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Sin brújula en la tormenta

Resulta que quienes piensan peor de España y de los españoles son… los propios españoles. Las cifras que arroja el prestigioso informe PEW sobre reputación, conocidas estos días, son para hacer pensar. España aparece bien considerada por los socios europeos consultados, con valores que van desde los 69 puntos que nos da Inglaterra, los 51 de Alemania, 49 de Grecia, 45 Francia y 27 de Italia, mientras a nosotros mismos nos damos un suspenso importante, -19 puntos.
No es así en ningún otro caso. Los alemanes, que se otorgan a sí mismos un 84, y los ingleses, un 83, son los más encantados de conocerse, pero también los machacados griegos se quieren más, con 67 puntos, mucho más que los franceses incluso, que se autopuntúan con un 31, y eso que son el colmo del chauvinismo, y los italianos, que se aprueban con 20, entiendo que sobre 100.
A los españoles les caemos los propios españoles un poco menos mal que los griegos (-48) y que los rusos (-29), pero admiramos sobre todo a los alemanes (81), y por detrás, quedan, a cierta distancia, ingleses (58), franceses (48) y estadounidenses (43).
Aún más, a la pregunta acerca de si está usted satisfecho o insatisfecho de la situación de su país, resulta que los españoles somos los terceros más descontentos, con un 91%, por detrás de Grecia (95%) y de Líbano (93%). La moral colectiva es mejor en el resto del orbe, incluido Ghana, Palestina, Colombia o Ucrania. Los más a gusto, por completar la información, son los chinos (8% de descontentos), los vietnamitas (12%), los rusos (36%) y los alemanes (38%).
Puede parecer un chiste de esos antiguos (“se encuentran un inglés, un frances y español y …”, ¿recuerdan?) pero creo que esos números trasladan un fiel retrato del pesimismo social que vivimos. Reflejan el clima profundo de este país, entre tanto nos enzarzamos en debatir si es Susana Díaz quien intriga contra Pedro Sánchez o si Ferraz quiere cargarse las posibilidades de la lideresa de San Telmo. Contrasta en especial con los mensajes positivos que lanza Rajoy, ese reiterado slogan acerca de que hemos salido de la crisis.
De ahí la convulsión que se refleja en los estudios de opinión que, hoy por hoy, son inestables como un bol de gelatina: cualquier cosa es posible de aquí a unos meses. Los propios políticos, y me lo reconocía un alto responsable del PSOE andaluz, creen que las encuestas, hasta las más fiables y con mayor universo, les merecen poca o ninguna confianza… lo cual no deja de ser aún más inquietante. Si quienes han de orientar el futuro colectivo andan sin brújula, en medio de esta espesa niebla, el desastre es inminente.
Lo que sí está claro es que si el objeto del Gobierno es la felicidad de la nación, como decía el memorable artículo 1 de la Constitución de Cádiz, éste lo está haciendo rematadamente mal. Y que o mejora el índice de autoestima o seguiremos cuesta abajo.

La buena reputación

Según escuchaba a Javier González de Lara desglosar su Plan de Acción para la «nueva CEA» más me intrigaba saber qué ha encontrado bajo las alfombras de la Confederación de Empresarios de Andalucía, que hace menos de un año preside. Su natural discreción, obligada además por el cargo, no impide que se adivine en la dificultad de su empeño el desastre de la gestión heredada. De hecho, las palabras que más sonaron fueron «ética» y «reputación» y, como se suele decir, verde y con asas.

Porque González de Lara se ha encontrado con una patronal en quiebra y sin crédito, no sólo financiero, también de fama, o sea desacreditada doblemente. En esta falta de credibilidad residía en buena medida la razón de que las operaciones para hipotecar la sede fracasaran con anterioridad.
Por demás, al enarbolar la bandera de la ética y el buen gobierno y anunciar un régimen de sanciones para quienes incumplan, González de Lara viene a dar un aviso a navegantes y a encabezar la necesaria regeneración de la patronal, que precisa recuperar autoridad moral y pujanza.

De momento, parece que el relevo en la cúpula empresarial andaluza ha resultado un cambio profundo. No es sólo por edad o perfil, o por estos nuevos tiempos en los que la transparencia resulta imprescindible, es también por la decisión de abrir la organización y, sobre todo, sacarla de ese cierto centralismo sevillita en el que hasta ahora se había movido.

