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Archivo para Febrero, 2009

‘El curioso caso de Benjamin Button’: Ese viejito lindo…

Lunes, 9 de Febrero de 2009

Por: Ana Leñador

Aunque pueda parecer un melodrama ligero y una cinta convencional, El curioso caso de Benjamin Button logra en ocasiones sorprender con sus tintes surrealistas (los hilarantes episodios del hombre siete veces alcanzado por un rayo), sus grandes secundarios (el personaje del capitán del barco o la desencantada mujer casada con la que Button se cita cada noche en un viejo y solitario hotel), la magia de su narración o las sorprendentes caracterizaciones de su protagonista. Y es que la aventura vital de Benjamin y su relación con cada uno de los personajes que conoce en este peculiar viaje logra seducir al espectador gracias a su mezcla de comicidad y ternura.

Así, a través de algunas escenas magistralmente filmadas (impresionante la fotografía del filme), Button descubre el sexo, la amistad y el amor, pero también asiste inevitablemente a la cara más amarga de la existencia: la mezquindad, miseria y soledad humanas, el miedo y la inexorable presencia de la muerte.

En definitiva, estamos ante una de las opciones más recomendables de la cartelera que reúne ingredientes del mejor cine de acción, inteligentes golpes de humor, tintes históricos y una épica historia de amor. Un relato completito de dos horas y media de duración, quizá el mayor inconveniente…

Los espectadores opinan:

-Félix Gómez (cajero del Carrefour): Me he llevado un susto de muerte al principio cuando se ve al bebé, ¡parece un critter!

-Marisa Cano (estilista): Me encanta las escenas de Brad Pitt galopando sobre su Harley Davidson y en su inmaculado velero. Puff…Los suspiros en el cine eran generalizados.

-Suso Martínez (comercial): Yo también me he sorprendido suspirando…

-Marcelino Casas (administrativo): Al principio el personaje da un poco de repelús, se parece a Galindo en la Louisiana de principio del siglo pasado.

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Siete leches

Domingo, 8 de Febrero de 2009

Por Daniel Pérez

Will Smith quiere hacerte llorar. Para arrancarte una mísera lagrimilla empleará toda suerte de técnicas de tortura emocional. Niños enfermos, abuelotes desatendidos y mujeres inmigrantes -maltratadas por la vida- pasean sin pudor por la pantalla con el único objetivo de darte mucha pena penita pena y que se te olviden así tus propias miserias existenciales.

La fórmula del melodrama con su correspondiente inyección de heroísmo reventó la taquilla con En busca de la felicidad. Ahora, el primo del primo Barton insiste en sus intenciones en Siete Almas, pero barniza el asunto con una ligera capita de suspense. Se supone que el espectador no debe saber qué carajo está haciendo el protagonista con tanta terapia redentora, pero sus motivaciones quedan más o menos al descubierto en los primeros veinte minutos, así que después toda la trama se viene abajo sin remedio.

La peli ni siquiera prescinde de los tres consabidos momentos de supuesta intensidad interpretativa que se le exige a todo peñazo llorica para que cumpla con el protocolo:

1.-Will Smith pone cara de perrito pachón mientras corre bajo la lluvia y lamenta su destino.

2.-Will Smith pone cara de perrito pachón mientras golpea el volante de su coche y lamenta su destino.

3.-Will Smith pone cara de perrito pachón.

Conclusión: Si es de los que se emociona con cualquier cosa, ni se le ocurra. Puede tirarse llorando hasta el domingo de Ramos. Si es de los que se parten el culo cuando quieren hacerlo llorar con recursos barriobajeros, espere a que salga en DVD.

El público opina:

Ernesto Sábado (intelectual): “Me ha parecido una original disección de la contemporaneidad disocializante, a la vez que una catarsis espiritual necesaria y enriquecedora, aunque he de reconocer que en mi fuero interno eché en falta que Rosario Dawson (en la foto) enseñara un poco de algo”.

Toby (perrito pachón): “A mí, por razones obvias, esta crítica no me ha hecho ni puñetera gracia”.

 

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Preguntas al aire

Domingo, 8 de Febrero de 2009

Por: Álex Medina

¿Por qué existen los festivales europeos de cine?

¿Para decirle a Hollywood que aquí estamos?

¿Para proclamar que tenemos mucho más gusto que ellos y rescatamos esas joyas del tercer mundo cinéfilo?

