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Elecciones en las redes

La primera vez que fui a la sede de Podemos en Sevilla, recién abierta, me llamó la atención una larga mesa al fondo llena de jóvenes sentados ante sus ordenadores. Iban llegando otros, con sus mochilas al hombro, se incorporaban y se conectaban, sin apenas hablar entre ellos. ¿Quienes son esos?, pregunté. Los community manager, respuesta. A estas alturas ya está claro que el éxito en el manejo de las redes sociales ha sido clave en la estrategia de los de Pablo Iglesias. Luego nos dijo el CIS que el voto en las últimas generales se había decidido en un porcentaje llamativo en los días finales de campaña. Es fácil deducir que esta previa al 26J se va a librar puerta a puerta, día a día, tuit a tuit. No habrá barreras. Ni siquiera la ya tan cuestionada ‘jornada de reflexión’ será una tregua para los equipos de los candidatos. A ver cómo le hace frente la Junta Electoral.

Nace, pues, la campaña en el smartphone. Se consagra el cibermilitante. Los más seguidos tendrán un plus, junto con cierta obligatoriedad de ponerse al servicio de la causa cuando se lance un hastag.

Hay ciertas dudas acerca de la eficacia final de esta cibercampaña. Todo el mundo tiene teléfono inteligente ya, aunque los más yuppies lo estén abandonando en favor de los antiguos ‘nokia’, para librarse de la presión de los extras del smartphone. Pero sólo el 25% de la población adulta española tiene cuenta en Twitter. Y la red está en baja en favor de otras en las que la información y la opinión dejan sitio al entretenimiento puro y duro.

Será interesante observar cómo les va a los próceres del 26J. Es cierto que buena parte de la conversación está ahora en las redes. Alguien escribía hace unos días que se había acabado el llamar a callar en las salas de espera. Todo el mundo está ensimismado en su teléfono. Pero, por lo visto hasta ahora, se trata de la misma charla sectaria, clientelar, que se da en otros territorios menos virtuales. Será en 140 caracteres, pero con una reiteración que invita a largarse, y rápido. Unfollow, que se dice.

La llave de paso

El clima moral de la época asfixia. Todo está extraño, bajo sospecha. Parece un ambiente salido de la torturada imaginación de Kafka, de una surrealista novela de espías, como una vuelta de tuerca del mundo de la RDA de ‘La vida de los otros’, pero sin policía romántico. Cualquiera puede ser culpable de algo que ni él mismo sabe. Oscuros poderes se agitan en las sombras, o al menos eso se sugiere, en susurros, por las esquinas. Inteligencia, contrainteligencia. La última novela de Umberto Eco, siempre tan visionario, da que pensar. El maestro de la semiótica supo fabular un retrato de nuestro tiempo en ‘Número Cero’, que es el título del que resultó ser su libro final. Un periodista ve una mañana, al levantarse, que no sale agua del grifo. La llave de paso, que él ni siquiera sabía dónde estaba pero que un vecino le indica, había sido cerrada. No hay ningún cambio en su casa, ningún objeto fuera de lugar. A esta escena sucede una alambicada historia de una gran conspiración política-periodística, una red que habría recorrido la Italia de Mussolini en adelante, tan grande que se desmorona por sus propios intereses y encubridores. Parece inverosímil, debe ser conspiranoia… La verdad no sale a la luz, pero está el pequeño detalle de la llave de paso cerrada.

La trama de Eco habla de políticos, de periodistas y de jueces. Tres actores principales de la función real que ahora se representa en este país, en esta comunidad autónoma, también a nivel local. Se suceden las denuncias de corrupción, que se utilizan como arma arrojadiza, en busca de una rentabilidad electoral. Se ha perdido el sentido de la medida, que en general sólo se reclama cuando el afectado cae del lado de quien se siente dañado por el caso. Es curioso. Quien puso aquí el ventilador ¿se creía a salvo o no calculó que la basura también le alcanzaría? Entonces vemos que se propagan las sospechas de instrumentalización de la policía, de la justicia, en favor de los intereses de partido, incluso contra el propio partido, que ya es, y hay gente de peso que lo cree, y no sabes si es que has leído demasiadas novelas o es que de verdad te han cerrado la llave de paso.

