismos que ha obtenido en Andalucía. Hay encuestas que le dan primera fuerza en las catalanas de otoño, según aseguraba ayer en Sevilla, disputándole el sitio a CiU y por delante de ERC.
Albert Rivera presume de que ha hecho una campaña con menos de 200.000 euros, para desmentir a quienes dicen que le ampara el Ibex35. Juan Marín, su candidato, aseguraba que su caravana la formaban él mismo, en su propio coche, con un asesor de Prensa y dos colaboradores. Los actos, en hoteles de cuatro estrellas, tenían un discreto equipo de seguridad, medios y sonido. La cena fin de campaña la pagó cada asistente.
Ayer un Rivera triunfante ponía condición firme a Susana Díaz para dignarse a cogerle el teléfono: que Chaves y Griñán renuncien al aforamiento. Como es claro que hasta después de las generales nadie va a pactar nada aquí, es de suponer que la condición se disolverá de alguna manera para antes de esa fecha, o sea que el instructor del Supremo decidirá si archiva o pide a la sala el suplicatorio, en cuyo caso Díaz les reclamaría el acta.
Así que el órdago de Albert Rivera puede no serlo tanto. Y él lo sabe, claro, pero lo maneja con habilidad.

Algo pasa con Podemos

Las impresiones cuentan. No tendrá base empírica, pero a veces la intuición funciona mejor que las tablas de excel. Dice más un detalle impalpable, un gesto, un silencio, que las fanfarrias y los discursos. En esta onda inasible parece transmitirse el mensaje de que Podemos se desinfla de cara a las elecciones andaluzas. Además, dicen que lo dicen las encuestas, los ‘trackings’ semanales que manejan los laboratorios de los partidos, pero dada la ‘volatilidad’ de los datos demoscópicos, el factor perceptivo es un dato a considerar.

Aunque sigue siendo un fenómeno relevante que un partido en menos de un año esté situado como tercera fuerza autonómica y hasta en primera a nivel nacional, algo pasa en Podemos. Para empezar, suenan ruidos internos. También puede hacer mella la consistente campaña de Antonio Maíllo para hacer valer la trayectoria de IU. Sin duda el auge de Ciudadanos como alternativa a quienes reniegan de los grandes partidos le oscurece. Como es cierto que las expectativas despertadas eran demasiado altas y que todo lo que se usa (la ilusión o la demagogia) se gasta, pero no parece ya tan claro que la formación de Pablo Iglesias vaya a ‘partir la pana’ como al comienzo de la campaña se esperaba. La demostración de músculo del viernes en el velódromo de Dos Hermanas es más necesaria que nunca y el partido multiplica los llamamientos para completar las 20.000 plazas de aforo. Hasta están pagando anuncios publicitarios con la voz de Pablo Iglesias que anima a asistir. El gasto, en una campaña hecha en una furgoneta de alquiler y habitaciones compartidas, es de destacar y parece una señal también de esa inestabilidad.

Las diferencias entre corrientes son llevadas con discreción, pero muestran fisuras en la imagen emergente. Se trata de críticas de grupos que no acaban de aceptar la disciplina de Pablo Iglesias y que están tapadas por la celebración de las elecciones, pero que aflorarán tras ellas.

El ‘caso Monedero’ y todo el asunto de Venezuela sigue molestando a los ‘inscritos’, por la falta de explicaciones a tiempo, como lo hace el lío con el SAT: aunque se dio por hecho que sus líderes se incorporarían a Podemos, éstos, tanto Sánchez Gordillo públicamente como Cañamero en privado, lo niegan. Además, en Sevilla hay diferencias importantes entre Begoña Gutiérrez y Joaquín Uría y posturas encontradas de cara a si acudir a las municipales en una candidatura de unidad con Ganemos o no. Una reciente reunión las ha puesto de manifiesto. Teresa Rodríguez tiene el respaldo de la organización, pero en Madrid la están esperando, por lo que sus resultados puedan influir en el calendario electoral que viene, tanto en autonómicas como en las generales. En fin, Podemos aparece demasiado como un grupo con grandes lagunas, en manos de funcionarios, incluso altos funcionarios bien pagados, cabreados, que hacen filigranas con las posiciones ideológicas para intentar captar todos los votos que puedan y que, al final, pueden adoptar las mismas prácticas que condenan. Esta doble moral podrá ser consustancial a otros, pero en el caso de Podemos resulta pecado mortal.