¿Para combatir el mercantilismo con calidad?

¿Para qué, entonces, la Berlinale, el San Sebastián, Cannes y demás suspiran por que una estrella de Hollywood pise sus alfombras?

¿Por qué les dan los premios a la trayectoria a Meryl Streep o Antonio Banderas?

¿Por qué se jactan de que cada cual sea capaz de atraer a más tipos con estrella en una acera?

¿Por qué entre el jurado siempre hay uno de esos mal llamados artistas independientes pero que ya ha hecho películas de 50 millones de presupuesto?

¿Por qué los palmarés conjugan los nombres con el exotismo?

¿Por qué si el cine español dicen que es de tanta calidad (de ahí que nadie lo vea: en esa proporción inversa y perversa en la que se escuda el mercado nacional) sólo aparece en la misma proporción que el taiwanés (miento: el cine de Taiwán suele aportar más a los festivales)?

¿Por qué son tan aburridos?

¿Por qué?

¿Para qué?

¿Para quién?

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¿Quién vigila a los vigilantes?

Miércoles, 4 de Febrero de 2009

Por: Alex Medina

Es la pregunta que lanza una y otra vez, en las paredes de una apocalíptica Nueva York, en el fondo de la trama, en cada viñeta casi, The Watchmen, ese cómic convertido en novela gráfica y que ya conoce medio mundo porque está a punto de estrenarse una superproducción cinematográfica con el realizador de 300 (Zack Snyder) al frente (que los dioses nos cojan confesados… y cenados).

Pero, ¿qué es The Watchmen? En su origen, cuando salió a los quioscos bajo el sello de DC Cómics (la multinacional de Superman, Batman… y una de las dos grandes, frente a la Marvel de Spiderman o X-Men), fue una serie limitada de 12 entregas mensuales. Aquello sucedió entre 1986 y 1987. Su fama pronto rompió moldes y las múltiples reediciones la hicieron editarse en un solo volumen, con lo que se ganó el sobrenombre de novela gráfica (no lo era en su origen).

Pero, ¿quién es el responsable de The Watchmen, el cómic? Los cómics (me niego a llamarlos tebeos porque su carga peyorativa es inevitable) suelen pertenecer a dos personas: el guionista y el dibujante (luego están el entintador y el del color, que siempre se pueden cargar un buen material y que, como muchos oficios en el mundo del espectáculo, su mayor logro consiste en que no se les note). El autor de ésta es Alan Moore, uno de los grandes renovadores (junto a Frank Miller y, a un nivel más adolescente, Chris Claremont, John Byrne o Peter David) del género de superhéroes. Porque The Watchmen no es más que un cómic de superhéroes para adultos. De igual forma que lo fue Batman: El Caballero Oscuro de Miller, o Batman: la broma asesina, de los mismos autores que Watchmen (referencias absolutas ambos cómics de la última entrega en cines del hombre murciélago: el atormentado Joker del no menos atormentado Heath Ledger le debe toda su profundidad a estas dos obras). El dibujante es Dave Gibbons, otro revolucionador de un medio (el de los cómics de superhérores de mediados de los ochenta) que no terminaba de soltar el tono infantiloide en las formas, tanto argumentales como artísticas.

Pero, ¿qué importancia tuvo The Watchmen? Pues eso, comenzó una era en la que los superhéroes eran más personas que súper porque los lectores de cómic habían crecido y empezaba la época del vídeo y del cine de masas. Los The Watchmen son atormentados, imperfectos (excepto el Doctor Manahattan, claro)… humanos… De paso, están perseguidos y viven en un mundo, el de antes de que el muro de Berlín fuera polvo y trozos de souvenir, en el que la guerra nuclear está a punto de estallar. Moore dijo que quiso hacer esta obra como una especie de continuación espiritual del 1984 de Orwell. De, hecho, la escribió en 1985. ¿Son necesarios los superhéroes para evitar la catástrofe? Y si lo son, ¿quien vigila a los superhéroes antes de que nadie los controle como sucedía con el “gran hermano” (cuánto se ha deteriorado este concepto) orwelliano? ¿Pueden salvar los superhéroes al mundo de su propia inmundicia? ¿Cómo, si ellos mismos son humanos? (aquí hay pocos con poderes, realmente: sólo uno, y está por encima del bien y del mal… como el Superman de Miller).

