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Una moto gripada:Up (y no tengo hipo)

Miércoles, 12 de Agosto de 2009

¿Por qué voy a hablar de una película de dibujos animados si digo que no veo películas de dibujos animados?

Porque no quiero que mi conciencia (ni nadie, pero sería presentuoso creer que alguien ha pensado en ello) digan que no voy a ver películas de dibujos animados.

“Up”, esa supuesta maravilla con la que toda la crítica babea y rompe taquillas confirmó por qué no voy a ver películas de dibujos animados y por qué no volveré a ir a ver una película de dibujos animados en mucho tiempo.

Me duró un cuarto de hora. Hasta que se muere la mujer. Hasta ahí me sorprende y reconozco que, en los últimos años, pocas películas han contado mejor una historia de amor. Pero claro, eso dura un cuarto de hora. El resto es el aburrimiento habitual de estos supuestos dibujos animados para todos al que nos tienen condenados. Guiños para los pequeños; guiños para los adultos que dicen que estas películas no son realmente para niños.

No nos engañemos: estas películas son para niños. Si uno quiere sentirse el adulto porque pille un chiste con que el crío atiborrado a palomitas de al lado se ha quedado a dos velas, pues de acuerdo. Premio para el adulto.  

No estoy en contra de las películas para niños. De hecho, me encantan y aún me tiemblan las pupilas con Los Goonies. Sólo odio las películas de dibujos animados.

Y que nos vendan la moto de que es humor adulto.

Para motos, el Circuito de Jerez.

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Una buena razón

Viernes, 31 de Julio de 2009

1993. Antiguo Palacio de la Música de Madrid (hoy en reforma imagino que para abrir un Sfera, un Zara o un yo qué sé pero qué precios, oye). Cuando la Gran Vía madrileña tenía los mejores cines que uno de provincias había visto nunca (aunque para la nostalgia innegociable signifiquen más el Avenida, el Andalucía, los Nuevo… o el Alameda y Almirante en San Fernando). Esos cines madrileños que te hacían pensar que aquella calle neonítica era un lugar especial, no una ristra de teatros donde ofrecen musicales traducidos para paquetes de fin de semana.

1993: Aún había cines de verdad. El triple de grandes que la sala de multicine más grande de la provincia. Olor a terciopelo sucio, a madera arañada, a muescas de ilusiones a la sombra.

Tarde solitaria en el primer año de carrera lejos de casa. Solo. Sin nada que hacer, muchos por conocer pero aún pocos (o casi ninguno) conocidos. ‘Amor a quemarropa’ en la sala 1. Slater, Arquette y una caterva de secundarios de lujo en el cartel. No más de diez personas en una sala con capacidad para mil. Otoño en Madrid. No tenía nada mejor que hacer.

No pude hacer nada mejor.

Defenderé a muerte a Tony Scott por aquello. Y a Tarantino, que con lo que ganó de vender ese guión aparentemente trillado (chico solitario y algo freak -como todos nosotros a los 18 años- se enamora de una prostituta, la rescata de su chulo, se meten en problemas, los persiguen, los tirotean, se salvan, son felices) pudo rodar ’Reservoir dogs’ y, por lo tanto, inició su leyenda. Se podría decir que sin ‘Amor a quemarropa’ no existiría el Tarantino actual.

Ya ven. Lo que son las cosas. Tony Scott, el verdadero genio de la familia Scott como ya ha dicho alguna vez, había realizado dos años antes otra pequeña joya del bolckbuster noventero, ‘El último boy scout’. Una película que tuvo el cuestionable honor de haber pagado el guión más caro de la historia del cine hasta entonces. (”Si me tocas, te mato”; “Ojalá el cielo no fuera azul. Ojalá el agua no mojara. Y ojalá no quisiera tanto a mi mujer”... ¿lo sacaría de aquí Maná? ). También se había ganado la vida con ‘Top Gun’ o ‘Días de trueno’. O con ‘Revenge’ (nunca estuvo más guapa Madeleine Stowe… ni en ‘El último mohicano’). y ‘El ansia’, película a la que suelen recurrir los críticos para pontificar que el pequeño de los Scott empezó muy bien y luego se torció… En fin…

Vuelta a 1993. Scott quiso rodar ‘True romance’ (título original del catastrófico ‘Amor a quemarropa’) y ‘Reservoir’, pero Tarantino quiso hacer la segunda. En el rodaje, cambió la estructura a saltos del guión original (Tarantino y su deconstrucción fílmica) y, sobre todo, el final (el prota muere, como debe ser).

