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Visiones a contracorriente

Creo que Amazon lee lo que leemos, que guarda los subrayados y notas de los ebooks y luego los analiza. Da un poco de vértigo comprobar que el ojo del Gran Hermano cibernético invade ese territorio íntimo hasta ahora inexpugnable. Pero la conclusión, según se ha publicado, es un poco decepcionante: solemos rescatar de los libros obviedades, frases simplonas dignas del más bobo manual de autoayuda.
Yo he caído (también) en esta red y es más, si encuentro alguna grandísima ventaja a leer en dispositivo electrónico es que se puede guarrear sin el miedo de antes al preciado papel. La memoria es cada vez más frágil y con estos artilugios se encuentra a un clic el pensamiento, la idea que abrió una rendija para armar algún sentido a este colapso en que vivimos. La ficción, como sabemos, explica la realidad mejor que la realidad misma. O sea que donde menos se espera salta la liebre.
Me quedé, pues, con estas líneas de Cees Nooteboom, de ‘El día de todas las almas’: “De todas las respuestas que nunca son la respuesta definitiva opto por la del arte”. Me vino a propósito de una conmovedora visita a la exposición de Carmen Laffón en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla. Laffón hace un recorrido maduro y esencial por el tiempo y el espacio en torno al río Guadalquivir, entre la Cartuja y Sanlúcar, un territorio cargado de mitos antiguos, de presentimiento de tesoros escondidos, aguas, marismas, luces y sombras que configura como pocos el Jardín de las Hespérides, el umbral de Poniente de que habló Yourcenar como la más antigua construcción de Andalucía.
Perdonen que me ponga estupenda, pero en el trajín sevillano de ambiciones de poder, de vanidades sin medida, de luchas intestinas, de cloacas que revientan, de indicadores que nunca tocan suelo, mirar un poco por encima, a la línea de horizonte, es un ejercicio terapéutico. Laffón es un bálsamo, como un oratorio para reflexionar acerca de la identidad común, para encomendarse a los dioses arcanos que nos saquen de esta.
Algo así pueden ofrecer también otras obras y disciplinas, elija cada cual a su gusto. La cultura es esencial para la política, no de una manera sectaria o utilitarista, sino para construir imaginarios, lugares de cohesión, de identificación, para dar incluso impulso a la tarea común y colectiva, a las emociones que subyacen en toda ‘res publica’. En Andalucía, y en España en general, lo hemos descuidado demasiado y ha ganado la partida el ‘modo sálvame’, es decir la discusión borde, agria, maleducada, empeñada en machacar sin escuchar ni comprender al otro, sin dar opción al diálogo. Pero hay otras maneras, que, si bien se miran, forman parte más de lo que somos, gente de condición amable y pacífica, adiestrada en sobrevivir, en disfrutar de la vida aunque sea con poco. Merece la pena reservar tiempo para esta nueva/vieja sociabilidad y espacio para ponerla en valor, aunque no esté en primer plano, aunque tenga todo en su contra.