Pero sin ir tan lejos, es preciso que hagamos el esfuerzo de afinar. No es igual que te graben contando billetes, o que laves dinero en la cuenta del partido, a que una norma administrativa pueda ser interpretada de una manera o de otra. Que durante años hayas extorsionado a banqueros o que te hayan cazado saltándote un semáforo. Hace falta molestarse en medir y calibrar la entidad de los escándalos, pero sobre todo es preciso evitar que la manga sea ancha para los de uno y estrecha para los de enfrente. Como conviene buscar la forma de resarcir a quienes resultan inocentes al final del calvario del oprobio a que se ven sometidos, ellos, su salud, sus familias, sus bolsillos, su dignidad.

Choque de trenes en los ERE

Recuerdo que cuando fue exculpada por el Tribunal Supremo en la causa de los ERE, la exconsejera Mar Moreno explicaba gráficamente cómo se había sentido. Decía más o menos que era como si tú estabas tranquilamente sentada en el sofá de tu casa y de pronto te atropellaba un tren. Pues bien, el tren de los ERE ha arrollado de nuevo a los expresidentes Chaves y Griñán, a exconsejeros muy principales y a un buen número de altos funcionarios. No será la última vez que lo haga, porque en unos meses estaremos de verdad ante el auto de apertura de juicio oral y volveremos a repetir argumentario y análisis más o menos atinados, mientras los daños colaterales se volverán a producir como si no hubiera mañana.

La conmoción, en cualquier caso, es general en los distintos niveles de la Administración de la Junta de Andalucía, no solo en el PSOE, y cuantos conocen y valoran a los citados en el auto del juez Martín, políticos que han tenido mucho poder durante mucho tiempo, también acusan el golpe, ahora con la extrañeza de que las explicaciones dadas hasta ahora no hayan tenido éxito, a pesar de que aparezcan cargadas de razones, frente a lo que se considera ‘debilidad’ de la fortísima tesis acusatoria.

Surge, en medio del impacto, una corriente de pensamiento que no puedo dejar de señalar, porque me ha llegado de prestigiosos catedráticos. Hablan de que se ha creado ya en este caso un ‘poder de los jueces’, que la judicatura en sí ha hecho el asunto propio y se ha arrogado un poder digamos que justiciero, ya imparable, que se compara con ‘Mani Puliti’, el movimiento de los magistrados italianos frente a la mafia y la corrupción política. Se recuerda que aquello acabó en el fin del sistema de partidos y en Berlusconi. María Teresa Fernández de la Vega, que fuera vicepresidenta y portavoz de Zapatero, dejó dicho que nunca tuvo tanto poder como cuando fue juez de instrucción, me contaba uno de estos expertos.

Hay quien observaba ya antes de conocerse el auto de ayer que a los investigados nada les salvaría del banquillo porque se ha creado un ‘estado de opinión’ que evitaría que ningún juez se arriesgara a desafiarlo.

La Justicia tiene ante sí también un reto con este caso, del que se va a desprender no sólo si 25 años de gobierno del PSOE en Andalucía crearon o no clientela, qué poder no la crea, me pregunto, sea del signo que sea, solo hay que darle tiempo. Estamos probablemente también en una lucha de poderes por el poder. El Judicial frente al Ejecutivo. En este caso se dilucida también, por primera vez, si las decisiones de la política, con todos sus trámites, la aprobación en el Parlamento incluida, pueden ser cuestionadas por los tribunales, criminalizadas. Este es otro choque de trenes y no menor que se vislumbra ahora.

Las cuentas de la senadora

Para saber por donde sopla el viento hay que mirar las veletas. Me entretengo en ver cómo en determinadas posiciones se empieza a acudir en auxilio del vencedor. Es decir que hay gente que se mueve en dirección a Podemos, o perdón Unidos Podemos, y ese es un indicio que vale casi más que tantos sondeos precocinados, porque se basa en una especie de ‘sexto sentido’ social, una suerte de instinto de supervivencia que viene a detectar dónde habrá un salvavidas. Otras formas de clientelismo, o pre-clientelismo, en fin.

La ‘nueva política’ está pareciendo muy vieja, en parte porque su utopía se basa en un ‘hombre ideal’, con perdón por el lenguaje no inclusivo, que no se parece en nada el tipo medio, al paisanaje, que no cambia y que es quien en fin conforma y participa de la cosa pública.

Sin embargo, a veces en este panorama mortecino surgen gestos como relámpagos que justifican la necesidad de nuevos actores, nuevas mentes ‘outsiders’. Ha sido el caso de la senadora de designación autonómica de Podemos por Andalucía, la primera de este partido, a la que la semana pasada se le ocurrió que debía dar cuenta de su actividad en esta legislatura fallida ante la Cámara que la nombró, el Parlamento andaluz. Parece tan básico. Pero hasta ahora a nadie se le había ocurrido La senadora, que se llama Maribel Mora y procede de la Asociacion Pro Derechos Humanos, descolocó a los grupos parlamentarios que, en fin, han rechazado la comparecencia por las posiciones de PSOE y C’s, según ha denunciado el partido morado.