La gestión del postdebate

Todo se ha vuelto tan complejo que no solo hay que gestionar el debate, sino también el postdebate. Nada acaba cuando se apagan los focos o tras las ruedas de prensa de valoración, ni siquiera cuando el último cibermilitante decide acostarse. Lo que cuenta es qué se dice a la mañana siguiente, de modo que hay que insistir en orientar la opinión con las oportunas declaraciones.
Así que por la mañana me dediqué a sondear por ver a quién se daba por ganador. A fin de cuentas, es de lo que se trata, consensuar un tanteo, a ser posible un KO y con final en la enfermería.
Las encuestas de los digitales en su mayoría eran favorables a Antonio Maíllo, pero no ofrecen demasiada fiabilidad. No sólo se habían lanzado campañas masivas entre los afiliados, sino que es posible alterar votaciones e IPs. La actividad de las redes sociales, que pudo favorecer a Susana Díaz, sólo habla de más medios y mejores ‘comunnity manager’. Por no entrar en cuántos de los 400.000 espectadores estimados estaba con el smarthpone en la mano.
Las opiniones de cada uno de los equipos eran claramente favorables a sus líderes, cómo no.
Estériles horas después, sondeo a espectadores. Cada uno celebraba la intervención del candidato que antes de abrir la boca ya prefería. Es decir, no sólo fue un diálogo de sordos en el plató, cada aspirante con su cámara. También lo fue al otro lado de las pantallas.
En fin, todo tiene que ver con las expectativas. Quienes esperaban menos de Juanma Moreno se vieron sorprendidos, lo que no sé si es un elogio; quienes esperaban más de Susana Díaz, frustrados, o sea a preocupar para el PSOE. Los que aseguran que ganó Maíllo obvian que era el que lo tenía más fácil. Todo parece indicar que el segundo round, el lunes próximo e inexplicablemente sobre el mismo guión, será más agrio.

qué fue de los poetas andaluces

Cuando llevamos ya miles de horas de mitines, resulta llamativa la ausencia de propuestas culturales en los programas electorales de los partidos andaluces. Se me ocurre que como la lógica de los comités de campaña resulta que pasa por reunirse con los de la dependencia para hablar de dependencia, con los empresarios para propuestas económicas, de mujeres para hablar de igualdad, etc. etc., quizá es que no hayan podido reunir a un número suficiente de intelectuales con los que componer un fondo de escenario para lucirse, o que no tienen donde ir a poner el atril móvil, porque carecen de partidarios entre los culturetas o porque, simplemente, ya no nos quedan. Ya sé que me pongo perversa, perdonen. Pero cuando en la política nacional, además y por contraste, surgen dos grandes candidatos de alto perfil, Ángel Gabilondo y Luis García Montero, para las listas autonómicas madrileñas de PSOE e IU, no dejo de preguntarme, como Alberti en su momento “qué cantan los poetas andaluces de ahora”. Qué miran, que sienten. Dónde están, que no se les ve. Quizá “es que ya Andalucía se ha quedado sin nadie”, y no hay quien responda a la voz del poeta, “quien mire al corazón sin muros del poeta”…
La crisis brutal que atravesamos, el IVA cultural, la persistente política de subvenciones que ha impedido que creciera un tejido autosuficiente, el cambio de hábitos de consumo o las nuevas tecnologías, y todo junto, han puesto en coma profundo a la industria cultural andaluza. El cine ha dado la sorpresa, pero sus propios creadores, y lo dijo Alberto Rodríguez al recoger la Medalla de Andalucía, el 28F reciente, saben que es un recién nacido prematuro que necesita todos los cuidados.
“Mirad alto”, como Alberti recomendaba a los intelectuales que quería comprometidos, no va con los políticos de nuestro momento. Cierto que hay problemas gordos, pero no saldremos de ellos sin cultura, sin pensamiento, sin creación artística que ayude a comprender el mundo, a denunciar y a desentrañar los misterios.
Además está el negocio, porque el PIB cultural andaluz era potente, según los datos de la Consejería de Cultura, incluso creo que hace un año se dijo que genera el doble de empleos que la industria. “¿Dónde los hombres?”, pues, dónde los programas que ofrezcan ilusión, dónde los artistas que demanden soluciones. O es que el IVA cultural, cuya vergonzante rebaja va a ofrecer ahora Rajoy como una oportunista propuesta electoral de última hora, ha acabado con todo vestigio de cultura en la tierra que ha presumido siempre de tener en ella su gran seña de identidad. Preguntas retóricas que merecen una respuesta.