Bueno. Sinceramente, me parececía más perfecta aún de haber muerto Slater (la vida es así de cruel).

Da lo mismo.

Obra maestra absoluta. Y, enlazando con el principio del post, una de las razones por las que ir al cine es una experiencia única. 

Porque a veces pasa eso.

A veces pasa algo.

 

PD: Dejo fotogragía de la ‘escena siciliana’, uno de los momentos cumbres de la película del cine de los noventa. Y entre los preferidos del propio Tarantino de toda su filmografía. No puedo subir el vídeo, como se merece, pero es fácil encontrarla en la red.

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Sudando el verano

Martes, 21 de Julio de 2009

 

Ay, el verano. Justo cuando uno tiene tiempo de refrescarse (o helarse) en un cine, nos hacen esto:

- Transformer 2 (la venganza de los caídos): Basura de principio a fin. Incomprensible. De la estirpe de ¿Se han creído que somos todos tontos?. Nada de vergüenza ajena. Mucha ira, mejor dicho. Aburrida, aparatosa, plana. Insufrible. Y amenazan con continuar. En fin, supongo que tenemos lo que nos merecemos. Directamente al top five de las peores películas que vi nunca (no hablo de series Z ni de bajos presupuestos o cintas porno; hablo de producciones de fuste que se estrellan), por mucho que produzca Spielberg y dirija el estomagante Michael Bay (a éste sólo le perdono Armaggedon, la gran esperanza fast food para ver en domingos de resaca).

- Terminator: Salvation. ¿De verdad había que hacerlo? Y, ya que estamos en faena e incluso tenemos la suerte de encontrar a un tipo que dirige dignamente las escenas de acción (y bastante bien, por cierto), ¿por qué no hacemos un esfuerzo en pagar un guión cuyo argumento no se parezca a la peor entrega de ‘Los tres investigadores’ o ‘Los cinco’? (con esta pregunta asumo mi edad). Amenazan con que sea una trilogia. Bien. Perfecto. Al menos avisan de lo que no tendremos que ver. (Y una duda: ¿por qué todo el mundo está enfadado en esta película?).

- Corazón de tinta: Si vuelvo a ver pintar un corazón de tinta sobre la pantalla de cine tendré que pensar que ya está todo perdido. El argumento existía. Esta vez sí, porque se basa en un libro. Pero… ¿había que ser tan aburrido en la puesta en escena? Me cae bien Bredan Fraser. O me caía. Ya un poco menos. ¿Qué hace Helen Mirren aquí? (pregunta retórica pues sé la respuesta: ganar dinero). ¿A quién se parece más el malo: a Mister Bean o a Zapatero?

- Millenium: Bueno. Vale. Se deja ver. Hay cosas peores. Bastante peores (véase los tres ejemplos anteriores). Aunque no me quito de la cabeza una pregunta (hoy estoy preguntón): ¿De verdad la película más vista del verano es sueca? ¿Saben los que van al cine que van a ver una película sueca rodada con espíritu de telefilme? Con todo, es honesta y resuelve a la perfección las casi mil páginas de la novela. Te crees a los personajes (es gracioso ver cómo se respeta la edad de los protagonistas literarios; en España hubiéramos puesto a Javier Bardem de Mikael y a Belén Rueda de directora de la revista, por no hablar de que aquí no hay nadie capaz de hacer de Lisbeth… papel a la que quizás hubiera querido aspirar Pe, en un alarde de valentía profesional)

- ¿Hacemos una porno?: La frase del verano: “No me des las gracias. Fóllame”. Kevin Smith dejó de hacer genialidades hace mucho tiempo, pero sus películas siempre te sacan cierta sonrisa y el indudable tono gamberro de ésta se agradece (aunque el happy and topical end es demasidado condescendiente). Creo que ya no está en ningún cine de la provincia.

 

- La proposición: Mira por dónde. Durante la primera media hora es hasta simpática. Luego, en cuanto los protagonistas cogen el avión rumno a casa del muchacho se va convirtiendo en una losa importante, hasta edulcorar el alma más ruda de la canícula. Desde luego, y para que vean como está el nivel, no se tiene la sensación de que se tira el dinero. Eso sí, deberían prohibir que Sandra Bullock se produzca sus propias películas. Me he vuelto un blando. Será la edad.