Hasta ahora los puestos de senadores autonómicos eran canongías, retiros dorados, buenos sueldos y prebendas, contactos en Madrid con los aparatos y la corte, pero en absoluto se consideraban como lo que son, extensiones de la soberanía andaluza, cargos sujetos a control y al deber de rendir cuentas. Algo muy fuerte falla en el fondo de nuestras instituciones y partidos si asuntos tan evidentes como este ni siquiera habían sido contemplados.

Depresión socialista

No sé si hacía falta que Pedro Sánchez haya reconocido que su partido está desmoralizado, o ‘desmotivado’, a estas alturas de las encuestas, incluso antes del demoledor CIS de ayer. Se oye el afilar de cuchillos en el aparato sevillano, donde ya han dado por descontado el ‘sorpasso’ y se preparan para ‘el día después’, que era el título de una película de catástrofe nuclear. Busco en la red ‘PSOE desmotivado’, para intentar comprobar qué declaraciones se han hecho al respecto y me encuentro con que ya era un problema en 2009. Igual en estas dos semanas los socialistas logran mejorar un poco los pronósticos, pero la tendencia parece imparable, esa palabra tan sobada por el stablishment en época de Chaves. Si el mes pasado el debate estaba en qué valdría más, ganar en votos o en escaños, porque el escenario era que los restos beneficiarían a los socialistas, ahora está por ver.

Pero el problema tiene más calado. Entre los militantes de base y los votantes socialistas se palpa, más que falta de ímpetu, directamente una angustia vital relacionada con la crisis interna que ha supuesto la instrucción de los ERE. En muchas bases y cuadros no instalados duele el auto del juez Martín, que se sigue considerando muy endeble, tanto como se echa en falta un mayor apoyo del partido a los imputados. El PSOE de Susana Díaz ha abandonado a su suerte a los altos cargos, que viven aplastados por la instrucción judicial y que no han recibido apenas gestos siquiera de simpatía. Es Chaves quien más se ocupa de intentar levantarles la moral con frecuentes llamadas telefónicas.

Esta sensación de ser objeto de una injusticia, sumada a la de abandono y de falta de respuesta por parte de quienes tenían que haberles ayudado, convencidos como están de que no han dictado normas ilegales a sabiendas, ni se han lucrado,ha tenido un efecto multiplicador entre los votantes, que creen que se ha permitido que 25 años de políticas en Andalucía hayan quedado sepultadas por la mancha del caso, sin que nadie se molestara en contrarrestar la propaganda de los rivales políticos y se permitiera que se acuñara el tópico de que se trata del ‘mayor escándalo’ de todo el país con «miles de millones» sustraídos. A ello se une el efecto colateral de la incertidumbre en los escalones superiores de la administración por la espada de Damocles de la posibilidad de que se incurra en alguna responsabilidad penal por cualquier firma.

La actuación de la Junta y del PSOE frente al caso de los ERE puede considerarse un fracaso, a todos los efectos, como lo han sido los discursos optimistas que aseguraban que todo quedaría en nada en el siguiente paso judicial. Ahora comienzan a entender que los autos judiciales pueden ser criticados y se arman de argumentarios para rebatirlos. Lástima que ya sea tan tarde.