Le queda mucho por hacer a González de Lara, tanto en lo económico, porque 12 millones de deuda son muchos millones, como en reinventar la patronal con nuevas vías de ingresos, donde hay un campo interesante por explorar. También tiene que defender su posición como primer interlocutor, ante los intentos de compartir plano por parte de las empresas de economía social, pero sobre todo debe trabajar para que los empresarios andaluces ganen tamaño y se refuercen, para que se modernicen y, en fin, para que creen empleo, abundante y de calidad.

La ¿leal? oposición

Me gustaría saber qué habrán pensado los muy calvinistas altos funcionarios de Bruselas cuando han visto llegar a una expedición de andaluces del Partido Popular para denunciar al Gobierno de su comunidad por el uso de los fondos europeos. Yo sí sé lo que parece desde aquí y no resulta la mejor manera de hacer lo que se dice leal oposición a los partidos en el poder en la Junta. Vapulear a la tierra de uno desde el centro de la metrópoli no es una buena práctica y la escalada en la estrategia del equipo de Juanma Moreno ha resultado bastante sorprendente, por cuanto se esperaba un cambio del paso frente a la política llevada hasta ahora por su partido, donde la descalificación de lo andaluz ha sido tan frecuente. Acuérdense del “pitas, pitas” de Esperanza Aguirre o aquella descripción de los escolares andaluces de la simpar exministra Ana Mato.
Cualquier cosa no vale. Hace unas semanas, con ocasión del aniversario de la tregua definitiva de ETA se recordaba la campaña que entonces hizo el PP alegando que había negociaciones vergonzantes para intentar socavar el posible rédito político del PSOE. Con la perspectiva vemos que el fin de la violencia era cierto y que aquella movida no tuvo sentido.
Pasó también con la guerra aquella contra las que se quisieron llamar “embajaditas” de la Junta, las oficinas comerciales de Extenda, que ahora resulta que son las que impulsan la exportación andaluza, uno de los grandes salvavidas de nuestra economía. De haberles hecho caso a los líderes del PP de entonces todas se habrían cerrado ¿y ahora qué?
El viaje a Bruselas de Moreno y su club se ha producido justo después de que regresara de la capital comunitaria una delegación de la Junta que había pasado con éxito un examen exhaustivo sobre su capacidad de gestionar los fondos europeos. ¿A qué viene entonces este despliegue? Sin duda hay mucho que preguntar sobre el uso del dinero público y se debe hacer con férrea voluntad y sin desmayo, pero dañar la imagen de Andalucía y complicar la futura recepción de fondos no parece que sea lo más procedente si se busca el bien común.