Juan Ramón Jiménez sin prejuicios

Uno de los grandes lugares comunes de la historia de la literatura española dice que Juan Ramón Jiménez era un tipo histriónico, neurótico, insoportable, un ‘divo’ incluso. Este prejuicio lastró incluso el acceso a su obra, hasta que en los últimos años, en especial tras la publicación de ‘Lírica de una Atlántida’ se comienza a hacer justicia al Premio Nobel de Literatura español y su influencia se extiende sobre lectores y poetas, mientras que se suceden las publicaciones de sus numerosos inéditos y la investigación sobre su enorme legado.
En este contexto llega la película ‘La luz con el tiempo dentro’, un ‘biopic’, el primero, que narra la vida del poeta de Moguer y que pretende presentar su figura sin este lastre de prejuicios, sino con una mirada comprensiva y favorable.
La película, estrenada ayer en Sevilla y Huelva, llega este viernes a los cines con el principal atractivo de la presencia de Carlos Alvarez-Nóvoa, que interpreta al Juan Ramón anciano.
La película está dirigida por Antonio Gonzalo y en su elenco figuran también Marc Clotet, en el papel del joven Juan Ramón, Tamara Arias, como su esposa, Zenobia Camprubí, y Ana Fernández, como la madre del poeta, además de una colaboración especial de Alex O’Dogherty.
La cinta recorre, con constantes flash-backs, la trayectoria vital del poeta que apura sus días en Puerto Rico y recuerda, desde el dolor constante por la pérdida de Zenobia, su infancia, sus crisis de salud, sus amores, el infierno de la pulsión de escribir, “de estos siete años de sufrimiento surge el poeta que he llegado a ser”, dice ; su constante reescritura, su estabilidad al fin al lado de Zenobia.
Por ella pasan las figuras de su época: Antonio Machado, Sorolla, Azaña, o Rafael Alberti y María Teresa León, que bajan de un coche con milicianos en el Madrid de la guerra; Pau Casals o Federico García Lorca, que se le aparece, como en un delirio de vejez, en su casa de Puerto Rico. De algún modo supone la manera de ‘hacer las paces’ con la joven generación del 27, sobre la que JRJ se queja amargamente: “me acusan de vivir en una torre de marfil, pero aquí estoy, en debate con poetas de varias generaciones (y muestra una fotografía), les ayudé a publicar, atendí a todos”, se lamenta, “pero me ridiculizan y me insultan”, y cita a Alberti, a Dámaso Alonso, a Buñuel y Dalí. Justifica luego su alejamiento en que no quería reconocimientos. “Mi homenaje silencioso y solitario es el trabajo diario”, dice, “mi apartamiento es una soledad sonora, no aristocrática, sino que procede del hombre del pueblo que soy”.
Aparece un Juan Ramón fiel a la República, que sufre el saqueo de su casa y la destrucción de su obra por parte de un grupo de escritores falangistas, y solidario. Un escritor que recoge huérfanos en su casa de Madrid y que luego trabaja en Estados Unidos por recaudar fondos para enviar a España para socorrerlos, con la compañía constante de Zenobia en su largo y doloroso exilio
Rodada en escenarios que evocan Moguer, Madrid, Burdeos, Nueva York o San Juan, la cinta tiene como principal atractivo la interpretación de Alvarez-Novoa, especialmente soberbio cuando recita al poeta.
El guión aparece recargado de poesía, a veces en exceso manierista, como la estética, demasiado “Velvet”, es decir, artificiosa.
Con todo, resulta de agradecer el esfuerzo para acercar y divulgar la figura de uno de los más grandes poetas de las letras universales y de despojarla de ese injusto prejuicio personal.