Suresnes o la vieja política

Cabe la posibilidad de que las cosas sean casi siempre sencillas, dice Sciascia. Por eso lo que está a la vista no necesita explicación, sólo hay que mirar un poco. En los detalles están los matices. Lo cuento porque me resultó curioso que la presidenta de la Junta, Susana Díaz, no acudiera el jueves noche al acto del 40 aniversario del congreso de Suresnes, en Madrid, y eso que intuyo que estaba en la capital poco más o menos en esos momentos, porque tenía una entrevista en el programa de Ana Rosa Quintana a primera hora del viernes. Díaz, por cierto, ha reiniciado su campaña de comparecencia en los medios nacionales después de un pequeño impasse, y eso no deja de relacionarse enseguida con sus aspiraciones a la política nacional y, de paso, con la decepción que se extiende entre los socialistas hacia la configuración del liderazgo de Pedro Sánchez como nuevo secretario general.
La ausencia de Susana Díaz del aniversario de Suresnes es, a mi juicio, una nueva muestra del olfato político de la socialista andaluza. A estas alturas hay que ser muy torpe, estar muy encerrado en la torre de marfil y muy alejado de la calle como para no darse cuenta de que no procede el «momento Cuéntame» que montó Sánchez para ampararse en la épica del vetusto PSOE del final del franquismo. No hacía falta que saliera Guerra destrozando dialécticamente a Podemos, como hizo, bastaba con la foto de las ‘viejas glorias’ para evidenciar la distancia de la sociedad española actual, la que bulle en las orillas de este nuevo declasamiento postburbuja. Han pasado los años, y no han pasado bien, para todos ellos.
La presidenta andaluza prefirió asomarse a ’Juego de Tronos’, y eso puede dar lugar a muchos juegos de palabras.
Pero aún resulta más curioso que en el acto de Madrid, en esa especie de ‘elogio fúnebre’ de Suresnes, las crónicas resaltaran que no estuviera Rubalcaba, o que Zapatero figurara en un segundo plano, pero que nadie la echara a ella en falta.
Lo dicho, las cosas son más evidentes de lo que parece.

Los 426 millones

El acuerdo entre el Ministerio de Hacienda y la Junta de Andalucía para la devolución de los 426 millones de las entregas a cuenta recibidas durante 2013 parece próximo. La bola es tan gorda que descabalgaría los presupuestos y pondría en riesgo el cumplimiento del déficit andaluz y, por tanto, el español. La consejera de Hacienda ha argumentado que como el error es de Madrid, que dio el dinero en base a parámetros erróneos, que lo arreglen ellos y ha pedido veinte años para devolverlo, con uno de carencia. No sé en qué quedará al final, cuáles serán los términos del acuerdo, pero está claro que Cristóbal Montoro, y su secretario de Estado Beteta, ladran pero no muerden, con perdón, y al final darán árnica a las cuentas andaluzas, que entran en su renta final en esta quincena.
En este contexto, chocaron mucho las declaraciones del coordinador general de IU, Antonio Maíllo, el pasado viernes. El líder de la coalición amenazó al PSOE con no apoyar los presupuestos, ni más ni menos, si devuelve estos 426 millones, en línea con el llamamiento a la “insumisión” de su formación política. Más allá de cualquier análisis, su propuesta podrá quedar bien de cara a sus bases, pero no es viable. Hacienda tiene la sartén por el mango y le bastará con retener si quiere ese dinero en futuras entregas. No cabe negarse a devolver.
Aparte de este detalle no menor, o Maíllo no sabe que el acuerdo está próximo, o no se lo han contado, y si lo sabe, lo torpedea, o cuanto menos sus declaraciones podrían obstaculizar el acercamiento.
Sin embargo, no es posible que esto pase porque, para su desgracia, la amenaza apenas tuvo trascendencia. Casi no se publicó. IU tiene un grave problema de hacerse con una “ventana” mediática, pero también en adoptar una estrategia eficaz. Acosada por el auge de Podemos, la coalición tarda en encontrar la manera de defenderse y resituarse. Pero además es que, de camino, a sus socios de Gobierno, conscientes de su debilidad, cada vez les importan menos estas posiciones drásticas.
Entre tanto, Juanma Moreno tiene una oportunidad de oro para hacer valer su fuerza ante el Gobierno de Rajoy. Públicamente se ha ofrecido a mediar, siempre con la condición de que Susana Díaz “deje la confrontación”. En privado, parece que algo hace para resolverlo. El PSOE le reclama en el Parlamento con reiteración que se sume a la defensa de “los intereses de los andaluces”, sic, lo que es de alguna manera una invitación envenenada, y el PP-A lo sabe.
Si la política fuera una línea clara, se vería muy bien que el partido del Gobierno interviniera en resolver los problemas de la comunidad. Pero en la situación en que estamos todos correrían a ponerse la medalla y descalificar al contrario. Item mas: no estaría mal que cuestiones como estas se resolvieran con la legislación en la mano, que mira que tenemos regulaciones, y no con componendas, bravatas o favores.

