Exteriores robados

Esto cada vez parece más una ciudad del Tercer Mundo. Aquí llega un guiri, americano al parecer, sin hablar castellano, con su parienta y un carrito de la compra con una escalera plegable y empieza a encaramarse a las fachadas y a llevarse las placas históricas que le parecen. Unas del XVIII, otras más modernas, da igual. No eran suyas. Unos ciudadanos que lo ven lo paran, le preguntan qué hace, le retienen. Llaman a la Policía local que, por supuesto, no aparece. El tipo se va, con su escalera camuflada en el carro de la compra, y su acompañante con varias placas robadas dentro de su bolso, de otras fachadas de la ciudad. Dijo que era un coleccionista. Es como si una se va a Praga, por ejemplo, y se lleva lo que pille, porque le gusta.

La acción ciudadana se ha debido a Ignacio Casas y Alberto Ramos, entre otros, que advirtieron lo que sucedía. La placa que consiguieron librar de su zarpa era de una compañía de seguros ya extinguida. El ratero (supuesto ratero habría que decir) alegó que tenía derecho a llevársela y esgrimía un papel, en inglés y castellano, que decía que le daba permiso.

¿Alguien va a investigarlo? ¿quién es, de dónde procede, qué más se ha llevado? ¿adónde ha ido, a proseguir su colección?

Si yo fuera rica

Ignacio Casas nos cuenta hoy de la casa del número 1 de la calle Pasquín, que acaba de comprar una familia sevillana para rehabilitarla. La riqueza de la finca es impresionante, tanto como su deterioro y el abandono a que se ha visto sometida durante décadas. En las fotos se ve un horrible terrazo sobre un suelo de barro en espiga, valiosísimo por lo visto; la escalera de mármol rojo y blanco, alternando los peldaños; unos azulejos azules de Triana entre la viguería, artesonados ocultos bajo capas y capas de cal, una torre mirador con decoración…

Como tantas otras casas palaciegas gaditanas, nadie lo diría al pasar por la puerta. Pero las maravillas que esconde esta ciudad bien merecen mejor suerte. Como la que parece que ha llegado a esta casa de Pasquín, de manos de sus nuevos dueños.  Ojalá que hubiese muchos más. Las instituciones deberían ocuparse de atraerlos. El casco histórico necesita dinero, cariño y buen gusto para recuperar su brillo y más ahora que los planes de la oficina de rehabilitación se han quedado tan congelados.

¿No era en Pasquín donde vivía el protagonista de La Canción del Pirata, Juan Cantueso? Yo tengo idea de que en alguna novela o relato de Quiñones se habla de esta calle y de su importancia en el Cádiz del XVIII.

La historia de Puertatierra

Extramuros ve cómo su historia se diluye en el tiempo, como si nunca hubiera existido allí nada más que huertas, tumbas, como si Cádiz sólo hubiera sido de Puertatierra para adentro. Es una lástima. En medio del desorden urbanístico, del informe tejido de la zona, las piezas que le embellecerían desaparecen sin que nadie las eche en falta. Es el caso del Hospital de Segunda Aguada, cercano a unas baterías cuya huella apenas es visible. Su historia es bien interesante:

http://lavozdecadiz.com/cadiz/v/20110124/sociedad/segunda-aguada-pierde-batalla-20110124.html

Y en medio de todo el PSOE local se las da de listo y lanza un dardo contra el Ayuntamiento por no conservar los restos, sin darse cuenta de que las competencias son de la Consejería de Cultura de la Junta.

Pregunta

A ver si alguien sabe dónde está esta escalera.

La respuesta, el domingo en LA VOZ, en “Exteriores Robados”, la muy recomendable sección que nos hace Bartolomé Pozuelo, que está inventariando el patrimonio escondido de Cádiz con sensibilidad, con conocimiento y con una escritura exquisita.

Las patas cortas

Se suele decir que las mentiras tienen las patas muy cortas. Parece que la sabiduría popular sigue teniendo razón. Resulta que la Delegación de Cultura incoa expediente como BIC (Bien de Interés Cultural) del edificio de la Aduana de Cádiz, en la plaza de Sevilla, en contra del criterio de acreditados expertos, que no le reconocen valor arquitectónico alguno, y con la sospecha de que de paso obstaculizaba la reforma de la plaza de Sevilla prevista por el Ayuntamiento. Cultura aseguró que era una muestra de arquitectura de su tiempo muy destacable. Pues bien, ahora, cuando dedica sus Jornadas Europeas del Patrimono a la mejor arquitectura gaditana del siglo XX no la incluye. Pues claro. Es que su argumento no se sostiene.

Otro dato: dos de los edificios más relevantes, el Olivillo y la Escuela de Náutica, están a pique de un repique.

San José, de nuevo en obras

No hace tanto, seis o siete años, que concluyó la gran restauración de la iglesia de San José, que dirigió José Ignacio Fernández Pujol. Ahora vuelven los andamios a las dos torres. Supongo que estará justificado, pero tengo la impresión de que con el patrimonio nunca se termina, y quizá ya está bien de reformar las reformas.
Me ha llamado la atención la pancarta de la empresa que realiza los trabajos: “Lugonzo”. Es el nombre de un periodista gaditano del que ya pocos se acordarán, que murió en un terrible incendio en su casa de la Barriada de La Paz, hace más de 30 años, por intentar salvar a su hija discapacitada. Sé que uno de sus hijos, de nombre también Luis, se dedicaba a las obras de rehabilitación, me lo presentó una vez Pepe Angel González en la Casa del Obispo, así que supongo que será de él. Pues que sepa que aún aquí, los veteranos recordamos a su padre. Luis Rozo Rodicio.