Cálculo de carambolas

Cualquier cosa puede pasar, dicen en el corazón del PSOE andaluz. Todo está abierto, aseguran, lo que hace suponer que hay estrategias trazadas y calculadas para lanzar de manera inminente, en función de los acontecimientos. Es lo que llega a hacer apasionante la política. Si se observa de cerca, puede resultar el mejor de los ‘thrillers’, la novela negra más adictiva.
La hipótesis A, sobre la que trabaja el PP andaluz y que incluso ha verbalizado su secretaria general, Loles López Gabarro, es la convocatoria de elecciones autonómicas para febrero, antes de que se celebren las municipales. Tiene su sentido: Susana Díaz evitaría el desgaste de un mal resultado en los ayuntamientos, porque por mucho que el PSOE hable de 5-3, es decir recuper tres capitales, lo más probable es que incluso en ese caso el 3 no sea sino la mayoría relativa del candidato popular, es decir la posibilidad de pactos. Además, los populares piensan que Díaz se colocaría así con la reválida aprobada, o sea con unas unas elecciones ganadas, presta a disputar a Pedro Sánchez la candidatura a la presidencia del Gobierno.
Las críticas desde el interior del PSOE contra su secretario general están ya en todos los papeles. Los socialistas habrán hecho el relevo generacional, pero esas prácticas ‘destroyer’ contra el líder, ese ansia por segar la hierba bajo los pies del recién elegido parecen estar más asentadas en el ADN del partido que el puño y la rosa. En especial ahora, cuando se vuelve a cumplir el viejo dicho de que “el poder desgasta sobre todo al que no lo tiene”.
Por el contrario, en el PP-A dan tiempo a Juanma Moreno, que concilia a la vez su proyección personal con la presentación de los candidatos a municipales. Las críticas internas se atenúan y el presidente comienza a asentar un equipo más sólido de asesores. Su agenda tiene toda la pinta de una precampaña.
El PSOE andaluz tiene ante sí un dilema de envergadura, más allá de la táctica. Le preocupa mucho la situación de deterioro de Izquierda Unida. Aunque la coalición se le rebrinca cada vez más y el entendimiento empeora, han de sustentarla de cara a las necesarias alianzas de futuro, que no serían posibles con Podemos. Si las elecciones se convocan ahora sorprenderán a los de Pablo Iglesias sin una candidatura clara.
Pero, sobre todo, en la sede socialista de la calle San Vicente se piensa en el futuro del propio partido. El PSOE andaluz, que siempre ha sido el ‘core capital’, siente ahora sobre sus hombros la responsabilidad de reconstruir de sus cenizas la histórica sigla, consciente de que es aquí donde está más fuerte, y con diferencia, y del deterioro que viene. Un nuevo desastre electoral se contempla como una especie de Apocalipsis. Saben además que su secretaria general es escuchada allí donde va y tiene una proyección y un liderazgo indudables. Pero parece que suscita recelos en Ferraz y que el equipo de Sánchez no ve bien estas incursiones nacionales de la lideresa andaluza. De ahí que el malestar vaya en aumento, mientras se trama una estrategia que se anticipe al desastre.

Alcantarilla universitaria

La universidad, en general, llevaba mucho tiempo salvándose por la campana de un cuestionamiento riguroso. Había conseguido blindarse bastante bien en nombre de ideas superiores, la educación para todos, la libertad de cátedra, el progreso, la investigación, el saber… Palabras mayores ante las que cómo no rendirse. Con el estandarte añadido de algunos, pocos, prestigiosos nombres ante los que tampoco cabía objetar, ha levantado cada día un poco más esa torre de marfil de la que decía querer huir.
Daba igual que estuvieran en los últimos puestos de los rankings especializados. Siempre había una razón: la falta de medios, el mal nivel del alumnado, las políticas erráticas de la Junta o del Gobierno, mientras en los departamentos se tejían redes de intereses entre sí y con otros centros de universidades lejanas, muy útiles para fomentar el llamado “turismo universitario”, del que tantos cátedros y adláteres han disfrutado. Daba igual que existieran departamentos con más docentes que alumnos, titulaciones sin demandas, plazas amañandas, inflación de centros… pagados con dinero público.
Ha llegado la hora de levantar la tapa de la cloaca universitaria, a cuenta del caso de Iñigo Errejón , líder de Podemos, en la Universidad de Málaga. Llama la atención, en principio, que el contrato proceda del ámbito de Izquierda Unida, el principal partido amenazado por Podemos, es decir que sea IU quien haya ‘liberado’ a uno de los cerebros de la nueva formación. Aunque no hay que olvidar que muchos de los emergentes políticos estaban en la trastienda de IU, como Monedero, asesor de Llamazares, es curioso que la coalición no detectara el dato.¿Un despiste?
Pero aún resulta más llamativa la sorpresa con la que ha sido recibida la propia denuncia en ambientes universitarios. Este tipo de situaciones es algo tan habitual, incluso lo menos que se despacha, que los claustros han tardado en reaccionar. Ahora resulta fácil hacer la denuncia de las tramas de intereses, la endogamia, porque estaba a la vista de todos. Forma parte del paisaje.
Es probable que el caso no se hubiera divulgado con tintes de tal escándalo si no se tratase de un político de Podemos. Se ha desatado la caza, más sistemática cuanto mayor es la amenaza de este partido supone. Pero entre tanto vamos sabiendo cosas, muchas ya conocidas, como la proliferación de “cum laudes” en las tesis doctorales, la composición de los tribunales, la adjudicación de las cátedras, la sospecha sobre las certificaciones …
Lo que me temo es que no vuelva a pasar nada tampoco esta vez, estos tiempos de convulsión y de demandas de racionalización que vivimos. Las reformas que precisa la Universidad son de tal calado que necesitan de un pulso político firme y de ideas claras. De ambas cosas parece que ahora andamos escasos. Ni siquiera en ello tiene propuestas Podemos, y menos aún credibilidad, a la vista de su origen y su composición, procedente de la ‘casta’ universitaria más a acrisolada.
Lo que nos faltaba, ahora que vuelven a oírse voces de “muera el saber”.

