El vestuario de Downton Abbey, un personaje más
Recuerdo cuando de pequeña nos reuníamos en casa alrededor de la tele cuando ponían algunas series de televisión. Era como un acontecimiento, una tarde o una noche especial. Recuerdo también la decepción que sentía cuando tras la hora o media hora de emisión los créditos del final anunciaban que la serie en cuestión había terminado y tenía que esperar otra semana más para volver a saber de sus personajes. Contaban historias. Hacían disfrutar. Una sensación parecida me ha devuelto una de las series estrella de Antena 3, Dowton Abbey, de la que ya os hablé hace unos meses pero de la que me gustaría volver a contaros más cosas porque, sencillamente, me parece fascinante. Su vestuario, escenografía, reparto, decoración, guión…todo. Una serie magistral. Una clase de buen gusto y de saber hacer buena televisión. Pero intentaré centrarme en cómo Downton Abbey retrata la moda de aquellos años gracias al elogiadísimo trabajo de Susannah Buxton (diseñadora) y Caroline McCall (asistente)
La serie se encuadra en uno de los momentos clave de la evolución de la historia de la moda. Fue justo en los primeros años del siglo XX cuando irrumpió en Paris la alta costura, un privilegio para las clases más altas. Además, las encorsetadas medidas daban paso a unos patrones más diferenciados y, las más atrevidas, se rendían a estos nuevos estilos. Esta diversidad se retrata a la perfección en Downton Abbey. Lady Violet se resiste a dejar sus vestidos y tejidos aristocráticos mientras que Lady Isobel prefiere la comodidad y el estilo más urbano.
Lo mismo ocurre con las hermanas Crownley, que definen a través de sus vestidos, sus diferentes personalidades. Es el caso de Lady Sybil, la más moderna de las hermanas que se atreve a romper las reglas victoriana (como ya hiciera Coco) y ponerse pantalón cuando no estaba precisamente bien visto en una mujer. También se queja de la incomodidad del corsé y sus peinados y colores no son los convencionales.
Los sombreros también tienen un lugar muy importante en la caracterización de sus protagonistas. La mayoría eran de ala ancha, con fieltro, terciopelo, pieles, flores, tul… unos diseños dignos de museos.
Pero no solo las señoras de la casa son modelos de este impresionante vestuario. El masculino también es magnífico. La sobriedad y el corte clásico reina en el armario de los señores de la casa: negro para la noche (esmoquín oscuro y algunos chalechos y pajaritas claras), colores caqui y crema para el día.
En cuanto a los uniformes del servicio, una nota común y rigurosamente exigida: la pulcritud. Incluso algún defecto en el traje de trabajo podía suponer el despido. El diseño, como no, uniforme. La forma de vestir marcaba también las diferencias sociales y de cargos.
Os dejo un vídeo que nos cuenta qué hay detrás de todo este espectáculo televisivo:





























































