Hola! Para retomar el pulso en este tercer trimestre que nos queda por delante, se me ocurre que puede gustaros este poema de Gonzalo Rojas, que tiene un punto de sensualidad y otro de misterio. El primero vendrá muy bien para subir el ánimo, para celebrar la vida; el segundo, el enigma, es consustancial a nuestro tiempo, a lo que nos aguarda, agazapado entre los días. Ojalá la sorpresa que nos espera al menos no sea demasiado acre.
Aquí tenéis este link en el que puede oirse en la voz del propio poeta.
http://www.youtube.com/watch?v=hGQpq2PTXqo&sns=em
En estas que me encuentro con la noticia de que Rojas agoniza en Santiago, tras el infarto cerebral que sufrió hace un mes. Qué tristeza. Siempre le deberemos que pusiera en palabras sentimientos inasibles. Como estos en Carbón, uno de sus poemas más conocidos:
Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.
Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.
Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de
vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.
Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.
Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
—Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.
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En fin, no he conseguido zafarme de la tristura para arrancar esta temporada. Malos tiempos para los buenos propósitos.