¿Y qué esperar de la película? Muy poco. Viendo el tráiler, parece que se ha captado la esencia del cómic. Pero, no nos engañemos: las imágenes más espectaculares son traslación exacta de las viñetas, con lo que no hay nada original. Para colmo, la humanización de los héroes del papel (fondones, cuarentones) no aparece en la película. Y sí, lo admito: no me creo al director. 300 no tenía pulso narrativo, sólo un montón de imágenes espectaculares y efectistas encadenadas. Como sucedió con aquella película (basada en otro cómic, también de Miller), el conjunto se puede salvar porque las viñetas son el mejor script posible (los script son viñetas, al fin y al cabo). Sinceramente, no creo que a Zack Snyder lo haya vigilado nadie.

Y, en efecto, The Watchmen tendrá algo cuando, 20 años después de haber salido en los quioscos, su mensaje (el de un mundo podrido) sigue tan vigente. No era un simple cómic. Era una obra maestra.

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Woody Allen sale del paso

Miércoles, 4 de Febrero de 2009

Por: Daniel Pérez

Un apaño. Pa’salir del paso. A Woody se le metió entre ceja y ceja rodar en España y se sacó de la manga, sobre la marcha, una trama ridícula, que hace aguas por los cuatro costados, cojea en los diálogos (¡!) y abusa del contratópico hasta restarle toda credibilidad a la historia y a los personajes. Si otras películas de Allen se sostienen por la sutil ironía que destilan, Vicky es un despliegue de clichés manidos, roles forzados, polladas diversas, giros gratuitos –para engordar el metraje– y una moraleja absurda que se queda a mitad de camino de ninguna parte. El problema, básicamente, es que el escritor/director se toma en serio lo que cuenta, en vez de aplicarle al enredo el barniz surrealista o esperpéntico de otras ocasiones.

Vamos, que hay que comulgar con ruedas de molino y tragarse que Bardem es el clásico pintor español casi desconocido que vive en una masía como Falcon Crest, conduce un descapotable rojo y se sacó en la Autoescuela del pueblo el carné de avioneta; el típico bohemio guay, hijo de un asceta medio hippy, que cena noche sí y noche también en un «pequeño y coqueto restaurante» del casco antiguo de Barcelona, que es como El Pópulo, pero en caro.

Cuesta aguantar la risa (involuntaria) con esa supuesta revisión inteligente del macho ibérico, sensible y creativo; con la guiri Modo Sieso (formal, fría, cuadriculada) y con la guiri Modo Despendolao («Yo lo que quiero es vivir la vida, que es lo mismo que tirarme al primer churrita que me pida fuego, y bla, bla, bla…»). El trío protagonista, perfilado a brochazo limpio, tiene los mismos matices de personalidad que Flipper y sus dudas existenciales (muy respetables de entrada) parecen ñoñas, remilgadas y previsibles.

El desenlace (risas) es una verdadera tomadura de pelo. Allen andaba poniéndose un poquito de Hemoal cuando se le ocurrió dejar el asunto así mismo, sucio y descabezado. «Me vuelvo a casa, a tocar el clarinete y a continuar quedándome calvo progresivamente», le dijo a su hija-mujer. «Acábala tú, anda, que a mí me da la flojera».

Claro que tiene algún que otro momento divertido. Sigue siendo Woody Allen. Y el peor Woody Allen es, aunque sea a ráfagas, cojonudo.

Conclusión: Bueno, allá usted. Si le pica la curiosidad y ninguna otra cosa… Pero luego no diga que no le avisamos.

Los espectadores opinan:

Paco Pérez (director de cortos raros y aficionado confeso al porno amateur): «Si soy yo el que presenta ese guión a cualquier productor serio, primero me sodomiza sobre la alfombra y luego me descuartiza. O al revés».

Nuria Pérez (acriz): «Yo también hice de española racial, histérica y chillona, y no me nominaron a los Oscar ni a los Goya ni me invitaron a un menú infantil en el MacDonals».

Julio Léger (cinéfilo anglófilo y un poco idiota): «Es que en el Fotogramas le han puesto once estrellas, quince asteroides y un cometa gordo».

Paco Pérez (el de antes): «Mira, Julio, si Allen rueda en España con actores españoles el brodio más grande de la Historia Universal de los Bodrios, seguro que Fotogramas le pone media galaxia igualmente».