El contenedor de alimentos y el gorila

El sábado por la noche, antes de que se cerraran las tiendas, cogí el coche y me fui a hacer la donación al Banco de Alimentos. Salí de allí apenas conteniendo las lágrimas, como tanta gente, tras dejar en el contenedor latas de leche de lactantes, potitos y otros productos orientados hacia el consumo de niños, como se había solicitado ante la emergencia de la pobreza infantil. Aunque había cumplido con el gesto y el gasto, no podía menos que sentirme miserable, avergonzada, frustrada. Qué ridículo era aquello frente a la necesidad que invocaba, qué poca cosa para taponar la herida de la terrible desigualdad que se ha instalado entre nosotros y que se traduce en cifras ante las que ya casi nos inmunizamos: más de un millón de andaluces, muchos de ellos menores, en pobreza severa es una tragedia, una devastación, hacia la que parece que miramos sin ver.

Pese a todo, alguien criticaba la medida. “Recoger y repartir alimentos suaviza la política económica-laboral del Gobierno”, dijeron. Aún se puede ser más miserable, pensé. Ya puestos, si se quiere dar una clave política, la acción convocada por el Banco de Alimentos durante el fin de semana ha sido la mayor enmienda a la totalidad, la mayor moción de censura que cabe a la política, sea de este gobierno o del otro.

Hay un experimento muy conocido en psicología cognitiva: se pide al sujeto que siga un partido de baloncesto y observe con atención el tanteo del equipo azul . En pleno juego cruza la cancha una mujer disfrazada de gorila. Un alto porcentaje de los que hicieron el experimento no la vieron, a pesar de que estuvo en escena once segundos. Lo cuentan Christopher Chabris y Daniel Simons en su libro “El gorila invisible” y lo leía yo ayer citado por Daniel Kahneman, en “Pensar rápido, pensar despacio.” Me pareció que pasa algo así con la desigualdad. Nos dicen que miremos en una dirección, nos entretienen con misiones teóricamente esenciales, mientras que no nos damos cuenta de lo que pasa delante mismo de nuestros ojos. Y así nos va.

El ‘pequeño Nicolás’ y el esperpento

Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien como con la historia del ‘Pequeño Nicolás’. Este país que nos da tantos disgustos alcanza unos niveles de esperpento que necesitaría un Valle Inclán para contarlos. Los espejos del callejón del Gato se han hecho realidad inversa y nos muestran como somos: la deformación están en este lado del azogue. No sé si da más risa o más miedo.
La historia plantea una radical y fundada duda sobre su veracidad, pero cuestiona la credulidad de los ciudadanos que, acostumbrados ya a que pase cualquier cosa, a que torres más altas hayan caído, pueden dar crédito a lo que sea. Incluso a que el anterior Rey le mande un ‘guasap’ al niño firmado ‘JC’ o a que éste pasee por Madrid en el coche de la supervicepresidenta Soraya… Hasta ha llegado al corazón de ‘Kontrol’, el despacho de Félix Sanz, director del CNI, dice el joven artista, que al final desliza ser un ‘charli’, o sea un colaborador del Centro Nacional de Inteligencia, un agente secreto, un 007 de 20 años con ojos desencajados, papada y sonrisa aviesa.
Los conspiranoicos están desatados, por si algo les faltara. Hay versiones de todo tipo, desde quienes quieren verlo como un ‘show’ populista a quienes lo quieren convertir en mercancía partidaria.
Yo ensayo una explicación, un poco por seguir el tema del día: para mí que en el fondo están unos usos de hacer política y un discurrir de la vida pública que propicia casos estrambóticos, de los que éste es su máximo exponente.
Muchos políticos comenzaron de jóvenes cachorros sobrados y ambiciosos, que poco a poco se fueron codeando con sus mayores y, aun sin selfies, treparon hasta el límite de sus capacidades, o de su incompetencia, como reza el Principio de Peter. Aún ahora se les ve, por aquí, sin ir más lejos.
Después, como se sabe, muchos empresarios y conseguidores se arrimaron a ellos porque en este país las cosas se hacen por amistad, por contactos, por chanchullos. Caldo fácil de cultivo de estafadores, impostores y … políticos de carrera.

