Categoría: Lecturas

Humor sueco: un feliz hallazgo

Ví en El Correo que era uno de los libros más vendidos y me lo busqué. No suelo fiarme de ningún índice, pero probé esta vez y ahora corro a daros la noticia. No os lo perdáis, es de los libros más disparatados, originales y divertidos que he leído. va de menos a más y sorprende y hasta hipnotiza. Tanto que cuando lo dejas su efecto permanece por un tiempo y se te queda la sonrisa, la esperanza de que hasta las cosas más extrañas pueden tener un sentido,  o no tenerlo, pero acontecen y así es, y es mejor dejarlo estar…Total y en resumen. se llama ‘ El abuelo que saltó por la ventana y se largó’, es de un sueco llamado Jonas Jonasson y está en Salamandra. Ya me contaréis, agradeceréis el aviso.

Después de Ikea y de  la novela negra sueca, llega el humor sueco, y os aviso que esto es mucho mejor.

Novela negra

¿A quién le gusta Fred Vargas? Me la han recomen dado mucho, pero  no sé si será mala suerte. Estoy con ‘El hombre de los círculos azules’ y me esta pesando como una losa.

Una mijita

Como veo que algún suplemento de campanillas va a dar un adelanto ( y constato que aún sigue la pugna entre los culturales por dar las cosas antes, qué bueno) os voy a transcribir, dentro del máximo secreto, como corresponde, el párrafo inicial del nuevo libro de Eduardo Mendoza. Una mijita. Como las del freidor quiñonesco.

De nada. Con esto me despido, que me cuesta dejaros de mal rollo.

“Llamaron. Abrí. Nunca lo hiciera. En el rellano, con la mirada fiera y el gesto intrépido adquiridos tras largos años de férreo adiestramiento bajo la férula de inhumanos sargentos, un funcionario de correos blandía una carta certificada dirigida a mi nombre y domicilio. Antes de coger el sobre, acreditar mi identidad y firmar en el volante, traté de zafarme alegando que allí no vivía tal persona, que si hubiera vivido allí ahora estaría muerta y que, por si eso fuera poco, el difunto se había ido de vacaciones la semana anterior. Ni por esas”.

 

Lectura de ‘Ofelia’

Hace algún tiempo que dejé de frecuentar a los nuevos poetas. Los viejos conocidos me resultan más confortables y me exigen menos, son como el rincón favorito, que tiene la huella del propio cuerpo y se adapta y recoge. Había olvidado el reto de asomarse a una construcción del mundo diferente, a una sentimentalidad ignota y a una lectura densa, en imágenes, en palabras, en ritmo.

(Apenas queda tiempo, entre tanta avalancha de información en todos los formatos y medidas,  más que para captar el titular y como mucho, los sumarios).

Así que me situé ante ‘Ofelia y otras lunas’, el libro de Javier Vela que ha ganado el premio Ricardo Molina, con la intención de recobrar una antigua costumbre y la duda de si esta cabeza mía de hoy sabría recuperar el viejo placer de la lectura morosa, el gusto por la sorpresa, la sonoridad, la palabra arriesgada; si podría despegarme del vicio de la economía de recursos, la rapidez, la síntesis y la simplicidad.

Javier Vela tiene ya una obra consolidada en el difícil mundo de la poesía española, con tres premiazos como el Adonais, el Loewe y este cordobés de ahora.

Leí ‘ Imaginario’, premio también de la crítica madrileña, así que ya no me puede sorprender la madurez de su voz, la potencia de sus imágenes, la decisión de contar, de desgranar un universo propio que trasciende la edad o las modas.

Esta Ofelia que transita su nuevo libro me ha parecido, quizá como condicionada por el famoso cuadro prerrafaelita, a la vez real e irreal, moderna y clásica, de belleza seductora, un poco morbosa y un poco inocente. Amor, nostalgia, desarraigo, pero también aspiración de ideal, sueño de permanencia, en el libro  Javier Vela mezcla imágenes nuevas con sentimientos inmutables, con una voluntad de construir una memoria más allá del olvido.

Una magnífica tarde lectora de domingo, en fin. Es sensacional cómo los libros, los buenos libros, ensanchan el tiempo, es decir  la vida.

 

Por siempre, Pereira

Empieza mal la jornada laboral, triste, con la noticia de la muerte de Antonio Tabucchi, a quien nunca siquiera vi, pero siento como cercano porque su  ‘Sostiene Pereira’ me leyó tanto como yo lo hice con la historia del viejo periodista de cultura, de un vetusto periódico, ocupado en preparar necrológicas, amante de la cultura francesa, preocupado por absurdos prejuicios seudo teológicos, al que le llega el momento de ser un héroe o, al menos, de no permanecer indiferente ante lo que ocurre en su mundo, la dictadura somozista, y reacciona con honor, con valor, con decencia.

El viejo periodista Pereira, que en el cine encarnó de maravilla un ya cascado pero impresionante Marcello Mastroiani, forma parte para siempre de la galería de personajes inolvidables. Pocas escenas más espléndidas que esa última en la que se quita la chaqueta y se la echa al hombro, camino de la incertidumbre, pero también en paz consigo mismo, pletórico, decidido.

Hoy más que nunca es válida esa lección de vida, esa parábola de coherencia.

Pereira, Tabucchi, te sobrevivirá por siempre.