Julio Léger (dolido): «Vale, tranquilo tío, que yo sólo estaba dando mi opinión».

Paco Pérez (agrio): «Muy bien, pero la próxima vez piénsatelo antes de soltar cualquier otra chorrada sobre las estrellitas del Fotogramas».

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Félix J. Palma y su tela de araña

Martes, 3 de Febrero de 2009

Vaya, resulta que sí es posible. Resulta que un escritor español sí que puede adentrarse con éxito en el territorio escasamente explorado que media entre los cargantes novelones metafísicos y el best-seller raso. Resulta que un escritor español sí que puede enganchar al lector desde la primera página con una vertiginosa trama de acción, romance y aventuras, sin necesidad de apelar a los socorridos templarios, sin pretender hispanizar a Dan Brown y sin rebajar el tono de la prosa hasta límites sonrojantes. Resulta que, a pesar de contar con tan escasos precedentes, la literatura patria sí que apunta maneras para que una nueva generación de escritores, dispuestos a no renunciar ni a lo uno ni a lo otro, alardeen de su capacidad para fabular, de su cultura cinematográfica, de su imaginación enfermiza y de su potencial creativo, sin que ello implique una escritura telegráfica y facilona. Y resulta –además–, que el artífice de esta inaudita proeza (míralo, sacando pecho, en primera línea de este reducido pelotón de valientes) es gaditano, que se llama Félix J. Palma y que acaba de regalarnos un librazo intenso, emocionante y muy elaborado: El Mapa del Tiempo.

J. Palma ha escrito un sueño ingenioso y trepidante, un relato insólito que logra transportar al lector al Londres victoriano utilizando recursos propios del folletín decimonónico y que mezcla –de forma coherente y fluida– amor, misterio, ciencia ficción e historia. Los personajes que cargan con el peso de la trama están exhaustivamente perfilados, eluden el cliché y convierten en creíble lo increíble, sobre todo gracias a sus singulares reflexiones y a unos diálogos con mucho músculo.

La obra, que logró el XL Premio Ateneo de Sevilla, tiene pues todos los ingredientes para convertirse en uno de los fenómenos literarios de la temporada. Es difícil toparse con un título tan magistralmente equilibrado como éste, tan coherente con su propósito de reivindicar un entretenimiento de altura, tan afilado en su lenguaje y tan éticamente responsable con el sentido último de lo literario.

Yo que ustedes no tardaría mucho en hincale el diente. Aunque antes –háganme caso– procuren liquidar sus asuntos inaplazables y hacerle al Mapa un generoso hueco en la agenda. Advierta a su pareja, amigos, compañeros y jefes de que durante unos días tendrán la cabeza en otro sitio, atrapada en la tela de araña que Félix ha tejido con talento y maestría. No se imaginan lo que les costará escapar…

Por Daniel Pérez.

Foto: Cristóbal.

Entrevista completa con el autor aquí.

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El buen ‘camino’ de Fesser

Lunes, 2 de Febrero de 2009

‘Camino’, de Javier Fesser, ha sido finalmente la gran triunfadora de los Goya de este año tras conseguir 6 de las 7 estatuillas a las que optaba. La cinta, una crítica al Opus Dei, ha conseguido alzarse con el premio a Mejor Película, Mejor Director, Guión Original, Mejor Actriz para Carme Elías, Mejor Actriz Revelación para Nerea Camacho y Mejor Actor de Reparto para Jordi Dauder. ‘Camino’ se ha impuesto así a la que en un principio era la gran favorita, ‘Los Girasoles Ciegos’, que de los 15 goyas a los que aspiraba, únicamente se ha llevado uno.

En cuanto a la categoría de Mejor Actor Principal, el galardón ha ido a parar a manos de Benicio del Toro por su papel de Ernesto Guevara en ‘Che, el argentino’, de Steven Soderberg.

La Academia también ha querido reconocer a Penélope Cruz con el Goya a la Mejor Actriz de Reparto por ‘Vicky Cristina Barcelona’ y al debutante Santiago A. Zannou, responsable de la premiada ‘El truco del manco’, que también ha conseguido el premio a mejor actor revelación para ‘el Langui’ (líder de la banda de hip hop madrileña La Excepción) y mejor canción original.

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