En el día de la Hispanidad

Por segundo año consecutivo, la presidenta de la Junta de Andalucía ha ocupado su sitio en la tribuna de autoridades de la parada militar del Día de la Hispanidad, una fiesta de connotaciones franquistas a la que los sucesivos gobiernos de la democracia no consiguieron perfumar. Es decir que Susana Díaz no ha faltado nunca a su cita con el desfile y la recepción real, y eso que el año pasado, cuando acudió acompañada de su marido, hubo de soportar algún desplante de la ‘beautiful’ autonómica pepera, en especial, se cuenta, miradas de extrañeza hacia su consorte, José María Moriche, siempre en un discreto segundo plano, por parte de otros, en especial del marido de Dolores de Cospedal, Ignacio López del Hierro, que cuchicheó:?«Ese es el marido de la andaluza».
En fin, este es el cotilleo del ambiente de la tribuna, una minucia si se tiene en cuenta de que de lo que se trata es de estar presente en un momento en el que el debate territorial aconseja no desvanecerse. Díaz lo sabe bien, que para eso tiene un indiscutible instinto político. Era además el primer Día de la Hispanidad presidido por el nuevo Rey, con el que ha demostrado una clara sintonía.
Entre los uniformes y los lustrosos ternos del stablishment madrileño, Susana Díaz levanta la antorcha de Andalucía, a la que interesa hacerse visible en estos momentos por lo que pueda pasar en materia de financiación autonómica, pero sobre todo representa la ‘doctrina’ socialista en el debate territorial. Desde el minuto uno, con su comparecencia estelar en el Ritz, Díaz ha reivindicado la ortodoxia de sus siglas para reclamar la unidad de España y disipar las veleidades independentistas en el PSC. Un año después, se ha hecho con el mando absoluto del discurso de su partido, como presidenta del comité territorial del PSOE, una suerte de mando en plaza en la sombra de Pedro Sánchez. No podía faltar ayer en el Palacio Real, para explicitar la postura de su partido. No a la independencia, pero hay que negociar. La preocupación sigue siendo extrema.

De macrocausas y su viabilidad

La unificación de las causas abiertas por las irregularidades (presuntas) en los cursos de formación tiene su complejidad jurídica. Más allá de suposiciones acerca de la inefable y valerosa jueza Alaya, está por ver si un juzgado sevillano puede entender de las subvenciones que afectan a los órganos centrales de la Junta y si los de otras provincias atienden las adjudicaciones hechas desde las delegaciones, o si cada cual se las ve con su caso, porque los hay muy diversos y están, por ejemplo, los intereses de particulares que han denunciado a empresas por delitos que les afectan (falsos autónomos, dinero cobrado por debajo de lo certificado) y que no quieren que eso se resuelva en un marco general, donde tardará mucho más en tener sentencia.

Sea lo que sea lo que se decida, y doctores tiene la iglesia, es decir la Justicia, conviene extraer lecciones de lo que supone una ‘macrocausa’ a efectos prácticos antes de seguir adelante. De momento, consigue colapsar los discos duros de todos los juzgados sevillanos, como ocurrió la pasada semana. Las infraestructuras judiciales son precarias, la informatización a las audiencias ha llegado tarde y, por lo que se ve, mal, pero acumular papeles, aunque sea en formato digital, debe ser algo a controlar, para no caer en una suerte de síndrome de Diógenes.

Tres millones de folios, como se supone que puede llegar a tener la causa de los cursos de formación, es mucho, pero que mucho folio. Cualquiera puede contarlo: puestos uno sobre otro supondrían 600 metros, algo así como tres Torres Pelli o caminar hasta Bilbao sin dejar de pisar expedientes. Escanearlos costaría 1.800.000 euros, con tarifa estándar. Almacenarlos en CD, 4.000 euros, y ocuparía alrededor de un millar de discos.