Rocío sincrético

Como Alberti recordado a Lorca, “Nunca fui a Granada”, con el respeto debido y salvando las distancias, yo no he ido nunca al Rocío. No forma parte de mi tradición familiar ni local, pero cada año lo observo maravillada y no entiendo qué pasa ahí para esas escenas de furor desaforado, esos trances que, en esta vida de impostura o postureo, se antojan auténticos, reales, verdad. Es decir, palabras mayores. Es subyugante observar las imágenes del ‘salto de la verja’, o la procesión de la zarandeada imagen por la aldea. Las crónicas hablan de una tradición del siglo XIII que se relaciona con la reconquista, con caballos salvajes, con ferias de ganado, pero leyendas similares me conozco muchas. Hay pocos pueblos que no tengan en su fundación un mito similar y cada uno celebra su particular virgen. Pero no hay otra con la envergadura del Rocío de Huelva. Casi doscientas hermandades acuden desde todos los puntos y cada vez son más. También del resto de Andalucía, donde quizá se rechace más esta romería tan ‘sevillanizada’.
Puede que haya una interpretación meramente festiva, folklórica, como también en las procesiones de Semana Santa, pero ¿es suficiente? Un arqueólogo me contó una vez que toda una ruta mística pasa por la zona, en la entrada del Guadalquivir, donde existía un santuario en la Antigüedad en el que los sucesivos pueblos colonizadores dejaron sus ofrendas. Puede ser una teoría traída por los pelos, ya se sabe que la arqueología se presta a llenar sus lagunas con fábulas, pero sí han de concederme que bien se lo merece ese territorio de la Baja Andalucía, donde el ganadero-poeta Fernando Villalón se dejó su fortuna en el intento de criar toros con ojos verdes, en el que Caballero Bonald oye de noche crujir las maderas de los barcos que naufragan, cargados de tesoros de las Indias. Otro reputado latinista metido a político me la relacionaba hace unos días con el culto a Ceres. La Madre Tierra aparece al fondo, sincretizada, en tiempos de cosecha. Algo hay ahí. El misterio de lo que somos.

Justicia bajo la lupa

Uno de los mejores elogios que se puede hacer a la Justicia, hoy por hoy, es que moleste «por igual al PP y al PSOE», como se dijo de Lorenzo del Río cuando el revuelo sobre su renovación al frente del TSJA. La ingeniosa frase viene a decir que los fallos de sus señorías en demasiadas ocasiones contentan sospechosamente a unos o a otros y se adivinan tensiones y presiones. El estado de desconfianza y de descrédito que se extiende sobre toda la vida pública alcanza también a la magistratura. ¿Por qué va a quedar a salvo del deterioro institucional, siendo, como es, un poder crucial del Estado? Si algo faltaba para este argumento, véase el episodio del magistrado cazado en conspiración contra la jueza-diputada de Podemos.

La judicialización de la vida pública está alcanzando tales cotas que ya no se puede mantener esa posición de sumisión acrítica que el Poder Judicial suele reclamar para sus veredictos. Respeto, sí, hasta que son inapelables, pero eso no significa que los jueces no puedan ser escrutados ni que la sociedad haya de permanecer muda.

Periódicamente se habla de la necesidad de abordar de una vez el debate sobre la situación de la Justicia española, pero nunca se hace. Ahora asistimos a situaciones alucinantes. La psicosis de que cualquiera puede ser imputado supera a la clase política. Prestigiosas asociaciones de directivos imparten cursos para preparar a los suyos sobre responsabilidades penales de las empresas. Una compañía vende un seguro de responsabilidad civil para directivos y administradores, que «protege el patrimonio personal o familiar si en el ejercicio del cargo se cometen negligencias o actos incorrectos». El Consejo Andaluz de Colegios de Abogados pide a la Fiscalía General del Estado que defienda los derechos de los detenidos en causas «mediáticas» e investigue las filtraciones «habituales» de operaciones policiales y judiciales. Ha volado la presunción de inocencia. Se ha implantado la pena de telediario o el ‘estado de opinión’, que puede prevalecer sobre el argumento jurídico.

La Justicia debe ser la primera interesada en que su servicio sea impecable. Las palabras del reprobado consejero Emilio de Llera, fiscal él mismo, acerca de las dudas hacia la independencia del Fiscal General por ser nombrado por el Gobierno de turno; sus reflexiones sobre la ausencia de límites de la instrucción judicial son compartidas por múltiples sectores. Se pasó tres pueblos en su expresión y no es adecuado en un consejero responsable del ramo, pero algo está pasando y habrá que abordarlo sin esperar a ser uno mismo el afectado, en vez de regocijarse cuando le pasa al de enfrente. El PP-A ha obtenido una victoria política al reprobarle, pero las grandes cuestiones siguen ahí.

Combate en el barro

Antonio Ramírez de Arellano ha adelgazado porque camina todos los días un montón de kilómetros. Hace su agenda sevillana con la app cuentapasos activada y deja el coche oficial. Se diría que el consejero de Economía entrena su resistencia física, para capear el temporal judicial, que tiene mañana martes un día crucial. Está citado en el TSJA para declarar sobre el contrato para construir un edificio de la Universidad de Sevilla que concedió en 2008 como vicerrector. Un asunto contencioso llevado a la vía penal en 2014, cuando se convocaban las elecciones a rector, cargo que Arellano pensaba entonces revalidar.