El caso ERE asciende al Supremo

La partida final del caso de los ERE fraudulentos, en su vertiente más crítica, la llamada “trama política”, se juega en las altas salas de la Justicia española. Desde el auto del Supremo, conocido el pasado jueves, el ritmo se acelera y la acción parece que diera para una película de Hollywood, de esas de Gene Hackman como oscuro y poderoso letrado, de jerga inextricable, o para un capítulo de House of Cards, la serie de televisión sobre los mecanismos del poder y su impiedad.
La prosa de la sala de admisión parece medida y cuidada. Es mucho lo que se juega el Alto Tribunal en este caso que se ha considerado el paradigma de la corrupción socialista andaluza, con un énfasis que en cuanto a las transferencias de financiación y la supuesta conspiración para delinquir que considera Alaya, se vincula con un intento de equilibrar y/ocontrarrestar la Operación Púnica, las tarjetas black, y otras pestilencias.
Habrá de tener cuidado el Supremo con dónde pone el listón de la responsabilidad. Todos los ojos de la política española están sobre el instructor, Jorge Alberto Barreiro. Si considera constitutiva de delito las conductas de Chaves y Griñán, o la de Zarrías y Mar Moreno, por que el asunto de Viera ya es otra cosa, sería difícil que no lo fueran también las de otros altos responsables políticos, los más altos, que vieron pasar ante sí sobresueldos, sobres en negro, contratos amañados, comisiones de grandes empresas, contabilidad paralela, testaferros, cuentas en Suiza.
Esta partida puede que vaya rápida y por los aforados no será, pues se apresuran a personarse para prestar declaración voluntaria. Parece que desde la Fiscalía General del Estado la actitud es de facilitar que pueda ser así y no se va a hacer sangre con que los políticos socialistas acudan como imputados. Una condición que ya desde el PSOE se apresuran a ‘enfriar’ después del golpe dado por Susana Díaz al decir que les pedirá el acta de parlamentarios si eso sucede.
Pero aún queda tralla y lo más posible es que si esto avanza, el ritmo sea distinto por lo que afecta al resto de aforados. La jueza Alaya tiene ahora que desglosar el sumario para enviar al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía la parte correspondiente a los diputados andaluces. El presidente del TSJA, Lorenzo del Río, se ha quejado de falta de medios, pero con los que cuenta o consiga arañar tendrá que hacerse cargo del asunto. No le queda otra.
En medios jurídicos se hacen una pregunta interesante: ¿se va a quedar Alaya sólo con los intrusos, las ayudas irregulares, los comisionistas, después de haber apuntado tan alto? ¿O aspirará a una plaza superior en la Audiencia Provincial? En tan personalísima instrucción no es un asunto menor.
Pero eso no es todo, y volvemos a escenas de ‘House of Cards’: Entra en juego otra plaza que se tambalea, la del juez Ruz en la Audiencia Nacional, a quien se le acaba el periodo de suplencia. La gobernanza de la Justicia, el Consejo General del Poder Judicial, tiene trabajo por delante.