Pero es que ¿quién se lee ese tocho? Supongamos que cada folio lleva cinco minutos. Acabar con todos es tarea de 250.000 horas. Si a quien le toque hacerlo trabaja 8 horas al día, durante 280 días, en el supuesto de que no se levante ni para ir al baño, tardaría casi 112 años en acabar.

Para dar una primera lectura en un año habría que contar, pues, con 112 personas en horario completo, sin sumar el tiempo para análisis, conclusiones, indicios etc. Incluso serían 150 funcionarios si se toma como estándar de jornada la que establece la OCDE como media para España, 1.686 horas. De este modo, la lectura de la ‘macrocausa’ costaría sólo en salarios 6 millones de euros. Ya vamos casi por ocho millones, para empezar a hablar.

Los números se podrían ampliar y multiplicar, pero hablan sobre todo de la inviabilidad de llevar a buen término una instrucción de esta manera. ¿Qué juez o jueza por trabajador y capacitado que sea puede tener conocimiento cierto y fundado de todo esto? ¿cómo se plantea siquiera un escenario así? Nos cansamos de decir que la Justicia tiene que ser rápida para ser justa. No está de más considerar esta dimensión coste/envergadura para ver de qué estamos hablando.

Las miras cortas

Varias generaciones de periodistas hemos reportajeado el futuro de la imprescindible línea Algeciras-Bobadilla, porque varias generaciones de políticos la han planificado, o reclamado según estuvieran a uno y otro lado de la pancarta. Cada año por los presupuestos, que viene a ser una especie de ‘tosantos’ de números como castañas (muchas huecas y con gusanos), se decepcionan las esperanzas. A estas alturas la frustración sube y la Consejería de Fomento, hábil, la eleva al Tribunal Europeo, a modo de denuncia contra el Gobierno de España por incumplir reglamentos comunitarios.
Los catalanes, en una alianza de profesionales, políticos y periodistas, pelearon por el corredor mediterráneo y lo consiguieron. Defendían el puerto de Barcelona, porque saben de su importancia para la economía. Los andaluces tenemos en Algeciras el punto crítico de los dos corredores, el central y el mediterráneo, además del mayor puerto del sur de Europa, que ha sabido hacer frente a la amenaza de Tánger-Med con holgura, y no atinamos a concebir su potencial común. Sólo pensamos en si el puerto de cada una de nuestras provincias queda mejor o peor posicionado. Entre tanto, van pasando los años y vamos perdiendo oportunidades, mientras otros, Levante y Cataluña, se benefician. Ni el agravio moviliza.
De la denuncia y del debate público del caso sólo sale la medida de la cota que ha alcanzado nuestra política. El Gobierno ha respondido, por boca se su delegada, Carmen Crespo, que 50 millones consignados este año, para una inversión total de 1.153 millones de euros, es una cifra «considerable». Tal cual. El PP andaluz emplaza a Susana Díaz a «denunciarse a sí misma» por incumplir las promesas en infraestructuras. Y ya está. A otra cosa.
¿Dónde queda el sentido de Estado, o de país, o el sentido común? La política como frontón deja la casa sin barrer y engrosa la lista de oportunidades perdidas. El paro sigue subiendo. Y el año que viene, por los presupuestos, entonaremos un lamento más.

Un Podemos de derechas

La conmoción que ha causado la crisis económica, los escándalos de corrupción, el desmoronamiento del orden establecido no solo afecta a las capas sociales que se articulan en torno a Podemos. Es verdad que la formación de Pablo Iglesias es lo suficientemente informe -valga la redundancia- como para albergar gente de todas clases, edades y condiciones, unidas por el descontento y por la rabia. Hay otros grupos que forman parte del más puro ‘stablishment’, o del capitalismo clásico, que nunca entrarían en una operación de este tipo pero que también sienten inquietud por el presente y ganas de contribuir a ese cambio que viene. De este calado es la convulsión que vivimos, que impregna y contagia hasta a los que teóricamente más están por conservar. Se aprecia en ámbitos empresariales andaluces un deseo insólito, con una ilusión incluso un poco adolescente, por crear grupos de estudios, clubes de análisis, de impulso de soluciones, digamos que ‘thinks thanks’ que contribuyan a encontrar salidas y a construir ese nuevo modelo al que parece que estamos abocados, pero que nadie sabe en qué consiste.