La semana ha sido pródiga en incidencias: la citación del tribunal fue seguida de una amenaza de petición de dimisión por parte de C’s desde Madrid que, esta vez, C’s desde Sevilla corrigió. Juan Marín recibió explicaciones detalladas del caso y aseguró que no se trata de corrupción política. Luego el Colegio de Arquitectos sevillano, que es quien demanda a Ramírez de Arellano, dentro de una larga serie de denuncias a la Universidad hispalense, lanzó la denuncia de que el consejero les represalia, ante la amenaza de la Agencia de la Competencia de multarle por no cumplir un acuerdo alcanzado en marzo de 2015, antes de que éste llegara al cargo, en su pugna contra los peritos en su largo conflicto por las atribuciones profesionales. Un intento de embarrar el terreno en vísperas de la comparecencia ante el TSJA y de intentar sacar petróleo en la confusión.

Pero como parece que todo vale, y más ahora que llega la campaña y ésta «no es para hacer amigos», como dice Rajoy, la secretaria general del PP-A recoge y lanza, con duras palabras contra todo lo que se mueve y sin ese respeto a la presunción de inocencia que tanto reclaman desde sus propias filas cuando les afecta o a la mera verificación, como sucede si alguien, digamos que ‘El abondiguilla’, dice que se reunió con Moreno para quejarse de Bárcenas en Génova. Admiten en privado que en esto de Arellano no hay irregularidades. Pero…

Hiere

Desde un panel una foto me mira. Me lleva mirando una semana. No se despega de mí. Es una de las que integran un reportaje realizado en la guerra de Siria y premiado en los World Press. Ni recuerdo su autor, ni siquiera creo que sea el primer premio, ni es la que ocupa el lugar central del espacio de la exposición. Después de recorrer un laberinto de planos con hermosas imágenes de naturaleza, o con sutiles estampas de grupos sociales, de entornos urbanos de todo el mundo, al término del paseo, una tarde soleada y fragante, en un patio monumental en pleno centro de Sevilla, estaba ella. Un joven padre sentado con su hija muerta y ensangrentada en sus brazos. La niña tiene piernas largas y morenas y brazos finos y el hombre, casi un muchacho, la mira y apenas la sostiene. Yo iba a presentar un libro, a hablar de políticos y de periodistas, de la cosa esta de que si vamos a repetir las elecciones y demás y tardé en apartar esa brutal incursión de la barbarie en nuestro cómodo hemisferio. No sin sentir esa especie de conciencia culpable del privilegio de vivir en ese primer mundo y la impresión de que aunque pueda resultar delicado, y pese a los tiquismiquis, la estética del fotoperiodismo es una ética indispensable.

La familia de la foto no huyó a tiempo. Los que lo hicieron aguardan a nuestras puertas que les demos cobijo. Cuando no pierden la vida en el intento. Les asiste el derecho internacional, las convenciones firmadas por nuestros representantes en nuestro nombre. Pero los supervivientes de las guerras se arraciman en campos de refugiados que parecen de reclusión y los líderes europeos entre tanto se lanzan la pelota unos a otros y dilatan la solución, que no puede ser otra que la solidaridad, cuando no levantan muros y azuzan una suerte de vergonzosa xenofobia de Estado que obliga incluso a poner multas a quienes no cumplan los compromisos de acogida.

Escribimos mucho sobre los refugiados y denunciamos la vergüenza de Europa. Para nada. La distancia del poder respecto del pueblo se agranda como si el despotismo ilustrado no se hubiese ido y la opinión pública, y hasta la publicada, en la era de las nuevas tecnologías tiene efecto cero. Consumo endogámico, burbuja que flota en el vacío, entretenimiento inocuo. Ya queda en el recuerdo la enorme convulsión de otra foto, el niño Aylán ahogado en las playas griegas. ¿Qué fue de ese dolor colectivo? Tan sincero como estéril.

Sólo importan los votos, en especial perderlos. Quizás no estaría de más que la atención a los refugiados entrara en la agenda pública con carácter electoral, ahora que volvemos a las urnas. El joven Trudeau, el primer ministro de Canadá, ha demostrado que se puede hacer realidad el deseo y ya ha recibido a más de veinticinco mil personas. El incumplimiento de los compromisos por parte del Gobierno de España debería pesar a la hora de votar. Como sociedad, necesitamos poder mirarnos a la cara.

Con Antonio Maíllo

http://www.diariosur.es/andalucia/201604/17/experiencia-bellisima-vuelta-parlamento-20160416230003.html

Este es el link de la entrevista publicada este domingo. Una pieza magnífica, de esas cosas que reconcilian con la profesión periodística, y con la política