- Más allá de la duda: Fíjense. Fue la última que vi y casi cierro el post sin reseñarla. ¿Tan pronto se olvida? La respuesta es sí. Más producto de sobremesa.

Y lo siento: no veo películas de dibujos animados.

Hasta pronto (esta vez prometo que volveré con más asiduidad).

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Breve adenda a ‘Razones para odiar Gladiator’

Viernes, 5 de Junio de 2009

Perdón por la intromisión deportiva…

Pero sólo le faltaba eso. Como cateto madridista que soy (ya me insulto yo mismo), mi odio a ‘Gladiator’ sólo podía encontrar su razón número 11 (¿casualidad?) en el fútbol y en ese video churretoso que les puso Guardiola a sus chavales millonarios antes de saltar al campo. Y que, todo sea dicho, de poco sirvió, porque los primeros diez minutos fueron barridos del campo, con lo que el efecto euforia no lo veo yo por ningún lado.

Por no hablar de que a Máximo lo matan al final de la peli (¿se la he destripado a alguien?) y que al general le gritaban aquello de “hispano, hispano”… lo que a un club paneuropeo como el Barcelona no sé si se ajusta demasiado bien.

En fin, la fotografía es una evidente rabieta infantil.

Buen fin de semana.

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He visto la luz…

Jueves, 28 de Mayo de 2009
 

Como muy bien podría haber dicho Eric Cantona mientras le pateaba la cara a un espectador, esta entrada va dedicada a todos los que creen que somos insufribles (y que hablamos mal de todas las películas).

Pues no. Hoy voy a hablar mayoritariamente bien (las películas perfectas se acabaron con Ford y sólo pueden aspirar a rozarlas Clint Eastwood, Tony Scott y Almodóvar… bueno, lo de éste último es una patraña, pero no quiero que me insulte por criticarle).

Y os voy a sorprender, porque voy a hablar bien de ‘Ángeles y demonios’

Ups.

Ya lo he dicho.

Ya está hecho.

Pero hay que ser honestos (como diría Ramón Calderón). 

Empezando porque dura un montón de minutos y no me aburrí (o sólo un poco, cuando nada más empezar se alarga innecesariamente con el proceso de creación de la antimateria: eso de la falsa intriga de un montón de científicos haciendo cuentas atrás y temiendo porque no le salga el experimento… en fin, me aburre).

O puede que sea porque el guionista sea el mismo de Misión Imposible y eso se nota en que no hay diálogos vergonzantes. Insulsos hay, claro, estamos hablando de que me ha gustado, no de que la considere mi película de cabecera. 

O puede que sea porque Ron Howard nunca será Wyler o ni siquiera Robert Rodríguez (lo digo por el ritmo), pero el tipo sabe dirigir. No sé, si se llamase Alejandro y tuviera un apellido como, por ejemplo, Amenábar, los críticos (esos que adoran a Pedrooooo) le darían cinco estrellas a todas sus películas y le llamarían mago del suspense. El tipo, en cambio, se llama Ron y tiene apellido de pato heroico de los ochenta y sus películas son típicas manufacturas hollywoodenses…. Y bueno, el 95% lo son. Si llegara un mago zarapastroso y me preguntara qué tres películas salvaría de un holocausto nuclear, con la condición de que dos fueran de Ron Howard (la tercera sería ‘Los abrazos rotos’, sin ninguna duda y por imposición de ‘Cahiers’) serían ‘Ángeles y demonios’ y ‘Un horizonte lejano’.

O puede que sea porque es distraída de verdad (hablo de Ángeles, por supuesto… que los Abrazos se da por hecho). 

Admito que inverosímil hasta cierta naúsea apacible (como las de las borracheras de licor de orujo) cuando los cardenales parecen nazis queriendo competir en malas artes o en eso de que el camarlengo sea Ewan Macgregor, un joven arribista.

Vale que eso de recrearse en ciertas imágenes que buscan el escándalo entre los devotos (Santa Teresa derritiéndose, el Vaticano explotando…) sería impensable hacerlo con el judaísmo y que no hay valor para criticar tan despiadamente a los circuncisos porque no habrá un solo dólar en el futuro para ti.

Y la chica de la peli es fea, insulsa y con un acento en el doblaje que le hace gangosa.