Apuntes de apuntes

*”Muero de sed al borde de la fuente
En mi país estoy en tierra extraña
Me río en llantos, sin esperanza espero
Consuelo tengo en triste desespero
Nada me es cierto como la cosa incierta”
… Balada del Concurso de Blois (F.Villon)

*”Transformar el mundo, dijo Marx; cambiar la vida, dijo Rimbaud; estas dos consignas para nosotros son una sola”

*Lucháis por una causa digna; hacedlo con inteligencia, os lo ruego, para no convertirla en objeto de ridículo y burla”

*Influencia del Gobierno sobre la poesía (la independencia es mejor musa que la protección)

*”Nuestra vida se ha vuelto una mentira: pues el presente no existe:/ la vida real es la esperanza” (R. Garaudy)

Citas de José Angel Valente. ‘Diario anónimo’ (Galaxia-Círculo)
Seguiré anotando. Pese a lo fragmentario, es un tesoro este acercamiento a un poeta esencial de verdad, una voz propia que suena como ese ideal steineriano de “sentido”, de casa propia en la que habitar y acomodarse.

Memoria del horror

Promete hablar “del horror que padecieron los hombres y la dignidad con que enfrentaron el martirio”. Se trata de un libro terrible, tanto que lleva por título “El libro negro” y ha conseguido ver la luz después de haber sido prohibido por Stalin, que fue quien encargó a sus autores, Vasili Grossman e Ilya Ehrenburg, que lo redactaran, a título de informe que diera cuenta de los horrores que los nazis cometieron contra la población rusa y en especial contra los judíos.

¿Por qué leerlo? Frente a quienes ya se hartan de volver una y otra vez sobre el holocausto, creo que es preciso recordar que aquello pasó, que no fue una ficción, y que es a lo que conducen los totalitarismos, las derivas autoritarias, la falta de control del poder. Para indagar quizá con demasiada crudeza acerca de la condición humana, de hasta dónde es posible que llegue la brutalidad de los vecinos. Para defender lo que tenemos. Para contener a las bestias agazapadas en las esquinas y que no intentan blanquear la patita que enseñan por debajo de la puerta.

Quienes leísteis ‘Vida y destino’ sabréis también del pulso narrativo de Grossman y podréis comprender que lo que contaba allí, en formato novela, era rigurosamente cierto.

Lo acaba de editar Círculo de Lectores-Galaxia Guttenberg. El Abc cultural del pasado sábado incluía una amplia reseña.

Frágiles

De acuerdo con los tiempos, el calendario anual de la Fundación Zenobia y Juan Ramón se llama ‘Frágiles’ y tiene siete poemas inéditos y una dedicatoria. Ilustrado por Valentín Alardíaz, me acompañará todo el año.  Da vértigo pasar las hojas de este 2012 por venir… A ver cómo llegamos a la última. De momento, en compañía de un poeta mayor y sus verdades profundas que, por ejemplo, evocan la ” infancia, el olor a pan, a sus padres, a sus sueños durmientes, aquel amor”…

Por cierto, que por segundo año consecutivo echo de menos la preciosa agenda que hacía el Colegio de Arquitectos.

Las agendas, en general, parecen estar en vías de desaparición. Yo he recibido una o dos, apenas, y en realidad me sobran, porque la llevo en el móvil, sincronizada con el ordenador y el iPad…

Grandes libros

He recibido este año muchos grandes libros de regalo navideño. Yo soy más de bolsillo, pero las ediciones king-size, cómo no, me gustan. Entre ellos, el de Carnaval de Kiki y Javier Osuna; el de Zona Franca de José Antonio Hidalgo, el fabuloso catálogo de ’El alma desGranada. Viaje a la memoria  del Reino de Granada’, que me dejó Manuel Vera, y un conmovedor tomo enviado por Juan Gallo: “Que la tierra ya no duerma”, un exhaustivo estudio sobre la memoria histórica en Andalucía.

También el catálogo de la expo sobre Chardin, que ha sido considerado el mejor libro de arte publicado este año.

No es por presumir, sino por dar públicamente las gracias a todos. Generosos!!

Un traidor de los nuestros

Llegué a Le Carré por ‘La gente de Smiley’. Lo que me atrapó nada más empezar la lectura está también en los primeros minutos de ‘ El topo’, película dirigida por Tomas Alfredson y estrenada este fin de semana: No hay que fiarse de los hombres corrientes, los traidores son gente común. Y, de habitual, son uno de los nuestros. Incluso están en la cúpula.
Contra la indignidad sólo cabe la lucidez, la rectitud, la contención. Es lo que hace Smiley hasta desenmascarar al topo y, de camino, a su corte de acompañantes y a la estructura de poder, hombres demasiado “vagos y ambiciosos”.
El jefe de espías simboliza esa última esperanza de orden en un mundo amoral. No es tanto que sea un perdedor, o antihéroe, que resulta demasiado fácil o falsario; es que para él no cuenta el fuego fatuo de la pequeña gloria social o el relumbrón del éxito público, sino el cumplimiento del deber, incluso en las peores circunstancias, y la honestidad, a cualquier precio. No es hueco, sino sólido.
Como conozco bien todo Le Carré, pero todo, temía que la adaptación de su novela ‘Calderero, sastre, soldado, espía’ me defraudara. Casi nunca un libro leído y disfrutado resiste la mirada ajena, la interpretación, adaptación, todo el proceso de manipulación del cine. En este caso, sin embargo, pasa con creces la prueba. La historia está muy bien contada, la galería de secundarios es muy rica en matices, los traidores pero también todos los outsiders del servicio (Control, Prideaux, Paul Guillam, Connie, Ricki Tarr…) y Gary Oldman lo hace muy bien, si bien el gran sir Alec Guinnes dio a Smiley más profundidad y humanidad. La banda sonora de Alberto Iglesias resulta soberbia, sobre todo, como anotaba Boyero en su crítica, por la arriesgada inclusión de ‘La mer’ cantada por Julio Iglesias en la escena final.
En fin, una película honda, conmovedora, que trasciende la historia de espías para mostrar ni más ni menos que la vida misma.