Aunque alguien ha hablado de un «Podemos de derechas» un poco en broma, dadas las evidentes diferencias, sí se está produciendo un movimiento interesante de observar.

La idea es emular al muy prestigioso y catalán Cercle d’Economía, que ahora preside Antón Costas, el catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona que es uno de los más lúcidos analistas de la actualidad. Un lugar de encuentro, de debate y de estudios que contribuya a encontrar la famosa luz al final del túnel o que al menos ayude a saber dónde estamos y cuáles son las apuestas que han de hacerse. Esta pasada semana estuvo por Sevilla la presidenta del Círculo de Economía madrileño, Mónica de Oriol, aunque no es lo mismo, y tuvo mucha taquilla. El movimiento de inquietud en este sector sería ideal para que lo aprovechara una Confederación de Empresarios de Andalucía rediviva, pero va a ser complicado. Su nuevo presidente, Javier González de Lara, ha llamado a la participación de todos los sectores en el debate abierto para reformar la entidad y dotarla de un código ético. El descrédito en el que ha caído la patronal por los abusos del pasado es profundo, pero el nuevo equipo tiene una oportunidad de oro si sabe canalizar esta pulsión entre una clase empresarial que hasta ahora, y pese a lo que pareciera, no estaba por la labor de respaldar a la organización.

En cualquier caso, hay que observar con interés estas movidas, en las que andan varios grupos ahora mismo. No parece que sea un intento lampedusiano de que todo cambie para que todo siga igual, ni se plantea como un frente anti-Podemos, chiste aparte, sino una manera de compartir la incertidumbre y emplearse a fondo, reclutando talentos y sinergias, para hallar la oportunidad que, dicen, se esconde en las crisis. En el fondo hablan de una sociedad civil andaluza más pujante de lo que parece. Es curioso además que sea el sector empresarial, tan poco ‘tejido’ por usar el tópico, el que quiera dar un paso al frente y aliarse para propiciar un futuro mejor. Sin empresas, es evidente, no hay empleo.

Teresa\ Podemos

Aqui os dejo la entrevista publicada hoy. será interesante confrontarla con lo que pase …

http://www.ideal.es/andalucia/201409/28/tendria-romper-pacto-gobierno-20140927230146.html

Extenda es otro país

En estos tiempos en que resulta difícil creer en nada que suene a institución pública, y no digamos a agencia de la llamada “administración paralela”; en estos tiempos en que nada sale bien, ni un maldito indicador alienta la esperanza, Extenda rompe moldes,  a contracorriente de cuanto está inscrito en el pensamiento común. Se trata, como sabrán, del organismo de la Junta de Andalucía que se encarga de impulsar las exportaciones de las empresas de la comunidad, lo que llaman “la internacionalización”.
En un panorama dominado por el número rojo, Extenda viene rompiendo la tendencia desde hace ya una década, aunque sólo la crisis ha puesto de relieve su excepcionalidad y la importancia de sus resultados para tirar del carro este de la recuperación, que más parece la piedra de Sísifo, siempre cuesta abajo cuando parece que llega a la cumbre.
Ni siquiera pudo con su crecimiento aquella absurda campaña que lanzó el PP contra las que llamó “embajadas” de la Junta, en una intencionada confusión con las oficinas de representación “diplomática” que creó la Generalitat,  y que eran las oficinas comerciales en una decena de países para actuar de facilitadoras de los empresarios que querían implantarse en cada mercado. Su utilidad ha sido manifiesta y no paran de abrirse nuevas, a demanda de las firmas que quieren acudir a cada zona.
Pero lo mejor de todo es que Extenda encarna otra mentalidad, otra manera de crecer, de hacer economía, sustentada por empresas andaluzas que no lloran ni ponen la mano para que la Administración pública le subvencione sus inversiones, una práctica que ha sido común en 30 años de autonomía y que se ha revelado inútil, cuando no defraudadora. Las empresas exportadoras demandan consejo o estrategia, apoyo in situ, pero ellas protagonizan sus riesgos y afrontan la aventura con la valentía de su propio ADN. Y así les va.
Por eso parece que Extenda es otro país, “el país de nuestros deseos”, diría, como la canción de  resistencia de Kurt Weill que canta como nadie Eleftheria Arvanitaki. Un país soñado, que en realidad no existe, pero que debería hacerlo.