Y ya estoy hablando mucho rato mal de ella.

Que no.

Que pasé un buen rato.

Y punto.

Un abrazo roto para todos.

 

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Razones para odiar Gladiator

Domingo, 12 de Abril de 2009

No la soporto. Y no sólo porque ya no echen en Semana Santa Espartaco por su culpa, sino por un puñado de razones:

1) Es una película mediocre (no diré que es mala porque algo sí distrae, seamos justos) que va con ínfulas de Ben Hur cuando tiene la clase y la elegancia del otro gran Espartaco mediático, el Santoni.

2) Ridley Scott lleva décadas acabado. De acuerdo que hizo, entre finales de los setenta y principios de los ochenta, tres maravillas, como fueron Los duelistas (1977), Alien (1979) y Blade Runner (1982), pero, a cada segundo que pasa, estoy más convencido de que fueron los tres deseos que el diablo le concedió. Que lo demás fue una larga penitencia que nos ha hecho a todos partícipes. (Es imposible de perdonar que La teniente O’Neill, una película que estaría en el podio de cualquier lista de las más malas de la historia del cine, fuera culpa suya). ¿Thelma y Louise? El guión era tan bueno que ni Ridley fue
capaz de cargárselo
. Vamos, con ese material hasta Daniel Écija (el torturador de Médico de familia) habría hecho algo decente.

3) ¿Alguien es capaz de ver algo en las peleas? Ridley, que no parece haber visto en su vida algo de Wyler, empalma retazos de golpes sin ningún sentido de la edición ni de la lógica. Sólo para que quede bien. En un monento, está Crowe (luego volveré a él), con su cara de mazapán engollipao, luego vienen un montón de sombras, salta un chorro de sangre (otra vez manchando la cámara) y, de nuevo, Crowe aparece con la cara de haberse tragado el mazapán sin un mal chorro de anís. Ridley no ha superado que su hermano Tony sí que se sepa rodar escenas de acción al más puro estilo efectista que gusta a Hollywood. Tony sí que es grande, enorme, un dios (esto ya lo explicaré algún día).

4) ¿Y qué me dicen de los efectos especiales? Anda que no canta nada el tigre. ¡Si es naranja fosforito! O en la Roma aquella había caído una bomba atómica y había contaminado a los tigres o, en efecto, el tigre ha salido de Toy Story. Y la Roma en sí… He visto maquetas de Lego más realistas.

5) Russell Crowe. No me mires así, que me voy a tirar a tu mujer, cree que dice con su mirada. Paradójicamente, y gracias a ese careto hinchado que siempre parece recién despierto de la mayor borrachera de su vida (cuentan las crónicas rosas que eso es casi verdad, que casi siempre está recién levantado de una curda), se llevó el Óscar al mejor actor principal. Quitándoselo a Ed Harris por Pollock (también fue quien se lo quitó a Bardem en su primer intento por Antes que anochezca, pero no me voy a poner patriotero). Que no me mires así, que me tiro a tu mujer… sigue diciendo el tipo. Pues vale.

6) El guión. Ay, madre. El guión que pone al principio de la película a Crowe (que sí, que me tiro a tu mujer) en Alemania y cruza toda Europa para intentar salvar a su mujer en Mérida de un tirón… Y los tópicos del padre que no quiere al hijo y que quiere poner al frente de una regenerada Roma a un general brutote que le hacen de todo antes de vengarse al final, entre música de clarines. Porque se venga, claro.

7) Joaquin Phoenix. ¿Iría al baño al terminar el rodaje? Lo digo porque parece estreñido el pobre a lo largo de toda la película.

8) La música. Ferrero Rocher la ha puesto en su sitio y nos ha abierto los ojos: para eso servía, para acompañar las recepciones del Embajador.

9) Es tan afectada que termina siendo cursi: esos pétalos que caen no se sabe dónde sobre los gladiadores, las frases en latín, la visión del paraíso -por cierto, que con esos nubarrones y ese viento tan feo del sur, pum, pum, pum, no sé yo si me dan ganas de ir-, las monsergas del padre al hijo y del hijo al padre…

10) Y ya. Podría seguir, pero luego dicen que me alargo mucho.

Fuerza y horror.

(En la foto, vemos a Russell con cara dubitativa: no sabe si tirarse a tu mujer o terminar de tragarse el mazapán).