Borgen en San Telmo

Tres encuestas, tres, vienen a coincidir en el diagnóstico, con matices mínimos. Proceden de institutos diferentes, las publican medios diversos. Arriesgan demasiado en la asignación de escaños, falta el recuerdo de voto, son foto-fija de un momento y ya en 2012 fallaron tanto y todo lo que ustedes quieran, pero ahí están. Las tres coinciden en que gana el PSOE, siempre con su peor resultado, hasta cuatro puntos por debajo del que obtuvo Griñán en 2012. Pero como todo en política es relativo, una corta victoria puede ser más que suficiente o convertirse en una gran derrota, como le pasó al PP. A este partido los sondeos le vapulean. Es cierto que Moreno o quien estuviera en su lugar tiene imposible repetir el resultado de Arenas, pero hay cifras y cifras, las que se anticipan pueden ser de las malas y se nota en la ansiedad con que Rajoy y los suyos ‘bajan’ de Despeñaperros.

Los nuevos partidos desafían una explicación lógica. ¿Cómo pueden colarse con tanta fuerza en el parlamento autonómico siglas que no tienen estructura en Andalucía, que carecen de programa o que esbozan propuestas que son bastante disparatadas? ¿Basta con el ‘prime time’, con las redes sociales, con el apoyo del Ibex? A Podemos le avala el resultado objetivo de las elecciones europeas, pero ¿y Ciudadanos? Asombra cómo ha aflorado esta opción como ‘tercera vía’ moderada de quienes rechazan a los partidos tradicionales, incluso aquí, donde los dos grandes bloques mantienen la distancia del tercero, que no logra, como en las encuestas nacionales, disputarles la primacía.

Queda la campaña. El PSOE confía en el tirón de Susana Díaz para rozar los 55 escaños. También en los restos de la Regla D’Hont. En todo caso, San Telmo, sede de la presidencia de la Junta, puede ser una versión de Borgen, palacio presidencial danés y título de la serie de esta nacionalidad que triunfa en la tele, y Díaz una Birgitte Nyborg en permanente equilibrio inestable. Al final, al menos en esto, se cumple el sueño de Félix Bayón: Andalucía, una Dinamarca con buganvillas.

La voluntad de estilo

Juanma Moreno se ha propuesto romper el perfil prototipo del dirigente del PP. Es curioso su razonamiento: acepta que su partido ‘cae mal’ a los andaluces, por lo que su intención es dar una imagen simpática y cercana. Sabe que el electorado se sitúa en un espectro de centro izquierda. Ahí quiere pescar, dando por hecho que su suelo de votos no se va a mover. De este modo, habla constantemente de diálogo, de moderación, de construir y apenas recurre al exabrupto o a la denuncia de la corrupción socialista. Saca sus ‘doberman’ cuando procede, sí, pero no suele apretar el gaznate del contrario con sus propias manos.

¿Es todo estrategia? Los suyos aseguran que responde a su manera de ser, que inaugura una época nueva, ‘post Arenas’, de quien Moreno no se reconoce ahijado.

Sin embargo, la gran duda es si está su partido preparado para aceptar este tipo de liderazgos. Recuerdo cuando aquella terrible historia de la mochila de Vallecas y demás, tras el 11-M: prohombres de la derecha andaluza sabían que era mentira pero creían que había que defender la patraña para erosionar el contrario y reprobaron con dureza a los periodistas de su espectro que no quisieron seguirla, porque conocían su falsedad.

Moreno cuestiona los moldes del liderazgo moderno, pues se supone que estamos huérfanos de talentos políticos y precisamos dirigentes aguerridos, pero sobre todo pone a prueba a su propio partido, que habrá de demostrar si está a la altura de lo que requieren los tiempos, justo ahora que también en Madrid soplan vientos internos de renovación que cuestionan el propio liderazgo de Rajoy, o si prefiere las antiguas recetas.

En estas que los rumores de la gestión interna del 23-M, el día siguiente de las elecciones autonómicas, hablen de posicionamientos ya para sustituirle, incluso atribuyen a esta intención la presencia de Arenas en el cuarto puesto de la lista de Almería, de modo que el histórico dirigente estaría en el Parlamento andaluz llegado el caso de un cambio de cabecera.

