
Daniel González Güiza nació en Jerez el 17 de agosto de 1980 en el seno de una familia humilde y pasó su infancia en el popular barrio de La Liberación, en la zona sur de la ciudad. Desde muy pequeñito el balón se convirtió en su mejor compañero. Se pasaba horas y horas jugando, y tardó poco en despuntar entre todos los chicos de su generación. Siempre ha sido un joven especialmente rebelde que ha luchado por encontrar su sitio, tanto en la vida como en el fútbol. Desde que empezara su carrera profesional en el Xerez, por entonces en Segunda División B, ha pasado por un total de ocho equipos, repitiendo en algunos de los casos. Dos Hermanas, Mallorca, Recreativo, Barcelona B, Ciudad de Murcia, Getafe y Fenerbahce han comprobado el carácter especial de un genio en ocasiones incomprendido. Lo mismo te resolvía un partido en una jugada que se quedaba dormido y no se presentaba a un entrenamiento. Por lo general, Güiza ha combinado una de cal con otra de arena. En el equipo sevillano fue donde empezó a despuntar como goleador, algo que incitó al conjunto balear a hacerse con sus servicios. Pero en esta etapa en Mallorca no lo fueron nada bien las cosas. Empezó en el filial, pero pronto subiría al primer equipo y debutaría en Primera. Fue en un encuentro contra el Espanyol, el 2 de abril de 2000, con sólo 19 años. Dani apuntaba maneras, pero no cumplió con las expectativas y su carrera entró en un bache preocupante. Marcó un gol en los seis partidos que jugó en dos años y el Mallorca decidió cederlo al Recre, con la esperanza de que Lucas Alcáraz, su mentor en el Dos Hermanas, le recondujera. Pero no pudo. En Huelva sólo disputó 4 partidos, en los que no anotó ningún gol, y terminó la temporada en el Barça B. Güiza estaba tocando fondo.

Y apareció el Ciudad de Murcia, que ese año debutaba en Segunda División. Comenzaban años de vino y rosara él. En el club murciano recuperó el instinto goleador (16 tantos en su primer año y 20 en el segundo). Le fichó el Getafe para jugar otra vez en Primera División y esta vez no defraudó. El bueno de Ángel Torres se portó como un padre con él y Schuster supo sacar lo mejor de él. Volvía a sentirse importante y eso para un delantero de sus características es fundamental. En su primera campaña en el club madrileño logró nueve tantos en 32 partidos, que permitió a los azulones mantener la categoría sin apuros. En su segunda temporada logró mejorar sus números en la liga, con once tantos, y vivió algunos de sus momentos más gloriosos en la semifinal de Copa que le remontaron al Barcelona -aunque después el Getafe perdiera la final ante el Sevilla-. Motivos personales le llevaron a cambiar pese a todo de equipo. Regresó a Mallorca y se encargó de romper el dicho de que segundas partes nunca fueron buenas. Ese año protagonizó la mejor campaña de su carrera, siendo el máximo goleador de la liga española con 27 dianas, batiendo el récord anotador de un jugador mallorquinista en una temporada y ganando la Bota de Plata como segundo mejor goleador de toda Europa, sólo por detrás de Cristiano Ronaldo. Güiza parecía no tener techo. Llegó la llamada de Luis Aragonés para la selección y la Eurocopa de Austria y Suiza, donde hizo historia al convertirse, junto a Juanito, en el único gaditano que gana este título. El sabio de Hortaleza confía tanto en él que esta temporada se lo ha llevado al Fenerbahce turco a golpe de talonario -su fichaje costó 15 millones de euros- y ahora ambos pelean por conseguir el título de campeón para seguir demostrando que quienes apuestan por él terminan ganando.
Gaditanos, General, Güiza
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