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Chocolate sexy…

Sábado, 14 de Marzo de 2009

¿Se acuerdan?

‘Chocolate Sexy’.

Era el nombre de aquella banda que tocaba en los ejercicios espirituales a las que la familia política del príncipe de Zamunda llevaba al heredero (o a los que iba él para ganarse el aprecio de la muchacha).

Chocolate sexy.

Toda una definición de una cultura.

Como la que sigue: Acabo de leer que el Círculo de Críticos de Estados Unidos ha otorgado su premio de este año a ‘2666′, el testamento que dejó Roberto Bolaño antes de morir. La novela que, en efecto, se publicó en el mundo castellano en 2003.

No, no es una ola que se extiende por el continente (americano) eso de dar premios a los muertos (como el Ledger). Ni que hayan tardado seis años en acabarse una de las últimas obras maestras que ha dado el español (por no decir la última).

Qué va. Es que ahora es cuando la han traducido y manda lo que tenga que mandar que una entrada que debería hablar de Bolaño termine recurriendo a Eddie Murphy.

Chocolate sexy.

No lo he olvidado. Pero es que atención a lo que ha dicho de ‘2666′ una de las críticas del círculo: “Es una visión de la historia sexy y apocalíptica, a la altura de Moby-Dick y Meridiano de sangre, por lo que tiene de mordaz examen del mal”.

Sexy.

Una novela de más de 1.000 páginas que narra minuciosamente decenas de asesinatos, violaciones, vejaciones, decapitaciones, desmembraciones, entierros en vida, tiroteos, ejecuciones, torturas y otras lindezas es definida como “sexy”.

Chocolate Sexy.

¿Qué más quiere que les diga?

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Carta a Zack Snyder, a quien castigamos con ver 100 veces Gran Torino antes de hacer otra película

Martes, 10 de Marzo de 2009

Querido, Zack…

No me has decepcionado y eso es lo que más me decepciona. ‘Watchmen’ es el gran bodrio que, con todos mis prujuicios bien afilados, esperaba que iba a ser. Sinceramente, te veía incapaz de hacer siquiera algo digno con ella y ahí lo tienes, un castigo en todos los sentidos, un despilfarro de dinero, un insulto a la inteligencia y un aburrimiento de casi tres horas.

Porque, querido Zack:

1) Una cosa es hacer ‘300′ (la única película de acción que le gusta a las mujeres; eso sí tiene mérito aunque sea por algo tan de hombres, como es porque se ven cuerpos semidesnudos), que no es más que una cadena de efectismos, planos espectaculares (que son una plasmación de las viñetas) y, gracias a lo que cada uno crea, dura menos de dos horas. Aquí el guión no era tan importante (pese a que su tufillo imperialista y racista contra los persas no sea un tufillo: apesta). Las batallitas eran bonitas (eso sí: la próxima vez que ruedes escenas de pelea, ponte 100 veces ‘Kill Bill’ y aprende cómo se filman luchas en las que se ve lo que se quiere enseñar y no un montón de borrones), la fotografía quemada era sorprendente (no nueva) y bueno, se pasaba el rato. Hay basuras peores.

2) Pero otra muy distinta es plasmar ‘Watchmen’. Como dice el gran Bocazas en los ‘Goonies’, “si dios puso esa piedra ahí es por algo y no creo que debamos moverla”. Si el cómic (lo de novela gráfica es invento a posteriori) llevaba 20 años sin que nadie se atreviera a filmarlo era por algo. Si tantos directores se echaron atrás, algo olía raro. Si hasta el propio autor y guionista, Alan Moore, se aparta (en los títulos de crédito sólo aparece, como coautor, el dibujante, Dave Gibbons), quizás haya que pensarse las cosas dos veces. Si no sabes hacer pasteles, sal de la cocina.

3) Y mira por dónde, tras un prólogo rodado con la misma originalidad que una escena de Walker Texas Rangers (me refiero a la muerte del comediante), los títulos de crédito son sorprendentes. Al menos al principio, cuando se acumulan en forma de viñetas (o de pin up) escenas pasadas de los superhéroes y uno cree que se va a tragar todos sus prejuicios. Pero no. El impacto no dura ni toda la canción, porque a mitad de los títulos (a la altura de los actores secundarios) ya cambias de registro y pones escenas en movimiento… En fin, con todo, es lo mejor de la película. Uno se puede levantar cuando Bob Dylan acaba sus “tiempos que están cambiando” y hará algo de provecho con su vida si se dedica a pasear en lugar de seguir viéndolo.

