El dilema Sara Carbonero
Parece mentira que las mujeres tengamos que seguir defendiendo a las mujeres. Que aún se ponga en tela de juicio que las profesionales sean eso, profesionales por sí mismas y no por méritos de belleza o de cama. Parece mentira que a estas alturas de la historia de la huidiza evolución, algunos se pregunten por qué una chica guapa sólo puede mirar al mundo porque tiene un novio portero y unos bonitos y grandes ojos verdes, no porque sea una periodista preparada y sepa hacer bien su trabajo. El dilema Sara Carbonero está dando ya demasiada vueltas. Tantas, que incluso les ha llegado a marear a ellos. A uno de los mejores guardametas del mundo, un chaval humilde que se lo ha currado toda su vida, y a una chica, que, con permiso de los que nada más que la ven como una cara bonita, quiso ser mucho más.
¡Ya está bien! Quizá el debate no es por qué está ella y no otra ahí, quizá el dilema vaya mucho más allá y sea algo que debería de poner colorados a los jefes (claro, no van a ser jefas) de todas las teles de este estereotipado país. ¿Por qué no nos preguntamos la razón de que todas las nuevas presentadoras estén sacadas de un catálogo de perfecciones?, ¿por qué en el caso de los presentadores los defectos físicos no importan tanto? Puede que la conclusión sea más dañina y corrosiva. Y es que la mujer además de ser una perfecta profesional: divertida, locuaz, comunicativa, simpática y con miles de virtudes más, tiene que ser guapa y tremendamente sensual. Ellos, sin embargo son harina de otro currículum.
¡Ánimo Sara! Vamos España!

