
Por: Alex Medina
Es la pregunta que lanza una y otra vez, en las paredes de una apocalíptica Nueva York, en el fondo de la trama, en cada viñeta casi, The Watchmen, ese cómic convertido en novela gráfica y que ya conoce medio mundo porque está a punto de estrenarse una superproducción cinematográfica con el realizador de 300 (Zack Snyder) al frente (que los dioses nos cojan confesados… y cenados).
Pero, ¿qué es The Watchmen? En su origen, cuando salió a los quioscos bajo el sello de DC Cómics (la multinacional de Superman, Batman… y una de las dos grandes, frente a la Marvel de Spiderman o X-Men), fue una serie limitada de 12 entregas mensuales. Aquello sucedió entre 1986 y 1987. Su fama pronto rompió moldes y las múltiples reediciones la hicieron editarse en un solo volumen, con lo que se ganó el sobrenombre de novela gráfica (no lo era en su origen).
Pero, ¿quién es el responsable de The Watchmen, el cómic? Los cómics (me niego a llamarlos tebeos porque su carga peyorativa es inevitable) suelen pertenecer a dos personas: el guionista y el dibujante (luego están el entintador y el del color, que siempre se pueden cargar un buen material y que, como muchos oficios en el mundo del espectáculo, su mayor logro consiste en que no se les note). El autor de ésta es Alan Moore, uno de los grandes renovadores (junto a Frank Miller y, a un nivel más adolescente, Chris Claremont, John Byrne o Peter David) del género de superhéroes. Porque The Watchmen no es más que un cómic de superhéroes para adultos. De igual forma que lo fue Batman: El Caballero Oscuro de Miller, o Batman: la broma asesina, de los mismos autores que Watchmen (referencias absolutas ambos cómics de la última entrega en cines del hombre murciélago: el atormentado Joker del no menos atormentado Heath Ledger le debe toda su profundidad a estas dos obras). El dibujante es Dave Gibbons, otro revolucionador de un medio (el de los cómics de superhérores de mediados de los ochenta) que no terminaba de soltar el tono infantiloide en las formas, tanto argumentales como artísticas.
Pero, ¿qué importancia tuvo The Watchmen? Pues eso, comenzó una era en la que los superhéroes eran más personas que súper porque los lectores de cómic habían crecido y empezaba la época del vídeo y del cine de masas. Los The Watchmen son atormentados, imperfectos (excepto el Doctor Manahattan, claro)… humanos… De paso, están perseguidos y viven en un mundo, el de antes de que el muro de Berlín fuera polvo y trozos de souvenir, en el que la guerra nuclear está a punto de estallar. Moore dijo que quiso hacer esta obra como una especie de continuación espiritual del 1984 de Orwell. De, hecho, la escribió en 1985. ¿Son necesarios los superhéroes para evitar la catástrofe? Y si lo son, ¿quien vigila a los superhéroes antes de que nadie los controle como sucedía con el “gran hermano” (cuánto se ha deteriorado este concepto) orwelliano? ¿Pueden salvar los superhéroes al mundo de su propia inmundicia? ¿Cómo, si ellos mismos son humanos? (aquí hay pocos con poderes, realmente: sólo uno, y está por encima del bien y del mal… como el Superman de Miller).
¿Y qué esperar de la película? Muy poco. Viendo el tráiler, parece que se ha captado la esencia del cómic. Pero, no nos engañemos: las imágenes más espectaculares son traslación exacta de las viñetas, con lo que no hay nada original. Para colmo, la humanización de los héroes del papel (fondones, cuarentones) no aparece en la película. Y sí, lo admito: no me creo al director. 300 no tenía pulso narrativo, sólo un montón de imágenes espectaculares y efectistas encadenadas. Como sucedió con aquella película (basada en otro cómic, también de Miller), el conjunto se puede salvar porque las viñetas son el mejor script posible (los script son viñetas, al fin y al cabo). Sinceramente, no creo que a Zack Snyder lo haya vigilado nadie.
Y, en efecto, The Watchmen tendrá algo cuando, 20 años después de haber salido en los quioscos, su mensaje (el de un mundo podrido) sigue tan vigente. No era un simple cómic. Era una obra maestra.
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