4) Porque a partir de ahí empieza el aburrimiento y todo lo demás. El primer aspecto de todo lo demás es que, apreciado (es un decir) Zack, eso de ralentizar la cámara cuando alguien da un puñetazo, una bala se dispara, un malo se cae, etcétera, y acompañarlo como con un soplido de viento quedó superado en el episodio piloto de ‘El coche fantástico’.

5) La elección de las canciones es lamentable. Sólo un adolescente puede tener el arrebato colonizador de acompañar un entierro con el “The sound of silence” de Simon & Garfunkell… Sí, sí… la de “Hello, darkness, my old friend”… ¿Habrán pagado a alguien millones de dólares por la idea? ¿O por la de
acompañar la consumación del acto sexual de Búho y Espectro (después de los problemas de impotencia de él) con el ‘Hallelujah’ de Cohen…? Sólo se salva el “All along the watchtower” (otra vez Dylan -en versión Hendrix- al rescate… pero si de lo poco salvable es Dylan sería mejor comprarse un CD de Dylan y no ver la película). Y si funciona el momento es porque es la canción que ya recoge el cómic para ese instante de la historia…

6) Hablando de actos sexuales: la puesta en escena videoclipera, con sombras azuladas, otra vez cámara lenta, balada y demás, quedó abolida en los años ochenta, cuando Tom Cruise (con su ‘Top Gun’, ‘Cocktail’ o ‘Días de trueno’) agotó el molde hortera al respecto. Eran otros tiempos y todos queríamos ser aviador, camerero o piloto de coches, no miembro de Gran Hermano. La tensión sexual de los personajes está por debajo de la que se aprecia en High School Musical.

7) La película, en general, carece de eso tan importante en el cine como es el pulso. No me refiero a que te tiemble la cámara como en ‘El proyecto de la Bruja de Blair’ o en ‘Rec’, sino que el ritmo sea el suficiente como para no bostezar… que es de mala educación y un pecado mortal en una película de acción.

8) También tengo la impresión (que es la hermana pequeña y tímida de la opinión) de que todo aquél que no haya leído el cómic no sabrá ni lo que está viendo, se enterará de muy poquito y sólo se quedará con que las escenas eran muy bonitas y el diseño de producción genial (eso esta muy logrado: la caracterización es perfecta… aunque con la nariz de Nixon se han pasado un poco).

9) Así, estimado (soy muy educado) Zack. Me alegro enormemente de que el periódico se equivocara con los horarios y, cuando iba a ver tu obra (la palabra lo soporta todo), ya hiciera un cuarto de hora que había empezado y optara por entrar a ‘Gran Torino’.

10) Lo malo es que soy obcecado y entré luego a la tuya, Zack. Y las comparaciones son odiosas, de acuerdo, pero, por favor, antes de atreverte con una de las seis producciones que tienes en cartera (eso dice IMDB), haz el favor de ver 100 veces la última de Eastwood y aprende a hacer cine.

Sin acritud.

Álex

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Preguntas al aire

Domingo, 8 de Febrero de 2009

Por: Álex Medina

¿Por qué existen los festivales europeos de cine?

¿Para decirle a Hollywood que aquí estamos?

¿Para proclamar que tenemos mucho más gusto que ellos y rescatamos esas joyas del tercer mundo cinéfilo?

¿Para combatir el mercantilismo con calidad?

¿Para qué, entonces, la Berlinale, el San Sebastián, Cannes y demás suspiran por que una estrella de Hollywood pise sus alfombras?

¿Por qué les dan los premios a la trayectoria a Meryl Streep o Antonio Banderas?

¿Por qué se jactan de que cada cual sea capaz de atraer a más tipos con estrella en una acera?

¿Por qué entre el jurado siempre hay uno de esos mal llamados artistas independientes pero que ya ha hecho películas de 50 millones de presupuesto?

¿Por qué los palmarés conjugan los nombres con el exotismo?

¿Por qué si el cine español dicen que es de tanta calidad (de ahí que nadie lo vea: en esa proporción inversa y perversa en la que se escuda el mercado nacional) sólo aparece en la misma proporción que el taiwanés (miento: el cine de Taiwán suele aportar más a los festivales)?

¿Por qué son tan aburridos?