Los enchufes y la omertá

Cinco años y medio de cárcel cuesta enchufar a dos compañeros de partido. Es la condena inapelable que el Tribunal Supremo ha impuesto a Pedro Pacheco, el singular alcalde andalucista de Jerez durante 24 años, que se saltó a la torera las normas administrativas para dar un sueldo a dos colegas más de los que ya tenía incluidos en el pacto de Gobierno con el PSOE. Como sabrán, los dos ‘colocados’, cuyas penas también superan los dos años de prisión, cobraron durante dos años poco más de doscientos mil euros, a cambio de nada. No consta que ofrecieran ninguna asesoría jurídica, que era el motivo del contrato, ni siquiera que aparecieran un solo día por las oficinas de las empresas municipales en las que tenían sus empleos.
Lo llamativo de esto es que se ha conocido porque Pacheco se peleó, y con furia, con su socia municipal, la alcaldesa socialista Pilar Sánchez, y ésta fue con los papeles a la Fiscalía.
Recuerdo la época. La Diputación provincial gaditana, entonces en manos socialistas, como desde el comienzo de la democracia, hizo un movimiento ‘táctico’ y rompió su acuerdo con el PA, que a su vez se ennoviaba en la oscuridad con el PP, para pactar con el PSA de Pacheco, que a su vez rompía con el PP el pacto de dividirse la legislatura en el Ayuntamiento jerezano. Sería una especie de ‘comedia de puertas’ si no resultara patético y, a estas alturas, vomitivo.
Aún antes Sánchez fue burlada por Pacheco, que le prometió su apoyo a la vez que pactaba con la candidata del PP, García Pelayo, que fue finalmente quien medio gobernó Jerez (porque Pacheco era el alcalde paralelo) hasta que el andalucista le dejó en la estacada. La ciudad entre tanto -¿quién se ocupaba de ella? – se sumaba en la crisis más grave de las muy graves crisis de los ayuntamientos españoles. Una quiebra que merece ser estudiada en los manuales de derecho político y administrativo como ejemplo de todas las malas prácticas juntas.
Muchos alcaldes y presidentes de diputaciones, para empezar, deberían poner sus barbas a remojar y revisar si hicieron bien todos los trámites, porque el enchufe de asesores es la práctica más generalizada en la política local, nacional, andaluza. Sólo los remueve un cambio de signo, y es para sustituirlos por otros, y por más y más cargos de confianza, a pesar de que en campaña siempre se promete limitar su número y su sueldo.
La sentencia ha sorprendido a muchos, que la comparan con otras penas, Malaya sin ir más lejos.
Si no hubiera sido porque se rompió el pacto nadie hubiera denunciado nada. Eso se llama omertá.
En Andalucía, en concreto, se ha acrisolado el enchufe hasta el extremo de que en una de las protestas de funcionarios “pata negra” contra la reordenación administrativa que emprendió el primer Gobierno de Griñán, un cargo político espetó a uno de los manifestantes: “¿Tú qué haces aquí? ¡Si a ti te enchufé yo!”