Populismo contagioso

Qué país este, que se pasa la noche del sábado pegado a la televisión, cabreándose con la política y contra los políticos, en vez de dedicarse a otros menesteres más jugosos. Incluso hay quien incide y reincide la noche del viernes, y a mediodía y por la noches. A cualquier hora alguien nos ilustra contra la “casta”, en especial alguien de Podemos. Hemos pasado de escudriñar las vidas de los más frikis de la prensa del corazón, sus familias y sus miserias, a volcar la atención sobre los poderosos, con una energía que se contagia y expande, hasta crear una especie de psicosis social en la que se mezcla el resentimiento, el ánimo justiciero, el ansia de venganza, como una nueva lucha de clases.
Es un formato barato y rentabilisimo para los programadores, que con poco gasto consiguen más audiencia e ingresos que con las grandes películas, los musicales o aquellos programas concurso. ¿Quién se acuerda?
Claro que para triunfar en el formato también hay que cumplir reglas del espectáculo, la grosería, el grito, el análisis maximalista, la confrontación agria, los aplausos de fondo que convierten en un circo los problemas de la actualidad.
Es verdad que la corrupción esta de cada día enciende los ánimos más templados. Pero el ‘late show político’ no distingue matices y acaba por arrastrar no sólo al espectador, también a la gobernanza. Tengo la impresión de que la nueva línea roja impuesta por Susana Díaz de exigir el acta a los imputados es producto de esta neura colectiva y que va a dar igual a efectos prácticos, porque el estado de opinión está consolidado y los politicos, ni siquiera imputados, están mediáticamente condenados, al igual que sus siglas. Lo mismo pasó cuando decidieron bajarse los sueldos. La gente sigue pensando que se forran.
Además, la medida trasluce improvisación. Al parecer nadie había caído en el el caso volvería a Alaya. Fue un calentón, dicen. Pues a ver en qué queda y cómo lo resuelve.

El escándalo que viene

Las instituciones del Estado se han visto sacudidas una tras otra por escándalos de corrupción: la Corona, el Poder Judicial, el Gobierno, los partidos, empresarios y sindicatos. Como quien tira de una cereza de una cesta, estamos en machadiano modo: «españolito que vienes, al mundo /te guarde Dios». No una, las dos Españas nos hielan el corazón cada día.

El penúltimo asunto toca de lleno a las Cortes Generales. Se trata de los viajes ‘amorosos’ del presidente de Extremadura a Canarias cuando era senador. Hay una primera lectura, muy evidente: el llamado ‘barón rojo’ del PP queda en evidencia, pues dice primero que fueron viajes de trabajo y luego afirma que devolverá el dinero. Lo hace en plena escenificación de transparencia y buen gobierno del PP nacional en su territorio, lo que ya es mala suerte; el presidente del partido y del Gobierno, Rajoy en persona, le da públicamente su apoyo, que resulta muy comprometido, y trasciende que puede ser una ‘vendetta’ interna, una más, en un PP acosado por la Justicia.

Hay otro nivel, no menos singular, como son las citas quincenales de fin de semana con una joven y guapa militante de origen colombiano, de nombre Olga María, que aparece después, cual ‘pequeño Nicolás’, en la recepción de la proclamación del Rey, con otro acompañante, diputado del PP aragonés, que, este sí, dimite.

Es como un episodio-tipo de teleserie: está la trama amorosa, está la trama política y está, aún más, la historia de fondo, que da para nuevos capítulos: es el descontrol en los gastos de los parlamentarios españoles. Esto toca de lleno al Congreso, al Senado y a las Cámaras autonómicas. Un político de larga trayectoria confesaba en voz baja que si se investiga va a haber muchas y muy desagradables sorpresas para los ‘padres de la patria’. O sea que eso de irse de fin de semana con cargo al erario público no es cosa de un ‘verso suelto’, sino que lo practicaban (casi) todos los electos.

Miedo da. En la Cámara de los Comunes un escándalo tremendo, para ellos, como fue el cobro de dietas o de pluses de residencia, el gasto de fondos del Parlamento para caprichos personales fue rápidamente atajado con un cúmulo de dimisiones. La democracia británica no tuvo ninguna duda. Aquí se han sabido cosas similares, de diputados con nombres y apellidos que cobran dietas como si vivieran en sus demarcaciones de origen, pero tienen casa y familia asentada en Madrid, y no ha pasado nada.

El Parlamento andaluz tiene ahora en debate medidas de reforma del reglamento para adaptarse a la ley de transparencia, como hacer un pleno en julio y rendir cuentas con más frecuencia. Son medidas ‘buenistas’ que negocian los grupos entre ellos, pero que no sé yo si abordan de frente las dudas que la ciudadanía alberga hacia su régimen de remuneraciones y dedicación. Hasta ahora, la Cámara se ha puesto de perfil cuando surgían dudas, por ejemplo este verano, que se supo que los 109 diputados cobraron dietas a pesar de estar de vacaciones. Los grupos se ponen fácilmente de acuerdo en algo que beneficia a todos. Pero que tomen nota de los aires que soplan en la calle. Ya no vale esa conjura del interés común, que es el del bolsillo.