¿Por qué?

¿Para qué?

¿Para quién?

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¿Quién vigila a los vigilantes?

Miércoles, 4 de Febrero de 2009

Por: Alex Medina

Es la pregunta que lanza una y otra vez, en las paredes de una apocalíptica Nueva York, en el fondo de la trama, en cada viñeta casi, The Watchmen, ese cómic convertido en novela gráfica y que ya conoce medio mundo porque está a punto de estrenarse una superproducción cinematográfica con el realizador de 300 (Zack Snyder) al frente (que los dioses nos cojan confesados… y cenados).

Pero, ¿qué es The Watchmen? En su origen, cuando salió a los quioscos bajo el sello de DC Cómics (la multinacional de Superman, Batman… y una de las dos grandes, frente a la Marvel de Spiderman o X-Men), fue una serie limitada de 12 entregas mensuales. Aquello sucedió entre 1986 y 1987. Su fama pronto rompió moldes y las múltiples reediciones la hicieron editarse en un solo volumen, con lo que se ganó el sobrenombre de novela gráfica (no lo era en su origen).

Pero, ¿quién es el responsable de The Watchmen, el cómic? Los cómics (me niego a llamarlos tebeos porque su carga peyorativa es inevitable) suelen pertenecer a dos personas: el guionista y el dibujante (luego están el entintador y el del color, que siempre se pueden cargar un buen material y que, como muchos oficios en el mundo del espectáculo, su mayor logro consiste en que no se les note). El autor de ésta es Alan Moore, uno de los grandes renovadores (junto a Frank Miller y, a un nivel más adolescente, Chris Claremont, John Byrne o Peter David) del género de superhéroes. Porque The Watchmen no es más que un cómic de superhéroes para adultos. De igual forma que lo fue Batman: El Caballero Oscuro de Miller, o Batman: la broma asesina, de los mismos autores que Watchmen (referencias absolutas ambos cómics de la última entrega en cines del hombre murciélago: el atormentado Joker del no menos atormentado Heath Ledger le debe toda su profundidad a estas dos obras). El dibujante es Dave Gibbons, otro revolucionador de un medio (el de los cómics de superhérores de mediados de los ochenta) que no terminaba de soltar el tono infantiloide en las formas, tanto argumentales como artísticas.

Pero, ¿qué importancia tuvo The Watchmen? Pues eso, comenzó una era en la que los superhéroes eran más personas que súper porque los lectores de cómic habían crecido y empezaba la época del vídeo y del cine de masas. Los The Watchmen son atormentados, imperfectos (excepto el Doctor Manahattan, claro)… humanos… De paso, están perseguidos y viven en un mundo, el de antes de que el muro de Berlín fuera polvo y trozos de souvenir, en el que la guerra nuclear está a punto de estallar. Moore dijo que quiso hacer esta obra como una especie de continuación espiritual del 1984 de Orwell. De, hecho, la escribió en 1985. ¿Son necesarios los superhéroes para evitar la catástrofe? Y si lo son, ¿quien vigila a los superhéroes antes de que nadie los controle como sucedía con el “gran hermano” (cuánto se ha deteriorado este concepto) orwelliano? ¿Pueden salvar los superhéroes al mundo de su propia inmundicia? ¿Cómo, si ellos mismos son humanos? (aquí hay pocos con poderes, realmente: sólo uno, y está por encima del bien y del mal… como el Superman de Miller).

¿Y qué esperar de la película? Muy poco. Viendo el tráiler, parece que se ha captado la esencia del cómic. Pero, no nos engañemos: las imágenes más espectaculares son traslación exacta de las viñetas, con lo que no hay nada original. Para colmo, la humanización de los héroes del papel (fondones, cuarentones) no aparece en la película. Y sí, lo admito: no me creo al director. 300 no tenía pulso narrativo, sólo un montón de imágenes espectaculares y efectistas encadenadas. Como sucedió con aquella película (basada en otro cómic, también de Miller), el conjunto se puede salvar porque las viñetas son el mejor script posible (los script son viñetas, al fin y al cabo). Sinceramente, no creo que a Zack Snyder lo haya vigilado nadie.

Y, en efecto, The Watchmen tendrá algo cuando, 20 años después de haber salido en los quioscos, su mensaje (el de un mundo podrido) sigue tan vigente. No era un simple cómic. Era una obra maestra.

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