Moreno es joven, pero no es un recién llegado, pues ha echado sus dientes políticos en el partido. Si desde dentro se cuestiona la imagen del PP y de la gestión del Gobierno, la abrumadora compañía de Rajoy y los ministros en la campaña puede volvérsele en contra. Si quiere simbolizar la regeneración, el tiempo nuevo, el relevo generacional, tendrá también que desembarazarse de pasado, como han hecho otros. ¿Tendrá el partido detrás si lo hace?

La declaración de este domingo de Rajoy en el mitin de Sevilla sonaba a advertencia. Juanma Moreno «ha venido para quedarse», dijo. O sea, no le muevan la silla. Es un líder «valiente» y «brillante». Por si a alguien le caben dudas. El partido debe darle su «apoyo unánime». Aviso a navegantes.

Estamos, probablemente, ante la gran modernización de la derecha andaluza que, no se olvide, supone una considerable parte del electorado y del poder (fáctico, económico, municipal) de esta comunidad. Merece atención y no ninguneo. A ver cómo le sale.

Algo que sea sólido

Una mañana en la planta segunda de un hospital andaluz, entre la secretaría de la Unidad del Dolor y la puerta de los quirófanos, con vistas al pasillo de la UCI, donde reviven terribles fantasmas, justo frente a la silla donde un día temblaba esperando un diagnóstico, da una cruda perspectiva de la realidad. Es la vida pura y dura la que pasa pero que, acostumbrados a estar en otra cosa, no vemos transcurrir. Como el tonto al que un dedo señala la luna y mira el dedo.
De esto va esto: de discernir qué es lo importante y en lo que merece la pena emplearse a fondo. De relativizar, en consecuencia, pequeñas angustias que parecen insoportables, molestas vanidades disfrazadas de agravios, de detener la sensación de catástrofe que aún no ha ocurrido.
Pero vivimos de espaldas a todo ello. No me ha extrañado que la genial, ambiciosa y original película ‘Boyhood’ se haya ido casi de vacío de los Oscars de ayer. No estamos preparados para mirar a los ojos al tiempo, al paso de la vida. Necesitamos efectos especiales, retorcidas tramas, artificiosos personajes, previsibles guiones, imposibles finales felices.
Tampoco nos atrevemos con la muerte. El extraordinario impacto del artículo-testamento de Oliver Sacks, el científico que ha confesado sufrir un cáncer terminal, demuestra hasta qué punto es insólito plantear en público un proceso vital que, nos pongamos como nos pongamos, es el que nos espera a todos.
Estos días, después de una temporada de seguir casi en exclusividad información de campaña electoral, he sentido una necesidad brutal de pensamiento y de poesía. No se puede estar mucho tiempo en este alambre de la opinión política sin sentir el vacío enorme de los discursos y, por consiguiente, hambre atrasada de algo que sea sólido, que alimente.
En medio irrumpe el discurso de Ángel Gabilondo como para redondear lo que quiero decir. Métodos de elección y maniobras partidarias aparte, es todo un ejemplo de cómo deberían ser las cosas. Un gesto “aparentemente insensato”, dice, “contra la resignación”, de alguien que no necesita la política para vivir. Siempre me ha interesado la idea del rey-filósofo y aquí aparece una actitud recta y comprometida que ni sus adversarios podrán dejar de reconocer, muy diferente de esos universitarios politólogos que, desde Podemos, quieren asaltar el poder camuflado como “los cielos”.
Para mí que no hay otra que honestidad e ideas para reconstruir la convivencia y salvar la enorme distancia entre la política y la gente. Asombra la percepción sobre la situación general, mala o muy mala para el 84,4% de los andaluces, mientras que el 51,3% cree ser razonablemente feliz y hasta un 7,9% se considera muy feliz.
La única duda es si está el patio para pensamientos profundos, para ideas limpias, para intereses confesables, si la política incluso, viciada en aparatichk, será capaz de digerirlo.
Frente al dramático “no nos quedan más comienzos” con que Steiner analiza la evolución de la historia en sus ‘Gramáticas de la creación’, hay que oponer alguna esperanza.